Benedicto Víquez Guzmán: La obra escrita de Omar Dengo Maison. Reseñas: Desolación, Las estaciones espirituales, Platero y yo, Lo más humano, El halconero astral. Emilio Oribe, Ensayo de pedagogía e instrucción pública, El pájaro azul, Finae terr

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MINUCIAS

 

Muy contento estoy de haber reconocido en la lectura de su libro Minucias... la presencia de ciertos rasgos que infunden plena confianza en que lleva usted un camino que habrá de conducirlo -y  así lo espero cordialmente- al dominio preciso de excelentes condiciones del arte de la novela. Ojalá que lleguemos a tener en usted a uno de los novelistas que nos haacen falta para la expresión del alma del país. Omar Dengo

DESOLACIÓN1

 

 

Libro de dolor. Desolación, en verdad, pero en iluminada plenitud d infinito. El libro ha manado, cual sangre de herida, de un corazón abierto por la tragedia, como costado divino. Es una herida que canta.

 

Pasa, quemante, una onda de dolor colmado de poemas. En la carne cárdena de unos, tórnase garra, los sacude airada hasta desmenuzar los versos en gajos temblorosos, y los arrastra después la onda implacable, para llevarlos en alto cual ardientes coronas de espinas. Hay poemas que loran como bronces heridos; hay poemas que sangran como Cristos azotados.

 

Hay poemas que levantan, entre la gloria de una música de selvas, una garra de pantera sobre el destino.

 

Esta obra está hecha con no sé qué de las canteras de Esquilo, de Dante y de Shakespeare.

 

Aquella manera de concebir Hesíodo las gestaciones divinas, donde el león y la cabra y el dragón, conciertan las fuerzas en la impetuosidad de un soplo flamante, admírase aquí golpeando como oleajes los senos de la vida, para exprimir los jugos cósmicos de fe y sabiduría.

 

Algo de la púrpura ensangrentada de las más grandes almas dolientes. Algo de los turbiones huraños de la conciencia. Algo de la cabellera fragante de la Magdalena. Algo de la aspereza de la roca, del clamor de la tempestad herida en los ijares por el rayo. Algo olímpico, algo prometeico...

 

Mas de pronto, el dolor se hace luz, se convierte en la parábola bíblica, se nutre en lo hondo de la estrofa, de límpidas resignaciones, colórase la tarde estival, refleja praderas de oro, esculpe poemas de agua encantada, y como si besara castamente senos de virgen, se desliza piadoso con la quietud de la plegaria nocturna...Y el dolor, entonces, parece incienso que sube u hostia que corona de auroras la entraña del oro.

 

Atrae, como absorbiéndolos ávidamente, de las fuentes secretas de paz en el espíritu y en el mundo, bellos, profundos silencios; se llena de ellos, se siente exaltado y penetra el dolor en el mal de la vida, calladamente, como en un templo.

 

A veces pasa el dolor como un Profeta, a veces como un niño que llora, a veces como una luz retardada o como un ave perdida en la noche...

 

Por instantes, San Francisco de asís medita en la gruta del verso. Y ya la angustia es sabiduría. Florece el dolor en poemas melíficos, la tragedia es estrella, y  el amor que refulge en las trasparencias del verso, fluye de las liras, transmutadas en lirios, como una suprema maternidad sobre seres y cosas; y con algo de mesiánico, ora y bendice.

 

Teresa de Jesús ha tenido en sus manos las gotas de ámbar de estos versos.

 

Rabindranayh Tagore ha inclinado la frente bajo estas frondas.

 

Ruybroeck ha sentido este fuego lamiéndole las sienes.

Hay rosas de Saadi y vinos maravillosos de Omar Khayam.

 

En siglos lejanos, el mar del crepúsculo naciente, a través de un ventanal de Chartres, ha podido verse, bajo los arcos de piedra milenaria; como la vida aparece en aquellos poemas que presienten al Señor Padre y Señor pensando mundos detrás de todas las cosas. Poemas como música del campo, sencilla; música de ave, risueña; música del alma, litúrgica...

 

Transparencia y calma, ardor y tempestad, amor y sombra, dolor, silencio, luz...

 

Sé la historia de un corazón que un día alzó el vuelo hacia la Primavera coronada de rosas, y que cayó  de pronto sobre un fuego terrible, y que cuando las llamas, fundiéndolo, lo llenan de armonía del Cosmos, ¡canta y resplandece mientras las nuevas alas lo llevan más allá de la Esperanza!

