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El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha y Crucitas

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El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha y Crucitas.

 

Nos sorprendió un Diputado nuevo cuando en la primera sesión afirmaba que el Discurso Presidencial del 1°. De Mayo era una pieza literaria y si se le agregaban unos personajes bien podría ser una novela. Ni una cosa ni la otra.

 

El discurso está lleno de retórica trasnochada, cacofónica, reiterativa y vacía. La literatura, en cambio, es creación a través del lenguaje polisemántico y nunca equívoco. El verdadero creador se sustenta en la realidad para plasmar "su" propia visión, su verdad. El uso de figuras comunes, trilladas aunque a los oídos profanos suene bien no es más que un maquillaje torpe que desea tapar las manchas con colores altisonantes pero vacíos. Y si esto se lee con un cantadito quejumbroso cercano a las recitaciones de las veladas de escuela quizás pueda sorprender a más de un incauto. Unas veces lo cautiva con las gradas de la Catedral, otras las paredes de una casa y ahora los ejes, seguramente de una carreta.

 

Roberto Brenes Mesén en el inicio de su ensayo El Político afirma:

 

"Consagra al ídolo quien lo adora; no la mano que lo esculpe. Son, pues, paganas las muchedumbres que sin saber los milagros del ídolo, hincan sobre la tierra la rodilla para mirarlos pasar. Culpables son de la creciente corrupción de los políticos, porque a pesar de que nada sustancial hacen por ellas, una y otra vez se arrebañan para votar por ellos.

No es verdad evidente que todos los hombres aman su independencia. No lo es hoy por lo menos. Correlativa del poder es la independencia. Sin la sumisión de las muchedumbres idólatras, no existiría el poder ilusorio del Político."

 

Ese afán de trastocar la realidad para impresionar a las muchedumbres idólatras con figuras altisonantes, nos evoca, como paradoja, la figura de Aldonza Lorenzo, mujer soez, olorosa a cebolla, tosca, grosera y fea, convertida en Dulcinea del Toboso, bellísima mujer sin igual, una doncella única, sublime, capaz de detenerse el sol a mirarla con envidia. Realismo e idealismo, sí, pero qué profunda síntesis de ambos extremos al final de la obra.

 

Nunca Don Quijote exaltó su imagen, ni se hizo reverencia a sí mismo y menos las exigió a pesar de sus proezas y luchas por la justicia y los desvalidos. Jamás solicitó monumentos, placas o realizó inauguraciones de obras solo pensadas. Y todos lo recordamos y admiramos.

 

No sería nada extraño que antes del 8 de mayo el diososcar se presente en San Carlos y deposite la primera piedra de la mina a cielo abierto Las Crucitas y de una vez la inaugure y con decreto en mano ordene levantar una estatua de su imagen ecuestre y a su alrededor siembre entre cruces y tumbas las aves y árboles que morirán en el futuro pues no será una fábrica de oro sino un cementerio lleno de cadáveres en plenitud de su vida.

 

Pero como don Quijote de la Mancha, esperamos que antes de que ello ocurra, Aldonzalaura transformada, como madre que es tome en sus brazos amorosos el niño naturaleza, vuele hasta ese cementerio y deposite tan tierna criatura en los regazos de la Madre Naturaleza y la Paz con ella sea una realidad.

 

Así podrán contar las futuras generaciones que en ese pueblo llamado Las Crucitas suelen ver los vecinos, por las mañanas, a una hidalga mujer que deambula por los bosques cercanos con un niño en brazos, mientras las aves con su alegre cantar van sembrando los caminos con versos de esperanza y los árboles extienden sus ramas al paso de ella para depositar sus frutos como manjares salidos de las entrañas fecundas de la Madre Tierra

 

 

 

 

Lic. Benedicto Víquez Guzmán, filólogo.

Heredia 05 de mayo del 2010

 

 

 

LAS NUEVAS MATEMÁTICAS DE LAS ESCUELAS

 

 

El renombrado Profesor de Matemáticas de la Universidad de Columbia (Teacher`s College), David Eugene Smith, ha resumido en un estudio reciente los trabajos efectuados por la Comisión que nombró la Asociación Matemática de América para revisar los programas de matemáticas de las escuelas. La comisión ha trabajado durante cuatro años. (El profesor Smith es bien conocido de nuestros maestros por los textos escritos en colaboración con el profesor Wentworth.).

 

En breve resumen del profesor Smith podría tener especial interés entre nosotros si estuvieran ya organizadas las escuelas complementarias o las intermedias, o si los colegios pudieran desprenderse un poco de la preocupación de servir exclusivamente a la preparación de estudios universitarios.

 

Sin embargo, a los maestros de escuela elemental puede interesarles conocer la conclusión relativa a los estudios primarios de Aritmética. La comisión afirma que las escuelas deben eliminar de sus programas todo lo que no sea esencial en el aprendizaje de esa materia, de modo que los alumnos vengan a estar en aptitud de hacer los cálculos ordinarios, hacia fines del sexto grado. Cuando se piensa que tal es la opinión de especialistas que han estudiado el problema durante largo tiempo, con recursos abundantes, por medios científicos y en un país de educación activamente progresiva, se tiene clara la noción de que nuestros empeños por producir matemáticos en el tercero y cuarto grados, son cosa ridícula, s no atentatoria contra la salud, la personalidad y el porvenir de los niños.

 

La salud de los niños y la aritmética.

 

A propósito de la cuestión a que alude la nota anterior, tomamos de una reciente y notable obra de Feeland los siguientes apuntes acerca del aspecto higiénico de la enseñanza de la Aritmética.

 

"Hay un límite del tiempo que debe ser provechosamente empleado en el estudio de la Aritmética dentro de las aulas. El exceso conspira tanto contra la vitalidad como contra los resultados; produce un aprendizaje cada vez más lento e incompleto. Kirby, Thordike, Burnnam, Stone Rice and Brown, informan que la disminución del tiempo dedicado a ltal estudio, se traduce en un aprendizaje más eficaz. En los grados inferiores no debe exceder de quince minutos diarios."

 

Burnham sugiere que: "Si en el 16% al tiempo escolar, los alumnos aprenden tanta aritmética como en el 20%, el tiempo superfluo que se le dedica debe ser dedicado al juego al aire libre. Si se quiere obtener los mejores resultados, el maestro ha de hacer lo que esté a su alcance para evitar estos momentos de ansiedad, de depresión, de tristeza, de tensión mental, en el estudio de aritmética; pues esta asignatura parece ser, más que las otras, la causa de las ciertas enfermedades nerviosas de los niños. El maestro debe también saber que algunos niños se enferman del sistema nervioso a causa de serles muy difícil la asociación matemática. El equilibrio nervioso del niño es más digno de atención por parte del maestro que sus progresos en aritmética. Si el niño da impresión de ser delicado, de estar mal nutrido, de ser nervioso, o especialmente retrasado en la asignatura, el maestro debe cuidarse de no aumentar los males y dificultades con su método de enseñanza".

 

Estos problemas, los más importantes de la escuela actual, están por estudiarse en Costa Rica. La Escuela Normal y la Jefatura Técnica carecen de los medios adecuados al trabajo que las soluciones de tales problemas suponen. Hacen falta bibliotecas modernas y abundantes al alcance de una oficina de investigación; hacen falta laboratorios de sicología y de educación experimental; hacen falta escuelas experimentales u organizaciones que permitan aprovechar el trabajo de las comunes al efecto de investigar; hacen falta publicaciones para maestros entendidas al modo moderno, es decir, no para la expresión de opiniones personales, ni para recetar planes de lección, sino para promover investigaciones  y exponer sus resultados, conforme a planes científicos; y lo grave es que la ignorancia en materias tan delicadas, y hoy tan complejas, nos sitúa, con todas nuestras pretensiones, en un campo inferior al del analfabetismo que entendemos combatir. De poco sirve la luz cuando se produce a consta de una degeneración de los  hombres del porvenir.

                                                                                                                           Abril, 1921

 

¿PRECOCIDAD?

 

 

Desde hace mucho tiempo oigo aludir con frecuencia a la precocidad intelectual del niño costarricense. He de decir francamente, guiado por mi interés en temas como ése y sin ánimo de herir respetables opiniones expresadas en tal sentido, que tengo el temor de que estemos dándole vida a un fantasma semejante a aquellos otros que tanto daño nos han causado: "democracia modelo", "París chiquito", "Suiza Centroamericana", etc.

 

¿Cuándo, por quién y en qué forma se ha demostrado la existencia de la precocidad intelectual de nuestros niños, al punto de que debamos contar con ella como factor para la organización de nuestra enseñanza?

 

¿En qué parte están, quién las hizo y por cuáles procedimientos, las observaciones sistemáticas, extensas, que condujeron a la afirmación de tan interesante resultado?

 

Se me dice que una fácil observación realizada en los hogares y al alcance, en las escuelas, de todo maestro que posea cierta experiencia, revela que existe la socorrida precocidad. Con franqueza he de decir que tales fuentes son muy sospechosas, sobre todo para derivar de ellas corrientes de ideas destinadas a ser fundamento de organizaciones escolares.

 

Y luego, aún suponiendo que se hubiera demostrado la existencia de la precocidad, ¿qué esfuerzos dignos de respeto se han efectuado en el sentido de apreciar su significación? ¿Es una ventaja? ¿En qué medida? ¿Es un peligro? ¿En qué medida?

 

Volveremos a referirnos a este asunto. Por ahora apenas queremos plantear una duda, a riesgo de maltratar la vanidad colectiva tan ufana, según presumo, de este criadero de genios con que estamos contribuyendo los costarricenses a la gloria del mundo.

 

 

UN NUEVO MOVIMIENTO EDUCACIONAL

I

El nuevo movimiento

 

Son varios ya los autores de libros o artículos de educación que convienen en señalar como la más importante contribución al progreso pedagógico, en los últimos diez años, los medios creados para medir los resultados de la obra escolar. Se puede decir que, al menos en los Estados Unidos, y en materias de investigación educacional, dan la nota del día los trabajos con que asiduamente se concurre al estudio, ensayo y perfeccionamiento de aquellos medios, El progreso conquistado en tanto, que a pesar de las vacilaciones del nuevo movimiento, se siente la presencia fecunda de una naciente disciplina educacional.

 

En cuanto al fin primordial de las investigaciones, la novedad no existe, trátase de resolver un permanente problema de la escuela, de diversos modos planteado, constantemente discutido, y que con mayor urgencia  que ahora requiere eficaces soluciones. Es el mismo vasto y complejo problema a que las calificaciones pretenden dar solución. Sobre el fracaso constante de los  sistemas de calificación y de examen, ya viene a parecer pueril y rutinario tratar. Discutidos ampliamente por psicólogos, pedagogos, higienistas, maestros, padres de familia, estudiantes; condenados por los unos, odiados de los últimos, no hay ya quien confíe en ellos. Científicamente los refuta un Binet, filosóficamente los combate un Dewey o un Vaz Ferreira, un Prezzolini clama contra ellos, con su fuerte ironía; en suma, nadie cree en ellos. Se mantienen en los colegios y escuelas por obra de rutina, o del convencionalismo -que es rutina- en que se apoya lo que está en espera de algo mejor con lo cual ser reemplazado.

 

A reemplazarlos vienen los procedimientos de medición de resultados: escalas y tests. Y vienen solicitados por las demandas imperiosas de una nueva educación, más apta cada día para justificar su sustantividad en el conjunto de las ciencias. Vienen atraídos por el espíritu de la nueva escuela, donde tiene que ser absoluto el fracaso de todo lo que representa al espíritu de la antigua, sobre todo si en ella misma ya comporta un estado de retroceso.

 

La novedad del movimiento, si la hay, o mejor su  trascendencia, viene a residir en la aspiración a fundamentar científicamente el propósito, los medios, la aplicación y  el análisis de los sistemas de medición de resultados educacionales.

 

Antecedentes.

 

Varias interesantes investigaciones, algunas muy extensas, se han llevado a cabo con el objeto de juzgar de la eficacia de los sistemas de calificación. Citamos, para dar ejemplo, la muy conocida y comentada de Starch y Elliot. Su propósito fue el de juzgar de la precisión con que los profesores califican en geometría. Envióse a cada una de las escuelas comprendidas en la Central Association of colleges and Secondary, Schools una reproducción de un examen de geometría presentado por un alumno. El resultado de las 116 respuestas recibidas demuestra que, calificado el examen con la escala usual, de uno por ciento, dos profesores lo situaron por sobre 90; uno, bajo 30;  veinte, en un sobre 80; veinte, bajo 70, etc. y algunos consideraron que no merecía calificación. Una investigación hecha en historia, dio un resultado semejante. Se ha juzgado también de la aptitud de otros sistemas de calificación; se ha tenido en cuenta, al hacerlo, los factores de error más ostensibles; y el resultado, en 1911 como en 1817, ha afirmado categóricamente la falsedad de las calificaciones y la necesidad de buscarles un fundamento científico. Las conclusiones de la amplia investigación se resumen en una, a saber: los errores, frecuentemente funestos, a que conducen los sistemas, débense a su excesiva subjetividad. Hay que reemplazarlos, pues, por escalas objetivas, universales, que expresen idénticos valores o significados, ante todas las personas, en todos los lugares, en todos los momentos. Se aspira a establecer criterios, normas, módulos o standards tan precisos como las medidas de magnitud. Mientras eso no se consiga, dice el profesor, Strayer, todo juicio sobre los resultados de la educación, por autorizado que sea, no pasará de ser un juicio personal; sin valor para la construcción de una ciencia. Y Thorndike sugiere que en la actualidad, con sus sistemas de medición. Ocupa la educación el mismo lugar que la física cuando ésta, ignorante del termómetro, calificaba la temperatura con la superficial e inestable vaguedad que calificamos a los alumnos:¡ bueno, regular, malo!

 

II

 

Otros antecedentes.

 

Una historia del movimiento de medición de resultados educacionales, desde sus orígenes, descubriría muchos y a veces notables esfuerzos de investigación. Los nombres de Rice, Stone, Courtis, Thorndike, etc., aparecerían frecuentemente en ella. Si el nombre de Rice se cita constantemente como el de un pioneer, el de Thorndike se cita con el elogio que merece el actual director intelectual de la obra. Por cierto que los estudios de educación y psicología de este eminente profesor deberían ser traducidos al castellano.

 

El estado actual.

 

Para dar una noción de la amplitud del movimiento y por referencia solamente a la escuela primaria, mencionaremos los principales tests y escalas hoy en uso:

 

I. Aritmética:

 

1.      Tests de Courtis

2.      Tests de Woody

3.      Tests de Stone.

 

II. Lectura:

 

1.      Escala de Courtis

2.      escala de Thorndike

3.      Tests de Hggerty

 

III. Caligrafía:

 

1.      Escala de Ayres

2.      Escala de Thorndike

3.      Tests de Courtis

4.      Escala de Freeman

 

IV. Deletreo:

 

1.      Escala de Buckingham

2.      Escala de Starch

3.      Escala de Ayres

 

V. Dibujo:

 

1.      Escala de Thorndike

 

Educación secundaria.

 

Algunos de esos tests son aplicables a los estudios secundarios, especialmente los relativos al lenguaje; pero ya los hay exclusivos de la educación secundaria, sino para la medición en todas las materias, sí de los resultados de las más importantes. Sin embargo tales tests deben considerarse provisionales, es decir, más como instrumentos de investigación en este nuevo campo que como verdaderas conquistas científicas.

 

Los programas del señor Brenes Mesen.

 

Estos programas al tratar de caligrafía, en segundo grado, dicen:

 

"Permitirá juzgar el adelanto caligráfico el uso de escalas destinadas a este fin".

 

Alguna vez tuve ocasión de preguntar al señor Brenes Mesén con qué objeto exigían sus programas las escalas, siendo desconocidas en Costa rica y contestó:

"Para que los maestros tengan oportunidad de construirlas"

 

El mismo espíritu se muestra en muchas de las iniciativas que los Programas contienen: estimular al magisterio hacia la construcción de una obra nueva, propia, elevada. Se explica así que no hayan sido comprendidos. Con el mismo espíritu nos proponemos dar a conocer este movimiento, como después expondremos otros. Acaso haya algún grupo de maestros que se interese en seguirlo y una vez en posesión del impulso se ponga a la obra, ya indispensable, de adaptar a las condiciones de nuestro  país y de nuestra escuela la técnica de la medición de resultados, para que construyamos nuestros tests y nuestras escalas y entremos en la corriente de la educación científica, donde tampoco valor tienen las opiniones personales y ninguno alcanzan los odios.

                                                                           Omar Dengo,

Heredia, octubre de 1920

 

 

PEDAGOGÍA EXPERIMENTAL1

 

 

Estos problemas, los más importantes de la escuela actual -los de enseñanza higiénica y psicológica- están por estudiar en Costa Rica. - La escuela Normal y la Jefatura Técnica carecen de los medios adecuados al trabajo que las soluciones de tales problemas suponen-. Hacen falta bibliotecas modernas y abundantes al alcance de una oficina de investigación; hacen falta laboratorios de psicología y de educación experimental; hacen falta escuelas experimentales u organizaciones que permitan aprovechar el trabajo de las comunes al efecto de investigar; hacen falta publicaciones para maestros entendidas al modo moderno, es decir, no para la expresión de opiniones personales, ni para recetar planes de lección, sino para promover investigaciones  y exponer sus resultados, conforme a planes científicos; y lo grave es que la ignorancia en materias tan delicadas, y hoy tan complejas, nos sitúa, con todas nuestras pretensiones, en un campo inferior al del analfabetismo que entendemos combatir. De poco sirve la luz cuando se produce a costa de una degeneración de los hombres del porvenir.

                                              

 Abril de 1922.

 

 

TRABAJEMOS DE NOCHE

 

 

"No es libro de actualidad y por eso es más duradero"

 

Palabras de Ángel Ganivet son ésas, que tienen por cierto una relación con la vida de ese grande hombre, en cuanto ella, a fuerza de no perseguir nunca las glorias de la actualidad, obtuvo de ser inmortal. No quiso vivir para el minuto, y vive, tal vez, en verdad, para siempre. A fuerza de hacer vida subterránea, llegó a ostentarla en la más alta cumbre, en la única cuya euritmia, por ser la misma con que perdura el globo, no está sujeta al caprichoso vaivén de humanas alteraciones que promueve el odio o impulsa el amor.

 

En hombres de tan majestuosa talla, hasta las más simples palabras, hasta las que parecen salir de la boca por sí solas, como un descuido, revelan una fortaleza de convicción que no puede ser sino el resultado de un vivir, que por entero se conforma con las exigencias del ideal, de que tales palabras son el vehículo que lo lleva a otros corazones.

 

¿Pero cómo se forman esas vidas consubstanciales con el ideal que las exterioriza? Cómo llega a ser ese ideal una verdadera florescencia de ellas? Precisamente a virtud de la fuerza que  le infunde al espíritu, el recogimiento que sabe ser menosprecio de lo transitorio y sagrado amor a lo duradero de buscarse el trascender por conducto de la historia, sino el revivir en otros corazones, por gracia de una reencarnación en que fluyan las corrientes mismas del universo, con destellos de astro y músicas de arboleda. Misteriosa reencarnación que por provenir del silencio y de la sombra, opere sus  trasfusiones misteriosas por medio de vehículos luminosos y sonoros.

 

Así, trabajando de noche, por amor al propio trabajo, lejos del clamoreo de la opinión catedrática que consagra o anula, semejante a veces, en su algarabía, el piafar oloroso a heno que sale de los establos... y en un tranquilo taller en que no se lean los libros de antropomorfista clasificación, ni humeen los crisoles de la ciencia industrial, trabajando así las juventudes lo son por la vida y por el alma y para la vida y para el alma.

 

Pues que hay dos modos de conformación de las ideas y de los ideales, que entre sí se excluyen: unos son firmes, robustos, concretos y maravillan con las líneas de la obra concluida y con la superior armonía de lo que vive por sí mismo. Otros, apenas si son esbozos, croquis, es decir, conjunto  de trazos que recuerdan, tan solo, la obra entera, pero que contienen la inamovilidad impotente del esqueleto. Aquellos se organizan en el silencio con el vigor de un soplo de eternidad; los otros, que no son susceptibles de organización, adquieren su ficticia estructura deleznable, fuera de la sombra, donde los corroe el soplo del minuto que pasa. Les da vida. Por donde llegamos a comprender que la luz más pura la constituyen las tinieblas. La luz creadora, la lux inextinguible...

 

Las primeras ideas y los primeros ideales, los que viven callados porque llevan su vida en sí, dan la materia en que el tiempo esculpe a los grandes hombres, a los hombres que a su vez han de esculpir humanidades enteras, en un solo bloque que bien puede no ser el mundo. Las otras nutren el espíritu de secta y se convierten por ahí en génesis de la "horda infrahumana" que marcha siempre, en todas las épocas, "a la vanguardia del progreso" y que sin embargo de ir adelante y de llevar la bandera conductora, no alcanza jamás a pisar las tierras donde el "más allá" remoto, sin pasiones y sin cálculos, con frialdad de nieve, hace el balance definitivo de los éxitos y ratifica o revoca las coronaciones.

 

Silencio, pero silencio que vibre con el ruido de grandes tempestades mentales y el ritmo de intensas exaltaciones del corazón. Soledad que sea presencia en el alma de muchedumbres, de anhelos y esfuerzos. Tales han de ser los motores de la vida trascendental y noble. Mas no ha de buscarse el trascender por conducto de la historia, sino el revivir en otros corazones, por gracia de una reencarnación en que fluyan las corrientes mismas del universo, con destellos de astro y músicas de arboleda. Misteriosa reencarnación que por provenir del silencio y de la sombra, opere sus trasfusiones misteriosas por medio de vehículos luminosos y sonoros.

 

Así, trabajando de noche, por amor al propio trabajo, lejos del clamoreo de la opinión catedrática que consagra o anula, semejante a veces, en su algarabía, el piafar oloroso a heno que sale de los establos... y en un tranquilo taller en que no se lean los libros de antropomorfista clasificación, ni humeen los crisoles de la ciencia industrial, trabajando así las juventudes lo son por la vida y por el alma y para la vida y para el alma.

 

 

RIFLE AL HOMBRO

 

 

Como ponemos un seudónimo al pie de estas líneas, hemos de advertir que ninguna de las alusiones en ellas contenidas acerca de ciertos pareceres, pretende referirse a las personas que los han emitido. El empleo decente del seudónimo requiere, de modo indispensable, que nunca sirva para encubrir ataques personales.

 

Cuando salían hacia Panamá nuestras expediciones guerreras, salimos con una de ellas, rifle al hombro. Por cierto que no hicimos otra cosa, una vez que la  expedición llegó a su término, que defendernos de los mosquitos... valientemente.

 

Suponemos que si fuera necesario rechazar alguna agresión, tomaríamos armas otra vez, a pesar de que no estamos seguros de saber manejarlas y sobre todo a pesar de que no querríamos matar hombres.

 

Pero si se estuviera formando una lista de los costarricenses que no quieren una frontera de odios entre Costa Rica y Panamá, pediríamos que se nos pusiera en ella en lugar bien visible. Hemos pertenecido al grupo de personas que se han complacido en corresponder a las cortesías de los maestros panameños. Es más: a algunos de ellos les hemos declarado enfáticamente que nos sentimos obligados y dispuestos a contribuir a la difusión de un espíritu de concordia entre los dos pueblos, digno de las aspiraciones más altas de nuestros tiempos. Nos referimos a las que por sobre fronteras y convencionalismos diplomáticos sustentan los grandes conductores del pensamiento.

 

Porque no es precisamente el Derecho Internacional la disciplina que da las fórmulas de armonía que más atrae a los hombres de mayor significación en el mundo. Buena parte de tal Derecho no pasa de ser retórica leguleya codificada burocráticamente bajo la presión de grandes intereses financieros. Los verdaderos pensadores, los creadores de civilización, los representativos de una superior conciencia humana, han sentido asfixia en  el ambiente de invernadero de las soluciones protocolarias.

 

Agreguemos la consideración de

EL PROBLEMA DE LAS AUSENCIAS1

 

 

El problema importantísimo que a Ud. y a todo maestro consciente tanto preocupa, no ha sido tampoco resuelto fuera del país. Aunque muchas escuelas extranjeras lo afrontan con un acierto que promete soluciones de valor definitivo. Así que los libros que Ud. quisiera leer, no le ofrecerían ninguna. Daríanle, cuanto más, una noción muy amplia por supuesto, de las condiciones en que hoy se plantea el problema en otros países. El planteamiento de carácter nacional, claro es que le corresponde a nuestra escuela. Solo que, muy a pesar de tantos alardes, no está preparada para formularlo.

 

No ignora Ud. que la escuela del país vive sumida en un pasado ya lejano; si bien una que otra de sus manifestaciones parece indicar que tal ambiente comienza a serle inadecuado. La expresión, pues, de éste como de cualquiera otro problema escolares, adopta aquí, necesariamente, una forma impropia de las orientaciones que la época impone. La escuela nacional ante el problema que Ud. propone, acoge o acogería las mismas retardatarias soluciones que por mucho tiempo ha aceptado y que constituyen uno de sus fracasos permanentes, casi escandaloso.

