El caudillo y el temperamento ovejuno de las pulgas de Max Jiménez Huete

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Este escrito del autor costarricense Max Jiménez Huete (1900-1947) no solo describe los caudillos militares, los reyes y reinas, los gobernados, antiguos y presentes y las variantes modernas disfrazadas de democracias liberales.

El lector puede realizar sus propias interpretaciones y llegar a sus conclusiones. Esto es lo que permite la obra literaria universal, polisemántica y de calidad imperecedera.

Estimado lector disfrútelo y comenteto, sobre todo pretende ser un manjar literario en estos días que Costa Rica estrenará una reina y el antiguo rey deja su reinado. Tanto el dibujo como el texto fueron tomados del libro Jiménez Huete, Max. Obra literaria de Max Jiménez. Editorial Srudium, Universidad Autónoma de Centro América, San José, 1982. El domador de pulgas, p. 329. Novela publicada en el año 1936.

 

EL CAUDILLO Y EL TEMPERAMENTO OVEJUNO DE LAS PULGAS

                       

 

El caudillo entre las pulgas, lo mismo se producía en una república como en un reinado.

 

Una república era algo que nadie se explicaba.

 

Un reinado, era un pedazo de tierra que tenía un rey: un rey era una pulga con una corona sobre la cabeza, ese rey se juntaba con una pulga que también tenía corona, y producían una pulga heredera, y aunque los padres para acostarse se quitaban la corona, y desde luego la unión nocturna no era regia, la pulguita hijo usaría corona, y sería en el futuro un rey.

 

Lo malo era que en la mayoría de los casos la pulguita nacía sin fuerzas, ni aptitudes, ni deseos para gobernar a las pulgas, y entonces el rey se iba para otro país con el dinero del reinado. O resultaba, en un momento débil del gobierno, una pulga que haacía muchas muecas, y ofrecía cosas extraordinarias y le hablaba desde el fondo de su corazón al pueblo y prometía que en sus manos todo sería arreglado. Entonces el rey, que se sentía ya muy debilitado, se llevaba la pulga líder para su casa.

 

Poco a poco, la pulga salvadora ganaba terreno. En las escuelas lo primero que aprendía el niño, era a deletrear el nombre de aquella famosa pulga. Las pulguitas en el reinado ya no se saludaban en la forma patriarcal antigua, ya no se decían: ¿qué hay viejo, cómo te va, y qué tal por su casa? Sino ¡viva el líder! Ya no se decían con qué se habían quitado los parásitos intestinales, ningún secretillo casero para el mal de orina, sino ¡VIVA EL LÏDER!

 

Desde luego, las habilidades del líder pulga, consistían en darle muchísimo dinero al ejército, y como todos los ejércitos están formados de vestidos elegantes, les regalaba ropa nueva, y caballo nuevo. El líder personalmente, se cambiaba de uniforme varias veces al día, pero era muy cuidadoso de limpiar el reino de toda pulga que se iba haciendo famosa.

 

Cuando hacía falta suprimir una pulguita rebelde, de ésas que no quieren a los tiranos, y que dicen que el progreso es una farsa, conseguido en ese caos, a fuerza de sangre de pulguitas inocentes, el líder se encargaba de que alguno de sus propios hombres amaneciera muerto; entonces se culpaba a la pulga rebelde, del crimen, y se le mandaba fusilar. Y después se mandaba fusilar y fusilar más pulgas rebeldes, hasta que el pueblo de las pulgas terminara diciendo, que aquella pulga caudillo era un enviado de Dios.

 

La pulga líder se mostraba de vez en cuando al pueblo desde su balcón, llegaban trenes de todas partes para ver aquel espectáculo. Además debe saberse que se asomaba al balcón, y sépalo cualquier pulga de altas pretensiones políticas, no se puede ser líder sin tener balcón, hacía tres muecas y media mueca, y decía:

(Aplausos)

(La multitud grita frenéticamente).

 

Gran éxito tuvo con su discurso la pulga jefe, y todas las pulgas levantaron la pata en señal de aprobación.

 

La pulga líder repartía fotografías de su persona, fotografías de todos tamaños, algo así como las pulgas estrellas de cine.

 

Desde luego, el líder tenía que copiar de otro héroe para ser héroe, como haría cualquier artista de teatro. Entonces escogía una pulga famosa del pasado, de la cual ya no se sabía nada muy seguro y lo imitaba.

 

Por ejemplo si la pulga líder no podía ir a un acontecimiento del país, generalmente porque tenía miedo de que lo mataran, mandaba su retrato, y todos saludaban al retrato, como si estuviera la pulga, magnífica en persona, con la ventaja de que el retrato era inmortal.

 

Después de un atentado, salía sola a caballo pero naturalmente, después del atentado.

 

Como no existe pulga completa, de esa clase, sin una guerra o una conquista, el líder hacía una guerra contra el vecino o contra algunas pulguitas atrasadas en armas. Eso se llamaba extender el poder más allá de las fronteras. Y asegurarse para la historia de las pulgas, como un gran genio militar.

 

Lo malo era, que otras pulgas vecinas más cuerdas, o más adelantadas, en eso del temperamento menos ovejuno, se decían: este hombre es peligroso, ya le ha llegado la locura a un grado extremo, y entonces, lo iban cercando como quien cierra un aro.

 

La pulga líder, siempre tenía tiempo de hacer mucho daño, porque mandaba matar pulgas salvajes, de esas que comen frutas silvestres, y que le hacen heridas a los niños en la cara para retirar los malos espíritus, y que mataban tres hombres para tener una mujer, Un sistema bastante original de tener mujer.

 

A la nación de la pulga líder más y más se le cerraba el aro, y a las pulgas sus súbditos, algo se les restaba del sentimiento ovejuno, porque las pulgas negritas también mataban pulgas blancas, y ya no decían que la pulga líder era como un Dios, y hasta decían que matar a otra pulga en cualquier caso, era un asesinato.

 

La pulga de los gestos convincentes, del mando terrible, terminaba en el destierro, entonces venía una revolución en el país de la pulga liquidada, y probablemente nacía una cosa que las pulgas llamaban cambio de clases, y entonces una pulga de abajo se iba para arriba.

 

Y las pulgas volvían al temperamento ovejuno, y las pulgas de pensamiento libre se hacían serviles. Y hasta le hacían una estatua sobre un caballo, o la pulga que antes habían matado, o mandado al destierro. También la estatua podía ser de pie, con figuras, y una águila con una bandera en el pico, y unos cañones. Los monumentos de las pulgas eran muy feos pero muy significativos y muy útiles para la historia de las patrias de las pulgas.

 

Tal vez no convenga olvidar, que las pulgas dictadores, llegaban a ese puesto explotando un sentimiento religioso y nobilísimo del pueblo. En unas ocasiones quitándole al pueblo sus medios de manifestación: las iglesias y las imágenes; en otras ocasiones pactando con los poderes eclesiásticos.

 

¿Y la independencia? ¿Cuál era la pulga que creía en la independencia?

 

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This page contains a single entry by Benedicto Víquez Guzmán published on 29 de Abril 2010 10:06 PM.

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