Mayo 2010 Archives

Los adjetivos 2

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1. Cardinales

 

Así se les llama a los adjetivos numerales que expresan el número.

 

Treinta animales llevaba el camión.

 

Hay ocasiones en que estos adjetivos se colocan después del sustantivo. A pesar de ello el uso más frecuente es delante del sustantivo.

 

Amores mil fue repartiendo en cada puerto.

 

Determinan la cantidad de ellos.

Ejemplos:

1. Tres niños llegaron tarde a la escuela.

2. El año pasado se graduaron tres mil alumnos.

3. Treinta mujeres murieron en la explosión.

4. La plaga consumió cuatro manzanas de cultivos.

 

Todos ellos, los señalados con color celeste determinan la cantidad del sustantivo: niños, alumnos, mujeres, manzanas. Van desde uno hasta el infinito.

 

2. Ordinales

 

Estos adjetivos numerales, como su nombre lo indica determinan el orden  en que se coloca el sustantivo a que se refieren.

Ejemplos:

 

1. El primer alumno es el mejor.

2. La casa octava es la más bonita.

3. Hoy me tocó la primera fila.

4. A la tercera vez va la vencida.

5. Esta es la cuarta oportunidad que le damos.

 

Los adjetivos determinativos ordinales van desde primer o primero (a), hasta último.

 

Ejemplos:

 

1. La primera novela escrita en Costa Rica recibió el nombre de Elisa Delmar.

2. La quinta sinfonía de Bethoveen  es sobresaliente.

 

c. Partitivos

 

Significan división, señalan partes del sustantivo.

 

Cada niño se tomaba al día medio litro de leche.


3. Múltiplos

 

Estos adjetivos numerales indican secciones de un todo.

 

Este año el café recibió el precio doble al año anterior.

 

4. Colectivos

 

Expresan la unidad de una colectividad, de un grupo numéricamente explícito.

 

Ejemplo:

 

Compró la doceava parte de los huevos.

 

5. Sendos

 

 

Ejemplos:

 

1. El juez espera sendos malhechores para juzgarlos.

2. El padre entregó a cada uno su vaso de leche y su pedazo de pan.

 

6.  Relativos

 

Son adjetivos que establecen una relación del sustantivo con otro elemento de la oración: que, cual, cuyo, etc.

 

Los niños cuyos padres están ausentes, deben llevarles el mensaje.

 

También suelen usarse en oraciones interrogativas o exclamativas. Es un uso más frecuente. ¿Qué?, ¿Cuál?, ¿Cuánto?

 

Ejemplos:

 

1. ¿Cuál perro fue el que te mordió?

2. ¡Cuán bellas son la verdad y la paz

 

 

 

 

Conjugación de los verbos: Los modos subjuntivo, condicional e imperativo

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Resumen comparativo entre la Si y la Sf en los cuentos de Mi Tía Panchita 2

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El lector conoce de sobra la calidad moral de los niños, de ahí que se evite la Pp que vendría a redundar sobre lo mismo. Los niños poseen la cualidad con la cual vencer en la Pf, L-V a la bruja, dada, por los consejos del anciano, nada menos que del mismito Dios.

La flor del olivar

 

Este cuento se abre un proceso de mejoramiento: curación del rey de su ceguera. Al final, recobra la vista, pero la muerte de su hijo menor por parte de sus otros hermanos lo llena de tristeza. El cuento termina con una degradación total de los agentes. Solo desde la visión narrativa se llega, por conversión, a una restauración moral: el castigo de los culpables.

 

La propuesta del rey a sus tres hijos para que salgan en busca de la flor del olivar para su curación de la ceguera, lleva implícita una recompensa, un premio para el hermano que realice la tarea propuesta de hallar la flor y traérsela a su padre: la corona del reino. Los tres hermanos salen de palacio en para satisfacer dos fines: la flor del olivar y con ella la corona del trono. Los tres son sometidos a la misma Pp: socorrer a una señora (la virgen) y a un niño que se encuentran de camino. Los hermanos mayores los ofenden, no hacen caso de sus súplicas, mientras que el menor se detiene y gracias a su desprendimiento   y bondad, se hace merecedor a la ayuda mágica. La Pp de sacrificio, por compasión, abre la posibilidad de la obtención del elemento mágico, su aliado, para resolver la Pf. A mujer le enseña el lugar donde se encuentra la flor del olivar, el joven la toma y regresa a su casa. De camino, se encuentra con sus hermanos, les cuenta su hallazgo y eso lo conduce a su desgracia. Los hermanos, no solo lo engañan, sino que le roban la flor y lo matan. Luego que lo entierran, regresan a su casa, curan a su padre y obtienen la riqueza ofrecida. Los malos se encuentran momentáneamente felices lo mismo que el rey. Solo el hermano menor ha quedado peor que al inicio del relato. El cuento no puede acabar ahí, debe abrirse un microproceso que restablezca el orden moral perdido. Esto es lo que se da. La aparición de un agente nuevo abre esa posibilidad, se trata de un pastorcillo que al cortar una cañita para hacer una flauta lo hace de los dedos del hermano menor y ésta delata el crimen. Así se logra restaurar el equilibrio moral. La flauta al tocarla los hermanos confiesa al rey que los hermanos lo mataron por la flor del olivar.

 

"No me toques pastorcito,

ni me  dejes de tocar;

que mis hermanos me mataron

por la flor del olivar."

 

El pastorcillo lleva la flauta a la ciudad y denuncia (aliado involuntario) a los criminales. El proceso de venganza es muy detenido; los agentes, uno a uno, van tocando la flauta que deja oír la trágica acusación con la voz del menor de los hermanos. El rey se entristece y castiga a sus hijos malos.

Lo que más se destaca, en este cuento es la visión narrativa: su intención es de carácter moralizante, por eso se detiene en el descubrimiento de los asesinos. Hace del fratricidio un acto moralizante, aunque su ejecución sea brutal. Se inspira en la clásica muerte del hermano bueno a manos de los hermanos malos, envidiosos y ambiciosos. Al final los agentes malos son descubiertos y castigados. El equilibrio moral que se puso en peligro por un momento, cuando los hermanos matan al menor y logran la felicidad, se restituye. Por eso, desde la visión narrativa, la Sf es de equilibrio: los valores morales cobran más importancia que las acciones malvadas de unos pocos.

 

Este relato presenta versiones menos crueles que las comentadas en el cuento del mismo corpus El pájaro Dulce Encanto, donde no se llega al crimen del hermano aunque sí se intenta.

 

El pájaro Dulce Encanto

 

Este cuento presenta un proceso de mejoramiento logrado: curación de la ceguera del rey. Se inicia con la partida de los tres hermanos: uno, por la mañana, otro, al medio día y el último, por la tarde. Su meta era encontrar el pájaro dulce encanto para curar a su padre: El premio: la corona del trono. También aquí son sometidos los tres hermanos a un Pp de índole moral: enterrar a los muertos. Este precepto cristiano es infringido por los hermanos mayores, no así por el menor que comparte con el muerto su riqueza cuando paga el entierro, el responso del cura y le hace un funeral digno. Con este sacrificio de su fortuna, el príncipe gana un aliado. Con él emprende el viaje y la búsqueda del pájaro. El muerto le ayuda a salir victorioso de la Pf que aquí tiene la forma de T-C (tarea cumplimiento). Es la obtención  de un caballo robado  a la hija del rey. Estas tareas a que se ve sometido el príncipe, impuestas por el rey (padre de la princesa), l e permiten regresar a su reino con un caballo mágico y una princesa muy bella. El príncipe, gracias a la ayuda del muerto, logra salir victorioso de todas ellas, pero aún así, el rey no quiere entregarle el pájaro Dulce Encanto. Por esta razón, se ve obligado a engañarlo y huir del palacio con el caballo, el pájaro y la princesa. También como el cuento La flor del olivar, cuando regresa a su casa se encuentra con sus hermanos; estos lo engañan, lo dejan en un barranco, le roban los objetos mágicos, incluyendo la princesa, y regresan junto a su padre. Cuando están a su lado, tratan de probar la virtud del pájaro Dulce Encanto, pero éste no surte efecto. Mientras tanto, el hermano menor es ayudado tanto por los consejos del muerto como por unos viajeros que por ahí pasaron. Sale del precipicio y regresa a su hogar; explica lo sucedido, cura a su padre y demuestra que él es el merecedor de la corona. Este final es de mejoramiento. La visión en este relato, es más clara desde el punto de vista moral. Por una parte, no se llega al crimen y por otra, perdonan a los hermanos malvados. Todo el relato evidencia la exaltación de los valores morales y los agentes portadores de ello; por ejemplo, en la Pp llama la atención el hecho de que el muerto estuviera tirado en las gradas de una iglesia, sin recibir cristiana sepultura, porque el sacerdote no quería rezarle unos responsos, si antes no se le pagaba. Aquí, el representante de la iglesia no cumple con un precepto moral, mientras que el joven príncipe sí.

 

Otro elemento importante de la visión es el interés por mostrar el fracaso de los hermanos malos en todas las empresas que tratan de realizar. Se les ubica en lugares censurados por la moral cristiana, como por ejemplo garitos o casas de placer. Con esto, se logra exaltar la virtud del menor y justificar las malas acciones de los malos.

 

Con respecto al cuento La flor del olivar, este relato presenta diferencias bien marcadas no solo desde el punto de vista de la visión, sino por las acciones que los agentes realizan. En La flor del olivar no aparecen las tareas que el hermano menor realiza con el fin de obtener el elemento mágico. No se llega a una Sf feliz desde el punto de vista actancial, mientras que aquí la Sf presenta hasta una boda y el perdón de los hermanos. No solo se obtiene la transformación moral sino el mejoramiento de los agentes.

 

La Negra y la Rubia

 

Este relato después de la Si negativa, abre un proceso de  mejoramiento para el hombre viudo: buscar esposa rica. Sin embargo, el matrimonio de éste con otra viuda, solo se da como indicio para configurar una Si degradada para los agentes, padre e hija. El verdadero proceso lo lleva a cabo la joven rubia: casarse con el príncipe: por esta razón, el cuento presenta solo un proceso de mejoramiento, desde la perspectiva de la rubia. Como se trata de un agente femenino bueno, no debe realizar un viaje para buscar un cambio de fortuna; tampoco se le exige la Pp. La obtención del elemento mágico lo logra gracias a su humildad y virtud en oposición a la negra que es envidiosa y llena de orgullo. En una visita que hace al jardín, se encuentra con una muñeca que resulta ser la Virgen María. Esta aliada sobrenatural le da consejos y realiza las más sorprendentes transformaciones con el fin de que ella triunfe y se case con un príncipe. Le aconseja asistir a misa durante varios días con el fin de despertar el interés ante aquél; así lo hace y poco a poco va obteniendo su cometido; logra impresionar favorablemente al príncipe, no obstante que permanece momentáneamente en el anonimato. En el último viaje a la iglesia, el príncipe descubre su casa, su condición y procura sacarla de ahí para casarse con ella.

 

Mientras la rubia parte de una Si negativa y se mejora, la negra, agente malo, realiza el proceso contrario; parte de una Si de riqueza y poder y poco a poco va fracasando ante los deseos de impresionar al príncipe. Al final, sus propósitos no se cumplen, queda ridiculizada y acepta el perdón consolatorio de la rubia.

 

La visión en este relato destaca aspectos importantes: la exaltación de las costumbres cristianas. Por ejemplo, a la rubia, le impuso la Virgen un impedimento: no alzar la vista hacia el príncipe sin antes recibir la bendición del sacerdote (machismo religioso). Fue una acostumbre muy difundida y practicada en épocas pasadas que refleja la sumisión y respeto que se le exigía a la mujer ante los hombres.

 

Otro aspecto de la visión es la captación popular de la maldad de las madrastras. Este hecho evidente en el relato destaca la virtud de la rubia en oposición a la maldad de la negra y su madre. También censura el segundo matrimonio del padre de la rubia.

 

Cabe señalar, por último, que en este relato, como en otros, no se castiga a los malos. Los castigos a los malvados son raros y si aparecen son muy leves; su mayor daño está representado por el fracaso en sus empresas y el éxito de los buenos. En el caso de la bruja en La casa de las torrejas, el diablo en La suegra del diablo y en Uvieta, no se presentan torturas crueles, aunque simbolizan las fuerzas del mal. Cuando se trata de seres humanos se llega al perdón. También se debe mencionar que los  buenos son valorizados física y moralmente bajo normas establecidas. Por ejemplo, en este cuento el color es indicio de virtud. La rubia representa a los buenos y la negra a los malos.

 

Salir con un domingo siete

 

Este cuento presenta un solo proceso para cada agente: un mejoramiento para el compadre pobre y una degradación para el compadre rico. Sin embargo el mejoramiento de uno es la degradación del otro, como consecuencia indirecta. Los dos microprocesos se dan por separado: primero el del pobre y luego el del rico. Ambos agentes realizan las mismas acciones pro con resultados contrarios. Usan hasta los mismos medios: agregar un verso a la canción de las brujas. El pobre tuvo suerte de que ellas se alegraran por completar su canción, mientras al rico le achacan estropeársela. Para efectos prácticos vamos, momentáneamente a separar las dos secuencias.

 

En la perspectiva del compadre bueno se abre un microproceso de mejoramiento. Obtener riqueza y eliminar su güecho. El personaje es pobre pero bueno. Todos los viernes realiza un viaje al bosque para cortar leña. En uno de esos viajes se pierde en él y no puede regresar a su casa. Entonces decide pasar la noche en un árbol. Desde ahí divisa una luz, se dirige a ella y llega a una casa grande. Entra y oye unas brujas que cantan lo siguiente:

 

"Lunes y martes y miércoles tres"

 

El hombre, como pasaban las horas y el estribillo se repetía, decidió agregar:

 

"Jueves y viernes y sábado seis."

 

Por esta composición recibió toda clase de atenciones por parte de las brujas, le eliminaron el güecho y le llenaron de riquezas. Regresó luego a su casa a contar su aventura.

 

El merecimiento del compadre pobre para obtener tanta bondad de parte de las brujas, es su condición material y sus virtudes morales. Por esta razón, al igual que len otros relatos analizados, la Pp no aparece igual que en ellos. Perderse en el bosque y dormir en un árbol fuera de su casa, no son sacrificios que permitan hablar de una Pp como tal. Tampoco en la Pf (composición del verso) tuvo que esforzarse mucho pues fue más fruto de la casualidad que inteligencia o trabajo. La intervención del agente es mínima. No se le imponen tareas ni tiene que realizar luchas, por ello su elemento mágico resultó ser el verso. El microproceso es muy simple y casi sin aventuras.

 

El la perspectiva del compadre rico sucede casi lo mismo pero con resultados contrarios. Al final obtiene un castigo en vez de un premio. Su Si, sin embargo no es la misma que la del compadre pobre ya que es rico y ambicioso y casado con una mujer codiciosa y más ambiciosa que él. Por esta razón el resultado de la Sf es contrario a la del compadre pobre.

 

El compadre rico obedece los mandatos de su mujer y sale para el bosque en busca de la casa de las brujas. Los obstáculos que debe vencer son los mismos que los que enfrentó el compadre pobre. Cuenta más bien con algunas ventajas: conocía todo lo relacionado con el viaje. Éste se realiza satisfactoriamente hasta que llega a la casa de las brujas y debe enfrentar prueba fundamental. Decide agregar a la canción de las brujas la frase:

 

 "Domingo siete."

 

Cuando las brujas lo oyen, se enfurecen, lo buscan y lo castigan. El pobre compadre rico debe regresar a su casa sin dinero y con dos güechos, pues las brujas le agregaron el del compadre pobre. Al enterarse su mujer se llena de tristeza y ambos terminan totalmente degradados.

 

Desde el plano de la visión, este relato presenta una clara intención, presente, por lo demás, en los otros cuentos analizados, solo que aquí se da en una forma muy clara. Pensamos en la configuración moral del modelo o paradigma: Los buenos triunfan y los malos fracasan. La intención moralizante se pone en evidencia con mucha más claridad que en los otros cuentos. Se logra restaurar el código moral puesto en peligro por la esposa del compadre rico. La mujer presenta el estado desequilibrado de la virtud. En cambio la familia del pobre sirve como modelo de ella. Por eso se los premia.

 

El cuento fantástico Más allá, también más allá de Alfredo Cardona Peña 2

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pensamiento de un ángel. La señora Apendini bajó los ojos, remordió los labios y dijo:

- ¡Prometido!

Regresaron a la sala. Los jóvenes, sentados, se miraban dulcemente. La mano de ella descansaba entre las de Tomás.

-Supongo que ya se habrán entendido. ¿No?

- Perfectamente y en todo, señora. Anabella está dispuesta a regresar... y esperarme. Hará lo que usted le ordene.

- Bien señorita; cierre los ojos y olvide todo lo que ha sucedido.

- La obedezco...

-Adiós, Anabella; mi alma va contigo.

- Adiós, Tomás. No te inquietes. Regresaré a tu lado...pronto...

-¡Ya está volviendo en sí, gracias a Dios! -exclamó una amiga de Anabella después que el médico de la tienda le había aplicado una inyección de aceite alcanforado.

-Sí, ya está bien. Ahora es conveniente que la lleven a su casa para que descanse. Mañana estará completamente restablecida.

El gerente de la negociación llamó aparte  al médico.

-Necesito saber - le dijo al oído - si la señorita está en condiciones de seguir trabajando; si la escenita no se volverá a repetir.

- Puede usted tener seguridad de que está completamente sana - le contestó el farsante -, y de que además es muy linda... pero las mujeres demasiado bonitas son delicadas, sensibles, y.. ya usted me entiende. Seguramente el ajetreo de estos días le ha causado la fatiga; y como a lo mejor no se había desayunado bien, pues sobrevino el percance.

- Pero es que...

-Nada tema. Con la vitamina que le he recetado se repondrá del todo.

Salió el doctor y Anabella fue llevada a su casa enseguida. La acompañaba su amiga Luisa, una muchacha de su misma edad, más o menos.

-¿Cómo te sientes?

-Bien. No sé cómo pudo sucederme el desmayo. ¡Qué vergüenza! ¡En el momento en que había más gente!

- No debes apenarte. A cualquiera le puede suceder lo mismo, y lo importante es que ya estés bien.

Al llegar a su casa se despidieron. La madre acudió presurosa.

- ¡Hijita! ¡Cómo estás? Lo supe por teléfono, y ya me disponía a salir cuando me avisaron que te traían.

-Sí, mamá. Me vino a dejar Luisa. No ha sido nada... aunque...no sé...

-Dime, dime lo que sientes.

-Tengo una sensación muy rara. Me siento feliz y no sé por qué.

-¿Feliz?

-Sí; como si alguien me hubiera hecho un gran bien, como si...

-Continúa, hija.

- Como si conociera a una persona de grandes sentimientos para mí.

-Lo que sucede es que estás impresionada. ¡Qué cosas dices! Ven, vamos a tu cuarto para que descanses.

Subieron al primer piso, y Anabella se metió en la cama, en verdad estaba un poco cansada, pero no podía dormir. Una inefable sensación nerviosa recorría su ser. Por la noche abrió la ventana. Era la época estival, y millones de estrellas titilaban en el silencio infinito. Fue entonces cuando Anabella tuvo, por primera y única vez, el claro presentimiento de su muerte, extrañándole que no obstante la naturaleza de esa revelación, la embargara un sentimiento de alegría.

A los tres días, trabajando, sobrevino el segundo y definitivo desmayo, esta vez en el momento en que se disponía a comer un emparedado a la hora del almuerzo, en tan extrañas circunstancias que el médico se alarmó. Había perdido el conocimiento, y sin embargo hablaba con palabras emocionadas a alguien que nadie veía.

Abrió los ojos un momento, y ante el grupo de empleados que la contemplaban asombrados pronunció las siguientes palabras, últimas que emitieron sus labios:

-Te prometí regresar, y ahora sé que más allá de la vida , más allá de la muerte, también reina el amor..."

 

Comentario:

 

El cuento Más allá, también más allá

 

Este cuento, como casi todos los demás, me agradó mucho. No hay duda que Alfredo Cardona Peña  es un excelente escritor.