 

Hago notar que cuando afirmo la retardación de nuestra escuela no me desentiendo de tantos generosos esfuerzos como han servido al empeño de edificarla cual cabe. Como Ud., conozco y admiro la obra, en mucho ignorada, de los Brenes Mesén, Obregón, Facio, García Monge, Luis F. González, etc., etc. Sé también de la acción del pequeño grupo de maestros que junto a aquéllos y a algunos otros trabajadores más, son los únicos que en el país conocen o estudian seriamente los presentes problemas, las necesidades, las tendencias de la educación. No omito la apreciación de cuantas circunstancias pudieran favorecer la posibilidad de un avance; pero desconfío, por abundantes razones, de la fuerza que en este momento significarían. Imagine la transformación que resultaría, por ejemplo, de aplicar a plenitud los nuevos programas. Pero Ud. sabe que, sin incluir excepciones casi milagrosas, la escuela los está desarrollando formal, no fundamentalmente; que es decir, externa, no internamente, como lo requeriría la comprensión del elevado espíritu que los anima. Recuerdo a este propósito la característica declaración de un maestro: "lo que importa es aplicarlos, aunque ignoremos los fundamentos de las tendencias que representan". Es decir, lo que importa es resguardar la rutina de toda amenaza de progreso. Traslade Ud. el criterio y la actitud que supone, a los distintos planos en que aparecen los problemas cardinales de la escuela, y encontrará cómo, convertido en clave, irá mostrándole buena parte de la explicación del estancamiento y del naufragio que presenciamos.

 

Ahora cuando la inquieta el problema, pregunte Ud. a la Jefatura Técnica y Administrativa, cuál es, en el circuito en que Ud. trabaja, la causa dominante de ausentismo; cuál el porcentaje medio, anual, mensual, diario, conque ha ocurrido o concurre a la producción del resultado; cuál la razón de ser de su predominio; cuáles los recursos ensayados para combatirla; cuáles las condiciones en que ocurrió cada ensayo; cuáles los respectivos resultados, etc., etc. Pregunte Ud. con respecto a otro circuito. Pregunte las cuestiones que interesarían a la solución de algún otro problema. Nadie sabrá contestarle. Al menos, nada se le contestará que por su valor técnico y por la experiencia que traduzca, convenga al progreso del trabajo de Ud. Esta incapacidad de las instituciones educacionales para aprovechar la propia y la extraña experiencia, la encontrará Ud. en todos los aspectos de la vida institucional del país. Es signo de organización rudimentaria.

 

Comprenderá, cuando determine la situación íntima de la enseñanza, por qué en la Escuela Normal -de 1915 a 1917- se intentó promover la formación de un maestro de otro tipo. Un maestro creador de patria como lo llamaba García Monge, un maestro leader de la democracia, como decía Torres, un maestro que solíamos llamar dinámico, progresivo. Un maestro apto para impulsar la escuela hacia una reconstrucción, dentro y fuera de las aulas, capaz de levantarla hasta la altura en que el pensamiento contemporáneo la destina a promover la vitalidad espiritual de las naciones.

 

Comprenderá, -para aludir al caso de su problema- por qué Torres, García Monge y Corina Rodríguez, procuraron conformar la enseñanza de la Administración Escolar, con las normas que la dirigen desde que sus problemas entraron en el concepto de lo técnico. El comentario de la Ley de Educación Común, no cabe ya en un curso de Administración. Pertenece Al de Historia de la  Legislación Escolar. Menos, si como de ordinario sucede, es un pobre comentario, menesteroso de ciencia y filosofía.

 

En los mencionados cursos, el problema del ausentismo era propuesto con relación a un orden de hechos bien diferente del en que se le sitúa. Era un problema relativo a la constitución de la escuela, o sea, a sus propósitos, a sus fundamentos, a su más interna estructura. La solución no se le encomendaba, como en los hechos, a la policía, ni al régimen disciplinario de la escuela.

 

Basta contemplar la constante lucha entre el hogar y la escuela, de que tanto se duele el maestro, para juzgar las cosas de otro modo. La escuela la comprende y la explica como ignorancia del hogar; como desidia u hostilidad engendradas en ignorancia. No obstante, otro puede ser el origen. Porque acontece que la escuela no siempre merece el cuidado ni el sacrificio que la asistencia del niño exige. La indiferencia o la hostilidad de los padres son muchas veces una gravísima acusación cuya importancia acrece se pretende esquivarla. Por lo común, en el ánimo del padre, va el hijo a la escuela a aprender lectura y escritura. Ya no solo el maestro rural, sino que también urbano, saben que la familia necesitada de los servicios del niño, los retira de la escuela, del todo o con frecuencia. Poco le importa que no estudie, a cambio de que ayude al sostenimiento del hogar. A veces, a costa de su salud y aún de su vida. Una viejecita de Heredia me decía: "Si mi nieto encontrara en la escuela cómo ayudarme a ganar la vida, yo no tendría inconveniente en enviarlo". Palabras que no se tacharán de ignorancia, pero tras las cuales querráse descubrir solamente la miseria que devora al país. Sin embargo, al maestro podrían seguirle fecundas reflexiones.

 

La conducta del hogar frente a la escuela, se corresponde con un criterio del objetivo y de la labor de ella, inspirado por esa misma labor. Es algo accesorio la escuela len la consideración del padre, porque así lo es en la vida del hijo. Porque a través  de éste no llega al hogar una actuación de la escuela que la acredite. Porque a la vida del niño tampoco llega.

 

Mas si lo atrajese por amor; si éste naciera en la satisfacción que el niño encontrara en la escuela, se sus problemas y necesidades; en la cordial y sabia atención de sus inquietudes; en la solicitud que rodeara sus flaquezas; si allí se le amparara y socorriera maternalmente; si conscientemente se le guiara; si se le respetara; se le comprendiera; se reconociera el profundo sentido en que el niño solo tiene derechos; entonces sentiría y amaría el niño a la escuela como algo esencial de su vida. Y colmada ésta de los dones que el aula prodigara, sería el niño en el hogar, el defensor vigoroso de los intereses de la educación. ¡Los más altos, digámoslo otra vez, los más altos del país!

 

La escuela que la viejecita concebía se desenvolvería espontáneamente y con toda amplitud dentro de esa órbita de amor y de respeto al niño. Pero de la pedagogía de la viejecita hablaremos en otra oportunidad.

 

No va a decirme Ud. que conocemos en el país la escuela que hemos soñado. Porque sé, desde la época de Montaigne, cómo fastidia, cómo deprime, cómo atormenta y aniquila la escuela a los niños. Porque sé cómo consume en un derroche sombrío, la savia espiritual de la nación. Así la primaria, como la secundaria. En innúmeras ocasiones el niño tan solo es un pretexto, infamado de codicia, para que el maestro perciba un salario. Desgracia que éste no le da para vivir al maestro lo que merece. Pues si muchos maestros de espíritu apostólico, permanecerán en las aulas, gloriosamente miserables, también acudirán a ellas muchas gentes con hambre de pan y de luz.

                                                                      Omar Dengo.

Agosto de 1918.

 

 

EL SENTIDO DE LA POLÍTICA

 

 

Con ocho días más que discurran ya estaremos en elecciones y triunfantes, por lo menos en el sentido que más nos importa: en el haber hecho oír la voz de los principios.

                                                                                                           

Cuanto a la política, le diré francamente que en el primer momento, después de conocido el resultado de las elecciones, cometí el error, grave, de desalentarme. Poco después miraba las cosas con el ánimo optimista que suelo ostentar. Supongo que usted conoce el aspecto que últimamente muestran los sucesos y que han desaparecido sus temores. Para mí todo esto tiene un gran interés como fuente de reflexión, que es decir, el desenvolvimiento de la conciencia social. Claro es que, como costarricense, no puedo entregarme a especulaciones frente a los problemas políticos, sino que debo mirarlos prácticamente, pero tampoco abandono las consideraciones que pueden conducirme a penetrar en el sentido de lo que en ellos es capaz de representar un valor permanente. Quiero decir un valor de porvenir y de juventud, porque debemos hacernos la ilusión, creadora, de que estamos buscando un campo para una obra, y de que estamos preparándonos para ella y de que estamos ya realizándola. Pero en el fondo mi criterio es el mismo de hace muchos años: la política se engrandece cuando se consigue ponerla fuera del alcance de los politicantes, y mientras éstos la dominen, lo poco, lo único que podemos hacer los idealistas es -y recuerdo con horror a Maquiavello - evitar que nos conviertan en instrumentos de intereses de ellos aunque, a veces, nos encontremos en el caso de aceptar sus intereses como carriles de aspiraciones más altas, de las más altas, si es posible.

                                                                                                    

 Diciembre, 1923

 

HOME CREDITS1

 

 

En la tarea de asociar más íntimamente el trabajo de la escuela la vida doméstica, la institución del home credit logra ser instrumento muy eficaz. Los home gardens que tan acertadamente organiza y difunde el empeño de Juan José Carazo, son una forma importantísima de los home credits y nos dan un cabal ejemplo del valor que éstos alcanzan a significar cuando se manifiesta del todo alguna se sus múltiples posibilidades.

 

La actual organización de los home credits, en las escuelas norteamericanas, se conforma, en general, con la estructura del plan de O`Reilly, de Palk County, Oregon, -iniciador del sistema-. De acuerdo con ese plan, la escuela equipara el trabajo realizado por los alumnos al servicio del hogar, con el que hacen dentro del aula. Así, el trabajo diario de encender el fuego y el de bañar al niño recién nacido, equivalen respectivamente, al cabo de un término convencional, a cinco y diez minutos de trabajo escolar. De modo semejante, todas las ocupaciones y actividades del hogar, le dan derecho al niño por su participación en ellas, a un día de asueto, en cierto momento. Este día, así conquistado, como es de triunfo, lo es de verdadera fiesta. Pero conviene observar que por acuerdo del padre y del maestro, ambos juzgan el trabajo. Debe éste consistir en obra bien hecha, y cada día mejor hecha. Los respectivos procedimientos los sugiere o enseña la escuela, por donde se abren a su llamado las puertas del hogar, con una amplitud propicia decisiva.

 

Una vez que la escuela sea colaboradora directa de las faenas domésticas, puede serlo tan activa, tan diestra y noblemente, como para representar allí el mejor esfuerzo de la civilización. Con lo que queda sugerida la importancia de la institución en cuanto a su través entra la escuela al hogar; sin hacer mérito de que los recursos de la escuela se enriquecen pródigamente, en todos los aspectos de su trabajo. Los puntos de apoyo y las direcciones de su labor, se multiplican y amplían en circunstancias que rodean a aquélla de una realidad vital. La aplicación de conocimientos, la correlación de materias o tópicos, la motivación de la enseñanza, la formación o el desarrollo de virtudes de hogar, la educación de los hábitos de servicio, etc., encuentran en las relaciones con el hogar, una real razón de ser, un propósito definido, una constante sugestión de normas e iniciativas, etc. En suma, cuanto conviene a que la escuela adquiera aptitud para afrontar sus responsabilidades de institución social, matriz de progreso, alma mater de civismo y renovación espiritual.

                                                                                                     

  Septiembre, 1918

LA CIUDAD ESPIRITUAL

 

 

Pienso en la obra social de Patrick Geddes, una de las formas del esfuerzo de espiritualización del mundo que ha merecido ser señalada entre las que comportan aspiraciones a una nueva civilización. Llamaría a este original y noble profesor, el constructor de la ciudad espiritual. Diría que es su propósito el  de edificar con belleza, si se entendiera que no corresponde simplemente al posible ideal de un arquitecto. Porque Geddes más que esto es un pensador y un moralista, y en cierto modo, uno de los creadores de la que se ha dado en llamar Sociología Cívica. Su tendencia propende a la construcción  del hombre interno, por medio de la material edificación de la ciudad. Este es su principal instrumento de acción dentro de las posibilidades de una norma que nos hace pensar en otro inglés: Ruskin. Edificar ciudades bellas como un modo de contribuir a formar hombres buenos. De esto han hablado en nuestra América Leopoldo Lugones y Pedro Prado, con una distinción admirable.

 

Proyectar sobre la ciudad material la más bella luz del espíritu de sus habitantes, de suerte que animada de nuestra vida la fábrica, alcance a arraigar, más profundamente que en el subsuelo, en el amor de belleza y en el amor de paz de los hombres. Pero hay una más leal expresión del contenido íntimo de las iniciativas de este civilizador: darle conciencia a la ciudad, acaso mediante la reincorporación al trabajo de la gracia que en otras horas derivaba de las disciplinas del misterioso arte operativo.

 

Comunicar a los cimientos de la ciudad, a sus vías, muros, torreones, en el contacto con nuestro corazón, algo de nuestra ansiedad de perfeccionamiento. Transformar las vetas de la piedra, en la comunicación con nuestro amor, en arterias que conduzcan la humana inquietud para que ésta sea el sustento de la ciudad y como una savia hechizada lleve al seno de los mármoles el estremecimiento de nuestra ilusión.

 

Sabemos que algo nuestro prosigue su vida en lo que hace nuestra mano; y si aprovecháramos todo el valor de tal condición, convertiríamos la obra nuestra en vehículo de un constante y progresivo renacimiento. Por su virtud el trabajo iría dejando de ser conquista y dominio impuestos a la naturaleza y a los demás hombres, para convertirse, tras hondas mudanzas, en conquista y dominio de nosotros  mismos. Verdad que el hombre habría de trabajar en la obra más conveniente a sus capacidades, entendidas en aquel sentido que determinase la preponderancia de las cualidades expresivas de lo que constituye la devoción.

 

Comprendemos que si el trabajo supone una participación activa de las cosas en los designios de nuestra vida, lo que de ésta le cedamos, lo que ellas vinculen a su transformación, eso es lo permanente y esencial en el trabajo. La obra mejor, la de los que dieron lo mejor.

 

Consideraciones semejantes conducen a Gedes a la exaltación del valor espiritual del trabajo de la mano, tan noblemente comprendido por algún poeta inglés. Y a través de la exaltación, al culto de la obra material, en cuanto adquiere uno como poder de orientación sobre la vida humana. La mano que fija un ladrillo en el tejido de un muro, si con amor de perfección, lo coloca en la senda de los hombres dotado del prestigio de un signo de felices advenimientos y le trasfiere una fuerza capaz de coadyuvar a aceptarlos.. Al cabo, la ciudad levantada en obediencia a esta fe y a este ensueño, representaría para sus habitantes y para los peregrinos, algo nutrido de un altísimo significado espiritual y del vigor simbólico de una Catedral de Reims. Viene bien pensar cómo contribuyó ésta a crear y organizar un sentido moral en la gran guerra. Y cómo así, el símbolo, que es fuerza y dirección, poder, promovería el encauzamiento de las voluntades hacia una aprehensión más completa de las funciones de la responsabilidad, fecundaría el cultivo de una superior simpatía y de una más cordial asistencia entre los hombres. La ciudad en torno de ellos sería milagrosa por el poder de evocación de las cosas más altas y de las eternas. Sería una protección contra el decaimiento de las devociones, de las nobles preocupaciones, y del vivir inspirado en el ansia de fraternidad.

 

Por mucho que fuera tormentoso el tráfago que inundase a la ciudad, ésta, vitalizada por un ideal, majestuosa de belleza, lo tornaría en sutil y armoniosa aparecería en medio de la belleza ambiente, con matices de tragedia de dioses, cuya sangre ennoblece y redime siempre.

 

Patrick Geddes cuyas fundaciones son ya fecundamente estables, abarca de pleno el aspecto que atañe a la preparación del individuo para la original empresa. Ha hablado de despertar la conciencia cívica a la vida de una acción hondamente espiritual. ¡Qué altura la de estos países en que se trata del refinamiento y de la elevación de la conciencia cívica, matriz de la civilización! En los nuestros apenas cabe hablar de despertarla, no a una vida superior, sino solamente a despertarla...

 

El ejercicio de una ciudadanía espiritual ya parece cosa propicia a las necesidades de un Reino de Dios, y es, sin embargo, como éste, sencillamente humano...

                                                                                                            

  Junio, 1919

 

LA FLOR DE LOTO

 

 

Sé decirle, porque lo aprendí en lo más hondo de la vida, que la suya será noble y grande y bella, en la medida en que la sabiduría de su corazón se manifieste en ella. Usted sabe que la flor de loto ha sido durante muchos siglos en el Oriente el símbolo de la vida humana. Porque la planta vive, al mismo tiempo, en tres distintos mundos; la tierra, el agua, el aire. Florece en el aire, sobre la superficie de las aguas, y en la flor se concentra la gracia y se muestra la maravilla de la vida. Nosotros florecemos en el mundo del corazón y es maravillosa la florescencia, si la tierra y el aire que nos nutren ascienden tras una constante aspiración de Virtud y de Belleza.

 

¡Espejos mágicos!, aprende a mirar en ellos. El hombre de quien voy a hablarte, no supo hacerlo. Largas las horas, las pasaba ante un espejo de estaño, en el afán de obtener una revelación. A este hombre le inquietaba profundamente su porvenir.

 

Quiero saber cómo viviré mañana.

 

Al cabo vio. Vio su vida, durante un día, veinte años, tan solo habían acercado su muerte. La visión lo enloquecía. No pudo comprender que el espejo le hubiese anticipado tantos sucesos, y  en los  días que vinieron erró por la ciudad repitiendo enronquecido: "¡He roto el tiempo, he roto el tiempo!"

 

LA VIDA DE LA ESCUELA1

 

 

El nuevo curso fue inaugurado a las 7 p. m. del 20 de febrero, por medio de una asamblea pública de alumnos y profesores, en la cual el señor Director pronunció un discurso en conformidad con el esquema siguiente:

 

a.       La Escuela en relación consigo misma.

b.      En relación con los graduados.

c.       En relación con la ciudad.

d.      ¿Cómo solucionar la situación económica de los estudiantes más pobres? Las libretas de cuentas personales. Las actividades manuales y agrícolas y su sentido económico dentro de la Escuela. Beneficencia y ahorro. La cocina escolar. Anteojos y malas dentaduras. Las cédulas de salud. Las relaciones de los mayores con los más chicos. Los clubes; las nuevas posibilidades de acción. El ornato de la Escuela;  cada cual una planta. La ocupación favorita. Más actividades científicas. L'esprit de suite.

e.       Un departamento de correspondencia. La revista La Obra.

f.        Más acción social. La escuela nocturna de obreros. El ornato público. La Plaza Flores a cargo de la Escuela Normal. Veladas en pro del Hospital de la ciudad.

 

 

SALUDO A LOS ALUMNOS

 

 

Temprano del día de la inauguración, el señor García escribió en el pizarrón de la Secretaría de la Escuela estas palabras, tan sencillas como nobles:

 

"Hijos míos, sean ustedes bienvenidos. De nuevo están en su casa. En este día, aséenla, reúnanse, conversen, cambien impresiones, organicen su trabajo y formulen sus buenos propósitos; todo en honra, gloria y progreso de su Alma Mater. El Director."

 

Comentarios: Los colegios suelen recibir a los alumnos, cuando estos regresan de sus vacaciones, con la amenaza de la repetición de exámenes. Lo cual contribuye eficazmente a estorbar la formación de un espíritu institucional orientado hacia el cumplimiento de los fines permanentes de la educación. El alumno siente desde el primer día de clases, a que la reanudación de éstas constituye una forma de vida hostil a la maravillosa espontaneidad con que en todos los momentos se le reveló la naturaleza y se le reveló su alma, en medio de ella, durante las horas de vacaciones.

 

Los padres de familia deben oír de labios del Director del colegio, cada vez que se inicie un año d estudio para los hijos, la formulación clara, amplia, razonada, de los propósitos, normas y medios determinantes de la vida del establecimiento. Los alumnos deben oírla también

 

 

 

ESCUELA DE ARTES Y OFICIOS

Palabras preliminares

 

 

El problema hay que abarcarlo en toda su majestuosa amplitud. En esa tarea, que sobrepasa los bordes de la discusión personal, para remontarse a la altura en que distiende sus prestigios una noble idealidad, si quiere un campo nuestra pluma. Porque se facilita la labor que tal anhelo entraña, es que poscausa grata complacencia la intervención en el debate, del señor Director de El Republicano cuya categórica declaración de que no mediarán de esta vez en el logro de la grande obra los ya conocidos y siempre perversos intereses de la pérfida politiquería que aquí suele hundirlo todo en los abismos del fracaso, resulta de cierto halagadora y digna de un aplauso efusivo que regocijados le brindamos. Tiene la virtud de abrirle cauce amplísimo a la convicción enemiga, de retroactivos sectarismos, que en este momento nos empuja a declarar, con voz muy alta, que ha de comprenderse la tendencia armonista (sic) del grupo literario de este país, como una profunda aspiración ética, basada en la más racional concepción de las leyes cosmológicas, que es resultado de un proceso filosófico surgido de las propias fuentes de la naturaleza, y que excluye de la zona ilimitada en que busca efectividad, todo aquello que, por venir de la región no evolucionada de la conciencia, pueda de algún modo obstaculizar la inclinación manifiesta del individuo o del conjunto de individuos, a desarrollar integralmente todas las fuerzas psíquicas que constituyen su retrasada personalidad.

 

Es lo que bellamente expresaba Ossip Lourié -el amable comentador de la filosofía tolstoiana- en estas palabras: "la vida recompensa a quien la busca, no a quien evade su contacto. Creo que algún día conocerá el hombre la verdad final de la vida, mediante sucesivas transformaciones, más o menos penosas, que lo purificarán al punto de hacerlo apto para comprenderla y amarla; al punto de permitirle alzarse a mucha altura sobre si mismo y dar nacimiento en esa suerte de vuelo de águila o de alba hermosísima, a una especie más poderosa, casi perfecta que al fin igualará a la ideal abstracción de todos los siglos: la divinidad".

 

Nosotros buscamos la vida para salvarla de las mutilaciones a la que la somete el egoísmo ancestral que refinadamente se expresa en la injusticia yen el odio

DECÁLOGO DE LA DEMOCRACIA1

I.

 

 

Los problemas de la democracia son objeto de constante debate. Los unos proclaman la bancarrota del sistema; los otros preconizan su triunfo. En el país, con ocasión de la propaganda política, se habla de la democracia hasta por los codos y a veces...hasta los codos. Cada orador, cada propagandista, define o interpreta el sistema a su modo. Hay preocupación siquiera fingida, siquiera transitoria, y si con ello no tiene el pueblo una clara oportunidad de cultura, cuando menos son disimulados los insultos por un rato, o, para hacer más ameno el espectáculo, aparecen los improperios en escena con traje de ideas... lo malo está en que a veces se miente mucho; y con facilidad se piensa que un escándalo, por ejemplo, es una privilegiada manifestación de espíritu democrático.

 

Los americanos del Norte, de los cuales tanto se dice que realizan la más grande farsa democrática del mundo, como se dicen que viven a perfección el sistema, aplican a todas las actividades de su país el mismo procedimiento de análisis y medida. Del mismo modo disponen de una oficina para determinar cuál es el cemento de mejor calidad o el más resistente tipo de caminos, como nombran un comité encargado de determinar cuáles son las características del gobierno democrático. En efecto, el comité se reúne, presidido por profesores universitarios, oye las opiniones de la mayoría de los políticos y después de una serie de deliberaciones, formula solemnemente el decálogo de la democracia...para uso de sus compatriotas.

    

 

COMENTARIOS SIN ORDEN

II-

 

 

Novedades yanquis, como se ve, aunque...demasiado humanas. El aparato magnificador de la voz que usan en fonógrafos y aparatos de radiotelefonía, parece ser allí de aplicación universal. En cambio, cuando se trata de cerrar los oídos al clamor del mundo, no hay hermetismo tan completo como el de los yanquis.

 

¿Qué hay en el fondo del análisis de la democracia? Poca cosa, quizás. Los derechos del hombre, como siempre, es decir, sin una norma que determine su naturaleza y campo de acción. ¿Pero es que alguien podría fijarla? ¿Es que alguna de las normas de antaño señaladas puede realmente cumplir esa función? Normas aparentes son las que imperan, y quizás venga de ahí la duda que, como a tantos otros, parecería asaltar a Materlinck cuando se inclina a creer que las termiteras están mejor organizadas, mejor regidas que las sociedades humanas. Normas aparentes son, cuando menos, las que los hombres definen como tales; pero ello no sería obstáculo a la posible dominación de verdaderas normas, de normas naturales, inasibles dentro de las estructuras de los sistemas humanos. Con toda la Economía Política que los hombres saben, no se organizaría la vida económica de una termitera. Con toda la moral de los hombres, no se inspiraría la vida de sacrificio de tantos seres a él destinados, como son los que en las termiteras perecen. La potencia que al decir de Maeterlinck regula la vida de los termites, acaso pudiera ser la misma que dirige a los hombres, pero manifestando su actuación en más complejo escenario. Y los sistemas humanos podrían ser entonces meros ensayos de interpretación, acomodada a condiciones históricas, de medio y de raza, de la naturaleza, de las posibilidades y de los objetivos de la oculta potencia directora. ¿Casualidad? ¿Providencia? ¿Mecanismo? ¿Qué por fin? Pero así marchamos.

 

Aparece la cultura como fundamento del sistema democrático. ¡Ojalá! Pero ese hecho basta a dictarle a la cultura un rumbo. La democracia entra a definir el sentido de la cultura. Probablemente cualquier sistema de gobierno presupone la existencia del mismo fundamento y, en lo tanto, ofrece la misma objeción. Afortunadamente la cultura puede romper todos los grilletes. Como la energía solar, puede el hombre utilizarla y transformarla, pero sujetándose a ella.

