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TIQUICIA: EL DESPERTAR DE LAS LEYENDAS DE HAROLD VINDAS ZAMORA

 

La segunda novela la llamó Tiquicia el despertar de las leyendas y la publicó en el año 2008.[1]

 

Es una novela corta de secuencias lógicas, lineales y causales. Utiliza un narrador omnisciente muy cercano a los personajes, sobre todo los jóvenes y suele realizar algunas veces referencias al lector social.

 

La novela se inscribe en el género maravilloso y es aquí donde encontramos algunas inconsistencias. Ya los erroresformales, sobre todo ortográficos) de la novela anterior Misticat fueron superados, salvo un "habían" (p. 23) y  un "hiendo" por yendo en la p. 59. Palabras dichas por el narrador y no aplicables a los personajes. Esto debería ser responsabilidad del editor, en este caso la EUCR y su equipo de corrección.

 

La estructura de la novela se acerca a la de un cuento maravilloso con relatos intercalados sobre apariciones de personajes que pertenecen a diversas leyendas de Costa Rica. Así se parte de una situación inicial negativa (temblores) y un trabajo que deben realizar en grupo los cuatro estudiantes de un curso: Cristina, Gendry, Marvin y Gustavo. Al final se les une Nela.

 

Los cuatro inician el proceso de solución a sus dos inquietudes, pues el primero, los temblores, sería el trabajo que los llevaría a aprobar el curso. Visitan la Piedra de Aserrí tras el origen de los temblores y entran en el campo de las leyes sobrenaturales. Es lo que podríamos llamar la prueba preliminar donde se ponen de manifiesto los valores que podrían resaltarse para hacerse merecedores al elemento mágico. En la novela es el encuentro con la bruja Zárate que les da una tarea para salvar al pueblo de un terremoto y el desprendimiento de la piedra y la consabida tragedia en el pueblo cercano de Aserrí. La tarea es encontrar el Pavo Real, un antiguo enamorado de ella que no la quizo y ella en castigo lo transformó en esa ave. Así los cuatro héroes emprenden el viaje en busca del famoso pavo Real. No cuentan con ningún elemento mágico para lograrlo sino es su esfuerzo limitado. Es aquí donde se abren poco a poco los encuentros de los personajes, a veces uno y en otras ocasiones dos, con los personajes legendarios: la Zcegua, El Cadejos, La Tule Vieja, El Mico Malo, El padre sin cabeza, La carreta sin bueyes, etc. Después de un sin número de aventuras termina la novela con la destrucción de los conjuros y bebedizos de la bruja Zarate cuando derraman agua bendita, tomada de los pies de la Virgen de los Ángeles y este elemento mágico sale victorioso.

 

Toda esta historia en escasas 67 páginas. Es obvio que la narración se torna atropellada y accidentada.

 

Algunas consideraciones pueden servir para ejemplificar lo dicho y lograr futuras novelas con una mayor disciplina y solvencia literarias.

 

Lo maravilloso, ya sea que se manifieste en cuentos, leyendas, novelas, ciencia ficción, mantiene el tono serio y se aleja de lo risible, lo cómico, lo jocoso, lo picaresco. Los cuentos de hadas que son los más cándidos, inocentes, manifiestan, crean un mundo de fantasía positivo donde los buenos ganan a los malos y nunca se mezcla la hilaridad, lo jocoso en ellos, salvo en casos bien calificados donde se pretende mofarse de los personajes malos. Las brujas son atemporales y tienen un código rígido de valores aunque a veces aparezcan actos de bondad, son calculados e interesados, sus personajes antagónicos son las hadas. Las primeras se alimentan del mal y las segundas del bien. Esto lo entiende el niño y el adulto. Es lo que se llama lo verosímil del relato y ello no puede violentarse.

 

Las leyendas no son mitos sino historias que alguna vez tuvieron inicio y se fueron convirtiendo en visiones creíbles y reales para los pueblos que las oyeron de sus antepasados que supuestamente las vivieron. Por lo general son ejemplares y tienen una intención didáctica: evitar que se cometan esos actos por lo que fueron castigados los personajes principales y ser testimonio ante el mundo de su escarmiento. Su estructura es: Una falta grave y un castigo ejemplar. De esa estructura se derivan un sin fir de leyendas sobre los aspectos más disímiles: elementos naturales o de la tierra, animales, religiosos, mágicos, familiares, etc. Son serias, creíbles para los que no han pasado del conocimiento religioso y  los lectores que siendo preparados disfrutan de esa genialidad de nuestros antepasados de interpretar el mundo y tratar de vivir de la mejor manera.