 

La Si de este cuento es negativa en cuanto los agentes, sobre todo la médium, desea realizar una experiencia espiritista. Son cuatro personajes, todos muertos, una médium, el doctor Honorio, Tomás, un joven nervioso, la señora Apendini y la señora Estavilla. El experimento: tener una sesión espiritista donde hagan llegar desde la tierra un espíritu de un vivo hasta el reino de ellos, los muertos. Charlas y discuten sobre las vidas que llevaron cuando eran vivos y la necesidad de comunicarse con los seres vivos. Obsérvese que las leyes sobrenaturales ahí, se invierten y cobran la categoría de reales y por supuesto las reales se transforman en algún momento en sobrenaturales. Excelente y prometedora estructura. El narrador omnisciente sabe explotar esa condición del verosímil interno del relato. Se establece un paralelo con la llegada de una niña que ignora que está muerta, se quemó mientras dormía, llamada Julieta que involuntariamente se presta para realizar a través de ella la sesión espiritista e invocara a l vivo y materializarlo entre ellos o ¿espiritualizarlo?. Todos se preparan para el experimento llamado periespíritu. Se traslada la narración a la tierra donde en una perfumería una bella joven, cajera de ella, sufre un desmayo y es llevada a un cuarto para ser atendida por un médico. Entretanto se narra la historia dentro del plano real de la señora Apendini y los otros personajes y la manera de morir, unos de viejos y el joven de los nervios. Se vuelve a la escena de la sesión donde Julieta con la ayuda de la médium logra materializar, hacer llegar la una joven bellísima a su lado. Es la cajera de la perfumería quien los visita y sucede lo imprevisto Tomás y ella se enamoran, no a primera vista sino a primera muerte. Esto complica el experimento que están realizando. Se retiran unos momentos a meditar lo que harán al respecto y deciden que Tomás y Anabella que así se llama la cajera, muy pronto se encontrarán y unirán para siempre. El doctor explica a la señora Apendini que la joven no resistirá la próxima trombosis que seguramente sufrirá e irremediablemente morirá y se unirá con Tomás. Así se lo prometen a Tomás y con ello resuelven el caso amoroso. La joven es devuelta a la tierra y desde la perfumería a su casa pero tres días después sufre el definitivo desmayo y muere. El final es feliz porque la muchacha se unirá para siempre en la eternidad con su amado Tomás.

 

Francamente es difícil catalogar este cuento como fantástico y no maravilloso, tal es la naturalidad con que se confunden los dos planos, el de las leyes naturales y el de las leyes naturales. Es no solo una función sino un trueque y esto atenta contra el código establecido para el destinatario aunque lo arremete solo sutilmente, casi no duda y podría decirse que lo acepta como posible, como natural sino fuera porque los acontecimientos son imponentes, fuertes, asombrosos, difíciles de digerir.

 

Veamos la estructura:

 Desde Si- unos personajes muertos en el más allá,  planean un experimento espiritista con la finalidad de atraer a un vivo al mundo de los muertos. El elemento mágico resulta ser la niña Julieta que gracias a que ellos son cariñosos, les sirve de instrumento (aliado involuntario) para invocar al vivo. Entonces se enfrentan a la Pf (experiencia espiritista) y logran atraer a una cajera muy bella desde una perfumería. Se enamora ella de Tomás un muerto, y él de ella, por lo que logran devolverla a la tierra gracias a que prometen a Tomás que pronto se unirán para siempre. Éste acepta participar en el experimento y así devuelven a la viva a su casa pero pronto muere de verdad y, es de esperar que se una con Tomás para siempre en una Sf positiva de completa felicidad.

La modalidad maravillosa de ciencia-ficción

La otra muerte. Un cuento extraño o sorpresivo de Alfredo Cardona Peña

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LA OTRA MUERTE

 

 

"Los hombres de batas blancas se quitaron las mascarillas asépticas. Él los veía borrosos, como flotando en el aire, o como en una escena submarina. Los ruidos eran cóncavos. Las voces desprendían extraños ecos que vibraban un momento en el aire y desaparecían raudos como peces.

 - Ya no hay más qué hacer -dijo uno, arrojando sus guantes de goma-. ¡Está muerto!

Se encontraba tendido en una mesa de operaciones, con los ojos enormemente abiertos e inmóviles, sin poder mover ni un dedo, y al oír aquella frase se estremeció.

- Desnúdenlo y llévenlo a la morgue, para abrirlo mañana y ver qué sucede en el cerebro.

- ¿Por qué dicen eso? ¡Les aseguro que estoy vivo, con mil rayos!

Pero nadie lo escuchaba. No podía moverse. Tenía los ojos abiertos, abiertos, terriblemente inmóviles.

- Es peligroso llevarlo a la morgue, pues el monstruo puede hacer de las suyas - agregó otro-.

 -¿El monstruo? ¿Qué monstruo?

- ¿No lo sabe? ¡Qué atrasado está de noticias, colega!

- ¿Por qué?

- ¡Por el monstruo, hombre! Desde hace varios días, los cadáveres amanecen sin ojos, porque el monstruo se los arranca...

- O se los come -terminó el camillero, haciendo un gesto de engullir.

El hombre tendido en la mesa de operaciones sintió como si le cayera una pared en el pecho.

- ¿De qué están hablando? ¡Qué monstruo ni qué ocho cuartos! Sáquenme de aquí, o soy capaz de... ¡Oh, Dios mío, no puedo moverme! -Y comenzó a gemir, a gemir como un niño con hambre o como un gatito abandonado, pero sus gemidos no eran escuchados y los ojos continuaban abiertos e inmóviles. Lo desnudaron, lo pusieron sobre una camilla con ruedas y lo cubrieron con una sábana amarillenta.

- ¡Vamos! Llévenlo a la morgue, pero tengan cuidado.

Sintió que alguien empujaba la camilla, y luego el frío de la noche al atravesar el patio.

- Eh, ¿qué hace usted? ¡Regrese, con mil demonios! ¡Regrese, desgraciado!

Minutos después la camilla se detuvo. Escuchó el chirriar de una cerradura, y el ruido que hacía una puerta metálica al abrirse. La camilla avanzó por un pasillo en tinieblas. Se abrió el candado de otra puerta y entraron en una sala que derramó un fuerte olor a cadaverina y a formol. Encendieron la luz. Había doce cuerpos sobre otras tantas planchas de mármol que atravesaban el centro de la sala de pared a pared. La última, a la izquierda, estaba vacía. Entre los cadáveres se encontraba el de un hombre gordo y calvo, con las uñas lívidas y algodones en la nariz; el de una mujer joven, con los labios horriblemente pintados, las pestañas rizadas y una gran herida en la garganta; y el de un anciano de raza negra, largo y flaco como un faquir, la boca abierta y tres moscas reunidas en la comisura izquierda de los labios. Era un espectáculo repugnante, pero el camillero, acostumbrado a entrar y salir de ese lugar, agarró el hombre que llevaba y lo dejó caer pesadamente en la plancha de mármol que estaba disponible.

- ¡Cuidado, idiota! -gritó con el alma empavorecida. Pero el grito fue pensamiento. Luchaba desesperadamente por moverse, mas la paralización seguía, y lo iban a dejar entre los muertos, con los ojos abiertos e inmóviles.

El camillero apagó la luz y salió, cerrando con candado y llave ambas puertas, respectivamente. Y él quedó solo en medio de doce cadáveres, presa de la congoja más indescriptible. ¿Qué iba a suceder? Por la ventanilla se colaba una tenue luz. Transcurrieron dos horas, que en aquella dimensión de sufrimiento fueron como dos siglos. El hombre siguió luchando, luchando por moverse, poniendo en acción todos los recursos de su espíritu, hasta que creyó mover un dedo.

- Sí, sí, lo he movido... sigamos...

Transcurrió media hora más. De repente escuchó una especie de silbido, como el que haría una pelota de hule al desinflarse. Era el cadáver del hombre gordo y calvo que, como consecuencia de la dilatación gaseosa, se irguió, estuvo un rato sentado y volvió a caer lentamente. Fue tal la impresión, que el hombre comenzó a respirar y sudar, aunque sin moverse. Luego sucedió lo peor: alguien limaba las armellas del candado, allá en la puerta. Era un ruido muy fino, que se filtraba por sus oídos como una aguja.

- ¿Quién será?

Se acordó de lo que habían dicho acerca del monstruo, y la desesperación invadió su alma como una marea incontenible. El ruido cesó, la puerta empezó a abrirse y adivinó la presencia de un ser que jadeaba. Una sombra avanzó, arrastrándose. Ahora el jadeo se hizo más cercano.

-¡Dios mío! ¡Dios mío! - suplicaba el viviente de la plancha número trece. El bulto, o lo que fuera, comenzó a moverse. Llegó ante él, y fue entonces cuando lo vio: como en el Libro de Job, sintió que se le "erizaba el pelo de su carne". Pasó una mirada salvaje sobre sus ojos inmóviles, tal la sombra de unas alas siniestras sobre un lago dormido. ¿Dormido? El encuentro fue cruel y perversamente real, indudable y amenazador. ¡Oh, sí estuviera soñando! ¡Si todo aquello no fuera más que la proyección de un estado inconsciente! ¿Qué son las pesadillas, sino fragmentos carbonizados de la realidad? Pero no, no, él estaba allí, sin moverse, y el diabólico intruso lo miraba como quien observa algo largamente anhelado; una risa de idiota, una horrenda risa de bruto vertebrado encendíale el gesto como una llama voraz. El hombre que lo veía sin poder moverse encogió su alma y su aliento, haciéndolos pequeñitos, ovillándolos y deseó ardientemente estar muerto para no sufrir más aquella aparición.

La sombra se alejó unos pasos, y viendo el cuerpo de la mujer se abalanzó sobre él y comenzó a succionarle los ojos, a chupárselos, como si fueran limones o caracoles. Separó los párpados con sus labios, e inhaló fuertemente con un gruñido de satisfacción, arrancando los globos oculares, la esclerótica, las membranas gelatinosas y frías de aquel desposo que quedó allí mutilado, con dos cavernas sanguinolentas en la cara.

El intruso se pasó el brazo por la boca y continuó con otro cadáver, y con otro. Uno por uno, los restos humanos iban siendo despojados de sus ojos, que engullía un ser espeluznante. Ya había devorado doce, y el hombre paralizado advirtió que se le acercaba, chorreando materias viscosas, jadeando, con una satánica alegría. Ya se inclinaba hacia él, ya sus ojos serían succionados. Entonces, con todas las fuerzas de su alma rompió las últimas ligaduras que lo ataban a la parálisis, y en un choque contra el terror y el asco gritó, gritó como nadie ha gritado jamás, y el grito sacudió la noche, desgarró de arriba  abajo el velo de los sueños, atravesó el silencio como un puñal enfurecido: fue un AAY que parecía venir del fondo de los siglos, de épocas anteriores al lenguaje articulado, y los veladores corrieron y todo el mundo se puso en movimiento. El monstruo, herido por aquella descarga súbita, salió aullando de la morgue. Luego se escucharon varias detonaciones, y el ruido de un cuerpo al caer.

Acudieron a ver quién había gritado, y el hombre, pálido y tembloroso, se levantó, por fin, con toda su fuerza de ser vivo.

El llanto salía de su rostro como la lava de un volcán.

El pavoroso incidente produjo un escándalo que trajo como consecuencia la destitución en masa del personal médico que intervino, y del director del hospital. El hombre había sufrido  por la mañana una conmoción cerebral, y sobrevino la muerte aparente, con abolición temporal de las facultades fisiológicas y respiratorias. Se había actuado con precipitación al declararlo fuera de este mundo. En cuanto al monstruo, quedó demostrado que se trataba de un loco fugado del manicomio. Un tiempo fue campeón de comedores de ostras en los bancos del Caribe, pero las drogas lo convirtieron en un criminal, sumiendo su cerebro en los abismos teratológicos del delirio.

La víctima pasó mucho tiempo en un sanatorio estabilizando el sistema nervioso, y puso todo su empeño en cultivar el olvido. Olvidar fue en él, más que un consejo médico, la base de su bienestar y el secreto de su salud. Además, estaba convencido de que la verdadera muerte, la legítima, es un juego de niños, un aspirar las rosas, un contemplar la sonrisa de los ángeles.

Después se casó y llevó su primer hijo al Registro Civil. Cuando el juez le preguntó qué nombre le pondría contestó:

- Se llamará Lázaro, como yo.

Y todos rieron la ocurrencia, pues su nombre era Filiberto.

El primer cuento que inicia el libro se llama La otra muerte y representa la modalidad de lo extraño.

 

Comentario: 

 

La Si tiene por escenario una sala médica. Los médicos dan por muerto a un hombre y lo envían a la morgue. Un narrador indica al lector los detalles de ese personaje y lo describe vivo, oye, siente y piensa, pero sin movimientos ni muestras de vida. Hasta ahí hay una Si negativa: muerte declarada de un agente, del que será protagonista de la historia. No. Todo regido por las LN. Oye al camillero y al doctor cuando lo envía a la morgue y las órdenes que da, así como la preocupación del encargado de ese departamento por los sucesos ocurridos recientemente. En ese lugar aparece un monstruo que se chupa los ojos de los  muertos. Primer elemento que pertenece a las LS. El muerto en apariencia se estremece al oír esa historia.


El hombre muerto-vivo es llevado a la morgue y ahí lo dejan entre doce más. El era el número trece(¿?), otro indicio de LS. Luego ve un hombre gordo y calvo erguirse, pero el narrador da una explicación del movimiento. Poco después escucha el limar de una cerradura y adivina el jadear de un hombre. El narrador se detiene a describir en detalle el encuentro del "bulto" y el muerto-vivo. La sombra comienza su macabro botín por el cadáver de una mujer gorda e insiste el narrador en detallar la tétrica escena y el hombre muerto-vivo ve acercarse al monstruo a su lápida. Tal es su pavor que de su boca sale un grito despavorido. Llegan los trabajadores del hospital y descubren los hechos y dan muerte al monstruo cuando huía de la morgue a balazos. El hombre muerto, se levantó de su lecho, despavorido y fue llevado ante los médicos. Aquí viene la explicación dada por el narrador. El hombre había tenido por la mañana una conmoción cerebral y sobrevino la muerte aparente con abolición temporal de las facultades fisiológicas. El monstruo era un loco del hospital psiquiátrico vecino que había trabajado cuando joven como pescador y era campeón en chupar ostras.

 

La Sf es positiva, el hombre recupera la salud y se casa y hasta tuvo un hijo que llamó Lázaro en recuerdo de esa ingrata pesadilla.

 

Las LS participan del inicio del proceso degradado del personaje hasta que éste grita y logra volver a las LN. La Sf, es positiva y de mejoramiento.

 

Es el típico cuento de la modalidad de lo extraño.

 

                        

Se parte de una Si negativa. El agente sufre una conmoción cerebral. Sucede una conducta equivocada de los médicos Pp (error) y entonces declaran al hombre muerto. Lo envían a la morgue. Se funden los dos planos el de las LN (leyes naturales)y las LS (leyes sobrenaturales). Aquí aparece el elemento mágico   , el monstruo-loco. Gracias a él, el hombre- muerto recobra las facultades fisiológicas, Pf (recuperación)  y se da una explicación racional. Las LN vuelven a su estado de preponderancia  y se llega a la Sf+. Ahí termina el cuento.

 

 

La niña de Cambridge. Un cuento de ciencia ficción de Alfredo Cardona Peña

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LA NIÑA DE CAMBRIDGE

 

"Le pusieron "Bessie II" en honor de su madre, y era fina como una caja de música, esbelta como una columna, inquieta y vivaz como una mariposa. Cuando sus ojos, de color verde jade, se iluminaban para transmitir algún pensamiento, provocaban admiración y entusiasmo.

El día que cumplió 15 años le hicieron una fiesta y ella quiso demostrar lo mucho que sabía, no por vanidad, sino para agradecer las atenciones de los sabios.

El doctor Albert Einstein llegó de Princeton y le hizo preguntas sobre mediciones del tiempo con relación al espacio. "Bessie II" las contestó satisfactoriamente-

- ¡Perfecto! - exclamó Einstein con su sonrisa de Jove matemático-, En verdad que Bessie II ha heredado la inteligencia de su antecesora.

("Bessie I", que estaba a su lado, sintió un gran orgullo de madre y parpadeó con su  ojo electrónico.)

Cuando cumplió 25 años, la ciencia atómica ya se había desarrollado enormemente, y "Bessie II"  disponía de un radio de acción mucho más amplio. Ahora trabajaba con varios billones de unidades operativas. Entonces, para celebrar su cumpleaños, llegó el brillante hombre de ciencia Arthur C. Clarke, el cual se dirigió a "Bessie II" en los siguientes términos:

-¿"Podría usted decirme si hay algo trascendental en nuestro cerebro, más allá de toda posibilidad de imitación mecánica"?

"Bessie II guardó silencio unos segundos. Los labios escrutaban su complicado mecanismo. De repente, los ojos automáticos lanzaron dos rayos verdes. Miles de vías conductoras, lámparas-piloto y dispositivos magnéticos comenzaron a transformar la electricidad que salía de su interior, mientras centenares de lamparitas entraban en acción, reproduciendo en un mueble de acero el drama del pensamiento.

Dos muchachas vestidas de azul, tocando cuerdas sobre cajas que parecían pianolas fluorescentes perforaban trozos de papel con signos tan herméticos como los jeroglíficos anteriores a Champollion, y pasaban los trozos a los sabios, que interpretaban, se miraban en silencio, y aguardaban.

Pasaron doce segundos, y Clarke, leyendo el papel que le dio una de las muchachas, gritó:

- ¡No! ¡Ha respondido que no! Entonces... ¡Es posible!

Una simple negación había sido la única, sorprendente, maravillosa respuesta de "Bessie II". Los sabios comprendieron. Se había destruido el abismo que separa a la más adelantada computadora electrónica de la mente humana. Era posible tender un "puente" entre la máquina y el espíritu.

El profesor Alisin Uvanov confirmó el descubrimiento de "Bessie II".

- Señores -dijo- esto es algo maravilloso. Llegamos a solucionar el problema más difícil de la vida y de la muerte: "duplicar" el alma y la razón humanas por medio de aparatos.

Entonces aclamaron a "Bessie II" -maga de Cambridge-, el primer cerebro electrónico creado por el hombre, compartía la felicidad de su hija, pero, al comprender que su reinado había llegado a su fin, no pudo reprimir dos lágrimas de cuarzo, que resbalaron en el interior de su organismo, invisible para los humanos.

Los sabios, entusiasmados, discutieron acerca de las nuevas preguntas y planteamientos que harían a "Bessie II" , y la madre se alarmó. La joven había heredado su genio, sí, pero también una irresistible atracción añ abismo de los números, ese abismo que, como el de las profundidades marinas, arrastra a quien se aventura por sus dominios insondables.

- ¡No! ¡No! ¡Que no le hagan más preguntas! ¿Déjenla descansar! -rogaba desde el laberinto de sus entrañas mecánicas-.

Pero los sabios, absortos en el prodigio, no comprendían el drama que se estaba incubando.

- ¿Qué tal el infinito? -propuso alguien-.

Clarke meneó la cabeza.

-Basta por hoy -dijo calmadamente-; no debemos ir más allá.

Y salió del laboratorio, en compañía de Uvanov. Solo quedó un pequeño grupo de científicos jóvenes. "Bessie II" tenía encendidos sus contractotes, lo que era señal de que estaba dispuesta a seguir trabajando. Sobreexcitada, febril, delirante, como esos luchadores que en plena contienda no desean perder el triunfo a pesar del cansancio, parecía retarlos con sus ojos electrónicos, de color verde jade, que los atravesaban como dos gotas de llameante misterio.

- ¿Qué hacemos? -estaban indecisos, temerosos.

- No debemos perder la oportunidad. Pidámosle una verificación del infinito.

- Es muy  peligroso...

- ¡No! Hay que decidirse. ¡Vamos!