 

¿Quién fija los  límites entre lo socialmente ofensivo y lo que les, al contrario, socialmente deseable? Es evidente que Sacco y Vazetti, por pertenecer a los llamados partidos radicales, caen dentro de la primera zona, -que en este caso resulta trampa.- Como, a su vez, caen dentro de ella, a los ojos radicales, el juez Thayer y el Gobernador Fuller. Por el momento, tiene  la razón el que tiene la mayoría y con ella la fuerza.

 

De ahí que la auto-afirmación de derechos, deberes y oportunidades, es decir, la exaltación de la personalidad, deja de serlo realmente para convertirse en aceptación de normas impuestas por las mayorías de cada momento. Es la permanente oposición entre individuo y sociedad y entre mayoría y minoría. Es el esfuerzo complejo y confuso por buscar un estado de equilibrio entre dos extremos que tal vez no lo admiten, según parecería indicarlo la constante y trágica lucha. Quizás la oposición debería ser planteada entre otros pares de conceptos opuestos y no entre ésos, o debería ser planteada en otra forma.

 

Igualdad, a pesar de todos los evidentes designios de la naturaleza. Igualdad democrática, -la cual evade los absurdos que entraña, mediante requisitos y condiciones opuestos, precisamente, a toda tentativa de coacción igualitaria: habilidades, capacidades, etc. Pero en todo caso, estos yanquis han ido algo más allá de donde llegan los que entienden la igualdad con el aplastante criterio de la vulgar concepción democrática.

 

Mientras domine la mayoría o se pretenda que domine, mientras el poder le corresponda necesariamente, no caben limitaciones del ejercicio del poder. Si la mayoría se equivoca, si la mayoría delinque, ¿quién rectifica el yerro o, su caso, quién aplica la punición? O no domina efectivamente la mayoría ni debe dominar, y en esa coyuntura sería más cuerdo reconocerlo así. El predominio mayoritario no puede disponer de las aptitudes necesarias para elevar, como se desea, el sentido de la responsabilidad, la aspiración individual, el concepto del derecho o el sentimiento del deber. Ni puede valorar la significación del esfuerzo propio ni del servicio equivalente.

 

Lo grave, no obstante ser lo natural, es que tras los comentarios casuísticos del comité, que son extensos, se extienden, como un oleaje, el formidable ruido de máquinas de una civilización ostentosamente industrial y que creería realizar con ello las únicas posibilidades de la dignidad humana. Lo grave, porque es país que da ejemplo o lo impone.

 

Hay mucho todavía de la agresividad del cow-boy, convertida, laboriosamente, sin claridad, en filosofía. Hay mucho de primitivo y propio así de ese gran pueblo genialmente ingenuo, que estampa en su  moneda omnipotente una declaración de confianza en Dios: In God we trust.

 

Difícil, ciclópea tarea, ilustrada por grandes vidas y grandes gestas, ésta de definir y aplicar sistemas de gobierno. De Aristóteles a Lenin parecería no haberse hecho otra cosa que buscar la relación entre dos especies de conceptos: absolutos, los unos; relativos, los otros.

 

Sigue el hombre, mientras tanto, escapando, a veces trágicamente, a la presión de los sistemas. Hay hombres en los cuales no encuentra el sistema, la resonancia que requiere; y hay hombres en los cuales la encuentra.

 

Por cierto que cuando uno piensa en la democracia, -el gobierno y el ensueño de su país-, recuerda con amargura la reflexión de uno de los grandes críticos franceses: la democracia de Atenas mató a Sócrates. Aunque no olvida que en ella encontraron ciertos hombres la oportunidad de revelar su grandeza.

 

 

   

EL CASO DE DON SAMUEL SÁENZ

 

 

Sin pensar en esta fiesta, que el señor Sáenz y a mí nos ha tomado por sorpresa, había escrito, para publicarla en El Compañero, una página referente a don Samuel. Me parece oportuno leerla ahora y pedir a Uds. que perdonen sus deficiencias.

 

El caso del señor Sáenz merece que reflexiones en él los jóvenes. Lo digo a propósito de los muchachos de nuestra Escuela.

 

Se ha tomado de "profesores de idealismo"  y de "profesores de energía". En presencia de la vida y del trabajo del señor Sáenz debe hablarse de "profesores de rectitud". Esta cátedra de rectitud lo es también de energía, en un sentido nobilísimo, y también lo es de profundo idealismo. Mas trátase de rectitud que se taraza en delicadas líneas de belleza moral, rectitud consciente y, si viene bien decirlo, flexible rectitud que en nada es semejante al borde de envejecido infolio, sino que algo ostenta del rayo de luz.

 

De tal palo tal astilla, dicen los mayores, y entre ellos el patriarca de nuestra Escuela, don Tranquilino, que es el roble de donde tenemos con orgullo este brote vigoroso.

 

Hace poco que el señor Secretario de Educación Pública, con acierto le propuso a don Samuel que aceptara la Jefatura del departamento Técnico de Construcciones escolares, y don Samuel rehusó aceptar la proposición fundándose en que no cree poseer la aptitud conveniente al ejercicio de aquellas funciones. ¡Él, laureado distinguido de la Real universidad de Bologna, él, que dentro del país, en Obras públicas, y fuera -en EE.UU., Colombia y Panamá, - en asocio de ingenieros y geólogos de nota, ha demostrado poseer una competencia perfecta!

 

Don Samuel da la explicación de que no posee experiencia en construcciones ni debe adquirirla a costa de obras nacionales. Esto es sencillamente admirable, sobre todo en un país donde la audacia suele reemplazar a la experiencia.

 

Poco después, también con acierto, el señor Secretario de Fomento le propone que asuma la dirección del departamento de Caminos nacionales, y el señor Sáenz no acepta el carago, entre otras razones, porque juzga que no debe privar a la Escuela Normal, repentinamente, de su secretaría y profesor de Matemáticas.

 

 Expone él, esa razón y a mí, a quien él honra con su confianza, me declara que además de tales motivos hay en su ánimo el temor de que le sería difícil encontrar los medios de controlar necesarios para el efecto de afrontar una responsabilidad tan grave. Y para hombres como él, la responsabilidad tiene un valor predominante. Lo cual, también es escaso entre nosotros.

 

Pienso, pues, que advertidos los jóvenes de tales actitudes de su Profesor, conocedores de cuánta es su competencia, sabedores de que pecuniariamente se perjudica con permanecer en la Escuela, de que pierde así bellas oportunidades de progreso profesional, de que se sacrifica, en suma, convendrán conmigo en que le somos deudores de un gran servicio de la juventud de la escuela. Y todo el bien excelente que esta juventud sea capaz de dar como flor de su corazón.

 

Pero interesa más que todo, que los jóvenes aprecien una vez más el hecho de que el Profesor de Matemáticas, no es, en primer caso, un mero expositor de lecciones, ni, en el segundo caso, un simple funcionario administrativo, sino que, además de su saber, de su tenaz actividad, de la abnegación con que entrega buena parte de sus haberes a la protección de los estudiantes, -hay en él, como fuente de la cual todo ello fluye, una conciencia límpida de lo que es dignidad humana y una comprensión alta del concepto de ciudadanía.

 

Es don Samuel el hombre que yo querría ver alguna vez encargado de la Secretaría de Fomento.

 

He dicho varias veces en la Escuela que no me importaría que los alumnos no aprendieran Historia con su prof. Don Tranquilino Sáenz, a cambio de que tengan ante sí el ejemplo de su vida, que es historia viva de hombría de bien costarricense.

 

Y declaro ahora que me preocupa más el aprendizaje con don Samuel Sáenz, de su rectitud, de su amor al trabajo, de su noción de responsabilidad, que el aprendizaje de la ciencia maravillosa de Euclides. Él es de los que pueden enseñar cómo la ciencia emancipa. Por fortuna para los estudiantes, profesores como ellos, -el padre y el hijo- y como otros de esta Escuela tan combatida, dan con su espíritu mismo, la mejor de las lecciones.

 

Y adiestran así a la inquieta mocedad en aquel exquisito saber de cómo el conocimiento puede trasfundir sus savias de luz en sangre y convertirse en conducta, en acción, que es decir, en vida.

 

En nuestra Costa Rica, donde cuentan que un ilustre gobernante ha dicho que hay dos períodos de gobierno, uno de hartazgo y otro de trabajo, conviene traer a la vista de los jóvenes estos ejemplos, casos excepcionales de hombres que pertenecen siempre al segundo período.

 

Y conviene más tenerlos ante los ojos cuando éstos sufren la ofuscación de ese espectáculo que llena de vaivenes los pasillos de Palacio, de sombra a las almas, y de vergüenza a los que el país conserva de sensato y de puro. Eso de que a cada cargo público lo amenaza el atentado de centenares de aspirantes, de los cuales quizás solo cinco acreditan la idoneidad, en tanto que los restantes solo tienen la ambición, o, lo que es peor, pretenden convertir la función pública en detentadora ventaja personal.

 

Leía hace poco, en relación con un hombre y educador eximio, Charles Eliot, que el Presidente de la Universidad de Virginia ha hecho rodear su escritorio de cuatro retratos memorables: Jefferson, que significa libertad; Erasmo, que es estudio paciente iluminado de sabiduría; Roberto Lee, que encarna elegancia moral y distinción; y el propio Eliot, por fin, que entre otros dones expresa una fe inconmovible en el porvenir.

 

Si es lícito, como reza la locución, comparar con los grandes las cosas pequeñas, yo confesaría que entre los ejemplos que he recibido en la Escuela de alumnos y de compañeros, que compañeros son todos, me complacen hondamente los ejemplos que recojo en mi oficina. En la pared situada detrás del escritorio hay un busto de Marco Aurelio, y al frente, en otro escritorio, admiro cotidianamente la labor de don Samuel, cuya obra es enseñanza, como lo es su vida y lo es, delicadamente, su cordial amistad.

 

Jóvenes: un voto de nuestro corazón por el bien de este hombre.

 

PASCUA DE RESURRECCIÓN

 

Acabamos de celebrar la Pascua de Resurrección y acaban de abrirse las fuentes de los cielos para que el agua empape los senos de la tierra en esta bienvenida primavera. ¡Pascuas de Resurrección, lluvia de la recién llegada primavera! ¿Qué relación tienen estos dos hechos, el uno que acaso evoca nuestras devociones místicas y el otro, alejado de nuestras cotidianas preocupaciones por el olvido en que vivimos de la naturaleza, los milagros que se realizan en la tierra? ¿Y, sobre todo, qué relación tienen estos dos hechos con la vida de ustedes? Permítanme desenvolver estas ideas y acercarme a su pensamiento con este sereno gozo de la época y situarme en donde puedan escucharme, es decir, comprenderme.

 

En una sucesión de crepúsculos rojos y dorados bajo la caricia de los cefirillos que galoparon del norte, el sol secó la tierra, nuestra generosa tierra, y las plantas agonizantes abrieron sus flores para dejar en el polvo las semillas dormidas. Como un sepulcro que escondió la vida ha sido la tierra reseca; pero estas lluvias de primavera son el soplo que infunde la vida o que proclama a los vientos la voz de resurrección. Todo reverdecerá, todo será esperanza y la nueva cosecha endulzará los labios y el hombre vivirá. Lo que parecía muerto renacerá, revivirá, rejuvenecerá, se levantará de las sombras con este riego de los cielos. Fuerzas trepidantes ascienden de las entrañas de la tierra y llegan de lo infinito de los cielos para engendrar la vida múltiple y eterna..

 

No hay que esperar que lleguen los años maduros para empezar a reflexionar en todo eso que hay de grandioso en torno de nosotros, desde las lumbres del alba asomada en la cima de las montañas y la noche bañada en la luz de un astro extinguido, hasta el despertar de la primavera con sus maravillas y su esplendor y el pensamiento devoto, que surge en relación con la vida de un santo o un Dios. Porque ya han dicho todos los que han hablado con voz autorizada que la juventud es la  época para el aprendizaje en las aulas -acaso el peor de cuantos aprendizajes pueda el hombre realizar- sino la época propicia para adquirir aquella sabiduría que debe enraizar en el corazón, en la comprensión nobilísima de la vida, sabiduría que despierte nuestra conciencia y encamine nuestros pasos por los senderos que conducen a la ansiada felicidad.

 

Pasó la Semana Santa y llegó el domingo de Resurrección. ¡Cuán pocos de ustedes se han detenido a pensar en estos acontecimientos de tan grandes proyecciones para los hombres! ¡Cuán pocos abrieron las páginas del Evangelio para leer con deleite, con fervoroso deleite, las palabras de Marcos, de Lucas, de Mateo o de Juan! ¿Quién se detuvo, humilde y admirado, ante la majestuosa bondad, ante la dulce y glorificada bondad del Sermón de la Montaña, para sentir, conmovido y elevado, la profunda y consoladora verdad de la Palabra que, como música, toda amor, va diciendo a las multitudes: "Bienaventurados los mansos... bienaventurados los limpios de corazón...? ¿Cuáles de ustedes, mujeres delicadas, guardadoras del secreto eterno de la vida, cuáles de ustedes, niñas fieles en el recuerdo, fieles en el amor, todo adversidad y tinieblas o todo dicha y luz? ¿Cuáles de ustedes se detuvieron a meditar ante el ejemplo doloroso de las mujeres del Evangelio, de la Marías, de las Martas, de las que no se citan y que son, como ustedes, fuerza creadora en el mundo? ¿Cuáles?...

 

El silencio está respondiendo porque, en verdad, son pocos los que quieren adelantarse en los sucesos del mundo y de la existencia, en los que el Universo ofrece y en los que nos presenta la propia historia de la humanidad. Son pocos los que prefieren la reflexión serena a estas poderosas influencias que presiden el cinelandismo y otros ismos feroces que azotan a la humanidad y la ensangrientan desde los cielos límpidos y desde los mares azules...

 

Unos sucesos encadenan los otros. Llegó el esplendor de la Pascua de Resurrección y la alegría de las primeras aguas que se derraman como ola creciente de la primavera. La tierra está en plena y renovada gestación y hay un renacer de esperanzas. ¿Por qué nos interesa también la fiesta de resurrección? Jesús, el Maestro de bondad, murió crucificado y resucitó de entre los muertos. Lo corruptible del sepulcro no alcanzó la forma mortal y Jesús se levantó, nimbado de luz, desde las tinieblas del sepulcro que estaba guardado por los soldados de Pilatos. Se hizo luz y se hizo esperanza eterna para la humanidad. Los cielos se abren para recibir el hombre cuando se levanta desde las sombras de la muerte. Y porque resucitó de entre los muertos para ser luz eterna, y la luz es alegría y esperanza, la Pascua de Resurrección es fiesta de alegría y de esperanza. He aquí lo que ha conmemorado ayer la Iglesia: la alegría inmortal de la vida en la Resurrección; es decir, en la eternidad del espíritu, que es vida. Según el Evangelio, cuando las mujeres, ansiosas de ver al Maestro, llegaron al sepulcro al amanecer del día tercero, vieron que un ángel de vestiduras resplandecientes lo guardaba y, al retroceder espantadas encontrándolo vacío, escucharon la voz que les decía:

 

"Por qué buscáis entre los muertos al que vive" (Lucas XXIV, 5).

 

¿Por qué ha de buscarse entre de los muertos al que vive en el corazón, al que tiene vida perfecta en nosotros mismos? ¿Es que estamos aprendiendo, desde la juventud, a buscar en los sepulcros creyendo que allí está encerrada la gloria de la vida, la fuerza y la inspiración de la vida? Nos iniciamos en esta búsqueda fuera de nosotros mismos, creyendo encontrar deleite y consuelo, vida y alegría, y nos engañamos porque lo  único que tiene vida está en nosotros mismos, en alegre resplandeciente realidad.

Lo que tiene vida es esta juventud que no está en el sepulcro de la indiferencia, que no está en el sepulcro de la pereza, que no está en el sepulcro de la vulgaridad. ¡Y hay tantos sepulcros que se tragan en flor la esperanza de una juventud!

 

¡Resurrección! ¡Invitación a surgir, a ascender, a levantarse sobre el dolor y los fracasos de la vida y sobre la oscuridad de la sombra! Resurrección que levante, de entre los olvidadizos generaciones, la verdad del espíritu del hombre que no ha de estar en el sepulcro. Y es que en cada joven resucita la vida, renace la esperanza. Es que ustedes son en toda a tierra lo que se ha levantado invisible, maravilloso y fuerte -ola del espíritu eterno y creador-. Ustedes son, jóvenes, la alegre resurrección de la vida que se viene derramando en alusión de amor sobre la vasta tierra, para florecer en grandezas cuando el espíritu encienda sus corazones.

 

Yo entiendo que cada día el hombre puede resucitar de entre sus muertos pensamientos, de entre sus muertas aspiraciones, de entre su muerta voluntad. Cada día podemos ser asombrados por la voz del ángel que nos dice:

 

¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

 

Sobre todo en ustedes, jóvenes, esta resurrección del espíritu es siempre necesaria, no sea que la corrupción y las sombras del sepulcro impidan que sus ojos puedan gozar de la luz y del esplendor de la vida. Resurrección que es promesa, que es anhelo de vida nimbada con la luz que irradia el corazón generoso, el del joven que es bueno y puro y busca sabiduría.

 

La tierra también ha resucitado en estos días y es promesa. Las fuerzas de la vida renacen estremecidas y recorren los espacios y todo abre una nueva alegría bajo la aurora. Todo renace con esta agua de la primavera. Su propia juventud renace agitada por esas fuerzas invisibles y eternas. Abran sus corazones, abran su entendimiento y sean flor y espiga en los surcos de la tierra y aprisiones de ella el anhelo de una nueva esperanza para los hombres.

 

 

EL PRESIDENTE

 

El presidente confía en las mismas fuerzas imponderables de que habla: el honor, la amistad, el civismo, la lealtad. Reconoce así que hay en él un poder privilegiado, puramente moral, capaz de ser ejercido eficazmente. Tal es el principio que podría ser nutrimento espiritual de toda la actuación de los hombres de estado, una  vez que éstos estuvieran dispuestos a sentir que pueden ser verdaderos constructores de pueblos. Una vez dispuestos a aceptar el sacrificio de considerarse como apóstoles del credo de una nacionalidad dentro de la civilización; y una vez convencidos de que si hay en ellos real grandeza, ésta debe ser síntesis, siquiera por un minuto, de un proceso de la historia de un pueblo.

 

Nos es difícil concebir al Presidente funcionario. Es y ha de ser depositario del poder, pero sería hermoso que aspirara a alcanzar un más alto valor, el de depositario del espíritu de la nación.

No nos colocamos en ese punto, desviados de la realidad por fugaces impulsos de sentimentalismo. Al contrario, buscamos dentro de realidades más altas que las tangibles, el sentido heroico de la misión presidencial. Cuando menos, es ésta una manera de desear que aspiren a ejercerla los muy grandes y solo éstos.

 

Buscamos que el Presidente sea un hombre en alguno de los excelentes conceptos que la palabra guarda. Pensamos en la palabra hombre como si estuviese colocada en una altura a la cual no pudieran llega, con su cortedad de alas, las vanidades del matonismo, ni las concepciones egoístamente estrechas de la vida. Pensamos en esa palabra cuando expresa una idea como la que quería significar Clemenceau al aplicársela a Demóstenes.

 

El hombre enlaza de algún modo las capacidades de la visión y las capacidades de acción. Las primeras le marcan rumbos; aquéllas le dan fe y éstas fuerza; las unas le encienden la ansiedad de lo porvenir, y las otras le despiertan el valor de afrontarlo dignamente y con igual serenidad y sabiduría en la tragedia que en la paz.

 

EL PRESIDENTE COMO HOMBRE SUPERIOR

 

Por lo común fundan sus afirmaciones los presidentes en la observación de las masas, y a éstas les acontece precisamente lo opuesto: fundan sus afirmaciones en inspiran sus actitudes en la observación de los gobiernos. Se dice que no es lo mismo ver las cosas desde arriba que verlas desde abajo. Si tal razón existe, tanto vale para aplicarla en un sentido como en el inverso. Y tratándose de saber quién puede ver más, probablemente llegaríamos a sostener que los hombres tienen la altura en sí mismos, es decir, en su propia visión superior.

 

En ningún caso debería justificar el desencanto a la inacción. Las lamentaciones son justificables, desde este punto de vista, por la experiencia que contienen. Una vez recogida la experiencia, es decir, convertida en luz la amargura, hay que aplicar la luz para buscar los rumbos y seguir adelante.

 

Felices seríamos los pequeños hombres oscuros que vivimos consagrados a nuestros modestos menesteres, si pudiéramos disponer de la fuerza que tienen a su alcance y en su mano los hombres superiores. Con solo el respeto, con solo el temor, con la simpatía que un presidente mueve, es posible, sobre todo, si el hombre es grande, trazar carriles fecundos de acción constructora. Las medianías se moderan en su indiscreción, las cobardías se refrenan, las ansias voraces de lucro se contienen, los intereses ruines disimulan su lucha, los odios se limitan, -todo cede algo de su fuerza enfrente del grande hombre. En cambio, lo noble, lo generoso, lo que es capaz en alguna manera de destellar, acentúa en presencia de ese hombre su entusiasmo y su actividad, porque siente el estímulo, porque siente el apoyo, porque encuentra la justificación de su esfuerzo.

 

LO QUE DEBE DURAR LA ENSEÑANZA EN COSTA RICA

 

 

Señor General don José María Plasuel

 

Tenemos el gusto de referirnos, estimado señor, a las preguntas que usted ha tenido a bien hacerme en reciente carta abierta. No pretendemos con las respuestas que aconsideraci´n se servirá encontrar a usted, otra cosa que expresarle nuestra simpatía por su interés en los tópicos a que ellas aluden y nuestro agradecimiento por la amabilidad con que se ha dignado atribuir méritos a nuestros pareceres.

 

Primera pregunta

 

I. Entendemos que no se dispone en el país de medios que permitan dar una respuesta concreta, en el sentido de consultar, si las hay, como es muy probable, circunstancias muy peculiares de Costa Rica. Una vez generalizados y sistematizados los servicios antropológicos, psicotécnicos y otros, se tendría una base estable para el planeamiento del problema en los términos en que hoy paraece conveniente formularlo, y por comparación con los resultados obtenidos en otros países.

 

II. Esta misma cuestión se discutió en 1902, y la Facultad de Medicina, consultada por el Ministerio de Instrucción Pública, opinó, por medio de su Presidente, el doctor don Elías Rojas, "que antes de los 8 años de edad no se ha verificado el desarrollo completo del niño; que a los 7 años está mudando los dientes y el cerebro no está todavía vigorizado."

 

III. Neumann, una de las eminentes autoridades alemanas en materia psicopedagógica, refiriéndose al efecto de las influencias secundarias en el desarrollo de los niños, y entre ellas, a la entrada a la escuela, afirma lo siguiente: la entrada no ha de tener lugar antes de los seis añosy, si es posible, al comienzo del séptimo: que principalmente los niños débiles han de retardarse más todavía.

JUVENTUD CREADORA

 

 

Es urgente, que en todos estos países hermanos, como algunos ya lo hacen, descubramos, a plena convicción, el continente interno: la juventud. Hay que determinar su trascendente significación, dándole oportunidad de revelarse. Ponerla a servir a los intereses permanentes de su vida, es todo el secreto. Lanzarla a buscar doctrinas y símbolos de grandeza, en un aula de trabajo, y en redentora profusión. Suscitar en ella el despertar de alborada, en mitad de la naturaleza, de aquellos ojos escrutadores del destino humano. Todo ello corresponde a la misión de la escuela. No son ni las primarias, ni las secundarias, ni las normales, como entiende el vulgo, ilustrado o ignaro, mecanismos que deban juzgarse por razón del gasto que al Estado le demanden. Son grandes laboratorios consagrados a transformar las fuerzas oscuras, en aptitud de la muchedumbre para la vida civilizada.

 

Gothe, en el Wilhem Mister, idealiza el concepto de la educación radicándolo en el respeto de sí mismo, noción de reverencia más elevada y comprensiva que la del honor. Pues bien, refutar la conveniencia de la escuela, en todas sus formas por mala que sea, es renunciar al propio respeto, discutir la majestad de la dignidad del hombre y, tratándose de la sociedad, simplemente discutir su derecho a ocupar un puesto en la civilización.

 

No le tema a su juventud. Al contrario ¡ámela! Es privilegio divino. Incurrirá en errores, sin duda, pero con tiempo al frente para rectificarlos. Ni tema que se piense que usted se propone causar asombro con novedades. Sería mil veces peor que se pensara que usted renuncia a la novedad por respeto a la rutina. Acaso siempre convendría rehuir las exageraciones, pero ellas mismas son preferibles a la insinceridad y a la inacción.

 

¿En dónde, en dónde inquietud más hermosa que ésa que mueve a los jóvenes a escribir? Si cada edad tiene su belleza, -que decía Montalvo-, acaso la belleza de los adolescentes esté vinculada en ese amor a la obra del espíritu, de la  cual el mejor revestimiento de gracia es su propia impremeditación. En ella ensaya su fuerza la sinceridad; y ésta, en arraigo de victoria cuando se levanta, con vigor de ola que sube, hacia su fin. Y el fin es el poder de creación.