 

La intertextualidad es una técnica importante de la literatura pero el saber utilizarla no es tarea fácil y más cuando se trata de idearios colectivos desimanados por los diferentes pueblos. No basta citar y poner a las figuras principales de estas leyendas en situaciones modernas y casi ridiculizarlas. Es necesario incorporarlas bajo su estricto código moral y en situaciones donde realmente ellas intervenían. Por ejemplo el Cadejos nunca se sabe de haber mordido a nadie. Para algunos era un joven que se llamaba Joaquín y su padre maldijo. Tenía su trillo por donde caminaba y eso había que respetárselo. Solía llegar a chupar la miel en los trapiches y su presencia imponía respeto y temor. Cada uno de estos personajes sufría su maldición o castigo que sufrían estoicamente y eran testimonios "vivos" de sus grandes pecados. La Llorona ola Tule Vieja se vieron obligadas, por las circunstancias, a tener hijos que sus padres (sobre todo el macho) no aprobaban, y menos la religión y mataron o dejaron morir a sus hijos. Esa falta las condenó a vagar errantes por el mundo tratando de corregir su error. Y esto es de  índole serio, solemne, y se aleja de lo risible, lo cómico.

 

La novela, a pesar de esas inconsistencias comprensibles manifiesta un adelanto, un mejoramiento con respecto a la primera y estamos seguros que con una mayor dedicación, esfuerzo y disciplina autocorrectiva, el autor logrará mejores resultados.



[1] Vindas Zamora Harol. Tiquicia el despertar de las leyendas. Editorial UCR, San José, 2008.

Una nueva novela costarricense

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La editorial Germinal publica en Costa Rica nueva Novela. Se trata de la obra titulada La Corporación del escritor costarricense Edwin Quesada

 

 

La Corporación

En una Costa Rica y en un futuro no muy lejano, Edgar vive en una nación de duros cambios políticos: reelección presidencial, restablecimiento del ejército, caos urbano y establecimiento de una corporación extranjera sin límites económicos o morales.

La Corporación AT ha creado un concubinato con el gobierno y el ejército para lograr llevar a cabo uno de sus mayores proyectos en investigación, denominado por sus siglas H.I.M. (Human Interface Model).

Luego de que Edgar comenzara a sospechar de AT, debido a la desaparición de uno de sus ex alumnos del TEC, se lanza a encontrar respuestas y romper el silencio de la indiferencia. Edgar llegará a un punto en el que no hay vuelta atrás; se lanza al choque abrupto contra el autoritario sistema, mientras sus ojos reflejan el salvaje minotauro que lo espera en ese laberinto llamado muerte.

Una novela en que el suspenso debilita la ficción para dar paso al análisis de una sociedad en detrimento a causa de años de manipulación mediática y económica, que culmina con la instalación de un régimen político-militar que garantiza la estabilidad de una Corporación a costilla de los Costarricenses. En esta novela, la complejidad de Edgar Mauri -héroe de carácter solitario- nos mantendrá al borde de la lectura así como de la conciencia, en un país que está dejando de ser patria soberana para convertirse en tierra de nadie.

Comentario de la Editorial Germinal
 

Lectura de Mi Noche de Alfredo Cardona Peña

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Lectura de Mi Noche
Alfredo Cardona Peña

 

 

Alfredo es un miembro importante de esa dinastía de buenos escritores, los Cardonas. Nació en San José el día 11 de agosto del año 1917 y murió en México el 31 de enero del  año 1995. En la capital realizó los estudios primarios en la escuela San Buenaventura y los secundarios en El Salvador. En ese país se desempeñó como periodista en el periódico La Patria. Luego viaja a México en 1938, a los veintiún años con el interés de llegar a ser escritor, poeta, crítico y pensador.