 

¡Gabriela Mistral! Demos la Vida tu Desolación, dénos el sabor amargo de tus horas, dénos tus siete palabras de belleza, dénos tu sagrada emoción maternal para concebir; y dénos también, en hora futura, con toda la misericordia, ¡la divina alegría henchida de fulgores inmortales!

                                                                     

Heredia, marzo de 1923.

 

 

LAS ESTANCIAS ESPIRITUALES1

 

 

En las palabras prologales, Alberto Zum Felde declara: "Manuel de Castro es poeta místico, el primer poeta místico aparecido en estas tierras."

 

El índice contiene: El Divino Hálito. El Oro. Estampas Viejas. Poemas en Prosa, -en suma- cuatro series de poemas, de los cuales el prologuista prefiere, poéticamente, algunas de las prosas que se hallan en las últimas páginas, porque encuentra en ellas más frescura de emoción, más gracia, si bien reconoce en los versos más intensidad de cerebración, más dominio mental.

 

Epígrafes de Baudelaire, Enrique Casaravilla Lemos, Emerson, Maeterlinck, Nietsche, el Evangelio.

 

En "El Viajero" el poeta señala su rumbo:

 

¡Deja el seguro Puerto

Y en el lmar del Misterio

Hiende luego tu Proa!

 

Acaso el nutrimetrum de la filosofía de este poeta se resume en la misteriosa serenidad del soneto "Génesis",  donde la conciencia surge de la duda y la Esperanza se yergue sobre la Vida como un designio fatal, dejando un fondo de pena, como un resplandor de inmortalidad, en el ánima triste...

 

El canto "Oro" despierta en los versos resonancias de una brusca agilidad; las "Estampas Viejas" describen con sencillez vidas y cosas de un color de tarde vencida, humildes...

 

Las Prosas, iluminadas por un tranquilo fulgor de lámpara sagrada, ahondan blandamente en el alma de la parábola, con la emoción de un sereno roce de alas.

 

Leído el libro, pensamos, recordando un inquietud de Guido de Verona, que este poeta ha ido a la prosa en busca de una  expresión del pensamiento lírico, voluble y sutil como los impulsos de la naciente conciencia mística, que tiene temblores de llama votiva y algo de la solemne plenitud del incienso.

 

El libro de Manuel de Castro dice en la página final:

 

 "Así terminan Las estancias Espirituales de Manuel de Castro. Que la Paz sea con él"

 

 

PLATERO Y YO1

 

 

El poeta de los Jardines Lejanos ha publicado en la biblioteca "Juventud" un pequeño libro, una "elegía andanza", que se llama Platero y yo. Es un libro para niños, pero un libro para hombres.

 

A un amigo a quien se lo obsequiamos, le decíamos que ese libro no se lee: se sueña. Leerlo es como situarse bajo un arcoriris a meditar en la melancólica sabiduría de la tarde...

 

Es un libro de páginas blancas como hostias, puras como hostias, divinamente tristes como ellas. Está lleno de la honda sabiduría del color; del malva, del rosa, del oro, del azul...

 

Ese libro es extraño y profundo en su sencillez inmaculada.

 

Parece que hubiera sido escrito con solo colocar las páginas en blanco, bajo los besos del sol de la mañana, bajo el beso del sol de la tarde, bajo el perfume de la luna...

 

Sus páginas son el canto de una luz... Pero de una luz nostálgica que quiere volver a las estrellas... Son el ritmo de un surtidor, que por donde la armonía, ¡ajeado de ser agua para ser tan solo ritmo eterno!

 

Platero es un borriquillo de plata azul, peludo, blando como algodón. Es un borriquillo del poeta y un borriquillo poeta. Juega fraternalmente con los niños, y sus ojos negros, como dos escarabajos de azabache, miran siempre hacia el corazón del poeta.

 

Ha llegado el poeta a lo largo del paisaje moguereño, tras las mariposas blancas, en la primavera, a la hora del Ángelus; y mirando las flores del camino, ha sentido que al pasar la luna lo bañaba en lirios. Mientras los niños que sufren, juegan, Platero se distrae escuchando las canciones sin sentido, que revuelan a lo lejos entre la paz de los recuerdos.

 

Ha sufrido junto al poeta el mordisco de las espinas, el miedo de las sombras, el estremecimiento del frío, el dolor del agua y el dolor del sol.