 

Hablando de Tiresias, hijo de Forbas, Circe le dice a Ulises cuando lo envía al Erebo: "Proserpina no ha concebido más que a este muerto la inteligencia y el pensamiento; los otros serán únicamente sombras en derredor suyo". Lo mismo la Gloria, no ha concebido más que a la sinceridad vida fecunda y duradera. Lo demás es el desfile de las sombras dentro del espíritu, y afuera, en el contorno de la trágica ilusión. Solo la sinceridad hincha de belleza a la palabra, solo ella la llena de luz, porque la refunde en la idea misma, porque la trasfunde en la fantasía, porque la recubre del color del alma en que se forma y de la cual va a ser el canto maravilloso.

 

Conviene que conciban el deber de renovar el sentido de la intelectualidad en la juventud, exaltando, hasta elevarla a plena luz, la fuerza, ahora retenida, de los motivos puramente espirituales. Los altos motivos de acción de hombres y pueblos. Contra las ambiciones, las aspiraciones. Contra las conveniencias, los ideales. Contra las ficciones, las realidades. Contra la búsqueda de honores, la conquista soberana, a través de nuestra propia vida, del dominio de aquellas altruistas determinaciones del espíritu que se nutren con sangre de sacrificio.

 

Se debe analizar, audazmente, a todo fondo, la opinión de tantos hombres que influyen con su criterio en el establecimiento de normas de conducta política. Escudriñen los jóvenes esos pareceres, sin temor, y descubrirán que muchos de los ídolos del corrillo y de la antesala pre-eleccionaria, son sin duda hombres honorables, y de méritos en el orden de sus actividades, pero los cuales, inflados por la adulación, cobran, a base de alto coturno, proporciones excesivas e incurren en el pecado de opinar, a gran orquesta, con todo de sentencia inapelable, sobre muchos problemas que no han estudiado seriamente.

 

No se dejen seducir los jóvenes, ni por el yerro extraño ni por el propio:

 

Y muéstrense dignos de inspirar algún día ellos la fe que a otros nieguen.

 

 

                                         

JÓVENES QUE TRIUNFAN

 

 

Un amigo nos ha dado a conocer el trabajo del señor Director del Censo, don José Guerrero, acerca de Estadística Vital. Merece ese trabajo las mejores felicitaciones. Sin desconocer el valor de muchos esfuerzos previos realizados en direcciones semejantes, pretendemos que el señor Guerrero ha iniciado una obra de estudios estadísticos realmente técnicos, es decir, realmente serios. Nos complace que le corresponda  a él el honor de aportar una contribución de importancia primordial al análisis  de los problemas nacionales, los cuales, en buena parte, reclaman un puesto al sol, es decir, fuera de las bastardías politiqueras y de la omnisciencia del leguleyismo. Los esfuerzos destinados a la formación del censo vendrán a contener aquella contribución.

 

Nos alegra de manera especial los triunfos del señor Guerrero, -quien es actualmente el único  costarricense que haya hecho estudios especiales de estadística-. Por cierto que el servicio debe serle agradecido al apoyo que el señor Guerrero recibió de una institución extranjera.

 

Nos alegran esos triunfos, porque pensamos en el origen modesto del señor Guerrero, en los esfuerzos nobilísimos de su vida, en sus aspiraciones generosas. Porque pensamos también en que no es frecuente el caso de él: los méritos por sí mismos le han abierto el surco de su siembra. Sin títulos universitarios, reales o de similar, sin apellidos ostentosos, sin capital, sin complicidades dolosas en el bataclán politiquero, sin la sombra de privilegiadas simpatías, el señor Guerrero ha triunfado. No sabemos que de muchos se pueda decir lo mismo. Ni sabemos que su triunfo sea de los que se borran al paso de las circunstancias.

 

 

NO, JÓVENES AMIGOS

 

 

Con tiempo apenas para escribir estas líneas, he de condensar en ellas lo que me agradaría decirles ampliamente. No, jóvenes amigos, no hablemos así como así de idealismos enfermos. Si estamos enfermos en Costa Rica, a buen seguro que no será de idealismo, sino de anquilostomiasis, de paludismo y de chatura.

 

Vuelvan ustedes los ojos a la política, por ejemplo. Insultos, insultos, insultos. Cosa de avestruz que se oculta: la cabeza escondida y la cola en obscena exhibición. Como si no hubiera de salir de la política, en gran parte, la solución de tantos problemas que mientras tanto, preocupan a unos pocos: empréstitos, monopolios, fronteras, bancos, etc.

 

Acaso estemos enfermos de practicismo, por no comprender todavía que el mejor de los practicismos es el idealismo bien entendido. No se comprende bien esto de sembrar odios, concupiscencias y negaciones... para recoger cosecha de progreso. ¡Una verdadera masturbación de apetitos colectivos!

 

Hay que crear. Hacer algo más, siquiera insignificante. Está casi todo por hacer. Estamos en la época de las opiniones personales y urge llegar a la época de las organizaciones técnicas. Técnica con vida, de creación y no de rutina, de ciencia y no de prejuicio. Estamos en el plano de la imitación, y hay que ascender al plano de la creación. Estamos en el plano de las desordenadas vacilaciones, y hay que ascender al de las construcciones firmes. Prepárense los jóvenes, con tesón, con ardor, con persistente decisión de victoria.

 

No,  - y esto no es un reproche, ni pretendo expresar la voz de un mentor- usted y todos estos nuevos y sanos jóvenes, deben estar fraternalmente unidos para la obra a que los llame el destino, así sea, -¡y bienvenida!- la de esparcir al viento las cenizas de quienes hemos amado en ustedes a la indomable esperanza. Si fecundatur optime: ¡y sembrar el campo!

 

Falta con frecuencia en la labor de la juventud que pretende, como colectividad, llevar a cabo determinada tarea en la vida, la plena evaluación del propósito que la impulsa a situarse erguida en el campo de la lucha.

 

La alegría que el empeño batallaroso provoca en el ánimo, encubre los colores del estandarte que se sigue, y ni siquiera se sabe, al entrar en marcha hacia dónde se va.

 

Siéntese que una fuerza poderosa obliga a levantar el brazo en que destéllale lanzón con hambre de gloria; se siente que el primer golpe magnifica y fecunda el ansia de triunfo, y se intenta entonces la conquista del puesto donde la lucha haya de ser con el riesgo mismo...

 

Pero, qué desventurada finalidad la de los anhelos juveniles armados para la pelea, cuando no los sustenta una comprensión honda de las responsabilidades que se recogen en la liza, con los trofeos que la victoria tiende a la mano gallarda que la consagra.

 

De ordinario la juventud se ampara al ariete destructor de murallas. Lo prefiere a la azada que tritura glebas y hace sonreír a la tierra en las bocas generosas de los surcos. Lo empeña con violencia contra el granito de las instituciones que juzga opresoras de la libertad, y cegada por el polvo que le arranca a las piedras, sufre la visionaria ilusión de que va realizando un derrumbamiento proficuo.

 

¿Acaso en verdad ha conquistado en la capacidad de construir, el derecho a demoler? ¿Sabe, siquiera, destruir? Las ruinas son absolutamente estériles, si al romper la fábrica que construyeron, no las levanta, sujetas al ritmo organizador de un nuevo conjunto, un vigoroso soplo de creación.

 

Los fragmentos de columna, lo mismo pueden ser el recuerdo de una gloria que de una infamia. Hay que aprender, por ello, a destruir, y ninguna enseñanza más amable y pródiga en iniciaciones de esfuerzo, que la de que edificando se destruye. Un jardín abandonado no atrae tanto al espíritu, como  un mármol bello en un paraje solitario. ¡Cuánto más sugestiva es la oración del Ángelus después de la siembra, que el reposo siniestro del guerrero sobre una pira de cadáveres! ¡Hay tanto de grande en el amor a la simiente!

 

De cierto, cuando se tiene una semilla entre las manos, para lanzarla a las fauces del surco, se asiste a una ceremonia solemnísima en que vive, con toda su incognoscible grandeza, el acto generador del Universo. Y solo cuando se lleva un grano de luz en el corazón, es vivificadora la siembra de la palabra. Por eso pudieron crear con ella pastores ignaros de Galilea. El mar, que es una eterna renovación de grandezas, les había trasfundido, con el óleo de la espuma que muchas veces los bañaba, ese rico poder de la tormentosa quietud del alma, en que se organizan, llenas de virtud bastante para asumir forma externa, las enseñanzas imperecederas.

 

¿Vive en el corazón de la juventud ese poder?

 

¿Ha construido dentro de sí lo que anhela construir afuera?

 

Pues que la virtualidad de la propia renovación, no reside en el vano afán de censura que el odio origina y encauza, y que, torpe y apasionado, supone que son armas de combate eficientes las mismas picas que los laceran.

 

Y hay empresas de lucha que nacen en la tiniebla de un desprecio hacia todo lo que maltrata con el peso de su superioridad. Fórmanse de modo tan instintivo, que sus propios agentes se imaginan actuar bajo la inspiración de un apostolado. Se alimentan en la simple necesidad de conservación. Y se las reconoce por el signo externo de la tendencia a excusar, con lucubraciones semejantes a teorías, la ausencia de todo afecto conocimiento reputado como revelación de algún mérito. Están siempre manchadas de fanatismo, y alientan el espíritu de secta, que es germen de inanición donde quiera que se encuentre. Se libran del desprestigio de las manchas, extendiéndolas sobre el entorno. Poseen el mérito con derecho exclusivo. Cuando otras empresas, sanamente guiadas, toman el rumbo que ellas trazaron, y lo siguen con paso de victoria, les imputan, al menos, para desprestigiarlas, el delito de la imitación. Son hogueras que calcinan toda virtud. Son hornacinas donde se evapora la potencia de todo ideal...

 

Y son ésos, rastros de conjunto, trazados con brevedad, sobre el dolor de una experiencia.

 

 

DON OMAR DENGO CONTESTA A LOS JÓVENES. NO PODRÍA IR AL LICEO, DICE.

 

 

Agradezco profundamente las generosas manifestaciones de los jóvenes que han propuesto mi candidatura a la Directiva del Liceo de Costa Rica, pero debo declarar que no podría hacerme cargo de aquella Dirección en reemplazo del señor Dávila. La razón la conocen los jóvenes: he autorizado con mi opinión la actitud de ellos, en cuanto niega la eficiencia y bondad del régimen educacional del señor Dávila, porque entiendo que un colegio que no vaya encaminado a ser una fuerza de acción social y cívica dentro de la vida nacional, defrauda el objeto que a juicio de los Educadores contemporáneos le corresponde cumplir en una democracia. Lo cual no impide que el Liceo con respecto a otras finalidades pueda ser una institución de primer orden.

 

Debo declarar, además, que lamento, como los jóvenes, la renuncia del profesorado.

 

 

LA GRAN HOJALATERÍA

 

 

Como el tema es arcaico y desabrido, su  simple enunciado podría alejar de este deficiente desarrollo las miradas de los lectores, las que seguramente se detendrán en él si con antelación advertimos que el problema  político lo reviste de novedad. Además, hay que arruinar esa tendencia cada vez más definida entre nosotros a no combatir los males inveterados; parece que con ello quisiera hacérseles, en gracia a su edad, demostración de reverencia.

 

Pocos días hace que en nuestro periódico El rayo, hicimos copia textual de algunos párrafos de la última Memoria de Instrucción Pública, que hacen incidental reverencia al escaso valor que el raquítico criterio de la generalidad de nuestros jóvenes concede al aprendizaje de los oficios manuales; al preciado influjo que ellos tienen en el desarrollo progresivo de la mentalidad de un país, y a la atracción perversa que sobre el plasmable pensamiento juvenil ejerce la perspectiva de un empleo público pródigo en honores, comodidades y riquezas, pero también en constantes humillaciones que anulan la facultad de progresar inherente a la personalidad. A la reproducción de los párrafos de la Memoria, adicionamos una notita en la que manifestábamos nuestro intento de aludir a toda la juventud, no en especial a la afiliada a tal o cual agrupación política.

 

Ese hecho produjo lo que nosotros llamamos eterna reacción, la enfermiza, la que se resuelve len conjeturas ofensivas por lo calumniantes e injuriosas. En efecto, alguien se captó nuestro sincero desdén con su dicho osado de que nos causan envidia los buenos éxitos políticos que obtienen ciertos jóvenes, y la probabilidad de los que otros muchos han de obtener.

 

Allí la razón del presente humilde esfuerzo favorable a la idea emancipadora.

 

Los triunfos políticos, los que más laureles brindan al vencedor, los que son más aclamados, toman a nuestros ojos, acaso inadecuados para contemplar los movimientos de esta civilización, el aspecto de humillantes farsas en las que lo delictuoso fulgura siniestramente.

 

Nos seduce y fascina de modo poderoso la victoria de una idea por la que se ha luchado con ferviente y heroica lealtad.

 

Pero de los triunfos que ajustan los bronces de su pedestal con la argamasa inconsistente del engaño, tenemos un concepto profundamente despectivo.

 

Los puestos públicos que exigen de quien los desempeña siquiera una claudicación, son propiedad exclusiva de los que tienen el cerebro carcomido por el vicio, adquirido o heredado. Para esos puestos están los hombres enfermos, que dejaron las energías perdidas en el festival deshonesto.

 

Y parece, -es dolorosamente cierto- que la juventud, en su mayoría,  viera la realización de sus anhelos en la adquisición de una tarea de esas que se cumplen en el gabinete de la farsa. Y parece también, -también es dolorosamente cierto- que los conductores de la juventud la impulsan hacia esa rápida y fácil conquista de su anulación completa.

 

No ha de quedarnos a los que sentimos deseos de combatir la peligrosidad de ese avance, que avasalla y derrumba las energías sociales, otro recurso que esperar que algún día se dispongan los hombres de ideas a impulsar la evolución natural, para que llegue a comprenderse que el gobierno solo tiene funciones educativas y para realizarlas ampliamente se le organice.

 

Los estudios sociológicos son entre nosotros algo menos que el aprendizaje de la hojalatería. De ahí viene que casi todo lo que imaginamos de acero, es de hoja de lata. Y lo que es peor: de hoja de lata oxidada ¡como nuestra juventud!

 

DE AQUELLOS DÍAS

 

 

De aquellos días de candorosa vida mucho hay siempre que recordar; y todo ello se recuerda con júbilo. Bendita esa época ya lejana de los deliciosos días escolares...

 

Yo recuerdo con exactitud las impresiones del primer día que estuve en la alegre pajarera de los niños, tan bulliciosa siempre, siempre tan animada. Su recuerdo, al desvanecerse entre la humareda del tiempo, deja prendidas del corazón lianas de amargura.

 

Me imaginaba yo, cuando entré en el envejecido capuchón, que todos sus habitantes -los niños y las maestras- estaban allí para darme sufrimientos. Seguramente que ellos no querían jugar conmigo, ni hablarme, ni nada. Tal vez a ninguno le gustarían como a mí los caballitos de madera ni las cornetas doradas. Me sorprendía ver que no tuvieran juguetes en sus manos y que no me dijeran "chichí", como en mi casa solían decirme. Era imposible que en la escuela no se jugara: sin juguetes no había vida. ¿Qué podía haber en el mundo más atractivo que mi "mula" -un velocípedo de mala medra en que a todas horas cabalgaba yo con gran envidia del hijo de la cocinera, a quien muy raras veces veía jugar.

 

Creía yo que a la escuela se iba cuando era muy malo, y estaba seguro de ser muy bueno, ¡tan bueno! Yo sabía que no debía mentir, ni pelear, ni... hacer ninguna de las cosas que a papá le disgustaban.

 

¡Cómo lloré cuando mi papá se retiró de la Dirección. Dichosamente entonces llegó a mí, con mucha dulzura, la maestra del curso que me correspondía seguir, y de la mano me condujo a clase. En adelante ella fue mi mejor amiga: acariciaba regocijaba mi cabecilla y me obsequiaba flores y frutas de las que otros niños le obsequiaban a ella. Mi mejor delicia consistía en juguetear con un dije de oro que usaba pendiente de la cadena de su reloj: era un corrongo corderito con ojos de rubí. Un día de tantos le insinué que me lo regalara, y ella -la muy buena- satisfecha de hacerlo, lo puso en mis manos y con fingida gravedad me dijo: "si no se porta bien tiene que devolvérmelo". No iba a ser yo quien se deshiciera de la figurilla. Presto llegué a deletrear admirablemente las seriotas palabras del cartel que entonces se usaba para enseñar a leer. Era acaso el que con mayor rapidez recorría las esferitas negras y rojas del ábaco. No pude acostumbrarme nunca -eso sí- a la posición forzada y  antihigiénica que a los alumnos se les hacía adoptar ni el pesado silencio que se le imponía. Jamás cesaba de moverme y hablaba incesantemente. No había medio de obligarme a callar: ni súplicas ni castigos.

 

Una mañana le refería a mi maestra un suceso que la hizo reír mucho y que desató el bullicio de la clase, contenido a fuerza de enojos y  amenazas. "Niña Elena: ya hay un renco más en el mundo".

 

-¿Por qué?- contestó ella sonriente.

 

-"Figúrese que anoche un perro que hay en casa mordió a un hombre en una pierna."

 

Y era verdad: un terrible "Bravonel" que llamábamos, había mordido a un campesino que se acercó al corredor a vender "varitas de San José."

 

 

POR LA SINCERIDAD

 

 

Enfermo está usted1, cansado y lleno de pesadumbres...Así lo dice su carta sin riesgo de ser desmentida por el tono de sus palabras, menos briosas tal vez que las que otrora  pusiera al servicio del Arte, de la Democracia y de la Sinceridad. Pero sin embargo y antes bien con lujo de dominio sobre los decaimientos, su ánimo sabe sentir complacencias ante la evocación del elevado ideal de su juventud. No imagina cuánto regocijo me ha producido la hermosa salutación que a su pluma le inspiró el anuncio de la venida de Ugarte. Porque precisamente la incapacidad de todos nuestros jóvenes para sentir entusiasmos en presencia de las cosas que rompen con su grandeza los moldes mezquinos de las tarifas comerciales y de los aranceles de aduanas, es uno de los males de esta tierra infecunda que con mayor fuerza suelen contristarme. La incomprensión del ideal está atrofiando la vitalidad de nuestra juventud. Supongo que a sus oídos ha llegado la declaración reciente que algunos jóvenes hicieron: "vamos a buscar ideales en el Comercio"; es decir, tras el mostrador y junto al vaivén sospechoso de la balanza... Pues que también se ha dado en creer que el idealista requiere un campo especial de lucha, como si no fuera saludable verdad que el ideal en todas partes dispone de una amplísima zona de combate: es la conveniencia la que exige límites, es el cálculo el que pide dimensiones. El corazón está por sobre todo en la vida. Recuerde que Jesús le daba siempre la razón a Pedro, pero le ofrecía su generoso amor al dulce Juan. Pueden triunfar el Arte y la Democracia, pero mientras no triunfe la Sinceridad, todo lo que pretende destruir continuará imperturbablemente su curso y seguirán muriendo bajo el peso de las iniquidades los hombres que nazcan para combatirlas. Y es que la evolución debe nacer dentro de nosotros mismos, organizarse allí y luego esparcirse por la vida en cumplimiento de su obra de redención.

 

Le diré confidencialmente que a pesar de lo que en público ha dicho acerca de Ugarte, pienso con dolor que no merecemos su visita. Nosotros sabríamos acoger la llegada de un Carnegie o de cualquier otro famoso traficante de los que anuncian con donativos su negocio; pero nunca a un soñador, a un poeta, a un hombre que le haya consagrado su vida a la Humanidad. Por una razón muy clara: estamos castrados de la mente y del corazón...

 

 

¿PUEDE ACTUAR LA MUJER EN LA ENSEÑANZA?

 

 

Es la generosidad del señor Director de La Prensa Libre lo que le ofrece un campo a mi opinión en el complejo asunto a que estas líneas se refieren. Y no bastaría ella a moverme a opinar, si no invocara la acción de quienes se preocupan por los problemas que a la cultura nación atañen. Cabe que entre aquéllos me cuente, sin que pretenda convertir en merecimiento lo que tan solo es un deber.

 

La pregunta que ha hecho La Prensa Libre es ésta. ¿Qué se piensa acerca de la  labor de nuestro magisterio femenino? Entiendo que tal pregunta alude a la eficacia de esa labor, en relación con la efectuada por los maestros (varones) del país. De ser ello así, he de decir que no está a mi alcance la respuesta, ni creo que para alguien sea posible formularla, en ninguna dirección. Al menos, si, como se debe, se quiere mantener el problema dentro de los límites que su propia naturaleza le señala. Pues juzgo que no se trata, -lo cual sí sería factible- de montar una teoría acerca de la obra realizada por nuestras maestras, sobre un concepto retórico del valor de esa obra. Es preciso producir, en uno u otro sentido, una afirmación de carácter técnico, con base en un vasto proceso de investigación, técnico también. Y el país no suministra los elementos que tan difícil tarea requiere.

LAS PRIMICIAS DE DON LUIS CASTRO UREÑA

 

 

Hemos de concederle, pues, atención del Congreso Constitucional, don Luis Castro Ureña, al argumentar contra el proyecto de ley del joven diputado Peralta que hizo alarde de su desprecio a los trabajadores del país en lenguaje vacío de razón y de cultura, y con un gesto de insolencia bien distinto de las genuflexiones  cortesanas que suelen usar los políticos para llegar hasta el taller o el campo de labranza en solicitud de la limosna del voto inconsciente que sustenta sus ficticias grandezas.

 

Cuando en días recientes ese mismo señor, desde su pupitre de fiscal del Colegio de Abogados clamaba por la moralidad de la profesión, muy a pesar de las murmuraciones callejeras que encontraban el origen de su ira en móviles de competencia mercantil, hubimos de lamentar que su energía razonadora no tuviera un campo de acción en esas altas labores de la Administración Pública que con todo y ser por su naturaleza ineptas para cumplir la finalidad a que obedece su existencia, puedan servir a veces a los hombres sinceros y esforzados como medio de lograr hermosas realizaciones.

 

Pero ahora, que desde su curul de diputado justifica con palabras que mucho tienen de congratulación, las iniquidades de que se alimenta el capitalismo voraz, hemos de lamentar y ya no a media luz que el señor Castro Ureña haya alcanzado la posición  que hoy ocupa y esté confundido dolorosamente con esos pobres Diputados de oficio que nunca han hecho ni harán nada en bien del manso pueblo elector.

 

Porque si es repugnante y odioso, por inmoral e inhumano, el remate público de cadáveres, más aún lo es la destrucción de la vitalidad obrera entre las garras de la fiebre mercantilista que posee a las empresas mineras y acaso a sus defensores de trastienda.

 

Hemos de concederle pues atención a la voz amiga que tantas veces nos ha aconsejado mirar con desconfianza ciertos pujas de justicia y de verdad. Y confesaremos entonces que estaba en lo cierto Eliseo Reclus cuando decía que la experiencia de los siglos cristalizó en esta frase del gran libro indo: "El hombre que pasea en el carro triunfal, no será nunca el amigo del hombre que va a pie."

 

Es necesario que los trabajadores observen cuidadosamente la labor de esos hombres a quienes les tiran el mendrugo de su esfuerzo para que alcancen las cumbres del Poder, desde el cual los latiguean sin pudor y les dan de lanzazos, a fin de que lleguen a formarse plena conciencia de la necesidad de construirse por sí mismos, con sus propios brazos, lejos de la sombra palaciega, la vida superior libre y tranquila con que sueñan enardecidos mientras los martirizan la fatiga y la miseria.

 

Ojalá anoten todos en sus humildes y sucias libretas de apuntes, con su letra tosca y su ortografía irreverente, las palabras desbordantes de ultraje que ayer hizo oír en el Congreso el Diputado Castro Ureña: "Si se les paga semanalmente se tendrá cada sábado una bacanal, una orgía..."

 

Pero no repetiremos aquí sus frases. Baste saber que llamó borrachos a los trabajadores, sin exceptuar a más de cinco en cada finca y sin recordar que el Gobierno que les vende el aguardiente paga los sueldos de los diputados tal vez en mucho con el producto de esa venta inmoral que para no serlo requiere la mediación de copas finamente labradas y de las licoreras elegantes que mantienen sus puertas cerradas a la encarnecida miseria de los obreros y abierta siempre a la inconsistente moralidad de los voceros del capitalismo.

O. Dengo

 

MIS PALABRAS FINALES

 

 

Se me llama a esgrimir serenamente la razón. ¿Qué arma sino ésa he usado yo en esta justa? Si ha habido fuego en mis palabras lo encendieron las del señor Castro Ureña. Las primeras, -las que pronunció en el Congreso,- porque concitaron a la lucha mis entusiasmos fervorosos por la caus proletaria, la más alta y la más noble de todas. Las segundas, -las que escribió en respuesta a mi primer artículo- porque cometieron la osadía irritante de insultarme. No ha de negar el señor Castro que me acusó de calumnia, que me aatribuyó ánimos de falsaria explotación, y que pretendió manchar la limpia sinceridad de mi protesta, con lasimple fuerza de sus afirmaciones, atacándola de sumisión al mezquino afán adulador que enmarca, a modo de una doctrina, las actividades nocivas de los políticos. ¿Cómo iba a consentir mi corazón que quedara impune tal ultraje? De ningún modo: si en defensa del proletariado soy capaz de realizar cualquier sacrificio, en defensa de mi nombre sé también lanzar al combate mis más grandes energías. Porque de mi prestigio personal depende en mucho elbuen éxito de las ideas a que me lleve mi odio a la injusticia tremenda que con los obreros comete a cada paso el orgullo o la conveniencia de los hombres que convierten en dineroel esfuerzo doloroso de esos pobres parias de esta edad, en que, por fortuna comienzan a iniciarse las horas augustas de la redención que se anhela en los talleres en las campiñas, y donde quiera que un ser humano sufre las amarguras de la esclavitud.