Fue reportero, editorialista, reseñista y entrevistador de Novedades; catedrático de la Escuela de Verano de la UNAM y de la Escuela Normal de Maestros; perteneció a la generación de Tierra Nueva. Colaboró en Cuadernos Americanos, El Búho, El Hijo Pródigo, El Nacional, La Palomilla, Letras de México, Novedades, Revista de Revistas, y Tierra Nueva. Premio Centroamericano de Poesía 1948, Guatemala. Premio Continental de Poesía 1951, Washington. Premio Nacional de Poesía 1961, Costa Rica. Premio Nacional de Poesía Aquileo J. Echeverría 1962, Costa Rica. Premio Carmen Lira de Literatura Infantil 1978, Costa Rica. Premio Nacional de Poesía de Campeche 1984. Presea Sor Juana Inés de la Cruz 1984. Premio Nacional de Cultura Manuel Gómez Celedón 1985, Costa Rica. Premio de Cuento de la California Hispanic Society de Los Ángeles 1989. Ha dejado una larga vida de éxitos literarios entre nosotros, desde el género maravilloso hasta el fantástico. La obra que ubican dentro del género novelístico es un relato maravilloso bellísimo, de lectura obligatoria para los estudiantes de escuelas y colegios y por qué no, para algunos adultos que coquetean con la guerra, inconscientes de sus devastadoras consecuencias. Por ello la incluimos en esta investigación. 

Ha escrito gran cantidad de obras literarias y ensayos, entre ellos se destacan: Ensayo: Crónica de México, Antigua Librería Robredo, México y lo Mexicano, núm. 23, 1955, Pablo Neruda y otros ensayos, Ediciones de Andrea, Studium, núm. 7, 1955, Semblanzas mexicanas. Artistas y escritores de México actual, Costa Amic, Biblioteca Mínima Mexicana, núm. 10, 1955, Alfonso Reyes en la poesía, Instituto de Intercambio Cultural Mexicano-Ruso, Cultura, núm. 6, 1956, En amistad y diálogo, Manuel Porrúa, Biblioteca Mexicana, núm. 27, 1961, Recreo sobre las Letras, Ministerio de Educación, Contemporáneos, núm. 14, San Salvador, 1961, El monstruo en su laberinto (Conversaciones con Diego Rivera, 1949-1950), Costa Amic, 1965, Danza de rostros, SEP, Cuadernos de Lectura Popular, núm. 179, 1969, La entrevista literaria y cultural, UNAM., Viento en prosa, Editorial Costa Rica, San José, 1982, Oaxaca en el mundo y temas precolombinos, Casa de la Cultura de Juchitán, 1988, Cincuenta años de poesía, Oasis, Percance, 1948, Valle de México, Cuadernos Americanos, 1949, CONACULTA, Lecturas Mexicanas, 1992, Zapata, Cuadernos de Artes de México, núm. 4, 1954, Alfonso Méndez Plancarte (1909-1955), Manuel Porrúa, 1955,  Lectura de Dante, Cuadernos Julio Herrera y Reissig, núm. 56, Montevideo, 1958, Asamblea plenaria , Joaquín Mortiz, 1976, Segunda asamblea plenaria, Alcaraván, 1978. 

Entre esa cantidad inmensa de poesías que escribió, se destaca el poema Lectura de mi noche que publicara en el año 1963.

Deseamos participar a los lectores de este poema lleno de expresividad, que ese yo poético va dejando salir de su privacidad lírica y llena de amor, soledad, tristeza, su presencia en este mundo. A este sentimiento es al que podríamos llamar con mayúscula Amor. Es de tal magnitud que no se extingue con la muerte de su ser amado y perdura en su yo, hasta cuando el nuevo día da paso a la vida.


Lo que yo amaba
-tan palpable y luminoso
como los racimos de la luz
en la mañana-
se fue de mí. He adquirido
naturaleza de sombra.
Ya no es lo mismo.

La voz en donde mi nombre
ardía como un incienso,
y cuyas ondas enviaban
ramas de su ser al mío,
se apagó como se apagan
los ecos en la montaña.
Nadie me nombra. No hay nadie.
Ya no es lo mismo.