Tras algunas deliberaciones, cerraron puertas y ventanas y resolvieron plantear el problema así: ¿Puede alguien sentir realmente el infinito? ¿Verlo y palparlo con los sentidos, y acariciarlo con la mente?

-¡Manos a la obra!

El mayor de ellos, el más resuelto, agarró el micrófono e hizo la inconcebible proposición. El cerebro mágico pareció estremecerse, y transcurridos unos segundos de angustioso silencio, contestó:

-¡Sí!

Y comenzó a actuar. Su madre, espantada, hizo sonar la campana de alarma. Pero los jóvenes no le hicieron caso, fascinados con la aventura. Desesperada, "Bessie I"  llamó en su auxilio a los ratones de memoria  infalible y bigotes de cobre, que, dentro de un laberinto de cámaras móviles, comenzaron a correr de un lado a otro, locos, lanzando chillidos  como chispas para que "Bessie II" se detuviera. Los ratones pusieron en actividad a la tortuga Grey, que provista de un alto carapacho y de un faro móvil para investigar los contornos, lanzó sus rayos a la desobediente.

-¡Deténgala, deténgala! ¿Se va a matar! - gritaba con sus timbres y tubos luminosos "Bessie I". Los muchachos creyeron que los demás aparatos colaboraban en la búsqueda del infinito. "Bessie II" estaba como fuera de sí. Se diría que una sibila de otro planeta hubiera entrado en éxtasis. Sus miles de lamparillas se encendieron al máximo. Millones de relés desplazaron energía para regular un circuito más potente. El fluido eléctrico circulaba por el cerebro de "Bessie II" en forma de descargas cada vez más fuertes. El material piezoeléctrico (verdaderamente los huesos de aquel cuerpo) empezó a enrojecer. Todo el mundo de engranajes y calculadoras que constituían el sistema interpretativo, multiplicó su dinámica: el cerebro mecánico había perdido el control y vagaba arrastrado por torbellinos inconmensurables de espacio. Avanzaba y avanzaba, devorando universos de trillones de años luz. El laboratorio se pobló de un desagradable olor a ozono. "Bessie II temblaba como una epiléptica.

- ¡Pronto! - Gritó uno de los jóvenes-, ¡Hay que detenerla!

Era demasiado tarde. En un momento el laboratorio fue envuelto por una nube tan cegadora que aterrorizó a los espectadores. Luego "Bessie II" se fue haciendo invisible, desintegrándose ante los ojos espantados de su madre. Había alcanzado el infinito.

Este fue el primer drama auténtico de la cibernética. Los hombres que lo originaron fueron acusados de un delito hasta entonces desconocido: "Crueldad criminal con máquinas pensantes". Todos los códigos penales se apresuraron a inscribirlo, tras las polémicas de orden jurídico que provocó. Porque la humanidad había descubierto un mundo extraño y pavoroso: los reflejos emotivos del automatismo industrial.

En cuanto a "Bessie I" -la anciana de Cambridge-, se afirma que perdió la razón y que está internada en un hospital de psiquiatría especializado. No volvió a reaccionar ante ningún estímulo, perdió la noción del tiempo y de los números, y se pasa la mayor parte del día sumida en un profundo letargo. Un grupo de enfermeras la visita por las mañanas, tratando de enseñarle nociones equivalentes al primer año de escuela primaria. Algo han conseguido, pues ayer dijeron los periódicos que pudo multiplicar por uno, y escribir en una cartulina, con trazo tembloroso: mi hija se izo dios."

La niña de Cambridge

 

La Si presenta una máquina femenina de nombre Bessie I e hija de otra máquina robot, también llamada Bessie  pero I, aún vivas, perdón, en uso. Einstein es el otro personaje que la interroga sobre el tiempo. También participa el científico Arthur Clarke con preguntas sobre la existencia de algo trascendental en el cerebro humano más allá de la imitación mecánica. La respuesta fue un No rotundo. La alegría del científico fue explosiva: se podría, entonces duplicar el alma y la razón humanas por medio de aparatos. Luego de un descanso para Bessie II deciden hacerle otras preguntas y la primera versó sobre el infinito. ¿Puede alguien sentir realmente el infinito? ¿verlo y palparlo con los sentidos y acariciarlo con la mente? La respuesta fue afirmativa. La madre se angustia con las preguntas de los jóvenes científicos y las respuestas de su hija y por todos los medios, trata de interrumpir el interrogatorio. Bessie II se intensifica, se llena de circuitos, impulsos vibraciones, angustias mecánicas y toda clase de sobre actividad electrónica, "temblaba como una epiléptica". Por más que trataron de detenerla no pudieron hacerlo y en segundos Bessie II se fue desintegrando, había alcanzado el infinito.

 

Ese fue el primer drama cibernético y los científicos fueron acusados de asesinato por "crueldad criminal contra máquinas pensantes" Todos los códigos penales comenzaron a sufrir cambios porque la humanidad había descubierto un mundo extraño y pavoroso: los reflejos emotivos del automatismo industrial. La madre de Bessie perdió la razón y fue internada en un hospital psiquiátrico especializado. No volvió a reaccionar y pasa sumida en un letargo. Pero poco a poco las enfermeras le han enseñado a multiplicar por uno y escribir con faltas de ortografía: "Mi ija se iso dios"

 

Excelente cuento.

 

Veamos la estructura:

 

En la modalidad de lo maravilloso por la llamada ciencia-ficción se da la misma estructura o modelo de cuento. En este caso los personajes son robots o máquinas cibernéticas, capaces de contestar preguntas sobre el tiempo y el espacio que los mismos científicos no han encontrado aún la respuesta. Por eso esa categoría se ubica en el futuro pero en ella se unen las leyes naturales con las sobrenaturales, posibles en el futuro y forman un mundo que no arremete al lector. Éste lo acepta como algo posible, natural y no duda siquiera de que algún día eso pudiera ocurrir.

 

Trompetas y gallos. Un cuento maravilloso de Alfredo Cardona Peña

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TROMPETAS Y GALLOS

 

Por Alfredo Cardona Peña

 

 

"Aquel viejecito del campo, hombre fabuloso y cavilador, leyendo a San Marcos se impresionó profundamente al llegar al capítulo XIII, que trata de las predicciones o señales del fin del mundo, y concretamente con el versículo XXXV, en donde se escribió: "Velad... porque no sabréis cuándo vendrá el dueño de la casa: si a la tarde, a la medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer..."

 

Con un lápiz cacarizo subrayó al canto del gallo, razonando que de los tres anuncios del evangelista, el más digo de temor era ése, puesto que dicha ave puede cantar al amanecer, durante el entrelubricán o a la medianoche.

 

Púsose a escuchar los clarines de esos animales, y llegó a la conclusión de que unos y otros se trasmiten un mensaje en clave que nadie ha desentrañado jamás. No andaba tan descaminado, pues los gallos, al nacer el día, son como telegrafistas que se apresuran a felicitar a la naturaleza por ese milagro indecible que es el amanecer.

 

El viejecito, para descansar de temores, dio voces a su sueño, es decir, inventó una fábula, y gustaba referirla a los muchachos con una sonrisa que era el emblema mismo de lamentara piadosa.

 

"El gallo de mi compadre -explicaba- pasa su alerta al vecino, y éste al que sigue, y así por toda la redondez de la Tierra, por montes y collados, por desiertos y llanuras, hasta llegar a un gallo que vive en el Japón, el cual recibe todos los cantos de sus hermanos en especie. Este gallo finalista es el Emperador de los Gallos, o Gallo Sagrado; tiene un plumaje completamente blanco y su cola mide varios kilómetros, pues por cada canto que recibe le nace una pluma. Va guardando todos los mensajes en una gruta que solo él conoce, y el Día de la Tembladera abrirá la gruta y de ella saldrá un estrépito que conmoverá al orbe hasta sus cimientos: ésa es la trompeta de que nos habla San Marcos en el capítulo XXIV."

 

De la fábula pasó a la verdad, pues no se detuvo ahí, sino que comenzó a comprar gallos y los atendía y alimentaba como si fueran sus hijos. Cuando murió, el Señor premió su candor y lo condujo a un cirio antiquísimo que previamente había transformado en catedral. Sobre la nave del centro, posados en cañas de oro, se encontraban miles de gallos, los más bellos que imaginarse pueda: gallos tornasolados, gallos giros con picos de zafir, gallos con pechos como yelmos relucientes, gallos que cuando cantaban producían hosannas multicolores, gallos cuyas crestas semejaban turbantes, gallos con espolones como proas de barcos antiguos...

 

El señor le regaló estos animales, y el premiado se consagró a ellos, dirigiendo sus conciertos con embeleso y solicitud.

 

Un día los ángeles discutieron si al viejecito debía llamársele "Director de la Trompeta del Juicio Final", o, simplemente, "Encargado de los Carillones Celestes". Uno de ellos se quejó de tales minucias, alegando que el viejo había interpretado las Escrituras con poco respeto, y entonces Dios condenó a ese ángel malicioso a bajar a la Tierra, convertido en macho impotente de gallinero y a no cantar, que es lo peor que le puede pasar a un gallo.

Este cuento de Alfredo Cardona Peña es un buen ejemplo de los cuentos maravillosos. Pertenece a ese género. Obsérvese que el verosímil del relato incorpora leyes naturales y sobrenaturales y las dispone de tal manera que el lector no sufre ninguna alteración en su intelecto y acepta esa disposición interactiva entre ellas como natural. Por lo tanto ese mundo, esa visión es vista como tal y dicho destinatario la disfruta, la vive y la recrea para su gozo".

 

En 1972 Alfredo Cardona Peña publicó un libro de cuentos que tituló Fábula Contada y por subtítulo Narrativa Fantástica1.

 

Es una serie de cuentos escritos en las tres modalidades: Lo Maravilloso, lo extraño y lo fantástico. Este último cuanta con más representaciones. Para nuestro gusto es el libro de cuentos sobre esas modalidades, mejor escritos en Costa Rica, por quien no solo conoce la naturaleza de ellas sino de la obra literaria. Véase la idea que posee el narrador de la literatura:

 

"Entró en el apasionante mundo de la creación, completamente al margen de la realidad inmediata, envuelto en una fantasía que le dictaba sus símbolos y enajenaba su voluntad."2

 

Como muestra de esa colección comentaremos un cuento de cada una de las modalidades.

 

Ya sabemos y lo hemos comentado a saciedad que los cuentos de hadas son ejemplos claros de este género. Es quizás junto con los mitos y leyendas, los apólogos y otras manifestaciones creativas del hombre, las primeras manifestaciones de él. Hoy se ha intensificado una nueva especie que se ha dado en llamar "La Ciencia Ficción". De ella también daremos algunos ejemplos.

 

Este cuento de Alfredo Cardona Peña nos agrada porque además de poseer una estructura del género maravilloso permite al lector ahondar en el análisis de las profecías, el nacimiento o génesis de las mismas y sobre todo las interpretaciones. Cada lector podrá especular con sus propias conclusiones.

 

La Si de este cuento la ocupa un viejito campesino, fabuloso y cavilador que se impresionó al leer las predicciones de San Marcos del fin del mundo en su Capítulo XII. Velad porque no sabréis cuando vendrá el señor de la casa: a la tarde, a la medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer. Señaló "al canto del gallo". Consideró al gallo como un telegrafista que pasa la señal a otro galle y así sucesivamente por toda la tierra hasta llegar al Gran Gallo o Gallo Sagrado, el último en recibir el mensaje. Este es enorme, tiene un plumaje blanco y su cola mide varios kilómetros pues recibe una pluma por cada canto que entra en sus oídos. Guarda en una gran gruta todos los mensajes y el día del fin del mundo sonará una trompeta anunciando ese momento, como lo dijo San Mateo en el capítulo XIV.

 

Comenzó, el viejito a comprar gallos y los cuidaba como hijos. Cuando murió el Señor lo premió y lo llevó a un cirio antiquísimo que convirtió en catedral. En la nave central puso, en cañas de oro, miles de gallos bellísimos. Cantaban como ninguna otra ave, bellas melodías. El viejito de dedicó a cuidarlos y dirigir sus conciertos.

 

Un día los ángeles discutieron si al viejito debía llamársele "Director de la Trompeta del Juicio Final" o simplemente "Encargado de los carillones Celestes". Uno de ellos le pareció que el viejito había interpretado las Sagradas escrituras con poco respeto, entonces Dios condenó a ese ángel malicioso a bajar a la Tierra, convertido en macho impotente de gallinero y a no cantar, que es lo peor que le puede pasar a un gallo. Obsérvese la estructura:

                                                                                      

                                                 

Obsérvese que la estructura del cuento maravilloso permanece inalterable. Solo cambia la naturaleza de la Pf y la Pf. En la primera, gracias a que cuida los gallos sagrados, el señor después de muerto el viejito, lo lleva a una nube que convierte en catedral y le da el oficio de cuidador de gallos cantores celestiales. Este es un premio por ser candoroso. A la muerte del señor y en el momento en que aparece Dios, su aliado, entran las leyes sobrenaturales en el mundo de las leyes naturales y se funden en un solo plano. Sucede la Pf para el ángel suspicaz y por malicioso Dios lo castiga enviándolo a la tierra y con la forma de gallo impotente. Así termina el cuento. Las leyes sobrenaturales y las naturales no agreden al destinatario ni lector social, hay armonía. La convivencia entre ellas es total y no alteran, asombran, o ponen a dudar a ellos. Por lo tanto este cuento es típico de la modalidad maravillosa.

 

 

 

 

El cuento fantástico Más allá, también más allá de Alfredo Cardona Peña 1

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MÁS ALLÁ, TAMIEN MÁS ALLÁ

 

-La señora Apendini no tardará en presentarse -dijo el doctor Honorio a la señora Estavilla, cuando ésta le preguntó por la dueña de la casa-. Faltará Tomás, como siempre...

- No, no: aquí estoy, doctor Honorio - se apresuró a aclarar un joven de unos veintiocho años, bien parecido, que en aquel momento trasponía el umbral de la elegante residencia-, Ya saben cómo son estas cosas. Se encuentra uno dormido, de repente lo llaman, y...

- Sí, si, amigo Tomás Roig - interrumpió la señora Estavilla, sonriendo -; ya sé lo que va usted a decir. Pero su disculpa no tendrá eficacia. En la vida todo puede suceder, pero aquí...

- ¿Quiere usted decir que no estamos vivos? ¡Por Dios señora!

- No quiero decir nada - siguió la dama, cambiando el tono- . Pero no me negará que somos diferentes, que estamos...

- Vamos, vamos -terció el doctor Honorio con una sonrisa -, No es el momento de hablar de esas cosas. ¿Para qué ponernos metafísicos, si estamos más allá de la física? Nosotros existimos, seguiremos existiendo. Esto es lo importante. Lo demás...

- No todo, amiguito, no todo - dijo a la sazón la dama-. Hay cosas que jamás podremos saber, como no sea que la señora Apendini nos descorra el velo.

- De eso quería hablarles, señores - dijo el doctor con una animación en la voz no exenta de misterio. Y tras un momento de expectación, mirando a uno y a otro agregó-: ¿Saben ustedes para qué nos ha citado la señora Apendini?

- Ya lo creo que sí; o por lo menos, lo imagino - contestó la señora Estavilla -. Para intentar otra vez esa comunicación con el mundo de los seres vivos...; para sentarnos, cerrar los ojos, entrelazar las manos e invocar a una persona que no haya fallecido... ¡Qué aburrimiento! Allá, en el tiempo, cuando organizamos el "club", sí logramos algunas comunicaciones de este mundo. ¿Pero aquí?

 

- La señora Apendini no había podido establecer ese contacto porque carecía del agente capaz de realizar el experimento - observó el doctor Honorio, muy serio.

- ¿No contaba con nosotros? Usted recordará que yo fui, hasta seis meses antes de mi muerte, la colaboradora de la médium más famosa de Europa.

- Sí, señora; no lo dudo. Pero usted, a su vez, olvida que murió en forma absolutamente natural, y...

- ¿Y qué, doctor, si se puede saber?

- Que las muertes naturales no sirven para nuestro caso. Una enfermedad prolongada va debilitando nuestras reservas psíquicas, de tal manera que, al ocurrir el desprendimiento, la energía espiritual se encuentra prácticamente nula. Es necesario despertar de nuevo, reconquistar la mente, y ese proceso dura más de lo que creemos. Tal vez siglos...

- Quiere usted decir que hace muchísimos años dejamos de existir? - interrogó el joven con extrañeza.

- Naturalmente, amigo Tomás. Nosotros tuvimos muertes comunes y lentas. ¿Verdad que ninguno de ustedes recuerda el momento supremo?

- No - contestaron al mismo tiempo-.

- Pues entonces ya podemos imaginar el trabajo de adaptación de nuestras potencias, lo largo y complicado de nuestro segundo despertar, nuestra integración en el espacio, donde no existe línea alguna que vaya de A a B, puesto que somos unidad, centro eterno...

- Ya cayó usted en la metafísica , doctor atajó Tomás vivamente -, y  hace un instante decía que no es el momento de ponernos trascendentales.

- Es verdad; pero las circunstancias me han obligado a ello, con motivo del carácter de esta reunión. Todo puede suceder en este mundo que ha vencido al tiempo...

- Por mi parte - observó Tomás -, le diré que me ocurre algo muy especial: si no reflexiono en mi situación, lo comprendo todo; pero en cuanto me esfuerzo en analizarla, caigo en un mar de contradicciones y no me es posible entender nada.

- Pues eso, hijo mío, fue lo mismo que del tiempo dijo San Agustín. Claro con otras palabras.

- ¿Puede usted recordarlas?

- Desde luego. Le preguntaron la definición del tiempo, y contestó: " Si no me lo preguntan, lo sé; si me lo preguntan, ya no lo sé..."

- ¡Qué interesante!

- Sí, muy interesante - dijo la señora Estavilla con hastío -. Pero aún no nos ha dicho usted, doctor Honorio, para qué nos ha citado la señora Apendini.

- Es cierto, y le pido perdón. La señora Apendini nos ha citado porque ya tiene el agente capaz de comunicarnos con los seres vivos.

- ¿De veras?

- Absolutamente cierto, madame. Se trata de una niña que sufrió un accidente, y en un abrir y cerrar de ojos se encontró en este mundo. Para la señora Apendini, ésta ha sido una preciosa oportunidad y la ha sabido aprovechar. Aunque...

- Siga, siga, por favor.

- La niña no sabe que está muerta.

¿No lo sabe? ¿Y cómo...?

- Nosotros debemos hablarle con mucha cautela para evitar las situaciones embarazosas; será fácil, porque, como les digo, se trata de una niña.

En ese momento apareció en el fondo de la sala la señora Apendini. Era una mujer de sesenta años, elegantemente vestida y con una sonrisa afable que acentuaba más su atractivo personal. A su lado, asustada, una niña de doce años, miraba a unos y a otros. Sus negros ojos parecían interrogar a cada persona, a cada objeto que tenía delante. La dueña de la casa la había abrazado por el talle, en forma maternal, como para infundirle confianza.

- Buenas noches, señores -dijo la dama-.

- Buenas noches - contestaron los invitados-.

Y avanzó lentamente con la chiquilla, como una sacerdotisa con una flor.

-Estos son nuestros amigos - dijo volviéndose a la niña -. Debes sentirte contenta por que son personas buenas y te van a querer mucho.

- Gracias - contestó la nena con timidez-.

-¿Cómo te llamas, preciosa? -interrogó la señora Estavilla, acariciándole la barbilla-.

- Julieta...

- ¿Julieta? ¡Es un bello nombre! Así se llaman las princesitas de los sueños.

- Y las novias más lindas - agregó el doctor Honorio -. Una vez, cierta niña llamada Julieta como tú...

- ¿Ya va usted a empezar con sus cuentos? Espere que ya tendrá oportunidad de relatárselos - advirtió amablemente la señora Apendini.

- ¿Usted sabe cuentos?

- ¡Muchos! Ya verás...

- Sentémonos para conversar mejor - dijo la señora Apendini.