 

*

* *

 

Dice el señor Castro que nunca se ha referido en el Congreso a los obreros de la Línea, sino a los peones. Las palabras no puedn trasformar la realidad imponente de las cosas: obreros o peones, todos son víctimas de un mismo dolor y de una misma injusticia, y aunque unos se fatiguen a lapar dl yunque y otros marchando tras el arado, como que constituyen la gloriosa fraternidad de los oprimidos, todos sienten que les quema la sangre el ansia de un poco de libertad, de un poco de alegría, deun poco de luzque los levanten hasta la altura de la dignidad inmaracecible que les corresponde por el solo hecho de ser hombres. ¿No se comprende acaso lo que significa ser hombre? No se comprende que la personalidad humana solo se encuentra en una posición digna de su destino cuando ha obtenido el desenvolvimiento más completo posible de la mayoría de sus facultades. ¿O es que quienes acogen las declaraciones de la constituyente de 1789, se olvidan que todas ellas están coordinadas sobre la base de un noble principio igualitario que aspira, como la humanida, a destruir las diferencias ignominiosas que por virtud de atávicasanormalidades mantienen a los hombres separados en dos categorías: la de los amos y la de los siervos?

 

Que sean peones o que sean obreros los que han recibido elinsulto del señor Castro Ureña, repito que no importa; yo insisto en que para lanzar ciertos cargos es necesario fundarlos en la inocencia propia. Si el señor Castro Ureña hubiera dicho en el Congreso, como en su último artículo, "que se reconoce ipso facto gran pecado, que necesita mejoramiento y que aspira a él", mi actitud habría sido distinta. Puede estar cierto de que mi defensa lo habría comprendido, con orgullo para mí. Porque yo no solo creo que la verdad nos hará libres, sino además que el arrepntimiento merece la más amplia acogida del corazón. El aacto más hermoso de Jesús he creído siempre que fue la caricia purificadora que le prodigó a María de Magdalena. Tanto que si ahora alguien intentara prevalerse de mis palabras para enfrentar al señor Castro Ureña, yo le saldría complacido al paso, para decirle: ¡quien se encuentre limpio que tire la primera piedra! Porque me ha llenado de tristeza el tono plañidero con que el señor Castro exclama: "Con humildad confiezo que he menester más que nadie, de seguro, convertirme en Reformado, que es más difícil que ser Reformador."Ahora ni es lícito siquiera inquirir, ante este aacto de contrición por qué en su precedente artículo afirmaba que el oponerse al proyecto de Peralta haabía querido contribuir a evitarles a a los peones de la Línea la desgracia del vicio que a su decir los azota. Por mucho que lo lógico, de acuerdo con su principio hubiera sido reformarse primero y reformar después. Ése y no otro ha sido el fundamento dee mis réplicas y enbuena hora, con hidalguía que regocijado le reconozco, ha venido a justificarlo el señor Castro Ureña.

 

Niega, sin embargo, que haya encarnecido ante la Representación Nacional la desgracia de los trabajadores y que haya contribuido a crearla, a lo cual he de responderle que señalarla, en la forma que él lo hizo, tanto vale como escarnecerla, puesto que sus palabras más tuvieron de airadas que de compasivas. Su contribución a crearla nace del hecho mismo de ser Diputado que, dada la predisposición suya  a favor de los obreros, implica una aceptación tácita de la pasividad, solo por momentos quebrantada, con sus discusines infecundas, en que el Congreso se ha mantenido ante tantos problemas de gran momento, cuya solución instantemente reclaman los intereses proletarios.

 

Me reta don Luis a que especifique cuándo ha deprimido a los obreros y en que forma ha coadyubado a que se les explote.

 

Yo acepto el reto y sin ir a recoger al Congreso dus frases depresivas, que a tiempo reprodujo la Prensa, encuentro en un artículo suyo de defensa, estas otras que comprueban plenamente mi afirmación: soy amigo, compañero y camarada de los trabajadores costarricenses cuando ellos son honrados, pundonorosos y correctos pero de ningún modo puedo convertirme en paladín de los que "por sus vicios, ¿no son acreedores a la estimación de sus conciudadanos, sino apenas a su compasión y lástima". No es esa, en boca de quien se reconoce pecador y necesitado de mejoramiento, una forma despectiva e insultante de señalar un mal?

 

¡Ah! Pero yo no voy a satisfacer los deseos de don Luis que quiere desviarme de mi camino. No discutiré por eso de la pretendida tesis "político-científica" que me plantea. Lo que yo he afirmado se ha encargado él humildemente, de confirmarlo: que lanzó un insulto sin tener derecho para lanzarlo. En este escrito quedan consignados el pecado y la expiación.

 

La silla curul que me ofrece no la necesito. A mí me basta para consagrarle mis igores a la verdad y la justicia, con que la ocupen los que no saben respetarlas. Ya he dicho que mis aspiraciones no caaben en los límites estrechos de la farsa parlamentaria. El mismo don Luis, que sí cree en la bondad de la política, lamenta que las suyas estén imposiblitades de ralización.

 

No es cierto que yo pida la supresión de los patrones: me limito a pedir que los patrones no roben. Confieso que para darse más clara cuenta de cómo los explotan, si les serviría la contabilidad a los obreros. Con ese fin que se las enseñé cuando antes don Luis, pero que nunca les dé clases de política, que es el arte de la sumisión y del engaño, a menos que sus conferencias sobre contabilidad puedan prepararlos para conocer cómo, cuándo y en qué cantidad les roban los derechos que como hombres tienen a ser los únicos directores de sus destinos.

 

Don Luis afirma que son muy pocos en esta República sanchopanzuna los caballeros de la Triste Figura. Es verdad. Pero también lo es que los hay de la misma cepa gallarda y nobilisima del fundador de la orden.

 

Para brindarle prueba absoluta de ello, perdono que diga que yo le he asaltado y le pido a los trabajaores que hayan acatado mi voz, que le perdonen la ofensa que les infirió, en gracia a su oportuno arrepentimiento.

 

¡Que no es hidalgo ataacar a un hombre que se bate de rodillas!

Omar Dengo

 
CÓMO ENSEÑAR A LOS NIÑOS A ESTUDIAR

 

   

 Enseñar a estudiar es una de las más importantes funciones de a escuela actual. Enseñar a aprender, digamos. Y enseñarlo, por ser ese uno de los recursos del otro superior aprendizaje que sobre todo hace falta: pensar. La escuela debe enseñar a pensar y como uno de los medios de lograrlo, debe enseñar a estudiar. Es ridículo pensar que la función predominante  de la escuela pueda ser la de enseñar, es decir, la de dar conocimientos o suministrar información, como también se dice, - a menos que se entienda que los imparte de modo que su misma adquisición entrañe desarrollo del pensamiento, y de modo que obtener tales resultados sea el propósito primero de dar los conocimientos.

 

Por fortuna son mejor conocidos cada vez los procedimientos que el maestro puede aplicara para enseñar al niño a estudiar. Repetidas veces se ha dicho que el problema de enseñar a los niños a estudiar consiste en enseñarles métodos de investigación, de organización de ideas y de formación de hábitos, siendo entendido que tal enseñanza supone, tanto como cualquiera otra, la conveniente práctica y aplicación de los principios aprendidos. Las llamadas lecciones de estudio responden a esos fines.

 

En las asambleas celebradas por los Inspectores de Escuelas, en febrero, me permití exponer la conveniencia de publicar, para nuestros maestros, alguno de los estudios que hoy es dable aprovechar acaezca de tal asunto. Hay varios libros que tratan de él de un modo fundamental, pero yo no pensaba en la traducción de ninguno de ellos, por ser obras caras y quizás demasiado teóricas, - lo cual no deja de ser un inconveniente en un país donde nos vamos acostumbrando, a fuerza de desidia y practicismo chato, a sentir el horror de la teoría. Pensaba pues en la traducción, o por mejor decir, adaptación del excelente opúsculo de H. B. Wilson (Warwick and Cork, Baltimore). Escribí a la casa sobre la posibilidad de la traducción y obtuve la respuesta de que se me autorizaría hacerla si el Gobierno tomara un número de ejemplares suficiente a costear el trabajo de imprenta. Me ha parecido prudente dejar las cosas en ese estado y dar las gracias por el ofrecimiento. Creo oportuno sí, instar a los maestros que puedan leer inglés a que lean ese folleto, aunque me propongo resumir en esta publicación lo que contiene de práctica e inmediatamente aplicable.

 

Tal folleto se publicó en 1917, por primera vez, como parte de instrucciones dadas a los maestros de Topeka, Kansas, por el Inspector del respectivo circuito, señor Wilson. Mereció pronto el favor de los maestros de otros circuitos, a causa de que se reconocieron enseguida sus méritos esenciales: Es claro, breve, completo y práctico. Y al decir lo último aludo al sentido moderno de la práctica como dentro de las aulas sabemos interpretarla: la práctica escolar actual es la teoría experimentada con éxito, es decir, sugerida, comprobada y perfeccionada por la acción.

 

En efecto, el trabajo del señor Wilson ordena y sistematiza, dentro de un plan de principios generales, y a título de ejemplos de aplicación, diferentes casos concretos de aplicación de esos principios por maestros expertos.

 

El índice mismo del libro viene a ser así, en su mayor parte, una enumeración general de los principios que se estudian y aplican y que, por su orden, concurren a integrar los factores en que se descompone la enseñanza del estudio. Véase:

 

I.-  Cómo suministrar propósitos y problemas específicos.

II.- Cómo recoger datos.

III.- Cómo complementar el pensamiento

IV.- Cómo juzgar qué hacer, y el valor de los datos recogidos.

V.-  Cómo mantener una actitud de juicio.

VI.- Organización de los datos.

VII.- Cómo alcanzar una conclusión.

VIII.- Cómo aplicar las conclusiones.

IX.- Memorización.

X.- Preservación de la individualidad del estudiante.

XI.- Establecimiento de hábitos correctos de estudio.

 

Allí tiene el maestro enumeradas ordenadamente las cuestiones acerca de las cuales debe formarse un criterio si aspira a introducir en su enseñanza la del estudio. Allí están - en otras palabras  - las diversas fases del trabajo que debe proponerse cumplir. Conviene, en consecuencia, explicar primero, y ejemplarizar después, los puntos que tal enumeración abarca. Los títulos anotados descubren sustancialmente todo el procedimiento.

 

I. Se comprende al leerlos que el maestro debe plantearse un primer problema: ¿cómo dar a los niños propósitos y problemas específicos que sirvan de puntos de partida para el estudio, de motivos para inducir a él? He aquí, pues, que las tareas, a cambio de abandonar la rutina que las tiene convertidas en una tortura para los niños, pueden dar la ocasión, elevándolas al plano superior de temas de estudio, de resolver adecuadamente ese problema. Precisamente son las tareas, entre los procedimientos escolares, los que mejor revelan la necesidad de una enseñanza sistemática de los métodos de estudio, y los que más acremente denuncian la ignorancia funesta con que se procede al recomendar a los niños que estudien tal o cual lección. Suele decírseles que estudien, sin decirles cómo ni dónde, ni por qué, ni para qué, y así crece el absurdo, a veces ignominioso, de que el pobre niño que va a la escuela a prender, que apenas si sabe leer, que ignora el uso de un libro, haya de estar preparado para estudiar cualquier cuestión con el acierto que lo haría el maestro y solo para satisfacer el prejuicio de poner tareas.

 

El niño suele cumplir las tareas en la actitud de la víctima de un trabajo penoso, sin la alegría del trabajo generador, sin la ilusión del triunfo, salvo con la egoísta ilusión de vencer al compañero, o instado por el temor del castigo o de la mala nota. Pero nada se hace para que sienta y comprenda la importancia de su labor, ni nada para que sepa cómo ejecutarla provechosamente. Y los fraudes que el niño comete al hacer sus tareas, los fraudes que tan encarnizadamente persigue el maestro, más que denunciar malas condiciones del niño, revelan a grito herido la inmoralidad de una obra hecha a ciegas por el maestro. El niño ejerce con el fraude cierto inicial derecho de legítima defensa ante el absurdo de imponerle trabajos superiores a sus fuerzas o a los cuales no le reconoce importancia, o trabajos que no sabe, porque no se le ha enseñado, cómo se hacen. Su misma naturaleza, para evitarle mayores prejuicios, lo induce al fraude. Y éste, que suele parecerle al maestro grave delincuencia, las más de las veces no es sino elemental reacción biológica.

 

Cuando al niño se le indica que estudie determinada lección, lo único que se le ocurre hacer, y lo que hace, es tratar de memorizarla de manera mecánica y rutinaria.

 

¿Se le ha enseñado a memorizar? No. ¿Hay medios de enseñarlo? Sí. Y debe ensenársele. Hacerlo, es parte de la lección de estudio. La memorización se realiza conforme a prefijados procesos mentales y si no se respetan, se perjudica  el desenvolvimiento del niño y se amenaza seriamente su salud. Cito el caso para hacer evidente el error de tantas tareas que en la memorización se apoyan y confirman así la necesidad de pensara en que esas y las demás tareas, deben, como se ha dicho, ascender al plano en que se convierten en formas del aprendizaje del estudio, del desarrollo del pensamiento, en medios de solicitar la plena expresión de la nativa originalidad de cada ser. Al pensar, pues, en cómo suministrar propósitos y problemas específicos de estudio, puede el maestro pensara en servirse a ese objeto de las tareas, a cambio de que, de acuerdo con la moderna aspiración, modifique el sentido y la forma de ellas. Habrá entonces, o una hora para ejecutar tareas bajo la guía del maestro, o frecuentes lecciones para enseñar a hacerlas, o períodos determinados al final de la lección, o las tareas desaparecerán para ser sustituidas por lecciones sistemáticas de estudio en las cuales se recorran todas las fases de la labor que actualmente suponen las tareas. Las tareas pueden convertirse también en proyectos individuales, de hogar.

 

Una vez que el maestro estudie la materia a que se contrae este trabajo, encontrará muy variadas formas de utilizarlas. Pero la tarea como ahora se entiende, debe desaparecer.

 

II. El problema que después debe afrontar el maestro es el de enseñar a los niños a recoger los datos que el estudio de un asunto requiere. Ahora se fomenta mucho, y se procede bien al hacerlo, el trabajo que consiste en que los niños mismos aporten a la clase datos sobre alguna de las cuestiones de que se va a tratar. Pero los niños marchan sin guía. Prácticamente lo ordinario es que reduzcan su labor a copiar de un texto o de un diccionario algunas frases, por lo común mal copiadas, sin juzgar si se refieren o no directamente al asunto en estudio, ni entrar a conocer del valor relativo de los conceptos, sin separar lo esencial de lo accesorio, ni en suma, prepararse para adquirir con esos ejercicios la habilidad de hacer resúmenes, de seleccionar datos, de organizar ideas, es decir, de leer con la discriminación del verdadero lector que la cultura demanda. El segundo punto se refiere, pues, a los medios de conseguir tales resultados.

                                                                        

  Omar Dengo,

Heredia, Escuela Normal, 1922.

                   

 
CES DIABLES DE SAVANTS

 

 

  

Una carta que me envía un estudiante de uno de nuestros colegios, refiere este suceso.

 

Algún alumno ha llevado a la lección de francés, para proponer que se hagan ejercicios de traducción, las Lettres de Mon Moulin. Sugiere el trabajo al profesor. Este toma el libro y pregunta con cierta curiosidad de anticuario: "¿Qué es esto?" Luego dice resignado: "Bueno, leamos..."

 

Otro alumno lee..... « La nuit de mon arrivée, il y en avait bien, sans mentir, une vingtaine assis en ronde sur la plate-forme, en train de se chauffer les pattes a un rayon de lune. »

  

 El profesor rompe la lectura violentamente:

 

"Eso es lo que yo no tolero de la literatura, los rayos de la luna no calientan. Eso científicamente es una falsedad."

 

Y poseído de una elocuencia estereotipada, hinchado de ira, el enteco catedrático consagra la lección a anatemizar la literatura.

 

Si hubiera continuado la lectura - le contestó el estudiante - los alumnos habrían asistido al castigo de tan torpe afrenta.

 

Castigo espontáneo como el enojo del profesor de francés; pero sobrio, mesurado, como la apacible narración de Daudet.

 

Pinta éste la alarma que le produjo a un viejo búho su presencia en el molino. Era un búho que hacía veinte años vivía allí, y que a la entrada de Daudet diose a gritar ¡Hou!, ¡Hou!, a tiempo que agitaba difícilmente las alas empolvadas.

 

Daudet, que llegaba de París hastiado de la opinión académica, no pudo menos que exclamar: ¡también aquí!

 

Y en verdad, allí, aquí, y en toda hora, aparece entre las ruinas el viejo búho, inmóvil, siniestro, empolvado. Su hou, hou, conjura, en medio de las sombras, las sordas resonancias de una vida sin florescencia, castrada de ensueño, estéril como el pecho que envejeció sin verter la divina leche maternal.

 

¡Ah! la bella ingenuidad de los conejillos que forman corro bajo la luna para calentarse las patas...

 

La luz de la luna, dotada de un calora milagroso, desentumece las almas y les trasfunde aquel sereno amor de ilusión que alcanza a ser sabiduría.

                                                                                                 Omar Dengo,

agosto de 1918

                                                                                                

 

INTROMISIÓN

 

 

Estoy de acuerdo con la opinión de don Elías Jiménez Rojas acerca del uso de pseudónimos, pero tal coincidencia de pareceres no basta a libertarme de la timidez, o llámase cobardía si se quiere, conque acaso por ser extranjero, llego a las columnas de este diario1 en solicitud de un espacio modesto para uno que otro comentario. De suerte que  al modo de persona que se hace llamar Eufrasio Méndez, -escritor dilecto- recurro a un nombre supuesto: Clemente. Pues he recordado al de Alejandría a propósito de los pareceres a que ha dado pie la iniciativa salesiana destinada a fundar un templo en San Lucas.

 

Para Clemente de Alejandría, el gnóstico se conduce en sus relaciones con Dios con la misma serenidad que en sus relaciones con el prójimo. "Su vida, -resume Bardy- es una plegaria continua. No tiene necesidad de días, ni de templos, ni de fórmulas".

 

Pero ¿quién es el gnóstico? ¿Se le encuentra en San Lucas? Y lo que del gnóstico preguntamos, cabe preguntarlo también acerca del "cristiano austero"., al cual acertadamente alude el señor Jiménez Rojas. Ese cristiano como el gnóstico, como mil otros hombres que aparecen en muy diferentes campos, seguramente no necesita de concurrir al templo para alcanzar la presencia de Dios. Mas, en cambio, millones de hombres, católicos, mahometanos, budistas, o otras denominaciones, casi no conciben, o simplemente no conciben a Dios, si no es por la mediación del templo, de sus altares, de sus rituales y de sus sacerdotes. Ciertamente Dios no necesita de altares, como dice el señor Jiménez Rojas; pero los hombres sí necesitan de ellos. Y es para éstos, para los hombres quienes se erigen templos,  - acaso, por cierto, porque han olvidado, o porque no siempre pueden comprender que, según evangélicas palabras, repetidas por Novalis, ellos mismos son templos.

 

Vamos a decir otras palabras en orden a este mismo tema.

                                                                                                Septiembre, 1927

 

 

LOS HÉROES DE LA MISERIA

 

 

 

Los héroes de la miseria, la escultura genial de Juan Ramón Bonilla, que tiene para mí el encanto excelso, mayor que el de los escrúpulos, de simbolizar toda una filosofía rebelde y agresiva, -la que asoma en los ojos tristes y en los labios contraídos de los hambrientos- será colocada, dicen los noticieros, en uno de los salones del Teatro Nacional. ¡Eso no puede ser! Y hemos de oponernos a su realización los que somos de la hermandad de los desposeídos, de los que queremos poseer son robar y sin recibir limosna.

 

Levantar en el interior del Teatro el monumento divinamente bello de Bonilla, fuera arrebatarle la grandeza del simbolismo, porque quedaría allí como diciendo que Costa Rica refugia a los miserables, siendo así que ni siquiera hay cariño para ese ideal entre nosotros.

 

LOS PROCEDIMIENTOS DEL TROGLODITISMO1

 

 

El 19  de octubre recibí, procedente de Heredia, una postal que he depositado en manos del señor Director de La Obra, y que dice:

 

 

"Como Exdirector de la Escuela de Aplicación consideramos a Ud. obligado a decir algo en contestación al informe que publica La Gaceta del viernes 11 de los corrientes. - UNOS NORMALISTAS."

 

Breve es mi respuesta al autor del anónimo. No he leído el informe, y una instancia e insinuación tan sospechosa solo consigue que me abstenga de leerlo. Porque me mueve a una prudente reflexión semejante a ésta: de tal palo, tal astilla. Y el tiempo no está para que todos  comentemos imprudencias.

 

 

A LOS FARISEOS

 

 

Cuando se nos querría ver sufriendo las torturas de un desaliento provocado por dolorosas reacciones; cuando se nos querría contemplar perdidos en la noche de una decepción profunda, o cuando, talvez, se nos querría mirar confundidos en la turba de los apóstatas, ofrecemos nuestro afán altivo risueñamente matizado por el iris de la alborada que vivimos y vigorizado poderosamente por el desprecio que bulle en el santuario de nuestros ideales y que asoma a sus puertas cuando las desventuras llegan a tocar, cuando a pedir entrada se acercan las asechanzas.

 

Se nos dice, con meliflua voz de burgués envejecido en la explotación, que Costa Rica no sufre los efectos de un desequilibrio social similar al que en otros países víctima de las energías de la juventud y del obrero y que, por lo tanto, la esterilidad de la tarea que atrae nuestros esfuerzos, es evidente. Argumentación semejante enfrentan los exploradores de otras regiones, en que estas cosas se dilucidan en la cátedra, cuando para disculpar los desniveles sociales, profanan la verdadera ciencia y afirman que el orden universal excluye toda razón anárquica.

 

Ambos argumentos, aún cuando en la forma difieren, se enlazan en la esencia, ya que los dos tienen por origen una inconcebible desvergüenza.

 

Negar que en Costa Rica los obreros y los jóvenes están desposeídos de la categoría que en la vida colectiva les corresponde, o sea, negar que dichas entidades están nulificadas por la acción nociva del mercantilismo, es precisamente manifestar que sucede lo propio, pues no habría necesidad de obstaculizar una labor vana, en el concepto de extemporánea, porque ella perecería víctima de horrenda inanición.

 

Sabemos, y lo sabemos de modo perfecto, que esa prudencia trajeada de doctrina, con que nos quiere acallar una minoría que en la lid vergonzosa conquistó preponderancia, no es otra cosa que una trampa oculta por enramadas, colocada en mitad del camino que seguimos.

 

Vosotros los que nos habláis en tono consejero, sois fariseos en la tribuna; os conocemos demasiado. Os hemos visto, borrando con caridades que hacéis la caridad de publicar, el rastro de hechos indignos que os dieron grandeza.

 

Y diríamos, pero lo haremos en otra vez, es espectáculo entero que hemos visto, a pesara de que nuestra mirada se ha distraído mucho en la contemplación de los bellos paisajes del ideal.

 

Pensad si os conocemos, que tenemos ya sabido el regocijo que os produce la perspectiva de una noche orgiástica, afrentosa, para la miseria: el próximo 25 de Diciembre, que nos recuerda la cuna esplendorosa de Jesús, el humilde pesebre que sirvió de urna a las riquezas de tres Reyes Magos que sintieron vibrar en su corazón generosidades tan luminosas como los fulgores de la estrella que los guió hacia Belén...

                                                                                                                   

Omar Dengo

 

 

LA SUPRESIÓN DE LA SEGUNDA ENSEÑANZA

 

 

Cambiando impresiones con nuestro amigo Omar Dengo, acerca de la Segunda Enseñanza, este distinguido profesor se sirvió manifestarnos lo siguiente:

 

La Constitución debe declarar concretamente que al Estado le compete el sostenimiento de la Segunda Enseñanza, -o, como hoy cabe decir, de la Educación Secundaria-. Ante la Asamblea Constituyente ésta no es ya una cuestión técnica ni política, sino una mera cuestión de consecuencia con las ideas que acerca del gobierno, más o menos clara, más o menos sinceramente, ha manifestado en algunas de sus actitudes. Se dice que aspira a construir una verdadera democracia; ello importa una concepción dinámica del Estado, la del Estado que se construye a través de los individuos, lo cual le impone la obligación de capacitarlos para ser instrumentos conscientes de una activa creación de fuerzas e intereses, que puedan traducirse en constante mejoramiento de las instituciones que expresan la vida de la nación. En otras palabras, le impone la función d educar. Dentro del concepto moderno, es decir, sociológico, es decir, funcional, del Estado, los problemas políticos no son sino problemas de educación. Por cierto que a falta de verdaderos estadistas, más que los politicantes, debieran discutir tales problemas los educadores.