Lo que en la tarde, esperando
como una cierva a su ciervo,
era, en la mesa tendida,
porción de júbilos hechos
y diálogo con aromas,
fue invadido por el monte
de las cortezas amargas,
hoy, se fue enfriando lo mismo
que un leño bajo la lluvia.
No tengo hambre. Prefiero
mendigar este recuerdo.
Ya no es lo mismo.

La presencia que miraba
al despertar, a mi lado,
y la que yo despedía
al penetrar en el sueño
-tibio, cotidiano apoyo
de mi soledad, certeza
de un premio a mi alma asiduo-
desvanecióse. De pronto
fue arrebatada en la urna
de un viento hostil, conducida
a la oquedad que no vemos.
Ya no es lo mismo.

Las fechas que cada año
cubrimos de mar y selva
-oro guardado en el tiempo,
hada fiel de la memoria-
van atravesando el cielo
como flechas agresivas,
y al llegar dejan caer
pesadamente la ausencia.
Ha oscurecido. Ha temblado.
Quemó el granizo mis plantas.
Ya no es lo mismo.

Lo que tomaba en mis brazos
-el bosque de la existencia,
el mar, la luz, la dulzura
del fruto bajo la estrella-
desapareció, se hizo
pariente de las raíces,
bajó a la tierra y es huésped
de sus palacios sombríos.
No tengo imagen. Voy ciego.
Ya no es lo mismo.

El ángel de mi poesía
ha reclinado su frente
bajo las piedras. Rasgando
la vestidura del sueño,
cubrió de ceniza y polvo
su desnudez. Cómo duele
decir que llegó su noche,
que está sin alba, que un rayo
hirió de pronto su aliento.
Estoy sin ángel. No puedo
iluminar mi silencio.
Ya no es lo mismo.

¡No es lo mismo! Y mientras cubren
las soñolientas neblinas
mi alma, como a una choza,
de nuevo florece el mundo,
y el sol y el amor levantan
con sus diamantes el día.

Alfredo Cardona Peña.

 

El Discurso

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El Discurso

 

Cada noche sentía lo mismo; apenas reposaba mi cabeza en la almohada, y ya comenzaba a soñar. Este es uno de los tantos sueños que nunca he comprendido pero ocurrió.

A pesar de que desde niño deseaba llegar a ser Presidente, con el paso del tiempo y las experiencias vividas, esa idea la había olvidado. Pero ahora, de repente, y en esta noche lluviosa de julio, me despierto sobresaltado, porque los sueños no respetan nada. Se dan y punto.

Soy transportado en helicóptero y desde el aire, diviso, asombrado, una multitud jamás vista por ser humano alguno. Es un monte bastante alto y en su cima hay una enorme tarima de más de una manzanas. En ella, se han colocado toda clase de aparatos electrónicos, altoparlantes, equipos de sonido, micrófonos, cámaras, que enfocarán, a más de cinco grupos artísticos, televisoras de todo el país y el extranjero, radioemisoras; según me cuentan, hasta la radio María abrió la frecuencia, para trasmitir, en vivo, mi discurso, y el propio curita sería el comentarista principal. Con decirles que hasta en cable será trasmitido, nada menos que por La BBC, Televisa, azteca y La ABC. Aquello parecía un enjambre, aparatos por todas partes, cables, fotógrafos, periodistas de todo el mundo y un valle entero de impredecible tamaño lleno de gente. Desde las alturas, podía divisar, cómo, al pie de ese monte, se agrupaban las multitudes, más de quinientos mil nicaragüenses, cien mil indígenas y cerca de dos millones de costarricenses, venidos de todos los rincones del país. Se iban colocando alrededor del monte que tenía más de mil metros de altura y que parecía, desde donde yo viajaba, el monte Sinaí, o mejor descrito, el mismo Olimpo de Zeus. A su alrededor, se apiñaban negros y blancos, señores y jóvenes, ancianas y niñas y todo estaba diseñado, de tal manera, que quienes llegaban en burro, caballo, carreta, bicicleta, autobús, tren, avión o a pie encontraran lugar para colocar su medio de transporte e ingresar al área, donde escucharía el inmemorable discurso, mi discurso. Las televisoras locales se habían preparado, de tal manera que no perdieran la audiencia local y extranjera, a sabiendas, de que el evento sería trasmitido por casi todos los medios de comunicación mundiales, ya fueran estos, por cable o por Internet. A mí me llevaba el helicóptero de Cablisa e iba al lado de los experimentados locutores, conocidos, en nuestro medio, como Los Pimpinela. Ahí mismo, en la cabina del aparato, leían todos los comunicados que enviaban los ciudadanos del país, así como los que recibían de colegas de otros países y de presidentes famosos del extranjero. Iban eufóricos y se sentían felices de llevar a cabo su magna empresa, de ofrecer al mundo el discurso del futuro presidente de Costa Rica.

