El destinatario en la novela

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EL DESTINATARIO EN LA NOVELA

 

 

El acto de enunciación (y tanto lo dicho anteriormente como lo siguiente es característico de todos los lenguajes e idiomas), exige en su misma realización, no solo un emisor Se, sino un receptor (Destinatario), el que escucha y, en ocasiones contesta. En la expresión oral está representado por la persona o grupo de ellas a quienes se dirige el que habla (emisor). En el acto de enunciación oral, el modelo de comunicación exige, de este modo, como mínimo dos personas: un YO y un TÚ y por supuesto el mensaje. Un YO que hable algo y otro que lo escuche.

 

El acto de la escritura representa el proceso oral de forma tal que el lector pueda representar mentalmente una escena donde:

 

1. Una persona conversa consigo misma.

2. Una persona conversa con otra distinta a ella.

 

Este sería el modelo directo, donde la escritura representa el acto de la enunciación, tal y como ocurre en la forma oral y en cualquier lenguaje. Es lo que comúnmente se llama "estilo directo" y se representa gráficamente por guiones o en algunos casos por las comillas (""). En el primer caso el sujeto de la enunciación, es el mismo que el Destinatario y el enunciado solo llega a él mismo, por lo tanto nunca puede haber oyente. Pero esto no sucede cuando se usa el llamado "estilo indirecto" porque en él si puede diferenciarse los sujetos, tanto el de la enunciación primera como el protagónico cuando el rol de contar es asumido por un personaje del enunciado.

 

La forma escrita de la carta puede sernos de gran utilidad para explicar el fenómeno de la escritura. En ella:

 

1. Yo envío una carta al Rector de la Universidad. Yo soy el sujeto de la enunciación y el Rector será el Destinatario de la misma. Además yo soy el escritor de la carta y el Rector será el oyente de la misma y si él mismo la lee, el lector social.

 

Ahora bien, en la anterior carta yo me representaba en el enunciado como sujeto de la enunciación y sujeto del enunciado, así como el autor (Benedicto). Pero puede variar si el YO escritor introduce un sujeto protagónico diferente a él en el enunciado al hacerlo hablar, actuar. Así:

 

2. Yo (Benedicto) escribo una carta al Rector denunciando las irregularidades que llos estudiantes hicieron en un examen. Aquí el sujeto de la enunciación sigue siendo el mismo YO, mientras que si dejo que los estudiantes explique por su propia voz los hechos, los convierto en sujetos protagónicos de la segunda enunciación que se deriva del enunciado de la primera. De esta manera pueden ir sucediendo cambios en los niveles de la enunciación y el enunciado (sus personajes, tal y como lo hemos venido explicando. Pero nuestro interés ahora es señalar lo que sucede con el Oyente, el Destinatario y con breves alusiones al lector social que no debería aparecer en el relato.

 

Si seguimos utilizando la carta como ejemplo obtenemos los siguientes modelos:

 

1. Yo (Benedicto) escribo una carta al señor Rector sobre los estudiantes (ejemplo inicial)

 

2. Juan escribe una carta a María que consiste en una conversación que oyó, en la que Carlos cuenta a  Ana la acusación del profesor ante el Rector de la actuación de los estudiantes. En este caso Ana es la oyente de la enunciación interna del enunciado escrito por Juan y cuyo Destinatario es María. Y así podría seguirse indefinidamente. Claro al final el lector social se perdería posiblemente en el laberinto de oyentes y destinatarios y sujetos de las más variadas enunciaciones.

 

 Ahora, si estas cartas aparecen en un texto mayor, por ejemplo una novela, podría ocurrir, entre otras variantes, lo siguiente:

 

La carta inicial fue escrita por un autor que se disfraza de profesor como sujeto de la enunciación para acusar a sus estudiantes de un fraude en una prueba escrita. Pero aparece un estudiante del grupo, Juan como sujeto protagónico cuando escribe una carta a María, estudiante acusada de la conversación que oyó de dos estudiantes que no están implicados en la acusación pero se enteraron de la acusación hecha por el profesor. Si el profesor lee la novela se convierte en lector social de la propia novela, incorporado por el autor como lector y destinatario a la vez, desde luego inventados por el autor u objetivados en el texto. Y si quisiéramos seguiríamos creando conflictos entre los personajes y los elementos de las enunciaciones implicados en la novela. Las posibilidades son muchas y posiblemente inagotables. Este simulacro de novela puede convertirse en novela policíaca, introspectiva si el autor deseara llevarla a la vida interior de alguna estudiante que sufra al verse sometida a investigaciones, y desee suicidarse, etc.

 

Oscar Taca dice que el lector social es la persona (o varias) que lee en cualquier tiempo (y lugar, agregamos) y está fuera de la obra. En cambio el destinatario pertenece a la enunciación y está dentro de ella. Es un elemento estructurante de ella, como perspectiva, como ordenamiento, como un posible punto de vista y desde luego un posible sujeto protagónico de una segunda y hasta tercera enunciación.

 

Gennette, en Figuras III, dice que al igual que el narrador es un integrante de la situación narrativa, se coloca al mismo nivel que él y  establece los mismos términos que dio, y describimos, al narrador.

 

Hay autores que afirman, cuando se les pregunta, si ellos dirigen su novela a un lector en especial y algunos lo aceptan, escriben  -dicen- para niños, para mujeres, para adultos, etc. pero existen quienes afirman que no, que ellos no dirigen a un lector en especial, sus novelas, sino para quien desee leerlas. Estas afirmaciones son respetables y fácilmente se puede evidenciar con algunos análisis de las enunciaciones que inconscientemente y a través de la escritura ponen de manifiesto el interés por un Destinatario en especial ya sea porque desea educarlo, convencerlo, adiestrarlo, enajenarlo, criticarlo, ofenderlo, sacudirlo, concientizarlo, etc.

 

Encontrarlos en la novela, describirlos y desentrañar sus implicaciones ideológicas, sus valoraciones a que son sometidos, es de suma importancia pues ello desentraña la relación significativa entre narrador y destinatario y las intenciones del autor, a pesar de permanecer fuera de la obra de influir en el lector social que también está fuera de la obra. La trascendencia de esta categoría aún no se ha esclarecido. Por de pronto la crítica y los teóricos han preferido intensificar sus esfuerzos en el narrador y en los sujetos de enunciación y protagónicos así como en los otros elementos estructurantes de la obra.

 

El Destinatario no solo  suele ser confundido con el lector social sino tomado como tal. Tal vez con mayor insistencia que lo hecho con el autor y el narrador de una novela.

 

El Destinatario es tan importante que Todorov creó tres subgéneros derivados de la obra narrativa que toma como base la intención de crear en el Destinatario la duda en él acerca de los hechos narrados que se mueven en el nivel natural y el sobrenatural del relato. Los llamó Lo fantástico, lo extraño y lo maravilloso. Más adelante los estudiaremos.

 

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