 

¿Basta la Escuela Primaria a realizar la función educadora del Estado? Imaginando que fuese como en esta hora la conciben las disciplinas en que informa su  orientación teórica, no por ello dejaría de ser simple campo de preparación, como si dijéramos, preliminar. Requeriría siempre la posibilidad de prolongarse sobre sí misma en una serie de instituciones que organizaran y acrecieran los intereses que despertó, las aspiraciones y los ideales que sugirió, las actividades que pudo encauzar, etc. Pero nuestra escuela, por obra de la presión del medio, sigue siendo un centro de enseñanza de primeras letras. Para el padre de familia cumple su finalidad a maravilla, cuando enseña al niño, como la maestra Reducinda, a leer, escribir, contar y... rezar. Precisamente lo mismo que se le pide al aspirante a policial. Un estudio efectuado por la Escuela de Aplicación en 1916, me permite afirmar que de cada 100 hogares urbanos costarricenses, 15 están preparados para comprender sus relaciones con la escuela, y sin plena conciencia, el actual objetivo de ella. Me permito afirmar también que 5 0 6 de cada 100 pueden satisfacer completamente las necesidades del escolar en su aspecto económico. Por donde resulta, además, no ser bastante que la enseñanza primaria sea gratuita, para que todo niño costarricense pueda cursarla. Si no recuerdo mal, según los datos de un cuadro estadístico formado por don Arturo Torres en 1914, solamente el 8% de los niños costarricenses cruzan completa la Escuela Primaria. Los más, de preferencia en las escuelas periurbanas y rurales, se detienen en el III grado. Los datos revelan muchos problemas. No es ocasión de analizarlos. Conviene advertir que la empresa hermosísima de don Mauro Fernández, -que abarcaba el sostenimiento por el Estado de la Educación Secundaria- apenas está iniciada. Cuando los periódicos, en editoriales de réclame patriotero, repiten para halagar a Juan Cedeño que el país tiene más maestros que soldados, encubren la tremenda verdad de que tiene más analfabetos que proyectiles. Aparte de que no solo es analfabetismo la ignorancia del Catón, sino también la mentira reputación, y la mentida cultura de mucho intelectual, y aún de mucho prohombre.

 

Analfabetismo puro, aunque glorioso, es el de estos hombres de Estado que todavía lo comprenden  al modo aristotélico. Cuentan que don Ricardo Jiménez dice de algunos de ellos que, en materia de Derecho Público, todavía secan con arenilla.

 

...Y se nos quiere conducir a la aceptación de las ideas que en aquel país2 sustentan la docencia libre. Ideas propias para aplicarlas a pueblos en que como producto espontáneo de la experiencia histórica y social, existen, por necesidades del progreso mismo, sistemas generales de cultura, y conflictos de sistemas. La verdad es, señor Redactor, que después de haber intentado suprimirnos la vida el patíbulo, resulta inocente que nuestros prohombres quieran dejara el país a oscuras. Pues que la supresión de la Segunda Enseñanza es la misma pena de muerte, aplicada a la cultura.

 

 

RECOJO LA INDIRECTA

 

 

A propósito de un artículo publicado en El Republicano acerca del proyecto de fundación de una Escuela de Artes y Oficios1, afirma su periódico que seguramente no pasará inadvertida la indirecta que dicho artículo contiene en estas palabras: "Los verdaderos libertarios, los que no lo son de palabra, deben trabajar empeñosamente con nosotros para conseguir el establecimiento de la institución a que nos hemos referido". Si bien no acierto a descubrir la intención, acaso excelentemente animada, conque su periódico hace resaltar la indirecta, como mi aspiración libertaria me autoriza plenamente a recogerla, lo hago así, y sin entrar a saber si siquiera de la palabra serán libertarios los que la han lanzado, ni a discutir la sinceridad de mis convicciones, me doy el placer de manifestar que teóricamente estoy del todo acorde con los que piensan que el estado social obrero en nuestro país reclama de manera urgente la creación de un centro educativo, que venga a concentrar las actividades intelectuales de los artesanos, sobre una base científicamente sistematizada, en lo que se refiere al aprendizaje de los oficios con que ellos aspiran a engrandecer su vida y la vida nacional.

 

Precisamente el que la Escuela de Artes y Oficios,-de que tanto se habla cuando se inician y mientras transcurren las comedias eleccionarias- no exista aún, es una de las razones que más poderosamente han contribuido a convencerme de la verdad que alientan las prédicas anti parlamentarias de esta hora. Porque es de cierto cosa grave que nuestros Congresos, muy a pesar del verbalismo patriotero que despliegan en sus debates, no hayan logrado la fundación de ese establecimiento. Lo mismo podría decir con respecto a las leyes sobre a accidentes de trabajo, que hasta ahora no han pasado de ser objeto de los más brillantes ejercicios  dialécticos, y que fuera de Costa Rica creo que solo Zululand1 que no se las conoce. Sin que ello implique, por supuesto, la menor duda acerca de las altas capacidades de nuestros hombres públicos ni de su buena voluntad para hacer, como Moisés, la felicidad completa del pueblo pacífico y trabajador en que ellos, por fortuna, han podido colmar todos sus anhelos de bienestar personal.

 

En la práctica confieso que tal vez haya de disentir de la opinión de más de una de las personas que han formulado proyectos de Escuelas de Artes y Oficios. Y por eso estudiaré detenidamente la cuestión, a fin de ponerme a trabajar, con mucha humildad, al lado de los que se empeñan en labores de tan noble trascendencia.

 

Pueden estar seguros usted y el señor  editorialista de El Republicano de que, muy en breve, tomaré a este campo a traer el producto modestísimo de mi labor, y, como siempre, los entusiasmos ardientes de mi juventud.

                                                                            Agosto, 1912.

 

 

APÓSTOLES DE FERIA

 

 

Voy a sintetizar la respuesta que ha dado don Luis Castro Ureña en "El Republicano" de ayer a los cargos que parte de la Prensa y mi pluma le han hecho, y a comentarla también.

 

Es falso "que yo he dicho en el Congreso que todos los obreros son una manada de ebrios."

 

Es falso que yo lucho ante la representación Nacional porque los patrones puedan explotarlos a sus anchas.

 

Sé de donde procede la infamia y adonde va dirigida.

 

Se me cree simpatizador con las ideas del Partido Republicano y piensan los que me difaman que hiriéndome a mí, lo hieren también de rechazo.

 

No es del caso de indicar mi afiliación política, que sea cual fuere, lo que hago o manifiesto, solo a mí me es imputable.

Mi norma de conducta no tiene que afectar al partido de mi predilección.

 

Soy amigo, compañero y camarada de los obreros y trabajadores costarricenses cuando ellos son honrados, pundonorosos y correctos; pero de ninguna suerte puedo convertirme en paladín de los que, por sus vicios, no son acreedores a la estimación de sus conciudadanos, sino apenas a su compasión y lástima.

 

He sido y soy artesano; tengo amistad sincera con multitud de obreros y trabajadores a quienes nunca he pedido su voto para nada, pero no puedo mentir para conquistar aplausos inconscientes que solo a los necios halagan.

 

En Costa Rica no hay tal opresión para los trabajadores: el obrero, peón o dependiente, bueno o idóneo, es mimado por los patrones.

 

El único enemigo del obrero bueno, es el obrero malo.

 

He pintado las escenas inmorales que ocurren en la Línea los días de pago, en que la mayor parte de los obreros se entregan a la bebida  hasta concluir con el sueldo y he deducido en consecuencia que menudear los días de pago es multiplicar las ocasiones para que el brasero se sumerja en el vicio con daño suyo, de la familia y de las fincas donde trabaja.

 

Jamás podría yo, viejo luchador por las libertades patrias, abogar por la explotación indebida que los patronos puedan hacer en sus trabajadores.

 

Soy finquero1; y ningún peón mío puede decir que yo soy un patrón inhumano o desconsiderado.

 

"...Y como reconozco que es un deber apremiante de todos los costarricenses procurar por cuantos medios estén a su alcance, el mejoramiento de la patria común, aprovecho este medio para excitar a los buenos amantes del bienestar y progreso de ellos, para que todos juntos, de consuno, establezcamos una escuela nocturna de obreros, a fin de fomentar la cultura intelectual, moral y física de éstos y la nuestra también".

 

Desde luego suscribo con  lo siguiente con el plan que propongo, ¢ 30 semanales para ayudar a todos los obreros del país, hasta que llame así a algunos o a uno solo de los que lo son, para que pueda yo decirle que los miembros de los Poderes Públicos no tienen derecho a escarnecer una desgracia que han contribuido a crear, o que por lo menos no han sabido disminuir, como es de su obligación y mucho menos si el cargo puede rechazar y traer  en su regreso la agravante de que los hombres que han recibido una educación completa, al punto de pretender dársela a los demás, están mayormente obligados a conservarse libres de la acción perversa de los vicios.

 

¿Cuándo ha trabajado el señor Castro Ureña, en sus campañas de viejo luchador, porque el Gobierno no le venda licores a los obreros y busque otros medios más conformes con su pretendida finalidad para sufragar los gastos no siempre necesarios de la administración pública? Ni, ¿cuándo, en alguna otra forma, se ha empeñado en contribuir a evitar que caigan en las cisternas del vicio a huir de los campos de explotación en busca de una alegría que amortigüe sus intensos dolores?

 

Es así, al contrario, que cuando surge la ocasión de procurar que les sea menos penosa su prolongada esclavitud, se vuelve airado contra ellos y los deprime y los insulta torpe y despiadadamente. Pues que es de tener en cuenta que si el trabajador se embriaga se debe ello a que en medio a las torturantes privaciones de su existencia alquilada, el licor se reofrece como un placer muy barato, al cual no es capaz de hacerle frente su pobre voluntad debilitada por las penurias que sufre el cuerpo ni su razón llena de sombras. Y el vicio entonces lo arrastra pendiente abajo con daño propio, de sus familias y de sus patrones tan bondadosos y justicieros de esta tierruca, entre los cuales ha de incluirse, sin duda, a un riquísimo industrial que no ha muchos días exclamaba con el más repugnante cinismo: "son una partida de bandoleros que no han hecho más que robarme". Siendo así, que a estas horas él guarda en sus arcas cerca de ¢ 90.000, y ellos, hombres todos honorables, apenas si logran reunir cada día lo necesario para proveerse de la peor alimentación.

 

Cierto es que don Luis no lucha ante la Representación Nacional, de un modo sistemático, porque los patrones puedan explotar a los obreros a sus anchas; pero no lo es menos que sus primeras labores han sido de contribución a las iniquidades que con ellos comete la empresa frutera  de la Línea y las compañías mineras de la región del Pacífico. Y ésa no debe ser nunca la tarea de un artesano, amigo sincero de los trabajadores, que quiere fomentar la cultura física, intelectual y moral de los obreros y salvarlos de las miras sospechosas del libertarismo fingido. Una buena comprobación de sus palabras habría consistido en escoger el proyecto reinvindicador de Peralta con el entusiasmo que le dedicaron otros diputados que no son ni han sido nunca paladines de la libertad.

 

En cuanto a que se sabe de dónde proceden y a dónde van dirigidas mis palabras, he de decir que proceden de lo más hondo del corazón y que van dirigidas hacia la cumbre esplendente en que florece el más alto ideal de justicia. Tanto se remontan, que no podría seguir sus vuelos la mirada de don Luis empañada por los intereses transitorios y estrechos de la política que ofrece enseñar en sus conferencias.

 

No he pensado herir directa ni indirectamente al Partido Republicano, uno de cuyos miembros prominentes, por cierto, fue el primero en felicitarme por mi modesto artículo anterior.

 

Nada tengo ni quiero tener que ver con ningún partido político, porque pienso que los verdaderos intereses de los pueblos nunca alcanzarán satisfacción dentro de la zona de la política, que, para decirlo francamente, constituye una industria vulgar, fomentada por unos pocos profesionales,- aristócratas o republicanos- ,- como un medio holgado de vivir sobre los flancos de la sufrida inconsciencia de las mayorías.

 

Los partidos son los partidos, los candidatos son los candidatos; las aspiraciones efectivas de los pueblos y la senda en que ellos encontrarán la conciencia absoluta de sus deberes y el reconocimiento pleno de sus derechos, están a mucha altura por sobre esas oquedades tenebrosas donde se refugia el egoísmo de los hombres sin ideales amplios, que no comprenden la progresiva realidad de la emancipación proletaria, como obra hermosa del propio esfuerzo, valiente e incontrastable, de los trabajadores.

 

La política perdió ha tiempo sus prestigios ante mi ánimo, precisamente por las inconsecuencias de los hombres que la profesan. El hacer notar para bien de los obreros, uno de sus males, fue acaso lo que más me decidió a exhibir la actitud del Sr. Castro Ureña. A más de que no puede inferírsele a mi juventud la burda ofensa de creerla interesada en explotaciones a los obreros. Bien le consta a muchos de ellos que más de una vez he reprobado con suma franqueza ciertos defectos suyos, con el resultado de que se vayan disgustados conmigo, así como ocurrió con motivo de una conferencia que tuve el honor de dictar en la "Sociedad de Trabajadores".

 

Quería tratar con detenimiento lo de que no hay opresión patronal en Costa Rica. Diré hoy que la simple existencia del patrón no implica una violencia ejercida sobre el obrero sin justificación alguna. Si para el señor Castro el único enemigo del obrero bueno es el obrero malo, para mí, entre otros enemigos, es siempre, y  de la peor clase de patrón aunque sea un sano obrero bueno y al obrero malo los considero hermanos.

 

 

EL PROFESOR SR. DENGO HACE DECLARACIONES

El proyecto para crear rentas a la Escuela Normal de Heredia

 

 

Respecto a la iniciativa del Scretario de Educación Pública para crearle rentas a la Escuela Normal, hízonos ayer el profesor don Omar dengo las siguientes declaraciones:

 

El interés máximo de la Escuela Normal está encaminado a obtener rentas y ojalá amplias. Sus funciones son muy extensas y sus responsabilidades enormes. La escuela Normal es la base de la democracia, puesto que de su eficiencia llega a depender la idoneidad de la escuela primaria. Ahora bien, note usted que la educación buena es cara, como la buena higiene, como el buen teatro, como todo lo bueno, en fin.

 

En el país hay cinco colegios: dos en San José, uno en Alajuela, uno en Cartago y uno en Heredia; este último es la Escuela Normal, el único de este tipo en el país. Los demás son colegios de preparación para el bachillerato.

 

Todos esos colegios representan intereses del Estado, porque todos entrañan adquisición de cultura, pero la Escuela Normal representa intereses directos o inmediatos puesto que prepara maestros para las escuelas públicas del Estado.

 

¿Hay proporción  -pregunto yo- entre el esfuerzo que se dedica a preparar bachilleres y el que se dedica a preparar maestros?

 

La Escuela es el colegio que recibe menos rentas. Un alumno que hace estudios de bachillerato paga 60 colones anuales, si pertenece a la sección preparatoria que consta de tres años; y no paga ni un céntimo si se inscribe en la Sección Normal que consta de tres años también.

 

Un título de bachiller paga de derechos creo que sesenta clones y uno de maestro, diez, de los cuales corresponden a la Escuela la mitad. Compare usted esas situaciones y dígame si es cierto o no que a pesar de otras entradas que recibimos el estado pecuniario de la Escuela es inferior al de los colegios. Yo no deseo que estos se perjudiquen de ningún modo. Al contrario, deseo que aumenten sus posibilidades de trabajo. Pero tampoco puedo mirar con calma por más tiempo, que la Escuela ocupe una posición postergada. Éste es el ánimo del profesorado y de los alumnos.

 

Venga del norte o del sur, es decir, de las taquillas o de la ley de presupuesto, lo cierto es que la Escuela Normal necesita más dinero. Me dice usted que es preferible el segundo de los caminos. Está bien. Lo que urge son las rentas. Y si se ha llegado a pensar en buscarlas fuera del presupuesto, es porque durante muchos años se han encontrado cerradas las puertas de éste, casi herméticamente. Si ahora se van a abrir, que sea en buena hora: alguna vez decía yo que economizar en escuelas es economizar civilización. Ahora digo que gastar en ellas, y sobre todo gastar en mejorarlas, es atesorar riqueza para el porvenir de la nación.

 

 

 

Y FINALMENTE EL SEÑOR DON OMAR DENGO, EXPUSO LAS IDEAS QUE CONTINÚAN

 

Señores:

 

Ved en quien habla, a un compañero en elídela político, que lo comprende de modo hostil a las ruinas consagradas; que lo comprende como son comprendidas las cosas después de analizarlas en el amplio ambiente de un pensamiento que no sufre el cautiverio de intensas preocupaciones, que sí repele los asedios de la corrupción, y que por lo tanto, labora guiado por las tendencias que en el moderno vivir sintetizan la aspiración de los pueblos avanzados.

 

Es en tal virtud que solicito el apoyo colectivo a mi desacuerdo con una de las tareas previas a la organización de esta asamblea: me refiero al hecho de que se desea proseguir practicando el viciado sistema de elegir presidente Honorarios de la Junta Directiva.

 

¡Cuando se está rudimentariamente compenetrado de los principios que marchan al frente de la causa republicana, y se lee una lista encabezada por puestos de honor, le parece a uno que presencia un desfile funeral de palaciegos!

 

¡Y es que, en realidad, señores, esas vanidosas divisiones, esas odiosas preferencias, caben perfectamente en una esfera política impropia para la germinación de las doctrinas democráticas; esa repartición de honores en una obra que únicamente requiere soldados, es, para decirlo francamente, un germen de monarquía en el organismo de la República! De manera, que solo debemos aceptarlas si se vive en nuestro espíritu el anhelo de proseguir vegetando en la casa de los amos. Demos el adiós de eterna despedida al arrullo de los embaucadores, y reconozcamos que esa que digo -mísera condición de esclavos- ha sido hasta la presente edad, la designada para la juventud en el intercambio de faenas que la consociación implica.

 

Si hubiera una atmósfera de verdad rodeando las energías nuevas, los vigores juveniles, decir podríamos, a pesar de la protesta airada en los envejecidos, que somos la única real potencia que la patria tiene a su servicio, la sola capaz de organizar para que el ideal se robustezca con el vigor que ella abandona, la única ante la cual se rinde azorado el desencanto, porque siempre vibra su afán con los acordes de una marsellesa redentora.

 

Pero, no hemos de aniquilar el espíritu en la contemplación de ficticios panoramas; si dirigimos la vista al campo en que nuestras actividades luchan,  las veremos, amargamente, caer derruidas al paso de la caravana de los mercaderes.

 

Tal y no otra es nuestra situación.

 

Si representar debiéramos, como con nuestros hermanos de lejanos lares ocurre, una briosa falange que avanza sembrando luminares y esparciendo flores, hemos de reconocer, que solo somos una turba de figurantes a quienes se encamina a través de de los campos  obstruidos, para que abramos brecha a los que marchan atrás afanados en la recolección del botín.

 

Si amamos la condición de lacayos, y ha de ser la finalidad de nuestra vida tener alfombras y colgar cortinajes, bien está que hagamos del silencio nuestro eterno acompañante y que prosigamos muy ufanos, en la peregrinación del vicio. Mas, si para resarcir a Costa Rica de la afrenta que le inferimos con nuestra pasividad de parias, y para resarcirnos de la ofensa que se nos ha hecho, nos disponemos, poseídos de una intensa pasión demoledora, a echarnos sobre tanto pedestal de cartón que nos oscurece el horizonte, hemos de empezar ahora mismo derrocando el momificado sistema de los nombramientos honoríficos.

 

Hay quien nos acaudille, no a título de explorador mandarín, sino en calidad de compañero que siente como nosotros bullir en su cerebro el ideal de la renovación, y antes de agregarnos a sus huéspedes hagámonos acreedores a ello, verificando algo digno de ese caudillo y de las ideas que proclama.

 

Al efecto, encarguemos la gestión de nuestros intereses y la orientación de nuestros asuntos, a un cuerpo directivo libre del baldón de los honores, e integrado por juventud competente en el doble concepto de íntegra y activa, porque una dirección raquítica, vaciada en los viejos moldes, equivaldría a la venta de nuestra independencia, y por tal manera, a la prolongación de la vida de desastres que hemos realizado siempre. Elijamos a quienes, sin necesidad de oír interesados consejos, puedan organizarnos, para que efectivamente seamos un escuadrón pronto a asaltar las tiendas enemigas.

 

¡No es otro el intento que llevó a la tribuna, a quien antes de abandonarla, os propone que nombréis presidente de este grupo jimenista, a José María Zeledón, jefe como ninguno capaz de guiarnos por un sendero que nos atraiga el nombre de juventud altiva y con él la gloria de haber limpiado de telarañas el estandarte de los ideales, para que sea en el futuro el pabellón nacional!

 

Como en el anterior discurso fue propuesto José María Zeledón para presidente del club, la asamblea agitada por poderoso entusiasmo, lo aceptó como tal y entonces dicho señor, ocupando de nuevo el estrado, dijo así:

 

Riñe con todas mis convicciones en la materia, la aceptación de una supremacía entre mis compañeros. Nunca he podido comprender que esas desventajosas posiciones sean precisas para que una agrupación de hombres conscientes, trabaje en la fraternidad de un alto esfuerzo. Pero no dejo de darme cuenta de que una asamblea tan

POR LA GLORIOSA INCONCIENCIA DE LOS NIÑOS

 

 

No sabe decir mi memoria quién escribió que, -así como el invierno al sacudir su nieve sobre las cosas, o la luz de las noches serenas al esparcirse las metamorfosean maravillosamente- los niños animan y transforman cuanto sus manecitas tocan, con una gracia que viene de más alto que los blancos copos y que los rayos de la luna.

 

Y así. Su gracia viene de la Virtud, que está más alta que las nubes y aún que el sol.

 

Pero, ¿por qué pensar ahora en los niños?

 

Porque se les quiere agraviar una vez más. ¡Como si no fuera mucho no haber sabido apreciarlos nunca!

 

Quieren La Información, -y sin duda lo quiere sinceramente- que el próximo aniversario de la independencia nacional sea celebrado por medio de una pomposa festividad escolar, si bien distinta por la forma de las que a ese propósito suelen efectuarse, idéntica a todas ellas en lo fundamental y en lo tanto justamente acreedora a que se ponga algún empeño en la obra de obstaculizar su realización.

 

Solamente tiene loable esa iniciativa el ser adversa a la que sustentan los que con mejores ojos verían que "el quince de septiembre" fuera conmemorado mediante festejos de índole militar. Y si hubiéramos de decir en forma alguna por qué esa otra idea no merece el afecto de nuestro criterio aunque sí todo nuestro odio, diríamos con entusiasta franqueza que tenemos por incultas las manifestaciones de ese torpe afán, decorativamente bélico, que en la hora presente domina a los más de nuestros hombres. Diríamos que eso es inculto y socialmente nocivo...

 

¿Será éste,- nos hemos preguntado, no sin cierta desesperanza- el caso afirmar que los periodistas suelen no hacer un uso consciente de su lápiz y que en fuerza de inquietudes por cumplir la enorme tarea diaria, cometen con frecuencia el desacato de echar mano del primer proyecto que les viene en gana formular?

 

No es fácil dejar de recordar  que fue asimismo La Información quien se complacía días atrás en acoger  con notoria fruición aquel otro proyecto peregrino, en hora feliz fracasado, de celebrar un concurso de belleza infantil. Ni tampoco que cuando se intentó ponerlo por obra alguien hubo que invocó en defensa de los niños el derecho inviolable con que los cubre para protegerlos la suprema virtud que alienta en sus corazones.

 

Esa misma muy grande virtud, gloriosa inconsciencia, ha de invocarse ahora en que otra vez se pretende satisfacer con daño suyo las mezquinas vanidades de los hombres, sus torpes regocijos.

 

¡Virtud todopoderosa como el diamante que el hada Beryluna pusiera en la frente de Tyltyl, el amable buscador del Pájaro Azul! ¡Es en nombre tuyo que se le pide a los hombres respeto para tus hijos!

 

¡Es sagrado el derecho de los niños! No han de ser ellos, en tanto la verdad busque el cenit, flores que engalanen las bacanales de la urbe viciosa, que no siente, que por lo ficticias no puede sentir, las glorias de esa independencia que quizá en pretensión de adormecerla incesantemente se le canta.

 

¡No merece el Ídolo Patria, sangriento como el dios de los fenicios, que en sus aras sea sacrificada la pureza lilial de los niños!

 

Abusar del dominio que sobre ellos se tiene para unirlos al coro de una encerrona patriotera, tanto valdría como enfilarlos a lo largo de una calle, tras la irrisión de una "cruz alta" en marcha. ¿Podría hacerse así? ¿Qué derecho se tiene a suplantar el pensamiento de nadie? Y no se diga maliciosamente que el de los niños no se manifiesta en forma definitiva, sino cuando corren tiempos y se transforman en hombres. He ahí que lo venerable es la gestación de ese pensamiento que quizá haya de brotar en florescencias bien distintas de las que se pretende adivinar a través de los ojillos inquietos y risueños de la infancia.

 

Cuánto más diríamos si no hubiera con recordar que toda esperanza de restauración moral está muerta donde no solo los de los niños sino además las conciencias de los hombres, son a cada instante violadas por la proclamación de fingidos ideales, -que tal es hoy día la flauta en que ponen sus labios resequidos las conveniencias para hacer que marchen en pos suya los rebaños humanos...