La llegada a aquel monte tarima fue de locos, apoteósica. A mí me bajaron en algo así como una silla de mecates, y conforme iba llegando, oía los estridentes gritos de los animadores, los cinco grupos musicales, tocando sus ritmos a la vez y la muchedumbre gritando, a más no poder, ¡Viva nuestro futuro presidente! Confieso que hasta yo mismo, me sentí conmovido y halagado. No más toqué el piso de la tarima, y los presentadores comenzaron a levantar el ya altísimo ánimo de los seguidores. Con decirles que, según las encuestas, si la votación fuera este día, obtendría el cien por cien de los votantes y algunos aseguraban que los menores de dieciocho años, harían una huelga porque ellos también querían votar por mí. Y qué decir de los contrincantes que unánimemente habían renunciado a su candidatura y solicitaron a sus simpatizantes el apoyo a mi persona y estaban ahí, en esa tarde memorable, que la historia recordará por todos los siglos de los siglos. Después de algunos gestos rebuscados, un pañuelillo que enjugaba mi rostro, más con miedo que con sudor, empecé mi discurso con estas palabras:

  -Muchas Gracias, que cada día sea mejor.

 Para qué las pronuncié, aquello fue una locura. Todos gritaban, saltaban, se tiraban al suelo. Fueron como las palabras mágicas; de los valles salían gallinas, que a vista de todos ponían huevos de dos yemas, perros con dos cabezas que ladraban despavoridos, bueyes, vacas, pajaritos, lagartijas y hasta serpientes. Todos querían oír mi discurso y al conjuro de aquellas palabras mágicas el mundo resucitó, el hombre y la mujer, la niña y el niño, ellos y ellas, cobraron vida, esperanza porque ya el futuro, no sólo sería mejor, sino que el país sería el paraíso terrenal que tanto tiempo llevaban esperando. Después de varias interrupciones de los animadores pagados y músicas improvisadas, continué mi discurso:

-Señores, señoras, hombres, mujeres, jóvenes, jóvenas, ancianos, ancianas, niños, niñas, el, la y lo - pensé, porque también necesitaba los votos de los homosexuales-, todos y todas en general...

Y más gritos de la muchedumbre, al oír aquellas sabias palabras, que sin ninguna duda los tomaban en cuenta.

Las gallinas seguían poniendo huevos de dos yemas, las y los nicaragüenses vendían vigorón, los ticos chicha, tamales, gallo pinto, sopa de mondongo, picadillo de papa y arracachi y las marimbas seguían tocando el Punto Guanacasteco. Era una locura, los y las jóvenes se echaban encima, los vasos llenitos de cerveza y en la tarima, más de diez bellas jovencitas contorneaban sus curvas, al compás de los cinco grupos musicales, casi sin ropa y a todo dar. Los viejos y viejas hacían el amor, sin necesidad de viagra, pues habían recobrado la energía que hacía muchos, pero muchos años, habían perdido, y las gallinas seguían poniendo huevos de dos yemas, que no más caían al suelo, eran recogidos para revolverlos con arroz y frijoles y venderlos en el famoso gallo pinto. Pero la muchedumbre quería más y mis asesores, futuros diputados y ministros, me rogaban que bailara, que eso sería un golpe psicológico y con mi debilidad acepté. Simulé, con una despampanante chica argentina, contratada para tal propósito, unos pasos de tango. Para qué lo hice. Las jóvenes se montaron encima de sus novios y amigos y en un derroche de locura se despojaron de sus blusas, gritaban como locas, ¡Viva el presidente!, y enseñaban sus tetas y tetitas sudadas, más por la pasión que por el entusiasmo. Y qué decir de las chicas de la tarima. Eso fue otra locura, se quitaron lo poco que tenían y sin reparo alguno comenzaron a enseñar, que no sólo sabían bailar, si no exhibirse. Todo fue terrible, dejé a la argentina y después de unos minutos que se me hicieron años, intenté recobrar el hilo del discurso:

-Gracias, muchas gracias, que tengan un feliz día.