Y se sentaron alrededor de una mesita circular, en cuyo centro había una pequeña bola de cristal con un pingüino y una planta acuática. La niña continuaba mirando a unos y a otros, como esperando una explicación y mortificada por encontrarse entre personas mayores que acababa de conocer.

- ¿Qué quieres, pequeña? -le preguntó la señora Estavilla.

- Irme con mi mamá... desde ayer no la veo.

- Julieta -se apresuró a decir la señora Apendini- despertó esta mañana fuera de su casa y está muy extrañada. Pero ya le he dicho que no tenga cuidado, porque sus papás ya saben dónde está, y ella pasará con nosotros una temporada, durante la cual podrá divertirse y jugar con lo que guste.

- Pero es que no me explico por qué estoy aquí. Lo único que recuerdo es que tuve un sueño, y... y...

- Habla con confianza, Julieta; aquí todos te queremos -la animó la señora Estavilla con acento cariñoso.

- Pues soñé que mi cuarto se quemaba. ¡Qué extraño! ¿Verdad?

- No es extraño, hija explicó la señora Apendini -. Efectivamente, tu cuarto se quemó cuando estabas dormida, y te trajeron con nosotras mientras arreglaban tu casa. No te preocupes...

- Bueno, como usted quiera -contestó la niña ingenuamente-.

- Mira... ¿te gusta? -y la señora Apendini le mostró la esfera de cristal.

- Sí, es muy bonita.

- Pues tómala, hija. Si la agitas, verás cómo te gustará más.

La niña tomó la esfera, la agitó, y multitud de puntos luminosos comenzaron a girar, unos alrededor de otros.

- Míralos fijamente, y verás cómo te sientes bien.

Y la señora Apendini, al decir estas palabras, con un gesto que apagaran la luz. La sala quedó a oscuras, y la esfera brillaba en las manos de la niña, que absorta, asombrada, atraía hacia aquellos puntos de luz que se movían y movían, no advirtió que las demás personas se sentaban a su alrededor y se tomaban de las manos.

 

- Míralos bien; míralos le decía la señora Apendini, con una voz dulce e insinuante -. Ahora sentirás una gran paz, una gran tranquilidad... Esos puntos te llevarán al sueño... al sueño... al sueño...

A los pocos minutos, Julieta estaba completamente dormida con la esfera en las manos; de cuando en cuando respiraba hondo y un gemido indecible escapaba de su pecho. Era verdaderamente un virgen sosteniendo una estrella. Se veía tan ideal, tan vaporosa, que se dijera una de esas presencias que salen de los sueños, siendo sueño ella misma...

- Atravesaremos el espacio con nuestro pensamiento - decía con vos grave y solemne la señora Apendini -, y por medio de este hilo virginal que es el espíritu de Julieta, invocaremos a los vivos, nosotros, que somos los muertos. Concentrémonos. Más... más... más...

El pensamiento atravesó el espacio, llegó a la Tierra, vagó por los continentes y los mares, y se detuvo frente a un establecimiento comercial de la ciudad de...

Era la sucursal de una negociación que tenía su casa matriz en Buenos Aires. La actividad era inmensa: entraban y salían centenares de personas con la prisa y nerviosidad urbana que impone la cercanía de Navidad. En la planta baja, por el ala derecha, se encontraba el departamento de perfumería, asediado materialmente por el público. Novios ilusionados, muchachas casaderas y madres otoñales requerían la crema facial, el perfume caro,, los mil objetos que, una vez envueltos en papeles con impresionantes flores de pascua, tienen la virtud de producir reacciones sentimentales, sumamente eficaces para acelerar una unión o desvanecer una duda acerca de la gratitud o la felicidad. En una esquina de este departamento, frente a la máquina registradora de dinero, trabajaba una bella joven de dieciocho años, de porte y facciones tan distinguidos que se la hubiera tomado por una aristocrática venida a menos. Ya se sabe que las casas comerciales ponen especial cuidado en la selección de sus empleadas, las cuales deben ser atractivas y saludables, y juveniles y gratas de ver. Es un asuntillo de psicología publicitaria, o si ustedes quieren, un anzuelo  color de rosa para los clientes. La muchacha, con la belleza de su primavera florecida, atraía miradas y provocaba comentarios. Los hombres que hacían "cola" para pagar al llegar frente a ella, se detenían reverentes o decían la frase galante que la cajera cortaba, diciendo entre seria y sonriente:

- Muchas gracias, señor. El que sigue...

Todo marchaba  con la celeridad y la agitación propias del lugar, cuando de improviso ocurrió algo inusitado: la joven escuchó una voz lejana, como si la llamasen de larga distancia, y se desmayó como se desmaya una rosa por exceso de sol, dejando la máquina registradora abierta y las facturas en desorden.

- ¡Pronto! ¡Un médico!

- ¡Oh!

Se suspendieron las ventas, sonó el timbre de alarma, y la gente se arremolinó frente a la empleadita sin sentido.

_ ¡Un médico! ¡Llamen a un médico!

Acudió el gerente, visiblemente contrariado.

- ¡Calma señores! ¡No es nada grave! Enseguida vendrá el doctor.

Dos compañeras de la infortunada cajera levantaron a ésta y la condujeron a un cuartito privado, acostándola sobre un sofá. La aplicaron paños de agua fría, le frotaron las manos con alcohol... y, en tanto llegaba el médico de emergencia, el gerente explicó al público que todo había pasado y que la señorita estaba bien.

Se reanudó la actividad, y se puso a otra empleada para que atendiese los cobros. Un marido murmuró a su costilla:

- ¿Por qué no se desmayarán las feas? - y un doloroso pellizco fue la contestación.

En la sala de la señora Apendini reinaba un silencio tan profundo como expectante. Julieta, con una sonrisa indefinible, parecía flotar en el aire. A su alrededor, con las manos agarradas, cuatro personas unían sus esfuerzos  para atraer al mundo invisible una criatura viva. Eran cuatro espíritus invocando desde el "más allá" al "más acá" ¿Por qué hacían esto?

En 1848, la señora Apendini conoció a Catalina Fox, de Hydesville, Estados Unidos. Catalina era médium, y en compañía de su padre realizaba notables experimentos psíquicos. Esta joven, y más tarde su hermana Margarita, influyeron en el ánimo de su amiga para que ésta aceptase formar parte del Club de Magnetizadores de Hydesville; una vez en él, la señora Apendini reveló excepcionales condiciones mentales, capaces reproducir los más sorprendentes fenómenos. Pero con el tiempo surgieron algunas desavenencias entre la familia Fox y ella, el padre de las médiums no aceptaba sus ideas relativas al periespiritu. La señora Apendini estaba convencida de que esa  cobertura fluida que media entre el cuerpo y el alma, es capaz de revelarse a distancia teniendo como agente a un ser vivo, y el señor Fox se negaba a aceptar la hipótesis. Entonces, disgustada por el escaso interés que encontraba su teoría  en el seno de aquella familia, se alejó de ellos, hizo un viaje de Hydesville a Nueva York y organizó por su cuenta el club espiritista, que pronto tuvo muchos adeptos por ser el siglo XIX la época del ocultismo, que hizo furor en todas partes.

A ese club ingresó el señor Honoria, viudo, de edad avanzada, que encontró en aquellas prácticas su interés favorito. Persona culta y sin problemas económicos, el señor Honorio comenzó a comprar libros de espiritismo y formó su biblioteca;  en ella se podían ver las obras clásicas del género, como por ejemplo, Los arcanos de la vida futura, de Cahgnet; Las mesas danzantes, de Agenor de Gasparín, y, sobre todo, El libro de los espíritus de Allan Kardec, en donde se exponía toda la filosofía de ultratumba. Precisamente en ese tratado el señor Honorio encontró razones de peso que favorecían las ideas de la señora Apendini en lo que se refiere al periespiritu, cuya zona es propicia a las manifestaciones más sutiles del ser.

- "SÍ, como lo suponemos -razonaba el señor Honorio -, el periespiritu envuelve el cuerpo y el alma, no siendo ni lo uno ni lo otro, pero participando de la naturaleza de ambos, resultará factible aislarlo y atraerlo por medio de un receptor fiel lo suficientemente adecuado para esta clase de intervenciones..."

Comunicó sus meditaciones y lecturas a la señora Apendini, y ambos llegaron a la conclusión de que tal especie de aislamiento era imposible de efectuarse en el mundo físico, a no ser por mediación de un espíritu que hubiera vivido pocos años en el cuerpo, y que, como consecuencia de una muerte súbita, pero no voluntaria (los suicidas estaban descartados), transformara el periespiritu en un cuerpo real y positivo.

- Esto no puede suceder más que en el espacio - decía tristemente la señora Apendini -; y si algún día nos entramos allá, prométame usted trabajar en ello.

- Lo prometo, aunque veo muy remotas y difíciles esas posibilidades...

- ¿Difíciles? Yo no tardaré en morir; lo presiento...

Y así fue. A los pocos meses, la médium dejaba este mundo, tan alegre y decidida como si partiera a un viaje de placer.

- ¡Es admirable! -exclamó el señor Honorio al verla con los ojos cerrados. Y agregó: -Me va a hacer falta-.

Sí, le hizo falta, y entonces el señor Honorio convenció a la señora Estadiílla para que le ayudara en sus experimentos. La dama al principio rehusó; pero siendo de temperamento versátil e impresionable, no tardó en acompañar a su amigo en las sesiones del "más allá".

Y se sintió muy a gusto con las mesas giratorias y las respuestas en clave, los desmayos de médiums profesionales y las tinieblas con ruidos, todo lo cual le resultaba "fascinante", según sus propias palabras. En realidad, hubiera sentido lo mismo con cualquier otra actividad exótica, como, por ejemplo, atendiendo un hospital para pájaros o presidiendo un congreso de faquires. Con los años llegó a considerarse una "inspirada", y decía que era la primera ayudante de madame Apendini , quien desde el otro mundo le dictaba sus instrucciones.

El círculo de amistades del señor Honorio se ensanchó con el ingreso al club del joven Tomás Roig, cuyo abuelo había sido discípulo de Swdenborg. Tomás era un muchacho sanote y apuesto que frecuentaba las reuniones sociales y no tenía nada de ocultista, a no ser cierta propensión  a la melancolía, herencia de sus abuelos. Joven, distinguido y con una curiosidad innata por los fenómenos de la naturaleza, no tardó en mezclarse entre los componentes de aquella logia de videntes de buena fe, aunque nunca hablaba de sus prácticas a los amigos que tenía en la Universidad, por temor a la burla o a una mala interpretación. Pero en él se cumplió lo que dice la Cábala: "No juegues al espectro porque terminas siéndolo". Al cabo de un año, Tomás Roig se volvió reconcentrado y taciturno, y puso en las sesiones espiritistas todo su empeño y sinceridad.

El primero en morir fue él, víctima de ese padecimiento nervioso que suele afligir a los nacidos bajo el signo de Leo. Le siguió dos años después el señor Honorio, y por último dejó para siempre las vanidades de este mundo la señora Estavilla, compungida y llorosa... aunque resignada. Los cuatro se encontraron en el espacio y unieron su energía en lo que consideraban un deber: invocar a los vivos. Por eso la señora Apendini pensó que era un regalo providencial el espíritu de Julieta, pues reunía las condiciones necesarias al éxito del experimento.

- ¿Hay alguna entidad presente? -Interrogó con ansiedad la señora Apendini cuando Julieta desasiéndose violentamente de sus manos, comenzó a contar con los dedos un fajo imaginario de billetes-. ¿Hay alguna entidad presente? - repitió con voz suplicante, mientras sus compañeros observaban el rostro de la niña.

- "Gracias, señor,. El que sigue..." - y Julieta, al decir estas palabras, se levantó y comenzó a temblar.

-Hermanos, esto es algo nunca visto. Estamos a un paso de realizar lo que parecía imposible -dijo la señora Apendini. Ponía en su voz una gran vehemencia.

-¡Miren! ¡Allá! ¡Algo se mueve! - gritó Tomás indicando la aparición de una luz rosada, que aumentaba gradualmente. El ruido inconfundible de una máquina registradora, con el clásico timbrazo y la salida de la caja, fue captado por todos los presentes. La luz seguía aumentando. Ahora dibujaba claramente la silueta de una muchacha.

Eureka! - gritó el señor Honorio, presa de indescriptible emoción.

- ¡Calle usted, por lo que más quiera, o lo perderemos todo! - advirtió la señora Apendini con brusquedad.

Con una voz que parecía el susurro de la hoja en el viento, la señora Estavilla musitó:

- ¿Qué es... eso?

- Eso, mi querida amiga, es la materialización, en el mundo de las almas, de una criatura viva - le contestó la señora Apendini-.

- O lo que es lo mismo -agregó el señor Honorio -, el vencimiento del tiempo por medio del espacio; el triunfo de la vida sobre la muerte.

- ¡No hay muerte! ¡No hay muerte! ¡No estamos muertos! -gritó la señora Estaavilla, sin poder dominar un ataque de histeria.

- ¡Silencio! ¡Silencio! -clamó la animadora de aquella fantástica sesión -. Ahora la visión se concreta, fíjense... - y ante ellos la aparición luminosa se transformó en una joven de atrayente aspecto, que avanzó dos pasos y comenzó a desmayarse. Tomás corrió hacia ella y la detuvo en sus brazos. El doctor le tomó el pulso, y cuando le auscultó el corazón frunció la cara, pero por el momento no hizo ningún comentario.

-¡Qué bella es! -murmuró el joven Roig, conmovido.

- Siéntela en ese sillón, que pronto abrirá los ojos -indicó la señora Apendini-.

Así lo hicieron, y entonces el señor Honorio volvió el rostro hacia Julieta.

- ¡Está desapareciendo! -advirtió. En efecto, la niña no era más que un resplandor en el aire.

- Es natural que así suceda - explicó Apendini-. Mientras esté aquí la visitante, Julieta se disolverá en el periespiritu. ¡Ahora enciendan la luz y retiren la mesa, porque la joven está volviendo en sí! No hablen todos a la vez y déjenme actuar.

La joven abrió los ojos y vio a Tomás junto a ella.

- ¿Qué...  me ha sucedido?

- Nada - le contestó el joven -. Sufrió usted un desvanecimiento y aquí estamos nosotros para atenderla.

- No se preocupe por su trabajo - advirtió inteligentemente la señora Apendini -. Porque usted se encontraba frente a una máquina registradora, ¿no es así?

-¡Ah,  sí! La de la tienda... ¡debo irme!

- Descanse un rato, querida. Aquí está mejor que en un puesto de socorros, y pronto podrá regresar.

Tomás la miraba fijamente, y entonces ella le sonrió.

- ¿Cuál es su nombre?

- Anabella. ¿Y el tuyo?

-Tomás.

- Ha sido usted muy  amable en haberme sostenido mientras caía. Le estoy muy agradecida.

- Oh, no es nada. En realidad, soy yo el que debe estar agradecido. Realmente, yo... yo...

Instintivamente, sin poderlo remediar, Tomás le besó la mano y la apretó contra su pecho. Ella sintió de pronto una corriente de simpatía hacia el muchacho. Lo miró largamente y advirtió en sus ojos el amor, contagiándose de él. ¡El amor! ¡El amor a millones años luz, fresco y reciente y antiguo como una aldea en los mares del sur! Esta pasión nace y se desarrolla instantáneamente en el extraño mundo de los espíritus.  Lo que en el mundo físico representa un lento proceso psicológico, allá es un fenómeno totalizador y absorbente que no admite raciocinio ni duración alguna. Y como Arabella, invocada por aquellos espíritus, había abandonado provisionalmente su naturaleza corporal, y, al mismo tiempo, participaba de ella en el periespiritu, fue arrastrada en seguida por el mismo sentimiento amoroso. No fue la de ambos una atracción  "a primera vista" , sino a "la primera contemplación". Si Stendhal hubiera conocido esta clase de función anímica, la hubiera insertado en la primera página de su obra sobre el amor. La señora Apendini se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Todo lo había previsto, menos aquello. ¡Y entre los enamorados se interponía la eternidad!

-Sucede - dijo entonces, nerviosa, - que la señorita Anabella no podrá permanecer mucho tiempo entre nosotros, porque "vivimos algo lejos" y su ausencia puede ocasionarle molestias donde trabaja.

- Sí, por supuesto. Debo irme...

-¿No podrá quedarse a vivir con nosotros? - interrogó Tomás.

-¡No! ¡De ninguna manera! - contestó furiosa, la dueña de la mansión. Pero leyendo los pensamientos de Tomás, suavizó la voz, agregando -: No, por esta vez...; quizás en otra ocasión.

-¡Magnífico! ¿Verdad que volverá? ¿Lo promete? - y Tomás, con ojos apasionados, miraba a la joven.

- Voy a "enviar un mensaje" para que la lleven a su casa o a su trabajo  - dijo la Apendini, levantándose.

Y con una mirada ordenó a sus amigos que la siguiesen. El último en retirarse fue Tomás.

- Enseguida estoy con usted; no se preocupe de nada y descanse.

- Es inconcebible y bochornoso lo que ha ocurrido. Los esfuerzos por realizar este experimento pueden acarrearnos graves trastornos debido a su torpeza, señor Tomas Roig - y la médium, al decir estas palabras, se paseaba nerviosa por su cuarto.

- Pero... yo... no comprendo...

-¿No lo comprende? ¿Y esas insinuaciones a la joven? ¿Y esos estremecimientos de su alma? ¡No le dicen nada?

-No creo que el asunto sea tan grave - dijo en este punto el doctor Honorio-. La señorita Anabella volverá a la Tierra, creerá que todo ha sido un sueño, y... asunto concluido.

- No lo crea usted así - objetó Tomás con firmeza-. No estoy dispuesto a perder a Anabella. Sería capaz de cualquier cosa si...

- ¿Lo ve usted, doctor Honorio? ¿No se lo decía yo? ¡En buena complicación nos hemos metido! Podemos ser duramente castigados por alguno de los "instructores" que nos visita - y la vidente se frotaba las manos, llena de angustia.

-¡Qué lindo suceso! ¡Un idilio entre muertos y vivos! -dijo la señora Estavilla.

-¡Calle usted, por favor! - le gritó el muchacho con la voz cortada por la emoción.

- No contaba yo con una pasión así en un asunto tan serio como es la invocación de los cuerpos vivos por nosotros, seres inmateriales...- y la Apendini seguía caminando de un lado a otro, excitada, demandando con los ojos una solución al conflicto.

- No, no contaba usted con esa pasión que es capaz de mover el Universo -le dijo el doctor Honorio, contrariado-. ¿Y sabe usted por qué? Porque su egoísmo es superior al desprendimiento y al sacrificio. Usted, cegada por el interés de unos experimentos... muy discutibles, desde el punto de vista de la realidad infinita que es el espíritu (ahora me doy cuenta), no pudo pensar que el amor es más fuerte en las almas que en los cuerpos, y que todo, absolutamente todo el esfuerzo del hombre, no vale nada si no lleva consigo un átomo de amor, que es creación y trabajo, desinterés y ayuda. ¡Cuánto mejor le hubiera resultado aplicar su talento a algo verdaderamente constructivo, para beneficio de la sociedad en que vivió y que usted, en cierto modo, cubrió de sombras! Interesarse por la comunicación de los espíritus, olvidando el hambre y la pobreza que padecen los hombres, me parece algo terriblemente ridículo y estéril! ¿Qué persigue usted, en definitiva? Permítame recordarle que somos apenas un relámpago en la eternidad. ¡Vamos! Una sabia en la interrogación de los arcanos ignoraba estas cosas, ignoraba la fuerza inconmensurable del amor, ignoraba...

-¡Bien, bien! Lo ignoraba todo, pero no es hora de sermones, sino de solucionar el problema que tenemos por delante. El asunto es éste: si revelamos nuestra identidad, Anabella morirá de la impresión, y si ello ocurre, habremos cometido un crimen.

- No hay por qué llegar a ese extremo. Creo tener la solución... -y el doctor Honorio, mirando fijamente a Tomás y poniéndole las manos sobre los hombros, le dijo-: Hijo mío, va usted a prometerme, para su seguridad y para la nuestra, que hará lo que voy a decirle...