                                                                                                                       1911

LA PAZ, EMPRESA DE NIÑOS

 

 

Un caballero inglés, el cual desea que su nombre quede en silencio, ha dirigido una carta al Presidente Wilson para sugerirle la organización de una liga infantil, internacional, al servicio de la Paz. La fundación es posible, le dice, "si usted da a la idea la fuerza de su posición de Guía Espiritual del Mundo". Luego expone su proyecto. Las madres, las hermanas, las mujeres todas, dice, lo acogerían. Ellas no quieren que sus hijos sean sacrificados a los Dioses de la Guerra. La esperanza de paz contiene la alegría de toda una vida para el corazón de las madres. Una nueva "Era de felicidad" comenzará para todo ser humano.

 

Sería fácil formular reglas sencillas a fin de que las adoptaran en todos los países las escuelas, las asociaciones infantiles, etc. Luego, se crearía toda una literatura de amor a la paz: lectores, textos de historia, libros, en suma, dedicados a mostrar cómo los efectos del miedo, acumulados en siglos  de civilización, culminaron en la ultima guerra; cómo había el temor de educar a las masas y se las mantenía recluidas en la ignorancia. Estos libros impondrían, venciendo al pasado, ideas de paz y de buena voluntad.

 

Habría oportunidades para niños y jóvenes de consagrarse voluntariamente a la ejecución de trabajos sociales o educacionales, durante un mes de cada año, por ejemplo, y con el propósito de realizar planes de mejoramiento colectivo ("Senderos de servicio" llama a esas formas de labor el incógnito caballero inglés). Los trabajos podrían también, ser obligatorios como el servicio militar al cual reemplazarían.

 

Todo ello obtendría los mismos efectos vitalizadores que atribuyen a la guerra los escritores militaristas. Y así por medio de las escuelas, por medio de los niños, se llegaría a desenvolver gradualmente, para que floreciera y fructificara en la vida de una nueva generación, una profunda y estable conciencia social, internacional, universal, en vez de la conciencia nacional o de clase. El pensamiento de la paz se grabaría indeleblemente en la mente del mundo, y las naciones avanzadas lo trasmitirían, de un modo fraternal, a las retardatarias.

 

La carta concluye con un discreto elogio de la noble iniciativa y con la súplica al Presidente de que haga por ella lo  que crea justo.

 

No pretendemos comentar la carta, sino subrayara en ella ciertos signos de los tiempos: sed de renacimiento, preocupación por el niño, fe en la escuela, ánimo de servicio, fraternidad internacional,  etc. Fuerzas todas que están construyendo un mundo nuevo, brazos que el dolor humano tiende hacia el futuro, obra de soñadores, cosa de profetas... Y mirar que el hombre sueña para que construya el niño, y que cuanto ya éste es hombre, sueña de nuevo...Y el objeto de la vida, y el progreso, quizá explicados en esa capacidad de renovar múltiplemente el ensueño, tejiendo con hilos de siglos, la ilusión de un mundo, la ilusión de un hombre, y un culto y una idea y un amor...

                                                                              Agosto, 1919

 

 

LA NUEVA EDAD ESCOLAR

 

 

Sin tiempo para intentar un estudio completo de tan importante cuestión. Limitamos nuestro contingente a publicar los siguientes apuntes.

 

* * *

 

Los estudios psicoanalíticos en cuanto permiten tentativas de aplicación a la ciencia educacional (Piffer, Badouin, Heal, Boret, etc.), promueven una creciente complicación de los problemas metodológicos y de disciplina escolar ante la cual viene a ser científicamente deseable que la escolarización del niño sea tardía. De preferencia en nuestros países, ya que los resultados de la investigación casi no llegan, o llegan muy tarde, -y parcialmente- a informar el criterio predominante en el trabajo de las aulas. El solo problema del desarrollo emocional (Crichton Miller) considerado por referencia al efecto de la autoridad del maestro sobre el niño, mueve a tomar una actitud de suma prudencia ante la escolarización temprana.

 

* * *

 

Hay resultados de experimentos (Penschew, Menmann) que parecen favorecer la conveniencia de comenzar el aprendizaje en una edad temprana; pero ello es así solamente en la apariencia, ya que tales estudios han contribuido a afirmar el concepto de la fluctuación del aprendizaje en el niño. Cuánto más joven sea tanto mayores serán las fluctuaciones de su progreso.

 

* * *

Aprende por impulso, o, en las palabras de Freeland: "su habilidad avanza y retrocede". Y como la escuela está habituada a esperar progresos constantes y casi a exigirlos, el peligro de la situación aumenta en la medida en que la edad del niño decrece.


* * *

 

Lo que podría ser una sorpresa para muchos es que los l7 años, más que cerrar, fisiológicamente un ciclo, quizás representen un momento de transición en el cual, por serlo, resultaría equivocado iniciar las tareas escolares. (La más baja razón, -0.15- aparece a los 6 años en una serie de investigaciones acerca  del crecimiento físico y el progreso escolar, al fijar índices de peso, altura y capacidad vital (B. Thomas Baldwin).

 

"Las demandas de la instrucción deben adecuarse, en primer lugar, a la capacidad innata del niño, a su estado de desenvolvimiento y condición de salud, después de lo cual debe rodeársele, en lo posible, de condiciones óptimas de trabajo; ... finalmente debe atenderse al cumplimiento de las leyes de salud mental, cuidando de cultivar convenientemente hábitos de atención, asociación de ideas y reacción emocional" (A. S. Beik).

 

Cuando las escuelas no están en actitud de ajustar su labor a tales preceptos, el peligro es mayor para los menores aunque exista para todos.

 

* * *

El estudio de la precocidad intelectual (T. A. Willams) lleva a la conclusión de que ella comporta muy graves amenazas para el niño que la muestra, cuando se trabaja de modo que estando el maestro supeditado a las necesidades de las mayorías, del conjunto, no puede individualizar la instrucción. La precocidad no puede ser nunca un argumento a favor de la escolarización prematura.

 

* * *

Con el niño pobre todos los problemas acentúan su complejidad.

 


* * *

 

Para Burnhan y Kilpatrick el aprendizaje de la aritmética no debe comenzar antes de los 8 años y sería preferible que comenzara a los 10.

 

* * *

 

Varios de los higienistas que se han especializado en este campo convienen en que el aprendizaje de la lectura puede comenzar informalmente y sin peligro en el Kindergarten, pero convienen también en que el aprendizaje formal debe ser postergado lo más que sea posible Burnhan, Thompson, Burgerstein).

 


* * *

 

"Paton, en su Psiquiatría, atribuye el enorme crecimiento de las enfermedades nerviosas y mentales al instinto de educar individuos cuyo sistema nervioso está funcionalmente incapacitado para soportar la tensión que se le impone" (Meyer).

 

* * *

Otro gran progreso de los estudios educacionales es la introducción reciente del llamado "diagnóstico pedagógico" que permite determinar, siquiera aproximadamente, las causas y condiciones del fracaso del alumno en el estudio de las varias materias.

 

Trátase de un sistema d mediciones que dispone de recursos cuyo empleo todavía no es accesible entre nosotros. Es uno de los instrumentos de la individualización y gracias a él, se logra evitarle al niño muchos perjuicios.

 


* * *

 

La ley se complementaría, como alguien sugirió, con el establecimiento del Kindergarten, lo que por ahora no es factible.

 

Pero, eso sí, a cambio de que se tratara del verdadero y moderno Kindergarten; no de peligrosas imitaciones.

 

* * *

No pasará mucho tiempo sin que se logre disponer de los medios que las investigaciones psicológicas y pedagógicas requieren y entonces estas cuestiones se estudiarán en nuestro país con base en el conocimiento científico de nuestro niño, con lo que nos libertaremos del capricho de las opiniones personales.

 

* * *

La exposición de don Luis Felipe González acerca de este problema está, en lo sustancial, confirmada por las conclusiones más generales de la educación experimental (Feedman).

 

* * *

 

En estos tiempos es posible que un eminente profesor declare que el que ha nacido maestro no puede competir con el que conoce técnicamente la profesión".

                                                                                                    

 Heredia, Septiembre, 1928

 

LA BELLEZA DE LOS NIÑOS

 

 

Es definitiva ya la decisión de premiar, en los festejos cívicos de fin de año, la belleza física de un niño. Definitivamente puede aclararse que esa resolución exterioriza un criterio no conformado a las tendencias de esta hora de la evolución ideológica.

 

Las ideas que ahora gallardamente inician la conquista de los tiempos subsiguientes, excluye de la vida social hasta la celebración de concursos de belleza femenina. El intelecto a oído de labios de la ciencia sociológica el vaticinio de su triunfo. Y en los aparatos de laboratorio hay complicidades de la Pitonisa.

 

Los días de las bellas tontas sonrientes, que un escritor, están organizando. Surge la época de la intelectualidad femenina. La mujer que triunfa no es la bella Otero danzando lascivamente; es la señora Curie disertando en la Sorbona.

 

A una amiga a quien le obsequié el  último libro de José Fabio Garnier, recuerdo haberle dicho: "se lo envío con la alegría que se recoge en los triunfos ajenos". Porque ésos, los del pensamiento, son los triunfos de ahora.

 

Los que aquí consagramos tienden a preparar una época de cortesanía; a refinar el funesto tartufismo social.

 

En la edad infantil, del todo instintiva, los halagos de la vanidad influyen inmediata y ventajosamente en el desarrollo del egoísmo y alejan al hombre de la vida fecunda que podría realizar si fuera orientado por otra senda. Educando niños para la vida del egoísmo, se atenta contra el equilibrio social, se propende a dificultar la convivencia. Hay  que educar para las épocas futuras, no para las que fueron. El niño cuya belleza sea objeto de un premio, adquirirá la noción de que en poseerla consiste el mérito más grande de la vida, y sobre esa concepción ruinosa de su finalidad encaminará sus pasos por ella.

 

El que en otros países se organicen y verifiquen certámenes similares al proyectado, cuando más denuncia que somos un pueblo instintivo, absolutamente dominado por las leyes de la imitación.

 

Si se educa a los niños para el exhibicionismo de los salones, bien está que se fomente la belleza física, y hasta que se proclame francamente la estulticia de los bellos como grandeza de la vida. Si se les prepara para que en el cumplimiento consciente y honrado de las funciones sociales del hombre triunfen los vicios de hoy, no se les inicie siquiera el concepto de esa belleza repugnante. En la colectividad-infancia, más sugestionable que las otras, engendran grandes males los ejemplos y las nociones extraviadas.

 

La dicha del hombre se llama: yo quiero, dice Nietzche. "Yo quiero" es la consigna  para entrar en la nueva vida. El desarrollo pleno de la voluntad, dominadora fuerte del egoísmo, es el ideal de la evolución humana. A herirlo brutalmente propende el concurso de niños bellos.

 

Mejor fuera pensar en que es esplendorosamente bella la fealdad del niño inteligente o estudioso.

 

 

EL DEBATE ORAL

 

 

No recuerdo cuál de los maestros del debate, quizás Parker may, o quizás alguno de los grandes tribunos de Inglaterra, dijo alguna vez que la discusión oral tiene sobre la escrita, la ventaja de poner a los hombres en el caso de afrontar inmediatamente las responsabilidades que sus ideas y actitudes comportan.

 

Pero no es esa la única razón que me mueve a preferir la forma oral en el debate acerca de la educación. Si no que, para hacer refutaciones completas por la prensa,  con todas las rectificaciones y aclaraciones que ellas suponen, se necesita mucho tiempo; y, además, los periódicos no pueden ofrecer todo el espacio deseable o necesario. Tras esto hay que contestarles a varias personas a la vez, y exponerse a ataques anónimos. En la tribuna nadie puede ocultar su nombre. Y lo que es más hermoso: si los hombres están cerca el uno del otro, fácilmente se dan la mano cuando llegan a estar de acuerdo; y se trata de discutir sus vidas, más viva, más poderosa, se mostrará la energía que pongan en defender la pureza de ellas.

 

 

LA BIOGRAFÍA DE LOS POBRES

 

 

El nombre del caballero don Felipe J. Alvarado ha aparecido con frecuencia y acertadamente elogiado en los periódicos de estos días, con motivo de la venta de su magna empresa. Una de las aludidas publicaciones, una entrevista, contiene interesantes referencias acerca de cómo llegó a poseer el señor Alvarado el capital de que hoy disfruta. Temas semejantes suelen ser muy sugestivos. ¿Cómo llegó a ser rico Fulano? ¿Cómo hizo dinero Henry Ford?; ¿Cómo se hace una fortuna?, etc. Hay toda una corriente literaria desenvolviéndose en esa dirección. Y no siempre para hacer el elogio impúdico del dinero, sino, al contrario, para mostrar las posibilidades éticas de su conquista y posesión, y para derivar de ellas optimista enseñanza. Véase, por ejemplo, lo que al respecto piensa un Ramiro Maeztú, o de lo que, ya dentro de un sistema filosófico, establece con ánimo profético, el Conde Keyserling.

 

Podría surgir una corriente que tendiera a desarrollarse en sentido inverso. Es decir, que tuviera el fin de exp

NOTAS SOBRE EDUCACIÓN

 

 

Escribo estas breves notas después de leer en esta misma revista un artículo acerca de La enseñanza utilitarista escrito por don Clodomiro Picado T. Las escribo sin ánimo de polémica. Entre los pocos hombres que en Costa Rica se han dedicado a las ciencias, el señor Picado es uno de los que me complace admirar. La simpatía viene de lejos. Recuerdo que el primer artículo mío que se publicó con mi firma, hace muchos años, fue escrito en elogio del señor Picado en el momento en que él salía hacia Europa a continuar los estudios que lo han convertido en uno de nuestros hombres de positivos méritos.

 

Creo que todo lo que se haga por aportar al estudio de los problemas de nuestra educación la ciencia y  la experiencia de trabajadores intelectuales del prestigio del señor Picado, constituye un beneficio efectivo. Es, no solo lamentable, sino vergonzoso comprobar que los mecanismos que podrían vivificar y aun organizar efectivamente tal contribución, o han muerto, desde tiempo, en manos de la desidia oficial, o, -al menos con los perfeccionamientos de que hoy se dispone- no podrían existir todavía entre nosotros. Comprendemos y aceptamos la fundación de una oficina técnica de minería, pero ni comprendemos ni aceptaríamos la existencia de una oficina técnica, moderna, de educación.

 

Repetidas veces he citado ciertas palabras del Sr. Robert Blair a propósito de la facilidad con que se suele atribuir la causa de las deficiencias de nuestra educación a estos o los otros hechos o factores, según la personal apreciación de quien juzga. En el admirable discurso con que el eminente Profesor inauguró los trabajos de la Sección de Educación de la Asociación Británica para el Progreso de la Ciencia, efectuada en 1920, dijo:

 

"El valor para la educación de la ciencia y del método científico ha sido hasta aquí, en su mayor parte, directo e incidental. Ha consistido principalmente en deducciones de otra rama de los estudios, la psicología, y ha resultado, en mucho, de la invasión del campo educacional por individuos extraños a él. Pero ha llegado ya un momento en el cual la educación, en sí misma, debe ocupar un departamento determinado de la ciencia. Hay a este respecto  una estrecha relación y analogía entre la educación y la medicina. El entrenamiento de la mente implica un conocimiento de la mente, del mismo modo que la curación del cuerpo supone un conocimiento del cuerpo. Solo que la medicina es algo más que fisiología aplicada. Pues constituye un sistema independiente de hechos, reunidos y analizados, no tanto por los fisiólogos en el laboratorio como por los médicos en el hospital y a la orilla de la cama del enfermo. Del mismo modo la ciencia educacional debe ser algo más que psicología aplicada. Debe construirse no a base de las especulaciones de los teóricos, ni solo sobre las deducciones de los psicólogos, sino principalmente por medio de investigaciones ad hoc, directas y definidas, sobre los problemas del aula y por los maestros mismos...

...El educador debe procurar que su ciencia sea reconocida, considerada como tal, y ya no como un tópico de interés general acerca del cual puede dogmatizar cualquier hombre culto...

... Con los test experimentales, el progreso realizado durante la última década en educación ha sido enorme...

...Más recientemente se ha hecho el intento de medir directamente los resultados del trabajo escolar y de registrar en términos cuantitativos el curso del progreso de año a año, por medio de test especialmente adecuados a ese fin...

...La edad de las opiniones personales en educación ha pasado ya para ser reemplazada por la investigación científica de las causas de progreso y fracaso."

 

Muy justa me parece la actitud con que el señor Picado reconoce la buena fe inspiradora del llamado afán de renovar. Si se estudiara detenidamente la historia de algunas de la instituciones educacionales ensayadas en el país, se reconocerían que obedecieron a una profundamente comprendida necesidad de progreso; y si se estudiara el desenvolvimiento de las perspectivas iniciativas, se reconocería que las más de las veces fracasaron no por la falsedad de sus fundamentos, no por su inaplicabilidad a las condiciones del país, sino porque se desarrollaron en medio de circunstancias del todo adversas.

 

Las innovaciones pedagógicas de los norteamericanos, o proceden de Europa, cuando solo son aplicación o deformación de principios o de sus nociones, o cuando son autóctonos han sido aceptadas por los educadores y psicólogos europeos de mayor importancia. El movimiento iniciado por Binet, por ejemplo, ha alcanzado su mayor amplitud en EE.UU. Y si en el estudio psicológico de las actividades motrices escolares, hay que partir de  Claparade y de Mlle. Joteyko, entre otros, ya no se puede prescindir en cambio de Whipple, ni de Thiorndike, ni de Freeman.

 

Tendencias pedagógicas como la que representa Dewey, no han aparecido en EE.UU. aisladas del movimiento educacional europeo sino, al contrario, como en concordancia con tendencias similares surgidas en diversos países de Europa y como expresión del progreso natural de las disciplinas pedagógicas en cuanto ellas están determinadas a continuar la vastísima obra de Montaigne, Rousseau, Pestalozzi, Herbart, Froebel, etc. Una comparación entre las líneas generales de la evolución del pensamiento filosófico conforme se ha exteriorizado en los EE.UU., las líneas generales del progreso de la Sociología y la Psicología, y las líneas generales de la evolución de las ideas pedagógicas, explica fundamentalmente, cómo esta últimas son una simple consecuencia del progreso. Claro es que las condiciones de vida del país dan pie a múltiples exageraciones y exclusivismos, pero éstos, ni predominan, ni son extraños a ninguna forma de progreso.

 

Aquí se ha afirmado a veces, por ejemplo, que el aspecto sociológico de la obra de Dewey y que la Sociología Educacional son algo típica y erradamente norteamericano. Error de errores, basta leer la apreciación de Claparéde sobre Dewey y rastrear en Eslander siquiera y en el propio Kerscheinsteiner los antecedentes de la tendencia.

 

Si se quiere decir que la supresión de los textos es obra de la influencia norteamericana, el error es muy grave. No he de hacer el historial de la cuestión, pero sí declarar, estadística la vista, que el país en que hay mayor número de textos escolares en uso es EE.UU. Este problema de los textos está por resolverse en el país. A una solicitud de la Secretaría de Instrucción para implantar textos en la Escuela Normal, contesté así.

 

 

Señor Secretario:

 

Tengo el gusto de referirme a su circular No. 25, de 12 de enero, relativa a la conveniencia de que los colegios implanten el luso de textos en la enseñanza de determinadas asignaturas.

 

Sin pretender recurrir a Ud. en representación, digamos, y sin perjuicio de dictar  inmediatamente las disposiciones conducentes a que en la Escuela Normal se cumplan fielmente las suyas, me he de permitir hacer al respecto varias declaraciones.

 

1.      Complace que la Secretaría preste esmerada atención a los problemas internos de los Colegios, que -juzgo por la Escuela-  son muchos y, de momento a momento, más complejos.

2.      Éste de mejorar la eficiencia de la enseñanza es uno, sin duda, y cardinal, y uno de los medios de resolverlo puede consistir seguramente en promover la adopción de textos cuyo uso es dominante tendencia de la educación europea, norteamericana y, en general, hispanoamericana.

3.      Sobre todo, si el texto ha de venir a reemplazar la copia pasiva; pero siempre que se recuerde que tan mal uso se puede hacer del texto como del cuaderno y como de la ausencia de ambos; como, de otra parte, cabe hacer el mejor uso de tales recursos. Es del muy ilustrado criterio de Ud. que alrededor de esa cuestión, del posible mal uso del texto, han surgido muchas de las repetidas controversias que su adopción suele suscitar.

4.      Por lo que convendría pensar, hayan de provenir de la Secretaría o de la Junta de Directores, en las instrucciones correspondientes a la adopción de textos, a fin de evitar oportunamente que éstos lleguen a convertirse en meros sustitutos del cuaderno de dictados o copias serviles, y que, por consecuencia, los textos no lleguen a exigir del Profesor sino el poco trabajo mecánico indispensable para señalar las páginas que el estudiante haya de leer o memorizar, y para escuchar después, corrigiéndole detalles, la exposición o recitación.

5.      El texto, no obstante que reacciona contra el cuaderno de apuntes, puede fácilmente identificarse con él y, ambos, no obstante podérseles aplicar de modo que no impongan una memorización de palabras, fácilmente se usan de modo que la sustituyen por una memorización de ideas, pero mera memorización siempre.

6.      Contra esos desvíos, va el texto que ahora están adoptando en los EE.UU., lo que llaman "el texto con la nueva idea"; semejante al que proponía Ernesto Nelson para los Colegios de la República Argentina; del cual, desgraciadamente no tenemos muestras en nuestra lengua, a no ser tan de excepción como el texto de Química de D`Ovidio, y alguno más, probablemente no tantos como la enseñanza de las principales asignaturas requiere.

7.      Aludo al texto que se ha llamado también, "de actividades", organizado de suerte que, por procedimientos adecuados a la naturaleza de la respectiva materia, centra el trabajo en la actividad del alumno dándole oportunidad a la actuación independiente de él, impulsando sus habilidades para la investigación, señalándole el camino hacia las fuentes originarias, todo ello en circunstancias que promuevan una fecunda formación de hábitos de estudio y garanticen un aprendizaje real.

8.      Para insistir, al texto que es guía o instrumento de trabajo, su obra de consulta, que acerca a los que contienen el conocimiento de primera mano.

9.      En la Escuela Normal hemos hecho la experiencia, -y los informes del Sr. Bibliotecario se lo mostrarán a Ud.- de que el estudiante trabaja mejor rodeado de varios textos, auxiliares del cuaderno de notas, y de que, muchas veces solo, se encamina con facilidad hacia la obra fundamental. Hay estudiantes que han progresado notoriamente en la traducción de lenguas extranjeras, movidos por el afán de ampliar por su cuenta los estudios hechos con el profesor. Puedo citarle a Ud. varios nombres.

10.  Con decir lo anterior quiero, ya expuestas las ideas de esta Dirección sobre tipos de textos, -siquiera brevemente- dar idea de cómo comprende que la adopción de ellos en la enseñanza costarricense podría servir de ocasión, así, -rodeando al estudiante de oportunidades  de trabajo personal y de instrumentos para realizarlo, incluso abundantes textos de cada materia- para introducir la tendencia, hoy muy en boga, a enseñar a estudiar y para favorecer el posible desenvolvimiento de aquella corriente formación de investigadores que como ha dicho Vaz Ferreira, aún no ha brotado en la educación de estos países.

11.  Y con decir todo lo anterior, quiere esta Dirección, secundando los propósitos de esa Secretaría, hacer notar que acaso fuera mejor retardar o postergar el cumplimiento de la disposición a fin de que si lo declarado hubiera de tomarse en cuenta, pudieran los profesores, antes de recomendar la ordenada selección de textos, tener a la vista abundante número  de ellos. Para ese efecto la Secretaría haría importar, ahora mismo,  ejemplares de todos los que se usan en los Colegios y Escuelas Normales de los más adelantados países de habla española.

 

 

UNA ESCUELA NUEVA EN BÉLGICA1

I

 

 

Este libro trae para nuestros maestros, -¿leen los maestros?- la oportunidad de conocer mucho de la vida de las Escuelas Nuevas. Es un nuevo servicio de Barnés a la cultura educacional hispano-americana.

 

Faría de Vasconcelos, el autor, lo es también de muy importantes publicaciones. Es Doctor en Derecho y Ciencias Sociales; portugués de origen, pero belga por su enseñanza: es profesor de Pedagogía y Psicología en la Universidad de Bruselas.

 

Ferriére, autor del interesante prefacio, es Doctor en Sociología, Profesor del Instituto J. J. Rousseau y Director del "Bureau Internacional de las Escuelas Nuevas".

 

¿Qué son las Escuela Nuevas (Ecoles Nouveiles)? He aquí un resumen de los caracteres que les atribuye el comité encargado de su propaganda.

 

1. La Escuela Nueva es un laboratorio de pedagogía práctica. Es decir, una escuela que ensaya.

 

2. Una escuela que cree en el influjo total del medio en que se desenvuelve el niño.

 

3. Está situada en el campo o en las poblaciones pequeñas.

 

4. Agrupa a sus alumnos en casas separadas. (Internados semejantes a los hotels ingleses).

 

5. Es educacional, porque cree "que la coeducación da resultados morales e intelectuales incomparables."

 

6. Organiza trabajos manuales para todos los alumnos durante hora y media diaria, con un fin educativo y un fin de utilidad individual o colectivo. (Educación industrial), Educación Económica, Educación Social. Que dicen los programas de Brenes Mesén).