Más gritos, más locura, aquello era un carnaval pero mi voz se reponía y seguía:

-Yo prometo, mis amigos y amigas, mis queridos y queridas compañeras, hombres y mujeres, todos y todas ustedes que...

Y seguía la música y cada cual bailaba al ritmo que le apetecía, ya fuera cumbia, rap, rock fuerte, balada, merengue, o escuchaba a los rancheros y aquí fue el acabóse, no sé a cuál asesor extranjero, se le ocurrió que cantara El Rey, y no me quedó mas chance que entonar aquella estrofa que dice... "Y sigo siendo El Rey". Ahí pensé que se terminaría el mundo, no puedo describirlo, la gente se revolcaba en el suelo, los animales aullaban, mis asesores y aliados me abrazaban, los periodistas no se cansaban de repetir:

-Esto sí es democracia.

Y yo, en mis adentros, cavilaba, ¿cómo termino mi discurso de cierre de campaña? Pero todo tiene su final. Ya el sol declinaba en el horizonte, cuando de pronto comenzó a caer maná del cielo. Aquello se transformó en un silencio absoluto, la gente se hincó y oró por varios minutos. Parecía un milagro. Entonces aproveché el instante y alzando mi voz, en ese silencio místico, le dije a mi pueblo, esa frase, llena de significados indescifrables y de contenidos insondables, que pasará a la historia y será gloria y honra de este país:

-Que estén mejor cada día, muchas gracias.

La muchedumbre se tomó de las manos y en un grito que se escuchó en todo el mundo dijo a la vez:

-¡Viva nuestro Presidente!

Los sueños

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Carta al señor Presidente

                                                               

 

 

                                                                                              Heredia 22 de Junio de 2001

 

 

 

 

Señor Presidente de la República

Presente.

 

Estimado Señor:

 

Me he tomado el atrevimiento de escribirte esta carta, porque lo considero una persona buena y sé que me entenderá lo que le voy a contar.