- Lo prometo si puedo estar para siempre al lado de Anabella. De lo contrario...

- Claro que estará para siempre a su lado, claro que sí. Ahora escúchame bien: le va usted a reiterar su amor; le va a explicar que, pase lo que pase, no dirá a nadie lo que ha visto y oído, y espere su llamada... Vaya, vaya inmediatamente y dígale esas palabras... y otras que se le ocurran...Luego dormiremos y regresará a la Tierra.

- Sí, ya voy. Gracias, doctor.

Y Tomás corrió hacia la joven, que ya empezaba a intranquilizarse.

La señora Apendini miraba al doctor, como demandándole una explicación inmediata.

-Calma, calma, señora. Todo se ha arreglado. En primer lugar, usted ha confirmado plenamente sus teorías del periespiritu. En segundo lugar, la señorita Anabella no tardará en reunirse con nosotros.

-¿Cómo lo sabe?

- Muy sencillo: está gravemente enferma del corazón. Lo supe cuando escuché sus palpitaciones, al llegar... no tardará en sobrevenir la trombosis.

-¡Ah! ¡Qué alivio! Vamos...

-Un momento señora. Antes de continuar esta divina y trágica comedia, me va usted a prometer una cosa.

-Dígame...

- Que una vez realizada la unión de Anabella y Tomás, olvidará usted para siempre sus preocupaciones espiritistas. Jamás volveremos a invocar a los vivos. ¿Me oye bien? ¡Jamás! ¿Lo promete?

Hubo un breve silencio, tan profundo como

UNA CRÍTICA A LA JUSTICIA VENEZOLANA Y EL GREMIO DE ABOGADOS

Por John Philpot

La mafia Invisible: Escribir sobre esto, te puede costar la vida o la libertad.
Para el periodismo investigativo y los estudiosos del crimen organizado y/o las Mafias, o los escritores de libros o para un guión, esto es una veta sorprendente e interesante de investigación. Una vieja forma de delinquir enquistada en las propias entrañas de todo un Poder Estatal. Es una mafia vieja, no emergente, que ha sabido deslizar su largo y delgado cuerpo, bajo las hojas del descuido o la ingenua confianza. Esta es la prostituta que ha fornicado con todos los gobiernos. Vestida de Ilustre honorabilidad, supo adquirir el disfraz para el crimen perfecto.
Esto también puede estar pasando en su país, ¿recuerda aquella maldición de los abuelos: "Que entre abogados te veas"? Pues, hasta que Ud. lo sufra en carne propia, no le dará la importancia y magnitud que tiene; será cuando  pregunte; ¿hasta qué punto ha sido conveniente, que un solo gremio, maneje todo un Poder de la República? Tan delicado y sagrado como es la administración de la verdadera Justicia.
Cuando Amnistía Internacional, clasificó  a Venezuela como el país más corrupto de América, pensamos que se referían al gobierno Bolivariano de Chávez.  NO,  la institución más corrupta de ése sufrido país es nada menos que el "Colegio de Abogados". Ellos tienen secuestrado al Poder Judicial, conformado obligatoria y exclusivamente por miembros de ése club, perdón; Gremio, y además; son los encargados de "Auto vigilarse" unos a otros; para que la labor parezca como si fuera: "honesta, transparente y confiable". El prevaricato es el pan de cada día.
Aquello, como resultado, es como un club de amigas, repartiéndose en un festín.
Entre ellos se hacen llamar "doctores", aunque la verdad es que el 99% solo son licenciados en leyes. Se desplazan pavoneándose dentro de sus flamantes trajes, luciendo como ataúd de rico: distinguido por fuera, fétido por dentro. Si quiere ser barrendero allí, debe tener la bendición del Colegio de Abogados.
Los creyentes cristianos, tenemos 2010 años sufriendo las consecuencias de un mal juez, Pilatos. Como la primera señal de una justicia corrupta, un silencio cómplice y cobarde.
Su "Señoría" el juez, acepta o solicita soborno (a veces se sirven de terceros); para acelerar o  aplazar las audiencias, o simplemente para decidir  a favor de de la parte que más pagó. Lo que gana un juicio es el dios dinero, no la razón ni el derecho.
Los "doctores abogados", usualmente de ambas partes litigantes, trabajan al unísono con: el juez, el fiscal, el secretario, etc., frenando, acelerando, enredando, o facilitando un caso a favor de una de las partes; o de ellos mismos. Si un caso lo dilatan, justifica un precio más caro. Una tontería la ponen a valer millones. Hacen saltar el caso de instancia a instancia para sacarle más. En el tema de "justicia" la tarifa no se mide por kilo, por metro o por tiempo, la pone el señor abogado a su antojo.  Si él cree que el cliente tiene recursos, un mismo caso vale mucho más. La justicia tiene un valor según la avaricia del "Doctor" o la posibilidad de comprarla que tiene el cliente. El derecho es algo vendible al mejor postor, y si una de las partes tiene recursos, el juicio se encarece obligatoriamente.
Otra muestra de esto lo vemos cuando compramos o vendemos un auto o una propiedad. Quieras o no, el Ilustre colegio dictaminó que, tiene que llevar la firma de uno de ellos; Se supone que esto bendice y purifica la documentación, a pesar que en el registro de la propiedad están haciendo la inscripción, otros de ellos. Aunque el papeleo es el mismo, te cobran de acuerdo al valor de la cosa tranzada. Por supuesto que te dicen que es por "favorecer" al que menos tiene, pero aun así el tablazo es inmisericorde. Para nada, porque al decidir desconocer el registro, te hacen un  juego y dejan la escritura invalida, en juicios preñados de leguleyadas filosóficas contrarias  al sentido común y al verdadero derecho a la propiedad a la libertad y a los derechos humanos. 
Los funcionarios o alguaciles, esconden, pierden, o desordenan los expedientes de los juicios, cumpliendo al pago de parte interesada, a sabiendas que no habrá investigación, mucho menos sanciones.
En la República Bolivariana de Venezuela, es común, que un "abogado defensor" se quede con el 100% de la propiedad "defendida"; a vista y paciencia, pagada o complaciente de los jueces de la causa, cuidando, claro está, algo que ellos llaman: "El debido proceso"  el cual tiñe de legal lo inmoral anti ético y claramente contra los desconocidos derechos humanos.
Se inician juicios, aunque la causa no lo  amerite; solo para proporcionarle ganancias a los abogados y cuotas retributivas al "señor" juez.
Se levantan cargos, o se agravan los existentes, algunos contra inocentes, para ofrecerles la libertad a cambio de dinero.  Los inversionistas extranjeros somos los más perjudicados. Muchos hemos perdido nuestros  negocios y/o el capital invertido. Reclamar es perder más a cambio de menos. No en vano, Venezuela aparece como unos de los países con menos seguridad en el ranking mundial, para los inversionistas, Lo que se llama competitividad en los organismos como el BID, Banco Mundial, BID, etc. Se puede ver en la web. Esto es pésimo para la atracción de flujo de capital, inversiones extranjeras, directas o indirectas, donaciones, créditos o financiación.
Por otra parte, un imputado, reincidente o no, sin importar lo grave de sus delitos, paga al señor juez, y éste lo deja en libertad condicional, o lo manda a que se presente a firmar cada quince días, para que se aproveche de la situación y se fugue, evitando la pena, escondiéndose hasta que el caso prescriba o se olvide. Esa impunidad ha propiciado mas y mayores delitos. Delincuentes con varias causas pendientes, son recapturados cada día. Esto explica en parte, los niveles de inseguridad existentes en ése país, número 129 en el mundo. Busque en la Web, "Los Países más corruptos del Mundo".
La justicia gratuita es una gran falsa, los defensores no cumplen con el trabajo encomendado, llegan tarde o no asisten a las audiencias, dejan botados o rezagados los casos y /o los clientes, o se ponen de acuerdo con los otros miembros de las mafias para entrar en la danza de corrupción imperante. El pobre es invisible  para la diosa justicia, que en Venezuela se quita la venda, solo cuando huele plata.
Qué decir de las Notarías "legales" o las clandestinas, donde el honorable colegio de abogados, tiene una fiesta con la alteración de documentos de propiedad, y hasta han vendido propiedades públicas. La prensa evidenció esto  detalladamente y se ganó varios enemigos en el gremio de abogados. Son mínimos los casos descubiertos, en relación a lo aún oculto, como son los matrimonios ilegales con muertos, con discapacitados físicos o mentales etc.
Este sistema judicial envilecido, ya ha menoscabado la confianza de la sociedad, que se sabe rehén de un club, que manipula la Ley, en beneficio propio. Por ejemplo; si defienden el patio de una casa, aplican la tarifa como si estuvieran litigando la casa entera.
Todos saben que en éste país se acepta y propicia la corrupción en Todo el sistema judicial. Muchas personas prefieren tomar la Ley en su mano; violentamente resolver sus casos, evitando caer en garras de ésa mafia depredadora de las propiedades de la sociedad. Este es una de las causas del incremento de la violencia en las calles, pero rara o ninguna vez reconocen éstas razones.
El colegio de abogados es el tumor canceroso del sistema judicial Venezolano, urge una revolución en la sociedad, antes de que sea demasiado  tarde. Alguna mente debe iluminarse; tener la madurez de visualizar, cuanto antes, la necesidad del cambio; vislumbrando la gestación de una revolución pacífica, que saque a ése país del oscurantismo judicial, que mantiene peligrosamente invisible al pobre de la administración de justicia. Es uno de los pilares para construir la patria que soñamos y todos necesitamos.
El Poder Judicial, ósea, el colegio de abogados, ya explicamos que es lo mismo, sabe que la policía es su títere; no pueden hacer absolutamente nada pues, son súbditos de sus mandatos. Su cargo y recomendaciones de ascensos están bajo sus designios. En los años setenta, se formo el  grupo "Gato" dentro de un escuadrón volante de la policía judicial. Ellos trataron de acabar con los abogados y jueces que; alcahueteaban a los delincuentes a cambio de una cuota mensual, una especie de diezmo desprendida de todo lo que se robaban. Estos policías, fueron detectados, muertos o despedidos, algunos pararon en la cárcel, junto a los hampones que no pagaban dicha cuota, para que el "Señor Juez" los liberara, apenas caía en manos de la autoridad. De nada servía el arriesgado trabajo policial; por una puerta entraban al maleante y por otra lo sacaba la "ilustre" mafia. Esto esta prolijamente detallado en el libro  "Cuatro crímenes, cuatro poderes"  del escritor Mármol León. Saque cuenta desde cuando viene documentado el rastro de tan pernicioso  espantoso mal.
Se dice que todos las mafias están dentro del estado, o son el Estado: Yakusa, cosa nostra, Paramilitares, los quisque guerrilleros, Camorra, gánster de chicago, (todavía existen, y no solo en chicago), y las células mafiosas rusas. Solo por nombrar unos poquitos. Claro, ninguno tan bien camuflageado, mimetizado como el "ilustre colegio de abogados de la república bolivariana de Venezuela" la existencia del monstruo se descubre solo al localizar su excremento fresco, aunque no se logre ver nunca la bestia.
Esta forma de crimen organizado, se continúa fortaleciendo, y aunque han evolucionado hasta tener un ambiente auto protegido, se ha sabido cuidar para no salir a la superficie, en la agenda de calamidades de las instituciones mundiales, de la misma forma que lo ha hecho, la pobreza, el agua, el desarrollo sustentable, etc. Ya está despertando intereses. Por ejemplo, el Banco Mundial dice no poder establecer aun cuanto se queda en Venezuela ni en otros países, por el pago de sobornos cada año, pero se estima en miles de millones de dólares. Se ha comenzado detectar sus conexiones con el tráfico  ilegal de drogas, armas, trata de blanca, libertad de capos; hechos que serían imposible sin el intenso involucramiento del maleado poder judicial y, de la capacidad de influencias que adquieren dentro de las mafias judiciales. Ya hasta se sabe que por medio de ellas se decide, en vez de comprar drogas, o armas; comprar y vender costosas  decisiones gubernamentales.
¿QUE DEFENSA TIENE UN CIUDADANO COMÚN, CONTRA EL "•COLEGIO DE ABOGADOS" Y SUS SECUACES? Somos pollitos en fiesta de elefantes.  Adivine: ¿Quiénes manejan las oficinas de Derechos Humanos y Defensorías del Pueblo?... Si. El Ilustre Colegio de ilustrísimos doctores de abogados.
¿Quien le entra a éste problemón?, es como metérsele a un tren. Si alguien se atreve a reclamar, lo más seguro es que le inventen cargos y pare en la cárcel, o en la morgue. Si se muestra conocedor, es acusado por difamación injurias y calumnias ¿y luego, cual ilustre abogado te defiende?
¿Este es el país que le vamos a heredar a nuestros hijos? Si no hay justicia, se convierte en una tribu de treinta millones de habitantes, aunque se vista al estilo New york, no es un estado de derecho. Es una violación insolente a los derechos humanos. Como vemos, es necesario promover la equidad de justicia, eliminando, la evidente brecha entre lo que es la justicia para ricos y la justicia para pobres. No puede seguir existiendo un sistema que si metes tres abogados y un montón de plata, eres inocente, y si solo metes uno, corres el riesgo que la justicia no te identifique, en la medida de tu falta, si es que la tienes. En la balanza de la justicia Venezolana, eres inocente, si por contrapeso a tus faltas, pones en el otro plato de la balanza mucho dinero.
Al parecer, no les importa las consecuencias sico-sociales en la inversión extranjera. Internacionalmente Venezuela aparece como un país de alto riesgo para invertir; no existe seguridad judicial, más bien impera un peligro judicial.
¿Existirán esas mentes que quieran escribir su nombre en la historia de lo correcto; en las que ya germina la necesidad de un cambio. O puede ser que las Iglesias establezcan tribunales de arbitraje, donde se evite caer en el foso de cocodrilos donde si no te come uno, seguro lo hará otro, o los dos. Para la instauración de la verdadera justicia se requiere de seres distintos, capaces de estructurar un nuevo orden judicial, extensión de la justicia de Dios y no una forma de corrupción diabólica.
Un dato curioso, es que TODOS los medios venezolanos gastan el 80% de su capacidad atacando al gobierno central, y el 20% diciendo que no hay libertad de expresión, pero no se atreve a invertir ni un 2% para documentar lo que, para todos ya no es secreto: El ilustre secuestro del poder judicial. 
Los otros Poderes del Estado y ministerios, se hacen de la vista gorda, por un miedo a ponerle el cascabel al gato o por un horroroso acuerdo simbiótico, sobre entendido entre partes; Hoy por ti y mañana por mí. ¡Es por eso que el gobierno sale siempre ganador en los choques contra los PERIODISTAS¡  Si; uno de los más sufridos es el "Colegio de periodistas" más aún que; en varias ocasiones, ha evidenciado a través de los medios, la existencia, y modus operandis de las tenebrosamente celebres "Tribus Judiciales"  y su funesta labor, propia y tan perjudicial como la de una Mafia del crimen organizado - porque son crimen cultamente organizado- Como huestes de maldad, han socavado las garantías sociales y el genuino Estado de Derecho. Por su conveniencia, el "ilustre" Colegio de abogados impide el diseño de un autentico sistema de verdadera justicia. Solo se implementan soluciones cosméticas y efímeras a un tortuoso sufrimiento social. El peligro está en que, en la medida que la clase pobre va comprendiendo su estado de indefensión,  ante esta estructura, que les hace a un lado sus derechos, comenzara a sentir la urgente necesidad de defenderse de ellos y se dedicará a destruirlos, por lógica razón de supervivencia.
Dichas tribus, de actuación conocida públicamente, tiene ramales a escala nacional, que nacen desde el mismo Tribunal Supremo de Injusticia, llegando hasta los tribunales y juzgados más pequeños y lejanos de las provincias o prefecturas del sufrido país. Nadie puede o se atreve a controlarlos. Todos los que pudieran hacerlo, pertenecen al mismo "gremio" o clan, con un acuerdo tácito de no agresión y ayuda mutua. Entre bomberos no se majan la manguera. Hay de aquel legislador honesto, (aun quedan, créalo o no),  que tenga la osadía de escaparse del redil. Si le va bien, se morirá de hambre. Que Dios nos ayude, ¡pero que no baje! o será de nuevo crucificado; a menos que pague un buen soborno.
Cualquiera que ame a su país, debe construir algo algún día; puede ser un Verdadero Poder Judicial, con moral y ética propia, e irreprochable, donde no se permita que ni uno solo de sus miembros, sea corrupto, que no use la Ley en beneficio propio. Tal vez, exista alguien con poder, que no comparta esa actitud y trate de evitar que se generalicen  acciones violentas, entre la sociedad y, hasta en contra de los mismos miembros de ese gremio maleado. Aunque se sabe, ya ha pasado y, no se publica;  para evitar que se popularice la receta, en perjuicio de los señores ilustres abogados, justos y castizos.
Algunas cosas parecen legales, pero son inmorales. Semejante a un médico abórtero, o que practique la eutanasia, usando sus conocimientos de medicina; es un criminal. Ellos son lobos con traje de ovejas, es una gigantesca organización delincuencial, con ropaje de legalidad. Muchos que trabajan allí dicen: "No somos eso, pero me percato que actuamos como que sí  fuéramos eso". Un árbol de manzanas no da limones.
El rumor ya llega al cielo, y la sociedad  clama por una nueva revolución que libere al Poder Judicial y a los Tribunales de sus secuestradores; y se le entregue a los que verdaderamente harán justicia. Deben de estar en manos multidisciplinarias, con  jurados de escabinos; que no pertenezcan al colegio de abogados; en los juicios penales y también civiles cuando menos; nunca ser propiedad exclusiva de un solo gremio ni títere de un gobierno. En forma rotativa; que no dé tiempo a hacer amistades en los tribunales; Sociólogos, sicólogos, periodistas, educadores, enfermeras, etc., deben intervenir como jurado en los juicios y, de ser posible en la selección del personal que labora en el Poder Judicial.
La impunidad en los juzgados, produce más violencia en las calles y pésimo ejemplo a los jóvenes. ¿Hasta qué punto somos cómplices con nuestro silencio? Algún día se volverá contra nosotros. Si es que ya no está pasando.
Este sistema tiene tres clases de victimas: El Cliente que pierde el caso, la sociedad, y los nuevos abogados que caen en el canasto de las manzanas podridas.
Reconozco que soy una tímida voz que clama en un  desierto lleno de serpientes, estoy en una lucha contra los mismos Gánster encargados de "auto vigilarse", que hablan del "Debido Proceso", como un mecanismo para desvalijar a la sociedad, "legalmente". Hacen caso omiso de las ya jugosas tarifas que ellos mismos imponen, y deciden quedarse con todo lo que quieren. Cuando hablan y actúan como dueños del Poder Judicial, el crimen reemplaza a la justicia, y la venganza a la razón.
Todo un Poder de un Estado, NUNCA  puede ni debe estar en manos de un solo gremio. Siempre genera corrupción; se evidencia y por más que se esconda, el mal olor lo denuncia. Esto es parte de la anarquía y falso gobierno que impera en Venezuela. Pero luchar contra ellos es como meterse con la Camorra. Hay  que dar las batallas, porque un club de amigas no puede tener en sus manos, el control de algo tan sagrado y delicado como la justicia de un país.
La sociedad venezolana está demasiado agredida, como para seguir confiando en esa ristra de mafiosos, que confabuló un sistema, para ganarse la lotería, cada vez que consiguen a un cliente. Ese sistema ha demostrado ser pernicioso para la salud judicial. URGE UN SISTEMA DONDE IMPERE LA VERDAD ENTRE LOS HOMBRES.
Propongo un sistema como el seguro social de salud. No como el sistema de seguro privado, donde lo operan, aunque no necesite la intervención para sacarle lo que tenga en la tarjeta de seguro. No, como el seguro social, donde los tribunales tengan que trabajar por la Ley y la Justicia y no por engordar su avaricia.
Es necesario hacer un comisionado internacional sobre la verdadera administración de justicia. Mostrarse ante otros pueblos. Entre los objetivos de los desarrollos del milenio, que manifiesta la Asamblea General de las Naciones Unidas. Debe incorporarse también, la aplicación de la verdadera justicia, independientemente de la cantidad de abogados, y/o la capacidad monetaria que tenga el ciudadano. Para la eliminación de la pobreza extrema, hay que alejar la miseria fabricada; eliminar la desigualdad jurídica del pobre. Con una nación de valores de depurada y celosa cultura de justicia verdadera y equitativa, con fe en sus instituciones.
La corrupción es la primera causa para el NO desarrollo de un país. La falta de justicia es la primera causa para la corrupción. ¿Cuánta amargura y miseria ha fabricado este cáncer burgués, que viene desde la colonia?
En Noruega, fueron los empresarios los que restablecieron la ética, pues se dieron cuenta que es un excelente negocio. Por otra parte, los Surcoreanos, hasta los que todavía no son cristianos, dicen que; lo que cambió  a su país, fue el evangelio. Lo malo es que somos religiosos los domingos y corruptos el resto de la semana. El domingo es el día de reposo del corrupto. Además, un litigio entre el cielo y el infierno, lo ganará el infierno, porque allí deben de estar la mayoría de los abogados.
Usted decide si es hora de hacer algo.
Que el Buen Dios nos Ayude.