 

Y después de mirar cómo se conducen los hombres en el Carnaval, se ha puesto a contemplar su figura en un pozo y ha tenido el deseo de caer de cabeza en él, para echarse a correr por los prados del cielo, como un loco, ¡como un reo de inmortalidad! Ha visto alzarse, en la hora, morada, la silueta del pastor sobre la colina, y Platero ha sentido el amor y la tristeza del rebaño. Y como un chiquillo, mientras las gentes lo llamaban ¡loco!, ha tocado la zamoña por casualidad...

 

Cuando la luna, que sube redonda sobre la ermita de Montemayor, se ha ido esparciendo por el prado, a Platero lo detienen las meditaciones:

 

¿Por qué regresa el otoño?

 

¿Por qué sale humo de las chimeneas?

 

¿Por qué recogen flores los niños?

 

¿Por qué no veo yo el Gobierno Civil?

 

Platero ha comido de la nieve y grana de las sandías; ha acarreado grandes y pequeñas cargas de almoraduj; ha corrido, jugando de viento; ha saltado, destrozado nidos; y casi sin quererlo, ha llegado a pensar en él. Y fue entonces cuando pensó en la vida y tuvo amor para el heno y para la ilusión.

 

Platero y el poeta han llorado por un perro muerto. El llanto de los dos hermanos ponía botones de oro sobre la luz que iba cayendo desde una estrella, en las azucenas. Las azucenas, cerca del perro, estaban temblando ¡las pobrecitas! Por temor de que el burro rebuznara.

 

El cascabel de una cabrita le arrancó el dolor a los hermanos, con una nota que dejó caer al moverse, como quien le quita un verso a un madrigal.

 

El burro ahora retoza en los campos de la gloria. Al pobrecillo le da de beber agua de eternidad la buena Samaritana.

 

Y cuando en los paseos pasa cerca de Rocinante, el viejo caballo heroico se queda mirándolo largamente, con los ojos extraviados que buscan la silueta de Jesús sobre unas ancas...

 

 

LO MÁS HUMANO

 

 

La muerte de Amado Nervo interrumpe una obra bien grata a las actitudes con que el pensamiento de la época aspira a definir su posición dentro de la historia. Se dice del poeta que era un místico, dándole al término la falsa acepción en que califica situaciones de pensamiento como la implicada en la comprensión de la finalidad artística que el poeta sustentó. Un místico, entre los  poetas contemporáneos, sería, para mencionar a un inglés, ya  muerto también y eminente, Francis Thompson: cantó con acento de profeta y quiso que la humanidad, tras su lira fabulosa y solemne, retornase a Dios...

 

Pero en la obra de Nervo priva una palpitante variedad de impulsos, nutridos de la inquietud espiritual que es ansia de ascenso íntimo hacia el éxtasis y la divina realización. Y esto no es precisamente misticismo, sino algo de que aquél puede ser, según se le entienda, un aspecto, a la síntesis y el fundamento.

 

Mas sí es algo que está donde quiera presente en el actual instante en mil maneras cambiantes e inasibles; algo que se difunde por los ámbitos del pensamiento, como bajo la presión y el designio de una necesidad cósmica. La guerra, contemplada por ciertos pensadores, aparece simplemente como una modalidad de la vastísima agitación que ha de experimentar la humanidad, para remover y elevar la conciencia de sus ideales y aspiraciones. Cátedras, libros, fundaciones, instituciones; sabios, filósofos, artistas; hombres, pueblos, razas, todo, en todos los aspectos de la vida, todo muestra una movilidad creciente, en cuyo estremecimiento de Sibila, leen los profetas los signos de una civilización.

 

Amado Nervo contribuía con delicada generosidad a sustentar la vida y la obra de la actividad renovadora, en cuanto ella se manifiesta como afán de reespiritualización. Uno solo de sus ensueños descubre un sutil trasmundo de devociones aptas para exaltar el sentido de la dignidad humana. En versos suyos la condición natural del hombre la expresan los hechos que, por excepcionales, solemos llamar milagrosos: la abnegación, la benevolencia, el heroísmo. Manera de sentir, que transforma el mundo. Ante la flaqueza ya no diremos: "Es lo humano, lo más humano". Tal diremos frente a la virtud, a la nobleza, a la delicadeza, a la generosidad. Todo esto será lo humano, lo más humano, cual soñara, hondamente, Novalis.