Anteanoche estuve por casi dos horas preso. Un guarda de la Maracdonald me descubrió, cuando tomaba media hamburguesa, que una familia había dejado desperdiciada en la mesa. Era la primera vez que lo hacía, y tuve el cuidado de ver que el guarda estuviera distraído, pero él fue más astuto y esperó, que yo tomara el pedazo de hamburguesa, y en el momento preciso en que me lo llevaba a la boca, me tomó la mano y me quitó la hamburguesa y me sacó del salón, y luego me iba regañando, diciéndome que eso era prohibido y que recibiría mi merecido. Me trasladó, por detrás del local, ahí donde pasan los carros bonitos y, en una torre pequeña, hablan con una persona y piden lo que quieren y luego pasan a una ventanilla, donde dan unos billetes y luego a otra, donde les entregan unas bolsas llenitas de hamburguesas y refrescos y se van tranquilos, sin que nadie los detenga. Señor Presidente, yo, a veces, me he parado frente a esa torre pequeña, pero nadie me pregunta nada, seguro es que uno debe venir en carro y un niño como yo, descalzo y a pie, y sin dinero, no lo atienden; porque yo he visto que otros niños, cuando vienen en carro, hasta piden combos agrandados y de todo, y a ellos sí se los dan. Debe ser porque vienen en carro. Lo cierto es, Señor Presidente, que el guarda me llevó, cerca de donde está el gimnasio. Ahí hay un lugar cercado que tiene una maquinaria y sin techo. Me encerró en ese sitio, y a pesar de que me traía agarrado del brazo y me dolía mucho, no lloré y tampoco dije nada, aunque tenía ganas de llorar y casi me orinaba del susto. Fue en ese instante, que permanecí durante casi dos horas encarcelado, cuando se me ocurrió escribirle esta carta, a usted, Señor Presidente. Fue anteanoche y ayer la escribí y, como tengo tan mala ortografía, pues apenas aprobé el noveno año, tuve que llevársela a Ricardito, un amigo mío que duerme en la Universidad, pero que se levanta muy temprano para que no lo vean, porque él toma mucho licor, y se la pasa pidiendo, allí por el mercado. Entonces fui donde él, porque según me ha contado, fue profesor de Sociología en la Universidad y sabe mucho, pero el vicio lo volvió vagabundo. Lo encontré de buenas, porque me corrigió la carta y me dio algunos consejos. Me dijo que tenía muchos errores ortográficos y que lo que yo quería decir estaba bien, pero que era mejor que no se la enviara a usted a su casa, porque recibía gran cantidad de correspondencia y que eran las secretarias, las que primero leían los papeles y votaban los que no tenían importancia, y que una carta como la mía, firmada por Ramoncillo, de seguro, ni la misma secretaria terminaría de leerla e iría derechito al basurero. Por eso me dijo que la enviara a un periódico para ver si éste quería publicarla, que tampoco estaba muy seguro, y así, cuando usted lo leyera, tendría que ver la carta. Ricardito  me llevó donde un señor que la pasó a máquina, luego me compró un sobre y unas estampillas y me acompañó al correo y me enseñó dónde colocarla  Es que, Señor Presidente, yo tengo apenas un año de estar aquí, en la ciudad; mis papás son de Guanacaste y se vinieron a vivir, donde una tía, pero unos meses después, se presentó la oportunidad de hacer una casita humilde en el Preca y mi papá, aunque toma mucho, es muy bueno para la construcción. Ligerito buscó unas tablas viejas y unos horcones y con unas latas herrumbradas de zinc, paró una lindísima casa. Ahí es donde vivimos ahora, mis papás mi hermana Katia y mis dos hermanitos menores. No es muy grande pero ya tenemos una cocinita de gas y hasta un televisor, en blanco y negro, para que mi mamá vea las novelas y mi papá los partidos de fútbol. Él es saprissista, igual que usted. Por eso es que le cae tan bien y, como usted, va al estadio, a ver todos los partidos de la selección, entonces él lo admira demasiado. Yo también lo quiero mucho y lo que más deseo, si papá Jesús y Mamá María me ayudan, es llegar a ser Presidente como usted. Especialmente porque yo sí me comería todo lo que le dan y no desperdiciaría nada. A mí no me importa llegar a ser gordo. Por eso, cuando lo veo en la televisión, frente a esas mesas llenitas de comida, cómo me gustaría llegar a ser Presidente. Además desearía también viajar por todos los países y comer esos manjares que dicen les ofrece. Ricardito me ha contado que hasta en los aviones le dan a uno lo que quiera. Sólo me preocupa un poco, viajar en avión. Debe ser muy peligroso pero yo estoy seguro de que, cuando sea grande, ese miedo me pasará. Hace un año estuve en el Parque de Diversiones; nos llevó la Niña y ahí me monté en un aparato rarísimo que lo llaman algo así como, el túnel del tiempo. Es carguísima y aunque bajé mareado, no me vomité.