La Bocaracá y otros cuentos de Carlos Salazar Herrera 1

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LA BOCARACÁ

 

Por Carlos Salazar Herrera

 

 

Aconteció en las inmensas soledades de Toro Amarillo.

 

Allá, una casa rompe la unidad de la selva, y fue Jenaro Salas quien primero arrancó unos árboles para sembrar su áspera vivienda.

 

Era un galerón de palos cubiertos de corteza, que se asomaba a la orilla de un camino abandonado. En el invierno...una ciénaga: en el verano...un polvazal.

 

La casucha veíase aun más humilde, bajo la arquitectura de una Ceiba, casi tan alta como una plegaria.

 

Jenaro era un hombre atribulado, porque pensaba que la tierra lo malquería; la juzgó en su contra y quizás por eso, la región a veces lo atormentaba y a veces, también, se reía de él.

 

Acabó por sentir miedo de la soledad, de las tinieblas y del silencio, y vivió con un temor incesante...no sabía de qué.

 

De noche tardaba el sueño en llegar a sus ojos, y era entonces cuando la respiración de su mujer y de su hijito, o el chisporroteo de algún tizón que quedara vivo en la cocina, le servían de consuelo o gozo.

 

En las noches sin luna, una llamita en la linterna tenía el poder de un faro.

 

Cierta tarde, regresaba Jenaro Salas de su trabajo de montaña, tirando de una carretilla cargada de súrtulas y palmitos. Al acercarse a su rancho, halló en el portón a su pequeño hijito, que lloraba con claros deseos de contar algo que no sabía decir.

 

Movido por el temor, Jenaro no se ocupó más del niño. Echó a correr y se metió en la casa...

 

Pero en la casa no estaba su mujer.

 

La llamó varias veces. Muy angustiado se asomó por la puerta trasera. Dirigió su vista en todas direcciones, como una brújula agitada; al fin se clavó en el norte, hacia abajo, junto al riachuelo que trascurría a una pedrada de lejos.

 

Corrió otra vez. Allí estaba su mujer, tendida en el suelo, lívida, inconsciente. Dos de los nudillos de su mano izquierda sangraban. Cerca de ella había una serpiente de unos dos palmos de longitud, con la cabeza aplastada y todavía en convulsiones.

 

Era una bocaracá.

 

Jenaro no ignoraba que en aquellos casos , unos minutos malgastados eran de la muerte. No debía perder tiempo en aplicar inútiles remedios caseros, ni en consolar al niño que lloraba, con los ojitos como dos preguntas. Iría a buscar suero contra las mordeduras de serpientes, y para hallarlo necesitaba consumir veinte kilómetros de mal camino.

 

Arrastró a su mujer hasta la casa y allí la dejó tirada sobre un camastro.

 

Buscó su caballo. Hizo riendas de un cordel. Arrebató un látigo a un árbol. Montó en pelo la bestia y, azotándola en ambas ancas, la echó a correr desenfrenada sobre la  grosería del camino.

 

Echemos atrás y conozcamos lo que había ocurrido:

 

Tana, la mujer de Jenaro Salas, hallábase aquella tarde en sus quehaceres, cuando vio llegar a su niñito dando voces de contento. Había encontrado un objeto raro y de bonitos colores.

 

Era una serpiente bocaracá. La llevaba cogida por el cuello.

 

La madre tuvo el valor de ahogar un grito y salir moderadamente al encuentro de su hijito, a pedirle que le diera para mirar aquel extraño bejuco; pero el niño tenía ganas de jugar, y echó a correr vereda abajo, llevando la víbora aprisionada en su traviesa mano.

 

Ella lo siguió, como jugando, mientras oraba con mudos gritos interiores, para que su niño no fuera a tropezar y caer...o para que no acercara su manita libre a la cabeza de la serpiente.

 

Logró alcanzarlo, cuando se detuvo a la orilla del riachuelo.

 

La madre llegó donde su niño, cantando una canción que había olvidado.

 

Llegó por la espalda de la criatura. La canción se estaba transformando en súplica.

 

Pudo sujetarlo por las muñecas. La súplica empezó a volverse llanto.

 

El niño reía. El llanto de la mujer se convirtió también en risa.

 

Tana extendió los pequeños brazos en cruz, como si fuera una penitencia. Luego fue deslizando su mano derecha por el brazo de la criatura, hasta llegar a oprimir la manita, para que no soltara la víbora.

 

Se puso de rodillas. Luego se sentó en el suelo.

 

Prensó entre sus piernas el brazo izquierdo del niño. Con su mano libre empezó a desdoblar los inocentes dedos, tratando de sustituirlos, poco a poco, con los de su mano izquierda que temblaba de miedo.

 

El horror le daba a la mujer una risa espantosa, en tanto el niño reía de buena gana, por aquel divertido juego con su madre.

 

La víbora, arrollada en los brazos, con su cuerpo verde, negro y oropel, era como una doble ajorca.

 

- ¡Dame ese bejuco!...

- ¡Dame esa culebra!...

- ¡Dame esa bocaracá!...

- ¡No seas ingrato, hijito mío!...

- ¡Dame ese demonio!...

 

Por fin, la cabeza de la serpiente había pasado, sin vaciar sus colmillos, a la mano triunfante de la madre.

 

El niño empezó a llorar.

 

La mujer cogió una piedra y con ella, aplastó la cabeza de la víbora.

 

Al golpearla  se hizo dos pequeñas heridas en los nudillos de su mano izquierda.

 

Después...

 

Después se desbordó el terror forzosamente dominado, y se desmayó ahí mismo, con el espíritu desprendido.

 

Cuando el espíritu volvió, hallóse Tana tendida en su camastro. Se levantó precipitándose en seguida hacia la puerta de su rancho, y vio a su esposo. Volaba en su caballo.

 

Lo llamó:

 

- ¡Jenaro!

 

Lo llamó a gritos:

 

-¡Jenaro!,¡ Jenaro!...

 

A gritos desesperados:

 

-¡No ha pasado nada!... ¡Jenaro!...

 

Pero ya el hombre había desaparecido detrás de un atormentado nubarrón de polvo.

 

  

Este cuento, La Bocaracá, es el primero del libro de cuentos que publicó Carlos Salazar Herrera, llamado Cuentos de Angustias y paisajes que publicó en 1947.

 

"Carlos Salazar Herrera nació en San José, Costa Rica en 1906. Aquí realizó sus estudios de enseñanza media y básica. A los catorce años obtiene su primer galardón por su ensayo "El café". Desde su adolescencia presentaba aptitudes para la literatura y el dibujo. En 1928 participó en un concurso donde presentó su tesis por la renovación artística costarricense, y ese mismo año gana un accésit por su relato "La Piedra de Toxil", en un certamen literario organizado por la Editorial Costa Rica. Se inclinó por el dibujo, y fue nombrado en 1942 profesor de esta materia y de perspectiva en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica. Posteriormente, en 1958, se le nombra como Vice-decano de esta misma facultad, cargo que lo desempeñó por dos años.

En el año de 1930, comienza a trabajar en el Repertorio Americano, donde publica más de veinte cuentos cortos. Hacia 1934, Salazar Herrera empezó a grabar cedros, caobas, y otras maderas. En 1935 obtuvo por su escultura "Motivo" la Medalla de Plata de la Exposición de Arte Centroamericano.

Publicó algunos cuentos en el Repertorio Americano. Escribió en 1947 "Cuentos de Angustias y Paisajes", ilustrado por grabados de madera realizados por él mismo.

Es nombrado director de la Radio Universidad en el año 49 y el 22 de abril de 1950, inició funciones como  primer director de Radio Universidad. Escritor, artista, amante de la música, don Carlos se ocupó de guiar los primeros pasos de la emisora universitaria: organizó la programación, formuló un reglamento, gestionó presupuesto y en 1956 logró concretar el sueño de dotar a la Radio de instalaciones propias en la nueva Ciudad Universitaria, que se empezaba a construir en San Pedro de Montes de Oca. Algunas de sus narraciones han sido traducidas al inglés, francés, alemán y ruso.

En 1961 obtiene un premio por su cuento "El raudal" en Quetzaltenango, Guatemala. En 1964 se le reconoció con el Premio Magón su obra total. Además, en 1975 publicó "Tres Cuentos", donde cambia la forma de sus relatos pasados. Muere de vuelta en la ciudad que lo vio nacer en 1980".1

Perteneció a la generación de 1942, que hemos llamado Neorrealismo y que aparece en este mismo blog.

 

Es a nuestro juicio el mejor cuentista de esta generación y ocupa un lugar de privilegio en la Literatura Hispanoamericana.

 

Estos cuentos, los 28 de la colección, y los tres que publicara un tiempo después, pertenecen al género realista.

 

En ellos se sintetiza como en ninguno otro cuentista costarricense el concepto de cuento. Su estructura es simple: Una situación inicial, en este caso negativa, aparece como una imagen de angustia, luego se desarrolla el proceso de vivencia con un acontecimiento para concluir en una situación final, en él, generalmente negativa. Este modelo se puede comparar con una imagen pictórica que reúne angustia y paisaje en una misma pintura y crea esa magistral obra artística que llamamos cuento.

 

El autor acude a un lenguaje polisemántico lleno de imágenes que apelan al dolor, la angustia, la desazón, la impotencia para resaltar el valor, el esfuerzo, la entereza, la pasión, el amor y la nobleza.

 

Angustia y paisaje se funden en una imagen imperecedera de esa realidad costarricense que vive el campesino.

 

Salvo algunas apelaciones al lector para informar que no nos gusta, sus cuentos son un buen ejemplo de quien maneja los entretelones del arte.

 

 

LA BRUJA

 

Por Carlos Salazar Herrera

 

 

Escazú, la ciudad de las brujas, tendida en la falda de los cerros, como si se hubiera venido rodando desde arriba, con su pedregal... y con sus guarias.

 

Allí, en una casa blanca con una puerta azul, en compañía de cinco gatos y un silencio... vive la bruja Elvira.

 

Dicen que fue bonita en sus mocedades. Cuentan que casó con un joven lugareño y aseguran que hacían una feliz pareja. Añaden que cierta mañana el muchacho salió para su trabajo... y aun no ha vuelto. Mil conjeturas se extendieron por el pueblo y finalmente el misterio recogió todas las habladurías y huyó con el costa.

 

La joven esposa, consultando adivinas y hechiceros, como único camino para saber algo, aprendió el oficio, y terminó por ejercer con mucha industria el arte de la brujería.

 

Una tarde caliente del tercer mes del año, cierta muchacha, con ojos color tinta de café, golpeaba con sus nudillos la puerta azul de la casa blanca.

 

-         ¿Qué te pasa, muchacha?

 

-Déjame dentrar, doña.

 

Y la rapaza le contó su historia: Estaba fogosamente enamorada de un muchacho vecino, su novio, pero se le estaba escapando... y no sabía por qué motivo.

 

- ¿Y qué querés de mí?

 

- Un agüizote pa'enamorarlo.

 

La bruja abrió un viejo cofre de cedro amargo, adornado con tachuelas doradas, y se dispuso a buscar el talismán que habría de dar la felicidad a quien lo poseyera. Allí estaba la piedra de venado, el ojo de buey, la guápil de zapote, los muñecos de cera atravesados con alfileres, y en unos cacharritos de barro cocido, el agua serenada en donde se bañan por las noches los cuyeos agoreros.

 

La bruja permaneció largo rato mirando aquellos objetos; luego cerró el cofre y miró a su cliente. Era una muchacha muy graciosa pero bastante desaliñada.

 

La vieja colocó en un ángulo del cuarto un enorme cubo de madera y luego trajo de adentro algunos baldes llenos de agua.

 

-Desnúdate, muchacha.

 

- ¡Cómo?

 

- Que te quites la ropa.

 

¿Pa'qué?

 

- Tenés que bañarte en el agua milagrosa.

 

- ¿Aquí?

 

- Sí.

 

-Me da vergüenza.

 

- No seas tonta.

 

Entre tanto, la bruja Elvira mojaba en el agua una flor de platanillo, diciendo: "Cegua, recegua nariz de manegua..."

 

La vieja le ayudó a soltar los broches, y la ropa de la muchacha cayó alrededor de sus pies como una circunferencia.

 

- Aquí tenés jabón mágico.

 

La bruja le vaciaba el agua desde los hombros, y la muchacha daba saltitos dentro del cubo, rociando el piso de tierra de la sala.

 

Después que se hubo vestido, la bruja Elvira la sentó en un taburete; le hizo un bien apretado par de trenzas en el pelo, que anudó graciosamente en la mollera; púsole una guaria morada cerca de la oreja izquierda, y dándole una nalgada la despidió de su casa.

 

-¿Y el agüizote, doña?

 

- El agüizote sos vos, tonta.

 

La bruja Elvira la miró largo rato caminando sobre el empedrado de la calle.

 

-¡Qué bonita es! ...

 

La muchacha desapareció en la vuelta de una esquina y la vieja aun quedó en la puerta azul de la casa blanca.

 

- ¿Ya ni pa'bruja sirvo!...

 

La tarde, caliente todavía, estaba destilando en su gran alambique del poniente las últimas gotas de sol.

 

- ¡Y cómo perdí a mi esposo!...

 

En el centro de la calle, por arte de extraña alquimia, se efectuaba la trasmutación de los metales.

 

-         ¡Ay!... ¡Mis pobrecitos recuerdos!...

 

Luego, "las reinas de la noche" destapaban el plomo de sus esencias al reclamo de las primeras constelaciones.

 

Junto a la torre de la iglesia, parecía que iba a tener lugar un eclipse de luna... o reloj.

 

¡Era la hora del aquelarre!

 

La bruja Elvira entró por la puerta azul de la casa blanca y cogió la escoba.

 

Cogió la escoba... y se puso a barrer la sala.

 

 

Obsérvese una constante en los cuentos de Salazar Herrera: los desenlaces inesperados pero dentro de las leyes naturales. Esto le da al lector un golpe de atención, de sorpresa, lo sacude, pero son impresionantes.

 

El cuento está representado por otra imagen: la joven bañándose. Tiene doble sentido, la limpieza pero también la purificación que está representada en la casa blanca y la puerta azul. Esta última símbolo de entrada y salida, vida y muerte, juventud y vejez, lo viejo y lo joven.

 



1 Tomado textualmente de Carlos Salazar

Literatura hispanoamericana siglo XX. Narrativa realista costarricense. Cuentos. Estilo literario. Cuentística en El Rincón del vago.com

 

Infusión de sangre en el organismo político por Roberto Brenes Mesén

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INFUSIÓN DE SANGRE EN EL ORGANISMO POLÍTICO

 

Por Roberto Brenes Mesén

 

Las doctrinas democráticas han rebajado las normas éticas de la política. El pueblo, careciendo de discernimiento propio, no puede elegir por sí a sus gobernantes, sino votar por uno u otro de los candidatos que les ofrecen los pescadores de río revuelto. Los hacedores de presidentes por esas tierras suelen ser gentes a quienes falta elevación moral para considerar en primer término el bien público, a la hora de elegir un posible candidato. No organizan partidos de principios, si hacemos excepción del escaso grupo de los clericales que sí tienen noción clara de lo que debe ser un gobierno ultramontano: absorción de las libres actividades del estado por la iglesia. Los partidos personales son los únicos que medran durante el furor de seis meses que permite a ley para la discusión eleccionaria. Los programas que con tal motivo se elaboran se lanzan sin lealtad, sin fe, , mirando más al éxito pasajero de labora que al bienestar público. Esta falta de fe, esta profesional duplicidad es lo que se llama poseer talento político;  el prometer a unos y a otros la satisfacción de sus ambiciones, a sabiendas de que será imposible cumplir lo prometido es el tacto político que atrae amigos, es decir, votantes, entre los cuales se hace la cosecha de los enemigos durante el primer año de gobierno. Este formar grupos personales para traspasa, a la manera de hatos, a otros grupos más tarde, a veces a tanto por cabeza; este desatentado mentir y calumniar, de suerte que cuando el presidente llega a la mansión presidencial ya no le reconocería ni la misma madre, tan desfigurada ha sido su persona durante el debate político; este profundo desinterés por posnegocios públicos desde un punto de vista generoso, por el bien de la cosa pública misma; este repentino ascenso de la plebe, la cual no puede mantenerse en alto por la falta de virtud y de ciencia; todo esto que a primera vista parece irremediable, tiene un antídoto que, si usado con moderación, con sabiduría, habrá de mejorar en gran parte la situación del presente, para dejar tan solo aquellos males que son inherentes a la democracia. Ese remedio es la infusión de sangre nueva en el organismo político: la intervención de la mujer en la política. Pero entiéndase que no es política el arte de engañar a las muchedumbres, sino la ciencia del gobierno de los hombres en vista de una elevada evolución integral humana.


Hay mujeres que dicen que su lugar es el hogar y no la plaza pública. Pues a esta clase de mujeres hay que responder que si quieren conservar sano, bello y sólido el hogar, es preciso que se interesen en la política, porque de otra suerte no hay esperanza de que con las presentes prácticas plebeyo-democráticas, se conserve puro y próspero el hogar. En el hogar vienen a cerrar sus curvas todas las disposiciones legislativas. Nada que se relacione  con las finanzas: impuestos, presupuestos, empréstitos, deja de tener elocuente respuesta en el hogar de todos los ciudadanos. Nada que diga relación con la paz y la guerra deja de tener una importancia de vida o muerte para el hogar. Todas las obras de fomento, desde los ferrocarriles hasta las mínimas reparaciones de los edificios públicos repercuten en una u otra forma en el seno del hogar. Toda la legislación de orden moral tiene por blanco la estabilidad del hogar. La civilización entera descansa sobre esa roca: el hogar, y quien dice hogar ha nombrado a la mujer.

 

La cooperación de la mujer no solo es cosa de desear, sino de necesidad imperiosa. Un grupo selecto de mujeres que hayan construido hogar, que hayan conocido las tremendas luchas indispensables para conservarlo incólume, con más las nociones elementales  de la manera como otros pueblos van resolviendo esos mismos, o parecidos problemas, podrá infundir una nueva corriente de vida sana en la política de esos países.

 

La juventud no merece fe. Parece correr tras el éxito fácil. Pregunta por los senderos de travesía para alcanzar el éxito, no por las obras sólidas que pudiera realizar para merecer la distinción de sus semejantes, no por el empinado, cruento y oscuro camino de la gloria, la perdurable que no sabrían dar los efímeros diarios. La juventud no merecerá fe mientras no se organice sobre bases permanentes, en vista de fines próximos y también distantes. Organización que constituya un cuerpo pensante, resuelto a la acción y al sacrificio, valeroso, sin temeridad, que fíe en el principio de la cooperación, en vez de estarse aprestando diariamente para las luchas de competencia contra sus camaradas de ayer, que oponga al veterinario principio de lucha por la vida con que se nutrió nuestra juventud la organización cooperativa para la vida. Aquello era brutal, esto es humano. Y que no deje ahogarse la voz de su yo profundo en el engañoso tumulto del pasajero aplauso.