 

La vida no será como en el achatado pensamiento de los fariseos, una muerte; la vida recobrará, arrancándonoslo de las entrañas, su altísimo sentido de un permanente y superior encanto. Y podremos hacer ante el mundo, algo más humano que las muecas y los gestos de los simios. E iremos volviendo a la dignidad de hombres.

 

Huirá la juventud de esa oscura actuación moral que oculta todas las bajezas bajo la risa provocada por el chiste o la ironía con que recubre la confesión de su derrota. No sonreirá más su perfidia, fundada en que la vida es una mueca.

 

Cesará de amparar su irredenta cobardía a la fórmula traidora: flaquezas humanas.

 

En el hombre la flaqueza es excepción, la nobleza se espontáneo modo de ser, la grandeza la mejor expresión de su alma. Lo otro, sirve al cinismo,  y le arrebata su hermosa fecundidad al perdón y su pureza a la intolerancia. Que el perdón ha de ser compasión, vale decir, fraternidad, y la fraternidad, amo: virtud activa, fuerza de creación y transformación, capaz de embellecer y ennoblecer.

 

Escudémonos en la flaqueza pero con una contrición que nos redima; porque aducirla, para ostentarla, es pedir para las serpientes la gracia que el cielo solo concedió a las aves y a los lirios...

 

¡Cómo conmueve sentir que un verso renueva el mundo y transforma al hombre para que disfrute de su gloria con el corazón henchido de paz!

 

 

EL HALCONERO ASTRAL. EMILIO ORIBE1

 

 

Dedicatoria: a los nuevos poetas del "novecentismo".

Índice. I. La canción multánime,-II.  La siembra sagrada. -III. Motivos de estudiante. -IV. Nuevas odas y poemas.

Las formas del verso: (algunas)

 

"Hace miles y miles de siglos, mi alma

habitaba un paraíso inmortal,

mucho más bello que el de Adán y Eva."

 

"He aquí que han traído unos  enfermos

ante los Rayos X."

 

"Oh, maravilla, oh, maravilla enorme."

 

Los temas: El halconero astral. -Vaso de cristal. -Perfección de la lpampa. -Palos telefónicos.- Los caballos de Elberfeld. - Amanecer en el campo. -Cultivos. - El vendimiador. -El éter. -Amado Nervo. - Oda de la voluntad. - La energía virginal. - Oda a las torres de marfil. -El poema de la doncella y el ave, etc.,etc.

 

Ideas: El holocausto astral era un hombre de espíritu ancestral que creabas halcones a militares para cazar astros. El alma es un vaso de cristal. La pampa y el alma se identifican cuando desde ellas se avizora el horizonte... No son menos maravillosos los hombres, que los  caballos sabios de Elberfeld. En la carne de esta hermética y flexible mujer que pasa por la calle, algún día habrá de despertar una estrella, misteriosa como Venus del fondo de la nébula solar. La muerte, una gruta al borde de la cual hombre es un niño maravilloso. Es poca cosa la transparente copa de tu espíritu: ¡nada de nada! Lo difícil y bello es encontrarse. El alma tendría como el agua quieta la misión de reflejar cosas eternas. En la media luz del nuevo día no se sabe decir si este labrador que levanta el brazo hacia los astros, siembra trigo o apaga estrellas. Las manzanas de la serpiente eran los cinco sentidos, etc.

 

Imágenes: Pechos infecundos, como higos ricos.  Dos hoces lunares hieren el celeste trigal. Los rosales del deseo... Los telares del espíritu.... Las selvas blasonadas de abismos. Los brazos huérfanos de vigor... El reemplazar de las ideas... El barro de la espiritualidad mía...El corazón, una ascua de incienso oloroso...La tarde se aleja en el vuelo de una nube, como Europa en la grupa del olímpico toro, etc. etc.


El poeta dice de él: que es caballo, taciturno, solitario, incomprensible e indócil, indiferente al ruido de las vulgaridades...

 

"Mi vida es mi obra de arte mejor. Adoro el vino,

las mujeres, las joyas, el pecado divino,.

Pero hoy estoy viviendo en los campos sin huella

Y si allá por los cielos distingo astral tesoro,

En mli arco gigante pongo una flecha de oro

Y la arrojo hacia el límpido seno de alguna estrella.

Si acierta, guarda el fruto del silencio nocturno.

Mas no lo muestra  a nadie, callado y taciturno".

 

Hay hermosas sugerencias en este libro de Uribe. Apólogos, parábolas, meditaciones. Audacias de forma.

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1 Comment

Wonderful to read!
(¡Maravilloso leer!)

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