En mi casa, Señor Presidente, además de la familia, tenemos un perro que llegó solo y se hizo amigo mío y se quedó. Se llama Pinto, porque le gusta mucho comer el gallo pinto que hace mi mamá, cuando hay arroz, frijoles y huevos. Pinto, además, es blanco, con unas manchas amarillas. Se parece mucho a un perrito que aparece en la televisión y que viaja con un joven, en una avioneta, y que imita a un  pirata. Es igualito que él, sólo que no es un artista de cine pero, que es inteligente, lo es. Figúrese usted que, a pesar de que en casa, algunos días, no hay mucho qué comer, ya sea porque mi papá no consiguió un jardín que machetear, o porque tuvo que comprar la pachita de cacique, o porque mi mamá, que ahora le ha dado por fumar y le roba un poco de licor de la pachita a papá, gastan más de lo debido; entonces nos hemos visto en apuros, además, de que a veces, yo recojo poco y más hoy, que pasé casi toda la noche encerrado y cuando llegué a la casa tuve que darle a mamá explicaciones porque llevaba poco dinero. Le comenté que existe mucha competencia; sólo en las afueras del local, por donde salen los carros, se colocan más de diez niños para pedir una moneda y muchos de ellos son menores que yo, y a los señores de los carros les dan más lástima y por ello, muchas veces, recogen más dinero que yo. Le decía que me sorprende que Pinto esté gordo sin comer casi nada. Esto me hizo entrar en sospechas, ya que los días lunes y jueves, por la mañana, no lo oía ladrar. Entonces me puse a vigilarlo y me levanté temprano, un lunes y lo vi cuando salía, como a las nueve de la mañana, y se dirigía donde están las casas de Los Sánchez, Los Hernández, Los Zamora y, con sumo cuidado, iba inspeccionando las bolsas de basura y de ellas sacaba tremendos banquetes, pizzas enteras, hamburguesas, bolsas de papas a la francesa. No le gustó mucho, cuando me le acerqué y le robé media pizza, pero poco a poco, nos hicimos aliados y él me indicaba, en cuál bolsa estaba el banquete, y yo la abría con cuidado, para que los de la basura y las empleadas de las casas, no se enojaran, por encontrar la basura botada. Ambos comíamos, y a veces nos sobraba para llevarles a mis hermanitos, a mi mamá y a mi papá, que mientras veía el partido y se tomaba la pachita de cacique, se comía tamaños pedazos de pizza. Yo siempre tenía el cuidado de quitarle las basurillas, que a veces se colaban en la pizza, pero por lo general, las encontrábamos, en las mismas cajas y bolsas, hasta con los envases del queso molido y la mayonesa, enteritas, casi sin probar. Además de que nunca les dije, a mis papás, de dónde traía las pizzas. Les inventé que las señoras, de esas casas, me las regalaban. Le contaba que entonces me expliqué por qué Pinto se mantenía gordo, ahora yo también estoy empezando a rellenar mis huesos largos y delgados. Pero hemos mejorado muchísimo, desde hace unos tres meses, pues Katia, aunque usted no lo crea, Señor Presidente, ha encontrado un trabajo buenísimo y muy seguro. Algo oí a mi mamá de que trabaja como guía turística, que se encarga de llevar a los gringos a lugares recreativos, hoteles, cabinas, villas y hasta cabañas, en diferentes partes del país. Con decirle que le pagan en dólares, y de unos días para acá, cambió su pelo negro por uno lindísimo, rubiecito y se ve preciosa. Es que parece una señorita de la capital y con unas botas de charol, unos jeans azules ajustados a su cuerpo, anteojos oscuros y una diminuta blusa, abierta por detrás, parece una artista de cine. Con decirle que hasta fuma. Después de las giras turísticas, que duran hasta ocho días, llega a la casa y nos llena de regalos y plata. Ya mi papá no se pone furioso, ya que no le falta la pachita, y mi mamá, hasta se da el lujo de pintarse y anda alegre por toda la casa. Por lo general, Katia, se queda con nosotros dos días, que la pasa durmiendo, seguro se cansa mucho, en esas largas caminatas; aunque se da el lujo de llegar en taxi, y luego se va otra vez a guiar a los gringos por los centros turísticos del país.

Señor Presidente, a mí me gusta oír las noticias y ver los partidos de fútbol, igual que usted pero yo lo hago en los almacenes Casa Negra, porque no cobran y los veo en varios televisores a la vez, además de que son en colores y enormes, pero existe otra razón, yo soy liguita y mi papá los odia. Entonces no puedo verlos en mi casa. Éste es un secreto, Dios guarde se lo cuente a mi papá porque me mataría. Pero lo que quería preguntarle es que oí en las noticias que condenaron a unos señores que administraron mal un banco, a algo así, como a quince años, pero que no irán a la cárcel, ya que era la primera vez que lo hacían, y entonces, me dije y, ¿por qué yo fui encerrado, casi dos horas, si era la primera vez que cogía un pedazo de hamburguesa, sin permiso?

Señor Presidente, ya no lo canso más con estas historias. Sólo le pido, un último favor, que cuando le den esas comidas ricas, que usted desperdicia, se acuerde de Ramoncillo y me mande un poquito de lo que le sobra.

 

                                                                                 Atentamente Ramoncillo Vargas

 

¡Ah!, se me olvidaba, si deseas contestar y mandarme todo lo pedido, puedes hacerlo a la siguiente dirección: Urbanización El Preca, casa No. 2, Heredia, Costa Rica.

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