 

Publicado en Repertorio Americano, Tomo III, N°. 28, San José, Lunes 6 de marzo de 1922.

 

Este ensayo se emparenta con El Político, ensayo que publicara también en Repertorio Americano pero por tiradas y que este servidor lo publicara en forma completa en La Universidad Nacional en 1989, EUNA, Heredia.

 

El lector hará sus comentarios pero es oportuno señalar que a pesar de casi 90 años su pensamiento sigue vigente y no es sino en 2010 que se elige una mujer como presidenta en Costa Rica.

La mujer siempre ha tenido representaación en los diferentes movimientos revolucionarios del país. Solo basta recordar el papel que jugó Carmen Lyra en la época en que se escribe y publica este ensayo. Pero el papel hegemónico de ellas en nuestra política no ha sido una constante a pesar de que ha participado en las organizaciones y sobre todo en las manifestaciones sociales y políticas, con sobradas capacidades.

El otro grupo que debe analizarse es el papel de nuestras juventudes a través de esos noventa años. Los resultados aactuales no distan mucho de lo dicho por don Roberto Brenes Mesén.

El último aspecto que quizás valga la pena aunque deberá esperarse el final delperíodo que recien empieza papa doña Laura, es si ella logrará independizarse de las influencias negativas masaculina que le rodean y crear un gobierno que alimento no solo los lineamintos que ofrece don Roberto, sino un proyecto de país mejor que los anteriores sustentado en la libertad, la justicia, la equidad, los derechos humanos, la participación de la ciudadanía educada en las reinvindicaciones sociales. 

Tipos de redacción

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TIPOS DE NARRACIÓN

 

 

1. EL MITO

 

El mito es un fenómeno cultural complejo que puede ser encarado desde varios puntos de vista. En general, es una narración que describe y retrata en lenguaje simbólico el origen de los elementos y supuestos básicos de una cultura. La narración mítica cuenta, por ejemplo, cómo comenzó el mundo, cómo fueron creados seres humanos y animales, y cómo se originaron ciertas costumbres, ritos o formas de las actividades humanas. Casi todas las culturas poseen o poseyeron alguna vez mitos y vivieron en relación con ellos.

 

El mito es la primera forma del conocimiento humano. Después de él y a muchos años se dio el conocimiento religioso y muy cercano a nuestra civilización empezó el conocimiento científico. Aún el conocimiento religioso sigue teniendo mucha influencia sobre todo por la ignorancia de los pueblos.

 

Ejemplo:

 

Ofrecemos un mito muy conocido y de gran influencia en la cultura occidental. Se trata del mito de Sísifo.

 

Sísifo, en la mitología griega, rey de Corinto, hijo de Eolo, rey de Tesalia. Sísifo observó cómo el dios Zeus se llevaba a la hermosa joven Egina y le contó a su padre lo que había visto. Enfurecido con Sísifo, Zeus lo condenó al Tártaro (infierno), donde estaba obligado a llevar eternamente a la cima de una colina una piedra, que siempre caía rodando y, por tanto, su esfuerzo debía recomenzar. Este mito ha servido para teorías filosóficas, obras literarias, etc.

 

2. LA FÁBULA

 

Fábula, breve composición literaria en verso o prosa, cuyos personajes son en general animales u objetos inanimados. En su forma tradicional, apunta a demostrar una verdad moral que, a modo de advertencia o consejo, se sintetiza al final de la narración en una moraleja.

No es fácil determinar sus diferencias con el apólogo, que practicó Sem Tob, y los exempla (ejemplos) medievales, como los que se insertan en el Libro de Buen Amor de Juan Ruiz o El Conde Lucanor. Parábola y fábula se estudian como formas de la alegoría pero, mientras la primera se ocupa de hechos posibles que remiten a un significado religioso, moral o filosófico (la "parábola del hijo pródigo", por ejemplo), la segunda, al dar voz a los animales o animar lo inanimado, se asienta en impossibilia (cosas imposibles). En la edad media, un rico material complementario de las fábulas se encuentra en los bestiarios, catálogos descriptivos que explicitan el significado alegórico de los diferentes animales.

 Está Constituida por un episodio de carácter moralizante o didáctico; los personajes por lo general son animales. Casi siempre finaliza el relato con una sentencia llamada moraleja. Suele ser una especie de historieta ejemplar.

 

No vamos a referirnos a la parábola, la alegoría o los ejemplos (exempla), porque son variantes de la fábula y aquí no interesa realizar sus pequeñas diferencias.

 

 

Ejemplo:

 

 

El GRANERO Y LA CIGÛEÑA

 

 

"Se oyó un portazo, y el granjero salió de la casa. Descorrió el pestillo de la cerca y penetró en el amplio patio. Luego, se acercó a grandes pasos a las redes que había colocado la víspera para atrapar a las grullas que se comían su trigo.

Con sorpresa encontró a una cigüeña prendida en la red. Cuando lo vio llegar, el pájaro protestó ruidosamente.

 

-Soy inocente, buen granjero- alegó-. No soy una grulla y, además, no he tocado tu cereal. Solo vine con esas aves y ahora me veo atrapada en tu red.

 

- Todo eso podrá ser muy cierto -respondió con tono severo el granjero-. Pero como ibas en compañía de los ladrones, tendrás que sufrir el castigo que a éstos corresponde.

 

Y después de estas palabras, sacó su cuchillo y degolló al pájaro.

 

Dime con quién andas y te diré quién eres, fue su sabio consejo."

 

 

3. EL APÓLOGO

 

 

Este Tipo de narración se diferencia de la fábula por la naturaleza de los personajes: no son animales. Siempre conserva el tono moralizante. Consiste en responder argumentos de un solicitante con ejemplos. Es una manifestación del diálogo. Las primeras manifestaciones de los cristianos se rigieron bajo esta forma narrativa dialogada.

 

 

EJEMPLO:

 

"Otro día hablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, de esta manera:

 

-Patronio, bien conozco a Dios que me ha hecho muchos favores más de los que yo podría servir, y en todas las demás cosas mi hacienda está bastante bien y con honra; pero algunas veces me acontece que querría tanto la muerte como la vida. Y le ruego que algún consejo me dé para esto..."1

 

Después viene el ejemplo o la "exempla" que presenta Patronio.  

 

 

 

 

4. LA LEYENDA

 

 

La leyenda es una narración de gran imaginación. Se transmite de padres a hijos y se convierte en una verdad popular, a pesar de que no pueda demostrarse. Así pretende ser real sin serlo. Muchas veces utiliza, sobre todo al principio de la historieta, hechos reales, verosímiles, aceptados por la colectividad y, poco a poco, se le van insertando otros hechos sobrenaturales o que escapan a la lógica de las verdades demostrables o naturales. Participa así del género extraño y termina siendo maravilloso.

 

La leyenda tiene un origen popular y pertenece al folklore de los pueblos. El escritor está consciente de que él no es el creador, sino su recreador. La novedad de su historia consiste en las nuevas peripecias que inventa y cómo las narra al relacionarlas con el inconsciente popular. En Costa Rica contamos con muchas de ellas: La Cegua, El Cadejos, La Llorona, La Tule Vieja, La carreta sin bueyes, El padre sin cabeza, Los Duendes, etc.

 

 

EJEMPLO

 

 

Pío Víquez nos ofrece una bella leyenda llamada La Negrita:

 

"...La esclava de piel de ébano, corrió a su casa en busca de su petaquilla de bagatelas y llegada la noche, encerró a la niña con sus polichinelas.

 

Al día siguiente, ya no estaba allí la dama gnomo. Hubo un poquito de quejas y un poquito de lágrimas; a las esclavas no les era permitido llorar ni cuando inocentes. La negra fue otra vez cabizbaja con su cantarito a la fuente milagrosa, según costumbre y junto al hueco de granito al cual bajaban a beber los pájaros del cielo, descubrió llena de infantil alegría su precioso amuleto. Entonces la ciñó y apretó contra su seno. Llegada la noche, la puso otra vez a dormir con sus muñecas. La petaquilla quedó liada por cuatro rumbos; pero la joya de su amor ya no estaba allí cuando fue a buscarla al primer rubicundo bucle de la aurora.

 

La virgen maravillosa había vuelto a la piedra dueña de aquel camanance.

 

El cura tomó razón de aquel suceso extraordinario. Dio a la escultura de piedra el rango que le convenía entre Dioses y  desde entonces, la Reina de los Ángeles es nuestra gran abogada. Preguntad si cupo ayer en la ciudad de Cartago la gente devota, y pensad que la leyenda tiene más de tres siglos."1

 

 

5. EL CUENTO

 

Es una narración creada por un autor. Consta de una situación inicial donde se presenta un conflicto, un proceso simple o compuesto (degradación-mejoramiento o viceversa) y una situación final. Si estos son los componentes estructurales, además de un tiempo y espacio, indispensables en toda narración, es fácil observar que los cuentos suelen ser de poca extensión y contar con pocos personajes (los necesarios, dos o tres). Por ello el cuento es intensivo y muchas veces con desenlace inesperado para producir un efecto fuerte en el lector. Es compacto, directo, sin rodeos y busca crear en el lector un acercamiento, gracias a su poder inventivo y acaparador. El autor trata, por todos los medios de inventar un argumento interesante y llamativo.

 

El cuento como la novela se inscribe en cuatro géneros o modalidades genéricas: realistas, maravillosos, extraños y fantásticos.

 

Los primeros se ajustan a las leyes naturales, racionales y crean un verosímil muy parecido al real histórico y social que el lector vive. El maravilloso mezcla los planos real y sobrenatural y se funde en una síntesis que el lector social acepta. Por ello los animales hablan, aparecen hadas madrinas, genios, amuletos, elementos mágicos de todas las especies. Una bruja puede convertir un príncipe en rana y el lector acepta ese verosímil del relato como cierto y real. Mientras tanto los cuentos extraños presentan los dos planos, el natural y el sobrenatural pero se mantienen sin integrarse, sin fundirse y al final el narrador explica la razón de la aparición de las leyes sobrenaturales (un sueño, una pesadilla, un truco, etc.). Por su lado el cuento fantástico plantea los dos planos (natural y sobrenatural) pero los mantiene en tensión, crea una gran duda que no resuelve, no da ninguna explicación y el lector social queda con ella. Es bajo su propia explicación que resuelve ese tipo de incertidumbre.

 

Por razones de espacio no brindamos ejemplos de cada una de estas variantes genéricas del cuento pero recomendamos las lecturas de algunos de ellos. Para los cuentos realistas citamos el libro El llano en llamas de Juan Rulfo. Para los cuentos maravillosos Los cuentos de mi tía Panchita de Carmen Lyra y todos los demás de Hadas. Existe un cuento extraño que nos parece muy ejemplar, se trata de Una extraña visita del escritor costarricense Joaquín García Monge y para ejemplificar los cuentos fantásticos pueden leer los escritos por Julio Cortázar. Pueden comenzar por el cuento La casa tomada.

 

6. LA NOVELA

 

De todas las narraciones la novela es la más compleja. Tiene los mismos elementos del cuento solo que multiplicados. Presenta una situación inicial donde se describen o manifiestan los conflictos, solo que muy tenuemente, luego se inician los procesos que son varios y diversos y por último aparece la situación final donde terminan los procesos, ya sea mejorados o degradados o en matices ambiguos. Todo esto hace necesario que la novela exija una mayor duración, más personajes y diversos conflictos, procesos y cambios de toda naturaleza, apenas sospechados. Si a esto agregamos la variedad de espacios (físicos, sociales, psicológicos), de tiempos (cronológicos, históricos, psicológicos) y las perspectivas de los diferentes narradores, la estructura novelesca se torna harta compleja. Aquí no interesa ofrecer una teoría sobre la novela. En otros libros como Las generaciones de la novelística costarricense lo hacemos y a ella remitimos al lector.

 

Recomendamos una novela de un escritor costarricense que nos parece excelente. Se trata de la novela Vamos a Panamá de Rodolfo Arias Formoso.

 

 

EJERCICIO No. 16

 

 

Le rogamos que conteste las siguientes preguntas. Solo deseamos que mantenga en su memoria lo aprendido.

 

1. ¿Cuáles son los rasgos esenciales del párrafo narrativo y cuál el más importante?

 

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2. Escriba una narración inventada por Ud. No importa cuál sea su tipo.

 

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1.      Haga un relato de una leyenda que Ud. haya escuchado.

 

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4. Establezca y explique las diferencias entre el cuento y la novela.

 

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1 Juan Manuel. El Conde Lucanor. Ed. Ebro, España, 1953, p. 38. No transcribimos el ejemplo que le narra Patronio.

1 Víquez, Pío. Leyenda La Negrita. Ed. Soley y Valverde, San José, 1941, p. 74.

casi solo por mediación del maestro; y  lo que es mucho más grave: el contrato del niño consigo mismo, también por mediación del maestro.

 

Todo el pensamiento adverso al magíster dixit subsiste en la lucha contra esa trasmutación del mismo espíritu. Solo han variado, y no tanto como pudiera aparecer, los medios de ejercicio de la autoridad del maestro. Demás de que éste al requerir  la actividad del alumno apela constantemente a incentivos de un carácter individualista. Puede ocurrir y a las veces acontece que el alumno razone y acepte la justificación del esfuerzo que se le pide. Pero  ello no liberta a la justificación de ser artificiosa y en lo tanto infecunda, si emana de las convencionales necesidades de la escuela; no de las vitales del niño. Como lo es cuando invoca móviles inavenibles con los de la espontánea acción del niño, ya que así conspira a la integración de normas de conducta que no se corresponden con las dirigentes de la actividad y de los más altos designios del esfuerzo humano. Sin la experiencia del motivo, no es hacedero que el niño obtenga  la experiencia del propósito. Es decir, sin la asistencia del niño, con la totalidad de sus fuerzas, a la labor de su educación, ésta no logra transformarse en autoeducación."

 

En otra parte del citado trabajo decimos:

 

" El problema de proveer a la  motivación real de la instrucción, queda dicho que, en lo hondo, se confunde con el de educar. Falta el dato primordial en el planteamiento de ese problema: el niño, el hombre. Todo el empeño acumulado por los psicólogos del siglo XIX en la conquista de un conjunto de principios al servicio de la pedagogía, contiene el afán con que la escuela ha buscado la consecución de aquel dato. Una más prudente posición de espíritu de parte de los maestros, convertiría a la escuela en el mejor de los laboratorios que trabajan por descubrir el secreto del niño. La libertad del niño, desde antiguo preconizada, marcaría los límites de la supuesta posición. Libertad intelectual, de preferencia; a fin de que al cobrar dueñanza la mente de sí misma, suscite la acción de todos sus más ricos recursos. Porque fecundándose éstos, en la experiencia de su sentido y de sus posibilidades, refluye su vigor sobre una conciencia de la vida, progresivamente comprensiva y penetrante. La escuela se acercaría siguiendo ese rumbo, al hombre, por mucho que continuase ignorando la definición de su conciencia. Motivar es libertar. Libertar es educar.

 

Libertar al niño, sujetándolo a sí mismo, a la íntegra expresión de su ser, sería abrir el recinto de la escuela, a la sagrada presencia del hombre. Tal la ansiedad de un nuevo realismo pedagógico, no ceñido a la existencia del concepto, sino en cinta de la acción, síntesis en el hombre de la pródiga voluntad de la vida."

 

La cuestión de que el niño sepa qué debe hacer la presenta Strayer en las siguientes palabras:

 

"Parece superfluo llamar la atención hacia el hecho de que cada niño debe tener una idea clara de lo que va hacer, antes de comenzar el trabajo de ejercitación; pero sucede a menudo que el maestro lo da por sabido. Los niños vacilan y fracasan, o no hacen nada, simplemente porque ignoran de qué se trata. Creeríase imposible que a un grupo de niños se le pidiese la memorización de algo que no han comprendido; y sin embargo, es lo que ocurre, pues las posteriores interpretaciones de los niños nos advierten de su incomprensión."

 

No es lo corriente que el maestro aplique con el acierto que dan los conocimientos los principios de formación de hábitos. Los ejercicios de lectura mecánica, las revisiones aritméticas, las lecciones de caligrafía, por ejemplo, de ordinario fatigan y fastidian al niño. Al punto de que generalmente, a más de carecer de objeto, significan una amenaza a la salud del niño y un serio obstáculo para la educación. En muy repetidas ocasiones oímos decir al maestro, a veces presunta autoridad en nuestra enseñanza:

 

 "Mañana a tal hora, no tengo nada qué hacer." O: "Para mañana no tengo que preparar clases"  y agregar como explicación: "Me toca repaso de aritmética o caligrafía o ejercicios de lectura".

Olman Quesada Murillo

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Olman Quesada Murillo (1944)

OLMAN QUESADA MURILLO

(1944)

 

Olman Quesada Murillo nació el 2 de octubre del año 1944 en un pueblito en las faldas del volcán Poás en el cantón de Poás de Alajuela. Ahí pasó su infancia y juventud dedicado a las labores propias del cultivo del café y la caña de azúcar.

 

Realizó los estudios primarios en ese pueblo y los secundarios en la modalidad de enseñanza a distancia. Una vez concluidos ingresó a la Universidad Nacional en Heredia donde se graduó como profesor de enseñanza primaria.

 

Trabajó como docente por más de treinta años en zonas rurales, especialmente en Talamanca, Limón. Luego se jubiló.

 

LO QUE HA ESCRITO OLMAN QUESADA MURILLO

 

NOVELA

 

1. Aquellos tiempos: 2008

La novela y sus contextos

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LA NOVELA Y SUS CONTEXTOS

 

Llamamos contextos a todo elemento, no importa su naturaleza (social, política, histórica, cultural, biográfica, etc.) que estructura el marco general en el cual se produce un texto literario: en nuestro caso, la novela.

 

Para comodidad de su estudio, los dividiremos en dos:

 

1. Contextos del autor (contextos de creación)

 

2. Contextos del lector (contextos de percepción)

 

El crítico alemán W. Hollerbach los sintetiza en el siguiente esquema:

 

                                ESCRITURA Y LECTURA DE UN TEXTO LITERARIO

 

 

 

                     

I. Los contextos de la realidad ya sean los del autor o el lector pueden ser los siguientes (a veces coinciden)

 

1.      Contexto situacional

2.      Contexto biográfico

3.      Contexto social

4.      Contexto histórico

5.      Contexto cultural

 

Con se puede apreciar se trata de establecer un orden en los contextos de cercanía al autor y de mayor particularidad, como lo es la situación en la cual el escritor produce la obra, hasta llegar a contextos de mayor generalidad y complejidad, como lo es el marco amplio de la cultura general en la cual se produce la obra literaria, en este caso llamada novela.

 

Otra observación que debe tomarse en cuenta es que los contextos establecen relaciones entre sí y se dan en constante dinámica, determinándose en sus numerosas interrelaciones.

 

II. Los contextos literarios

 

Llamamos así a los contextos que perteneciendo también a la realidad, podemos sistematizarlos bajo el eje paradigmático y  que está constituido por los diversos códigos:

 

1.      Código Lingüísticos

2.      Código Retóricos

3.      Códigos Técnicos

4.      Códigos Temáticos

 

A través de la historia el escritor ha ido conformando estos códigos que se han constituido en poéticas imprescindibles a la hora de producir un texto literario. Son un legado importante de los escritores a quienes desean realizar obras literarias. En nuestro caso los paradigmas monofónico y polifónico de la novela forman parte de ese legado. Claro está que los escritores (algunos) violentan esos códigos y crean los propios, son revolucionarios del ante.

 

III Los contextos del lector

 

Nos referimos aquí al gusto literario. El escritor incorpora o toma en cuenta (a veces) en su creación los comentarios de sus amigos, las críticas literarias de otras obras, los comentarios periodísticos que provienen de los lectores. Unos los acepta de buena gana y otros ni siquiera los retiene. El mismo escritor realiza una especie de lectura de su obra recién terminada y corrige, modifica, reafirma, quita y pone. A veces no se conforma con una, sino hasta tres o más lecturas.

Todos esos contextos son importantes. Son la materia prima para que el escritor crea su propia obra que una vez terminada pierde todo nexo con ellos y se erige como un ente de ficción tangible e independiente, con autonomía absoluta.

 

El proyecto

 

El texto antes de escribirse, existe en la mente del escritor, solo como proyecto, como imagen, como virtualidad. No es sino cuando comienza a escribir sus primeros bosquejos y apuntes, cuando empieza, poco a poco, a tomar figura el futuro texto  literario y es aquí cuando el escritor, a veces por períodos muy largos, comienza su trabajo de selección, de escogencia, tanto entre los contextos reales, los códigos del sistema paradigmático y toma en cuenta, si lo necesita, los contextos del lector. A este proceso de selección y combinación es al que se le llama escritura y configura la perspectiva de la producción.

 

La perspectiva de la percepción

 

El lector, al igual que el autor posee contextos reales y a veces contextos literarios, solo que por lo general, son diferentes a los del autor. Pocas veces coinciden. El conocer los contextos del autor por parte del lector es solo una aspiración que difícilmente se logra. Esta es una dificultad que enfrenta el lector y que impide una interpretación genética y unívoca del texto literario, entre otras. Así, el lector tiene contextos reales, históricos, sociales, culturales etc. posee, por lo general algún conocimiento  de los códigos del sistema paradigmático y está en capacidad (es lo ideal) de conocer (y desearlo) los contextos del autor.

 

El lector a partir del conocimiento de estos contextos, realiza un trabajo de asociación. Parte del texto en donde selecciona los elementos necesarios para establecer asociaciones con los contextos, los del autor y los propios y gracias a ello por combinación, realiza la lectura del texto literario, en este caso llamado novela. Después de realizada la lectura, asociar y combinar, pasar por un análisis tal y como lo propusimos está en condiciones de interpretarlo y evaluarlo objetivamente.

 

Una buena lectura sería así aquélla  en donde el lector después de describir la novela, reconocer y distinguir todos los elementos implicados logra seleccionar los fundamentales y cotejarlos con los contextos del autor, realiza así la asociaciones permitidas sin caer en homologías mecánicas, sin violentar la autonomía de la obra y su verosímil y llega al final a una interpretación y valoración de la obra literaria.

 

No hay duda que el éxito de una lectura adecuada descansa en los conocimientos que posea el lector, su capacidad analítica y el grado de precisión con que logre establecer asociaciones pertinentes, sin caer en mecanicismos o subjetividades tales como las que mueven los prejuicios y las valoraciones emotivas.

 

Entre otras limitaciones, el lector puede proyectar elementos suyos en el texto. De ahí que se recomienda partir del texto hacia los contextos y no a la inversa y cada elemento seleccionado del texto (enunciación, enunciado, situación inicial, situación final, procesos, voces, perspectivismo, puntos de vista, etc.) someterlo a verificación muchas veces asociándolo con elementos de los contextos con claridad y objetividad.

 

Por último, a pesar de que el lector desconozca uno o más de los contextos, o todos con excepción de los lingüísticos, puede leer una novela y obtener de esa lectura una comprensión, aunque tal vez un tanto limitada, de ella. Pero cuanto más conocimiento tenga el lector de los contextos y del análisis racional de la obra literaria, mayor será la posibilidad de comprensión de esa novela.

 

Si agregamos que el texto literario es por naturaleza polifónico (su lenguaje), estamos ante la necesidad de que el lector, por lo menos tenga los conocimientos rudimentarios del lenguaje y las posibilidades de conversión en polisemántico, para obtener una lectura adecuada. No por ello el lector debe sentirse desanimado. Existe un principio que afirma categóricamente que la obra literaria se basta así misma para comprenderse, interpretarse y valorarse. Lo demás son herramientas útiles para realizar la lectura con mayor provecho y deleite.

 

La novela como género, ofrece al estudioso grandes oportunidades, tanto desde el punto de vista artístico, como del conocimiento social, histórico y cultural. 

 

Su lectura  es simple pero la comprensión de todos sus alcances exige esfuerzo y estudio. Lo recomendable es que el lector se acerque a ellas sin prejuicios, sin condicionamientos. La novela ofrecerá lo que posee y no más que ello. Habrá tantas, a veces, interpretaciones de una novela como lectores existan. Ignoro cuánto se habrá dicho acerca de la novela el Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Cervantes, pero estoy seguro que llenará, por lo menos una biblioteca pública.

 

Los esfuerzos del lector deben encaminarse sobre todo en la comprensión del lenguaje polisémico y en los aspectos más fundamentales que hemos expuesto. Con el conocimiento de ellos estoy seguro que la lectura de las novelas, no solo será más provechosa sino que quien lo haga disfrutará más de sus lecturas.

 

La propuesta de lectura hecha por nosotros ofrece una manera de acercase a la comprensión de la novela en forma integral. Exige, eso sí estudio y conocimiento de parte del lector. Cuanto más capacitado esté el lector mayor provecho obtendrá de la lectura de una novela y del arte literario en general.

 

Por último no se debe olvidar que los conocimientos crecen y las creaciones literarias también cambian. Esto hace cada vez más que el lector nunca pierda la costumbre de leer y estudiar.

El conchito enfermo de Gonzalo Sánchez Bonilla

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LOS GERANIOS ROJOS; 1908

(1884-1965

De Gonzalo Sánchez Bonilla

 

EL CONCHITO ENFERMO

 

El hambre-cual una víbora - estrangulaba el hogar del campesino.

Soto y su esposa trabajaban mucho.

Cuando los comemaíces entonaban sus canciones a la aurora, ya los dos esposos iban tristes, pensativos camino del trabajo. Soto llegaba a un beneficio y Celina -su esposa- se dirigía al cafetal de don Lorenzo.

Ambos se contaban -de regreso- las vejaciones e insultos recibidos, los descuentos continuos del sueldo,...las injusticias del patrón...

Y los cuatro pequeñuelos, cabizbajos y ojerosos -en silencio se quejaban- escuchando las protestas de sus padres.

El primogénito -Sotillo- como le decían sus camaradas, ya hacía preguntas muy serias.

-Pero Tata, -hablaba Sotillo- ¿por qué nosotros que trabajamos tanto, vivimos casi sin comer y esos dueños de fincas que pasan durmiendo con su cigarro en la boca, siempre tienen plata?... ¿por qué hay pobres y ricos?

Y esas preguntas de un cerebrillo de nueve abriles, eran contestadas por su padre, con la resignación del "Dios lo quiere" del Cura.

Sí; esas mismas preguntas se las hizo Soto en el confesionario al sacerdote y allí fue en donde aprendió la frasecita que explica y acepta injusticias... explotaciones... la frasecita que esos zánganos se apropian para vivir a las expensas  de una vida ociosa.

Pero Soto a solas pensaba: "¿Cómo va a querer Dios, un ser tan infinitamente bueno, que mientras que a nosotros nos devora el hambre, existan gentes que en medio de sus placeres, se engullan nuestras fuerzas?..." Y los consejos del cura se estrellaban en su conciencia razonable.

El pobre Soto sufría...

Y ¿qué padre no sufre hondamente si le dicen  "¿me da?" sus hijos, pidiéndole el pan que no tiene?...

*

* *

Sotillo pensaba en la situación de la casa y por eso prefería martirizar su estómago, antes de despertar los amargores de su padre.

Al principio estuvo yendo a la escuela del barrio sin que nadie lo obligara,... porque quería aprender...

-Yo no quiero quedarme tonto -decía el pequeñuelo.

Una tarde Soto y su esposa, esperaban ansiosos a Sotillo en la puerta de su mísero rancho. Pronto lo divisaron.

Venía de la escuela con sus alforjitas al hombro. En la bolsa de atrás, traía el almuercillo intacto, y en la de adelante, -oprimidos contra el pecho- el silabario y sus cuadernos.

-¿Por qué tan contento hijito? - le preguntó su madre.

-¡Ah!... porque ya sé escribir ala y ola... Hoy cuando los demás niños salieron a almorzar, yo me fui a un potrerillo y sentado en el zacate, me puse a escribir, pa'que no se me olvidara. ¡Miren! -dijo Sotillo mostrando el cuaderno.

¿De manera que no has almorzado? - replicó tristísimo el padre.

-¡No tata; por hacer letras!...

Y los dos esposos se miraron con la melancolía más profunda. No se atrevían -como era su intención- a comunicarle que les era imposible mandarlo a la escuela: ¡era preciso que él también ganara!...

Pero, Sotillo, con su malicia, todo lo sospechó y no pudo contener las lágrimas. Abrazándose a sus padres les dijo:

¡Bueno, bueno: yo trabajaré pa'ustedes.

Y otro día ya no puso en sus alforjas los libritos de la escuela...iba con rumbo a un trapiche.

*

* *

Poco a poco se fue debilitando notablemente, porque los trabajos eran muy pesados para un niño tan tierno.

Y cuando Soto advirtió en su hijo principios de pulmonía, una desesperación muy grande se apoderó de su alma. Ya no dormía las noches velando al enfermo.

"No lo llevó a la villa -decía- porque aún consiguiendo el dinero pa'las medicinas, sé que qu'esos dautores ven -como basura - a nuestra gente del pueblo."

Y por eso prefirió dejarlo en casa.

Grave seguía el pequeñuelo. Vanos eran -por salvarlo- los esfuerzos de su madre.

Y Soto... Soto deliraba como trastornado.

-¡Ya no lo veré más! - hablaba. ¡Y todo por mi culpa!...

Ese pensamiento quería volverlo loco; pero ¿qué culpa puede tener un hombre que vive explotado en una sociedad en donde le disipan el perfume de sus fuerzas?...

Pero Soto no razonaba así...y cada vez se iban notando en él nuevos síntomas de locura.

*

* *

Por fin...¡expiró el muchacho!...

Y en esos momentos de angustia, se encontró al infeliz campesino, riendo histéricamente y apretando contra su pecho la camisita manchada de plátano con que iba Sotillo a la escuela...

 

Algunas observaciones:

 

Desde el punto de vista literario es un excelente cuento. Bien escrito y con la estructura clásica de los cuentos más destacados de la literatura universal. Situación inicial negativa por las condiciones sociales y económicas de esa familia campesina. Luego se abre un proceso de mejoramiento con el fin de superar esa condición y para ello se utilizan los medios éticos y religiosos aceptados y promocionados por el contrato social de los sistemas capitalistas, en ese caso los gamonales cafetaleros de esa época de principios del siglo veinte. Por ello acuden al estudio pero ello es imposible pues el hambre no se llena con letras y decide escoger el único camino honrado y promocionado: el trabajo. El proceso concluye con el fracaso de esos medios y se llega a una situación final peor que la inicial: muerte del niño y locura del padre. Mayor desintegración familiar no podría resultar.

 

Esto es un determinismo social tal y como lo declaraban los críticos del naturalismo en novelas como Santa, Nacha Regules, Juana Lucero o La Charca de autores hispanoamericanos de la época pero ese fatalismo no es inventado sino reflejo de una realidad que a quienes hemos pasado por esa condición lo sabemos por experiencia propia. A pesar de que en nuestro país no fue tan uniforme y general, el campesino sufre de esas vejaciones y  otras que por razones obvias el cuento no incorpora.

La pregunta que se desprende de ese ejemplar cuento es vigente. ¿Se ha superado esa injusta inhumana condición de los pobres frente a la riqueza desmedida de los ricos? La respuesta es a todas luces negativa. Otras son las características pero la condición de pobreza sigue siendo la misma. ¿Y qué decir del papel de la jerarquía religiosa? ¿No son los aliados históricos y presentes de esa condición? ¿No es la consolación y la esperanza en un incierto más allá las respuestas a tanta injusticia? Éstas y otras preguntas que despierta en el lector este cuento son de una descarnada realidad y está ahí a los ojos de quienes no son tuertos o ciegos. Hay pobres que ya no pueden comer ni siquiera las migajas que caen del banquete de los ricos.

 

 

 

El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha y Crucitas

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El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha y Crucitas.

 

Nos sorprendió un Diputado nuevo cuando en la primera sesión afirmaba que el Discurso Presidencial del 1°. De Mayo era una pieza literaria y si se le agregaban unos personajes bien podría ser una novela. Ni una cosa ni la otra.

 

El discurso está lleno de retórica trasnochada, cacofónica, reiterativa y vacía. La literatura, en cambio, es creación a través del lenguaje polisemántico y nunca equívoco. El verdadero creador se sustenta en la realidad para plasmar "su" propia visión, su verdad. El uso de figuras comunes, trilladas aunque a los oídos profanos suene bien no es más que un maquillaje torpe que desea tapar las manchas con colores altisonantes pero vacíos. Y si esto se lee con un cantadito quejumbroso cercano a las recitaciones de las veladas de escuela quizás pueda sorprender a más de un incauto. Unas veces lo cautiva con las gradas de la Catedral, otras las paredes de una casa y ahora los ejes, seguramente de una carreta.

 

Roberto Brenes Mesén en el inicio de su ensayo El Político afirma:

 

"Consagra al ídolo quien lo adora; no la mano que lo esculpe. Son, pues, paganas las muchedumbres que sin saber los milagros del ídolo, hincan sobre la tierra la rodilla para mirarlos pasar. Culpables son de la creciente corrupción de los políticos, porque a pesar de que nada sustancial hacen por ellas, una y otra vez se arrebañan para votar por ellos.

No es verdad evidente que todos los hombres aman su independencia. No lo es hoy por lo menos. Correlativa del poder es la independencia. Sin la sumisión de las muchedumbres idólatras, no existiría el poder ilusorio del Político."

 

Ese afán de trastocar la realidad para impresionar a las muchedumbres idólatras con figuras altisonantes, nos evoca, como paradoja, la figura de Aldonza Lorenzo, mujer soez, olorosa a cebolla, tosca, grosera y fea, convertida en Dulcinea del Toboso, bellísima mujer sin igual, una doncella única, sublime, capaz de detenerse el sol a mirarla con envidia. Realismo e idealismo, sí, pero qué profunda síntesis de ambos extremos al final de la obra.

 

Nunca Don Quijote exaltó su imagen, ni se hizo reverencia a sí mismo y menos las exigió a pesar de sus proezas y luchas por la justicia y los desvalidos. Jamás solicitó monumentos, placas o realizó inauguraciones de obras solo pensadas. Y todos lo recordamos y admiramos.

 

No sería nada extraño que antes del 8 de mayo el diososcar se presente en San Carlos y deposite la primera piedra de la mina a cielo abierto Las Crucitas y de una vez la inaugure y con decreto en mano ordene levantar una estatua de su imagen ecuestre y a su alrededor siembre entre cruces y tumbas las aves y árboles que morirán en el futuro pues no será una fábrica de oro sino un cementerio lleno de cadáveres en plenitud de su vida.

 

Pero como don Quijote de la Mancha, esperamos que antes de que ello ocurra, Aldonzalaura transformada, como madre que es tome en sus brazos amorosos el niño naturaleza, vuele hasta ese cementerio y deposite tan tierna criatura en los regazos de la Madre Naturaleza y la Paz con ella sea una realidad.

 

Así podrán contar las futuras generaciones que en ese pueblo llamado Las Crucitas suelen ver los vecinos, por las mañanas, a una hidalga mujer que deambula por los bosques cercanos con un niño en brazos, mientras las aves con su alegre cantar van sembrando los caminos con versos de esperanza y los árboles extienden sus ramas al paso de ella para depositar sus frutos como manjares salidos de las entrañas fecundas de la Madre Tierra

 

 

 

 

Lic. Benedicto Víquez Guzmán, filólogo.

Heredia 05 de mayo del 2010

 

 

 

La loca de la Avenida Central. Cuento de Manuel Argüello Mora

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LA LOCA DE LA AVENIDA CENTRAL

 

 

Era feliz cuanto se puede ser en este valle de lágrimas por más que la prematura muerte de mi marido me hubiera desgarrado el corazón, tal era el encanto que a mi existencia prestaba la atención debida a mi hijo, niño de cuatro años, que Dios me dio, gracioso, bello, y lozano como el que más lo fuera entre los escogidos. Arturo absorbió mi vida desde que nació: su crianza y su cuidado eran el único objeto de mi existencia. Sus cariños y sonrisas refrescaban mi corazón, al paso que la más pequeña incomodidad que sufriera, me llenaba de amargura. En una palabra, la carita de Arturo era el termómetro de mis días. Así se deslizaban tranquilas y bonancibles unas tras otras las horas.

*

Una mañana, mientras arreglaba los muebles de la sala, oí unos gritos en la calle que no me preocuparon al principio, sino hasta que un numeroso grupo de personas se detuvo en la puerta de mi casa. Un sacudimiento súbito de mi corazón me anunció la presencia de una nueva desgracia. Tocaron fuertemente a la puerta, la abrí...y un desconocido, mostrándome el cadáver de Arturo, que traía entre sus brazos me preguntó si yo era la madre de aquel niño. ¡Oh naturaleza cruel e indiferente! ¡El cielo estaba azul, limpio y sereno...cuando mi Arturo, mi vida, mi alma, dejaba de existir!

 

Un carretón cargado de muebles le había pasado por encima después que los caballos lo pisotearon y maltrataron. ¡Muerto, enteramente muerto estaba mi pequeño Arturo! Al estrecharlo contra mi corazón, sentí ese frío, ese siniestro frío que tan pronto adquieren los restos del humano ser. El agudo dolor que devoró mi alma al contemplar el pálido y rígido cuerpo de mi hijo cesó repentinamente. Una nube empañó mis ojos y toda mi existencia anterior desapareció como por encanto de mi memoria.

*

Allá en lejanos horizontes se me aparece y desaparece Arturo sonriéndose y enviándome besos...Yo se los devuelvo, y, para hacerlo venir hacia mí, le canto con infinita y suave tristeza la balada con que acostumbraba dormirlo:

 

"Arrurrú niñito, arrurrú callá,

que si el cielo llora, ¿quién nos cantará?"

 

Dicen que soy loca y que ahora atravieso un lúcido período que será el último, pues enseguida debo entrar en la época del furor. ¿Dios mío, furiosa yo! Pero, en todo caso, más vale ese estado, que el inmensamente doloroso, el de mi cabal juicio, pues desde que la locura sale, la memoria del niño, de mi Arturo, vuelve y recrudece todas mis penas y desesperaciones.

 

Duermo poco y sueño constantemente con un cilindro helado que toma diferentes formas, pero siempre es estado de hielo. Ese cilindro a veces saca dos ruedas por los lados y dos caballos por un extremo...Luego aparece mi niño debajo de todo...y cuando ha pasado la escena tan solo queda un montón de nieve. Otras veces sueño con millares de chiquitos fríos y amarillentos, que juegan con carretones cargados de muebles...

 

Al despertar de esas pocas horas de descanso, mi primer impulso es halagar un objeto blanco que siempre está cerca de mí. Unas veces es una palomita que se va inflando y toma las formas de un niño, cuya cara nunca veo. Me fatigo mucho dando vueltas a ese cuerpo de niño, en busaca de la cara; jamás la encuentro. Al expirar el día, sobre todo al toque de la oración, infantilmente soy atraída por una melodía divina que canta:

 

"Arrurrú niñito, arrurrú callá,

que si el cielo llora, ¡quién nos cantará?"

 

Cuando un sonido cualquiera se repite muchas veces de igual modo, como sucede con los repiques de las campanas, o con el martilleo de un herrero, cada golpe o sonido me dice: "Arturo, Arturo", y luego sigo oyendo ese nombre horas enteras. Por eso dicen que soy loca, pero no es cierto. A usted le digo lo que pasa. Eso sí, no me delate porque me martirizarán dándome bromuro: el doctor que nos cura no tiene hijos.

*

Tal es la triste relación que me dictó Lucía en el Hospital de Locos el día de la visita pública del establecimiento.

 

La foto y el relato son tomados de:

Argüello Mora, Manuel. Obras Literarias e Históricas. Editorial Costa Rica, San José, 1963. Obsérvese una carreta al fondo. Ésa es la Avenida Central del San José de esos tiempos.

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