 

7. Cultiva el suelo y cría animales. (Educación Agrícola).

 

8. Organiza trabajos libres. (Sin programa. Sin maestro).

 

9. Su gimnasia es natural: juegos y deportes.

 

10. Los viajes, excursiones y paseos, juegan en ella un papel importante. (Esto lo llama la suficiencia criolla "perder el tiempo").

 

11. En materia de educación intelectual la Escuela Nueva procura abrir el espíritu por una cultura general del juicio, más bien que por una acumulación de conocimientos memorizados. (Por supuesto que en Bélgica ignoran que ya esto se ensayó en Costa rica y ... fracasó).

 

12. La cultura general se duplica con una especialización, desde el primer momento espontáneo: Cultura de los gustos preponderantes de cada niño.

13. La enseñanza está basada sobre los hechos y la experiencia. La teoría sigue en todo caso a la práctica: no la precede. (Métodos funcionales que contra viento ha preconizado la Escuela Normal).

 

14. La enseñanza está pues basada sobre la actividad personal del niño. "Esto supone la asociación más estrecha posible del estudio intelectual, del dibujo, con los trabajos manuales diversos". (Motivación, Correlación, Proyecto).

 

15. La enseñanza está basada, en general, sobre los intereses espontáneos del niño. Las actualidades de la Escuela o del ambiente dan pie, entre los mayores, como entre los pequeños a lecciones ocasionales, que ocupan en la Escuela un lugar relevante. (¿Caben las lecciones ocasionales dentro del programa rígido, dentro del horario férreo?).

 

16. El trabajo individual consiste en investigaciones en los hechos, en los libros, en los periódicos, etc.

 

17. El trabajo colectivo supone elaboración en común. (Socialización ¡ciegos!).

 

18. La enseñanza está limitada a las mañanas, por las tardes tiene lugar el estudio personal.

 

19. Se estudia pocos ramos por día.

 

20. Un sistema de cursos, análogo al que regula el trabajo universitario, permite a cada alumno tener su horario individual. (No debe ser cosa muy parecida a los horarios alternos).

 

21. "La educación Moral, (¡oiga la gendarmería pedagógica, que dijera Pezzolini!) como la intelectual, debe ejercitarse no de fuera a dentro por autoridad impuesta, sino de dentro a afuera, por la experiencia práctica gradual del sentido crítico y de la  libertad".

 

22. El desempeño de cargos sociales de todas clases permite la realización de un auxilio mutuo efectivo.

 

23. los premios o recompensas consisten en proporcionar a los espíritus creadores ocasiones de aumentar su potencia de creación.

 

24. Las sanciones negativas (castigos) tienden a poner a los niños en condiciones de alcanzar mejor, por los medios apropiados, en el porvenir, el fin juzgado bueno que han alcanzado mal, o que no han alcanzado.

 

25. La emulación tiene lugar sobre todo por la comparación del trabajo presente con el trabajo pasado del niño.

 

26. La Escuela es un ambiente de belleza.

 

27. La música colectiva, canto u orquesta, ofrece un influjo purificador profundo.

 

28. "La educación de la conciencia moral consiste principalmente en los niños en narraciones que provocan en ellos reacciones espontáneas, verdaderos juicios de valor que repitiéndose y acentuándose, acaban por ligarlos consigo mismo y con los otros. Este es el objeto de las lecturas nocturnas". (Entre nosotros llaman esto "romanticismos").

 

29. "La educación de la razón práctica consiste principalmente, entre los adolescentes en reflexiones y en estudios que se refieren a las leyes naturales del progreso espiritual, individual y social". (Cuando se ha tratado de hacer esto, se dice que se hace literatura).

 

Estas escuelas, que han sido repetidas veces llamadas "escuelas del futuro" y sobre las cuales se ha publicado recientemente en Inglaterra un libro que las describe extensamente, son verdaderos laboratorios de pedagogía y psicología infantil prácticas, en el sentido de que ellas concentran el esfuerzo de muchos maestros cuyo idealismo no encuentra ambiente entre la ignorancia y la rutina dominantes en el mundo escolar. En tales escuelas se congregan a ensayar y a estudiar devotamente la renovación de la educación. A ellas van los niños de los padres  que no creen en la educación actual. A ellas dirigen su pensamiento los altos trabajadores de la escuela a quienes la rutina no escucha o no entiende. Se explica así que el comité encargado de propagarlas  en Bélgica esté constituido casi solo por hombres de elevado prestigio intelectual: maeterlinck, Shuyten, Guillermo de Greef, Oliveira Lima, Berrearen, el gran poeta desaparecido, era miembro, y lo son muchos otros hombres eminentes.

 

                                                                       Omar Dengo.

Heredia, diciembre de 1920.

 

LA NUEVA EDUCACIÓN CÍVICA

 

 

Este Capítulo de la educación, es decir, de economía social, de sociología, preocupará mucho, constantemente, a los trabajadores de La Obra. Corresponde a una vigorosa y constructora inquietud de este momento. Es uno de los signos del advenimiento de la nueva era: nuevos ideales, nuevas esperanzas nuevos dolores. La insinúa en la vida del mundo un suceso tan sencillo como la presencia de Jesús en un pesebre: la sonrisa de Alsacia. Pues que traduce la angélica sonrisa para el destino humano, un pensamiento de Dios: ¡Justicia! Comienza a entenderse como solidaridad. Para una distinta aspiración social, un hombre nuevo que la sienta, una nueva escuela que lo prepare.

 

Hay un matiz dominante en la muchedumbre de ideas nuevas: el concepto de ciudadanía se ha transformado. El objetivo de la escuela debe reflejar la trascendental renovación.

 

En estos pequeños países es probable que ningún maestro haya de estudiar estas cuestiones con tanto empeño como el maestro costarricense. Porque trabaja en una escuela de una nación sin ciudadanos: Lo decimos, conscientes de la irreverencia a la funestísima tradición de alardes que ha rodeado al país de un ambiente de vanidades, asfixiante.

 

Publicaremos opiniones. Entendemos servir a un movimiento que acogería la divisa querida de García Monge: Hacer Patria. Lo que no importa afirmar la vida de mesnada, de tribu, sino aspirar a que la tierra en que se mora adquiera aptitud para concurrir al desenvolvimiento de la civilización. A que su pueblo sea algo más que una multitud sin oriente, medio hambreada, que rumia prejuicios bajo la acción de dolorosos atavismos.

 

 

EDUCACIÓN DE LA NIÑEZ1

 

 

 

Es un hecho  comprobado por las modernas investigaciones penales, que esa decadencia que se llama delito, es, o bien producto de la herencia, o bien un resultado del medio ambiente en que se vive; es decir, es una degeneración adquirida.

 

Los de alcohólicos  son a  menudo epilépticos, tísicos, idiotas o criminales.

 

El alcoholismo es un verdadero azote de la humanidad. Debemos entonces combatirlo.

 

Loa hijos de sifilíticos y leprosos, muestran a sus padres los resultados de pasadas orgías, y sus gritos de dolora, los son también de protesta a la vida que miserablemente les dieron.

Reformemos nuestras leyes civiles acerca del matrimonio entre esos enfermos.

 

Y que debemos hacer, nos lo dice la misma naturaleza, que cumple en ellos la ley de selección, ¡dejándolos que vivan una vida de hospital y agostándolos temporalmente, como flores de invernáculo!

 

Los hijos de criminales, con el ejemplo recibido y la psiquis heredada, son verdaderos vasos en donde se encuba la desastrosa tendencia.

 

Luchemos contra los criminales y sobre todo los incorregibles. Hagamos con ellos la función que nuestro organismo opera con los elementos que les son nocivos.

 

La sociedad es también un organismo y para la convivencia armónica de los coasociados, necesita apartar a los seres que le perjudican.

 

No me refiero a la pena de muerte. Quienes no dan la vida no pueden quitarla. Pero el hombre puede ser recluido indeterminadamente en un lugar penal, y volver al seno de la sociedad cuando el tribunal respectivo crea en su rege

BIENVENIDOS LOS NEGROS

 

 

Varias personas me preguntan qué pienso acerca del proyecto de ley destinado a traer gentes de color a la Escuela Normal. Contesto brevemente. Recibiré a los negritos con los brazos abiertos. Vienen en busca de la poca y pobre luz que la Escuela puede dar y es deber de ésta el de recibirlos cordialmente. Vienen a buscar en estas aulas las aspiraciones propias de la ciudadanía costarricense, y a quien viene tras ese galardón para su vida, sería menguado negarle la entrada.

 

Se me dice que debería la Escuela oponerse a la ejecución del proyecto porque al ofrecerles facilidades de arraigo a los negros en nuestro territorio, se amenaza a la nación costarricense con una peligrosa mezcla de razas. El peligro de la zona atlántica no está en los negros, quizás, sino en sus amos y en los costarricenses filibusteros. Y si efectivamente hubiese un peligro en la mezcla de razas, - cuestión muy compleja- tal peligro se contrarrestaría con el esfuerzo que se hiciera por atraer europeos, de diversas nacionalidades, hacia las grandes zonas dolorosamente desiertas que el país posee. Mientras los negros estén en el territorio costarricense, es preferible procurar que sean costarricenses. La política de nacionalización que los norteamericanos aplican en estos casos, parece ser aconsejable. Las circunstancias determinantes de la permanencia de los negros en Costa Rica, son independientes de las posibilidades que del proyecto de ley emanan. Mientras aquellas circunstancias predominen, allí estarán los negros. Y es mejor que estén con nosotros que contra nosotros. Una vez que tuviéramos maestros y alumnos costarricenses, tendríamos dentro de aquellas zonas del Atlántico un tesoro moral de que ahora carecemos y un tesoro material también.

 

Se me insinúa por varias personas que los negros pueden ser una amenaza para las conveniencias morales del régimen coeducacional de la Escuela. Le tengo miedo a las pasiones, así parezcan de ébano como si refulgen como alabastro. Le tengo miedo a la fiera, sin fijarme en el color.

 

Altas por la alcurnia, blancas por la raza, bellas damas gentiles, dieron escándalo en Europa entregándose a la lujuria de los soldados africanos, en recuerdo tal vez de aventuras de harem, Y cuando danzas y músicas de origen negro invaden los salones, rompiendo todos los rituales del ritmo, no es precisamente la inferioridad de los negros la que se ostenta entre las luces y perfumes de las fiestas.

 

Lo otro, lo de las diferencias sociales es argumento que nadie debe levantar contra los negros, si aspira a que la escuela costarricense siga siendo instrumento de la organización democrática del país, o si quiere que podamos trabajar en ella la mayor parte de sus maestros.

 

Un Rey Negro, siglos hace, llevó ofrendas al pesebre inmortal, simbolizando así que la fraternidad de los hombres, dentro de reales aspiraciones espirituales, no puede realizarse sino por sobre las razas.

                                          1927

 

CLEMENTE DE ALEJANDRÍA

 

 

  

¿Sabe qué estoy leyendo? La vida de un maestro de persuasión: Clemente de Alejandría.

 

¡Qué bella figura! Dice en el siglo II, como Krishnamurti hoy, que solo hay un conocimiento esencial: el de la ley, es decir, el de Dios. Él lo encuentra en Cristo. Lo difícil es encontrar a Cristo, pues según San pablo, y todos, hay que buscarlo en nosotros mismos.

 

 

COMENTARIOS VARIOS

I

 

¿Tiene derecho el marido de impedir a su mujer que vaya a la iglesia?

 

He ahí una interesante cuestión que, a iniciativa de una revista europea, ha sido objeto de una enquete prolífica, en conclusiones bastante de momento, en lo que mira a la filosofía y a la moral. Se trata de uno de esos análisis ideológicos de escasa importancia aparente, pero que encubren problemas de muy útil solución, sobre todo para quienes, avezados a observar el orden general de las cosas y a considerarlo como un todo de modo admirable organizado, pueden descubrir en ellos enlaces entre unas y otras que al confirmar el concepto unitario sustentado acerca de lo que ocurre en la realidad que nos rodea, aumentan la firmeza de los ideales y con mucha claridad permiten entrever la trama de las futuras evoluciones que han de guiarlos hasta su positiva efectividad. Y de ese hecho se desprende buena porción de enseñanza inmediatamente aplicable a la conducta individual. Cuando sea rectificación de detalles favorece en mucho la demarcación de las líneas generales y en lo tanto la asimilación de las ideas, que así, por ese modo, paso tras paso, van engrandeciéndose y allegando cada vez más la posibilidad de ser los solos móviles de la acción. Así, por ese modo, mediante esa disciplina, se robustecen las iniciaciones de progreso que haya en el pensamiento y cobran el vigor necesario para llegar a transformarse en pasiones llenas de fecunda savia creadora.

 

Queremos comentar determinados aspectos de la opinión a propósito de esa pregunta, por Armand - director de L'Ere Nouvelle, de Orleáns - cuyo criterio en lo relativo a los "problemas sociales" se adapta con perfección a las ideas que la filosofía de esta época permite formular como representaciones sintéticas de las que han de ser en lo futuro, por fuerza de ineludible devenir, normas de la vida colectiva e individual en cuantos órdenes la determinen.

 

Atrmand, - cultor infatigable del acratismo, - da base de las futuras relaciones sociales, en sus aspectos colectivo e individual, la contratación, el pacto consciente, la colaboración fraternal asentada en el anhelo del común bienestar y del general progreso, lo que implica, en término primordial, libertad absoluta para concurrir al nacimiento de la convención, voluntad libre dentro de los límites en que a esa potencialidad le es dable alcanzar el grado mayor de su desarrollo, es decir, hasta donde la herencia y los factores mesológicos lo hacen posible. Sobre esa libertad volitiva en la plenitud de su ejercicio, producto de una educación rigurosamente científica, que implica un amplio conocimiento de las leyes del universo y del organismo  del individuo, han de asentarse  las demás condiciones que la naturaleza de cada especie particular de contratación imponga. Extremada afinidad moral e intelectual y completo dominio del instinto sexual, en el caso del matrimonio, por ejemplo. Pero he aquí que las condiciones actuales de vida impiden, mejor dicho, estorban demasiado, que ese necesario desenvolvimiento tome cuerpo., y apenas, si a costa de tenaces esfuerzos dan hogar a las generosas aspiraciones que se proponen implantarlo. El período evolutivo que alcanzamos no da para más. Los propósitos no alcanzan aún a socializarse. Las ideas innovadoras se propagan con evidente lentitud, a causa de la enorme resistencia que el ancestral conservatismo les opone. La armonía consciente, fecunda, entre unos y otros hombres, y entre los grupos humanos y la individualidad aislada ha de mirarse mientras tanto como un noble ideal digno de cuanta lucha se pueda emprender y también del sacrificio cuando no haya otro medio de difusión que éste. Y es ante todo el encauzamiento de la voluntad, su orientación metódica, sujeta a principios, realizada por los maestros esforzados en el seno de la escuela, a fuerza de paciente labor, y por los hombres de aspiraciones nuevas dentro del hogar, tras constante tarea, la sola fuerza capaz de procurar el bienhechor nacimiento de esa augurada armonía, de esa amorosa reciprocidad, amoldada a la verdadera lógica de los hechos, que hará la dicha humana. La acción de los hombres avanzados, persistente y valerosa, tiene a su cargo ese trabajo; en ninguna otra zona pueden prosperar los gérmenes que han de originar su proficua y gloriosa existencia. La educación de ahora, inavenible con la estrecha verdad acientífica, inepta para actuar sobre la plasticidad de los conglomerados sociales de modo eficiente, marcha por vías de fatal regresión, hondamente nociva a los ideales libertarios, arrastrada por el impulso retroactivo que, en virtud de la naturaleza misma de los sistemas en que descansan, le impelen los gobiernos. Como hemos dicho, en el esfuerzo individual, educado, instante, intenso, tenaz, reside la potencialidad transformadora que puede operar con provecho sobre la psiquis hiperexcitable de las colectividades.

 

Hay pues, en la primera proposición de Armand, - la única a que en esta ocasión hemos hecho referencia, entre las que integran su escrito, - suficiente amplitud para espaciar la meditación, campo florecido de sonrisas para los que, - espíritus altos, - suelen buscar solaz en la serena contemplación de las ideas: para los que de sus filaturas sutiles obtienen el secreto de a propia renovación moral e intelectual: para los que necesitan renuevos de vigor que brindar al altivo afán de lucha.

 

Armand sintetiza con clarividencia las ideas y los ensueños que enmarcan la nueva tierra de promisión hacia la cual encaminarse anhelante la humanidad. En próxima vez iremos de nuevo tras la estela de su pensamiento conceptuoso.

                                                                                         Omar Dengo

 

 

COMENTARIOS

II

 

 

"¿Tiene derecho el marido de impedir a su mujer que vaya a la iglesia?"

 

Dice Armand, - en mejores términos, - un ser de sexo femenino puede atraerme: 1º, por su sensualidad; 2º, por lo afectivo de su temperamento; 3º, por su desarrollo intelectual. Y en verdad, no otros móviles, salvo el caso patológico de uniones que en el seno de aviesas conveniencias se forman, con detrimento de la salud social, son los que demarcan los límites del terreno en que ha de asentarse el hogar. El ideal, como él dice, consiste en encontrar reunidos esos tres motivos de unión, fuentes de amor, en una misma persona. Hasta allí nuestro criterio con regocijo se acoge al suyo: es gran deleite encontrar expuestas con maestría por mano ajena, las ideas que el propio pensamiento ha esbozado y que hace visto obligado a abandonar al torbellino destructor del siempre prometido "después" que llama en auxilio suyo, en horas de desasosiego y tortura, la voluntad ineducada. Pero no aceptamos, en cambio, su aserto de que ninguno de esos géneros de influencia goza de superioridad con respecto a los demás. Basta mirar las consecuencias sociales que cada uno de ellos puede generar para tener por cierto que difieren mucho entre sí y que son, en cuanto puntos de mira, de modo muy diverso, aptos para servir con provecho al desarrollo de los ideales que la mentalidad contemporánea persigue. El amor meramente sexual, el que al arrullo de la lascivia crece, - amor instintivo, sin vigor que lo haga perdurable, - es infecundo y por ese hecho o por especial acción, dañoso socialmente si se le considera con relación al objetivo que a la humana prole se le asigna. Es por desdicha el dueño del campo en la actual sociedad burguesa, aunque que bien pronto habrá de ser arrollado por más nobles tendencias. Harto revelan su poderío las modalidades con que manifiesta su desenvolvimiento enfermizo, en lo tocante al vestir, la mentalidad femenina, carente por modo casi absoluto de ideales que le den prestigio a su acción en la vida y la tornen eficiente y benéfica. A ese respecto todo tiende a conseguir que el ansia del macho por la hembra no sufra desvanecimientos. La transformación irracional de los trajes, operada por fuera de las vías de evolución que la necesidad traza, afirma de más en más la esclavitud femenina y hace nula la intención de ciertos movimientos feministas que imaginan a la mujer capacitada ya para realizar una colaboración útil en el progreso social. La constante mutación de las modas, sustentada por el ánimo lucrador de los trabajadores de la especie, que a su vez se apoya en la excesiva vanidad femenina y en el ínfimo desarrollo del sentido estético de la mujer, productos ambos de la hereditariedad y el desvío pernicioso de la educación, va encaminada a obtener que bien pronto los ojos hambrientos del sátiro puedan apreciar en toda su incitante belleza, sonrosadas, palpitantes, las formas en que ha sido modelada la carne de la víctima. Tampoco vale ante el criterio de los hombres la elevación del femenil intelecto: es tan poco apetecida por ellos la excelsitud del corazón femenino, el predominio de la afectividad; y con tal ansia se solicita de las mujeres, y en ocasiones hasta brutalmente se les arrebata, pasto para el desarreglado refocilamiento del placer venusino que, necesariamente, por inevitable impulso de acomodación, ellas, a quienes de otra parte inveterados conceptos mal orientan, desarrollan su actividad, con afrenta del amor consciente y puro, en el sentido que más al alcance las coloque de conquistar el dominio estéril de los encantos físicos, y en lo tanto mayores probabilidades les ofrezca de asegurar la posesión del hombre. Gloria es ésa, que así son las suyas, de la organización social de esta hora que ya empiezan, para depuración de la humanidad, a azotar las ráfagas candentes del aniquilamiento. No fue menos grosero ni fatal el clásico culto de Baco, que esta epidémica adoración libidinosa, engendro de los dogmas religiosos y políticos imperantes, cuyos festivales orgiásticos consumen sin piedad el poder autorrenovador que en el fondo de la conciencia humana se espacía, pronto a brotar al conjuro de una obra de inteligente y metódica dirección.

 

Y es así que, como en glosa anterior dijimos, nada hace por destruir tan nociva malaventuranza, la agobiada escuela - taller que no podrá forjar los ejes de la futura maquinaria social, en tanto Minerva asista al festín del Estado y sea humilde devota de la Santa Madre Iglesia. El martirio de Ferrer le presta a esa verdad la luz de su propia grandeza; la hace inconmovible como lo fue la roca de su carácter y lo es el jalón transformador que su interrumpida tarea planteó sobre el salvajismo de la monarquía hispana; la hace amplia, como amplio fue el predio de sus nobles propósitos.

 

Quede, pues, constancia de que a nuestro entender, y puesta en parangón con la que por virtud del sentimiento cristaliza y aquella otra a que el intelecto da vida, resulta desmedrada la atracción que la sensualidad, pérfida sirena, puede desplegar.

 

Cuanto a los otros veneros de amor que la pluma de Armand señala, cabe también hacer distinciones que en gracia a la prioridad de otros aspectos de la cuestión prescindimos de consignar.

 

Opinamos con Armand que en el caso del atractivo voluptuoso el punto de idea queda in vacuo; y que no asume mayor interés cuando es la ternura de la mujer la que nos ha llevado hasta ella a requerirla de amores. El problema surge cuando al contraer la unión, han sido las ideas quienes han hecho hermandad y dispuesto proseguir juntas a lo largo de la vida.

 

Entonces...¿tiene o no el marido derecho de impedir que su mujer vaya a la iglesia? Quédese para el lector la resolución del problema. Armand dice que solo contraería matrimonio con una mujer copartícipe de sus ideas ácrato-individualistas, atea como él, y que ya unidos, basarían la orientación moral e intelectual de su vida, en todos sus aspectos, en el "libre examen" de las tesis que se presentaran y en la elección libre entre sus diversas consecuencias prácticas. Y piensa en definitiva, que es esta una cuestión de temperamento... como el amor.

                                                                                                              Omar Dengo

COMENTARIOS DE LECCIONES

 

I.

 

Seguiré asistiendo, con mucho gusto, a las lecciones de Práctica de los jueves y como no podría dedicar mucho tiempo de mis lecciones al comentario de lo que observe, seguiré anotando en esta forma y en este lugar algunas de las impresiones recogidas.

 

Preguntas que obligan casi a adivinar, por lo vagas. ¿Qué objeto tienen? Es deseable que las preguntas hagan recordar o hagan pensar. Y el niño necesita tiempo y estímulo para pensar. No basta preguntarle. Es preciso preguntar con claridad, con concisión, con insinuación.

 

Aplaudo la manera heurística de trabajar, sin embargo. La prefiero mil y mil veces a la forma expositiva y solo expositiva. Pero conviene tener presente que si un niño contesta, hay que darle o reconocerle algún valor a su respuesta cualquiera que ésta sea. ¿Qué se logra con decirle simplemente: no, vamos a ver qué dice otro? ¿Qué se logra con no tomarle en cuenta lo que contesta? Y ¿si se desalienta, y si se le deja la impresión de que se pregunta por preguntar?

 

No. Toda respuesta tiene un valor. Representa un esfuerzo del niño, un deseo de trabajar, o un deseo de complacer. No digo que lleguemos al extremo de dar por buenas las respuestas inaceptables. Pero no caigamos tampoco en el de aceptar solo las respuestas que coinciden exactamente con nuestro pensamiento.

 

¿Qué hacen ustedes, jóvenes practicantes, en el sentido de obtener que todos los compañeros escuchen al que contesta y tomen en cuenta sus respuestas? Algo hay que hacer en esa importantísima dirección. El niño debe llegar a sentir qué papel es capaz de representar su criterio dentro de la vida de la clase.

 

II

 

En segundo grado y tratándose de problemas con monedas, es recomendable el camino que se siguió, al menos en sus líneas generales. Me refiero a la conveniencia de tener monedas a la vista y de que los niños hagan operaciones con ellas. Ciertas escuelas extranjeras, ricas por supuesto, tienen departamentos de ventas en las cuales los niños, mediante situaciones reales en las cuales participan, aprenden el mecanismo de la compra-venta y de sus instrumentos. En las nuestras y en otras, se ha ensayado, a veces, a simular moneda con cartoncitos. El recurso, si no se abusa de él, no es malo. Pero se dispone también del que se aplicó hoy, aun sin que todos los niños tengan monedas en sus manos, a cambio de que los problemas se refieran a situaciones de las que los niños recuerdan, relativas a tratos en que ellos han intervenido al ejecutar los encargos de compra de sus hogares. Hay muchos niños en las escuelas que trabajan como vendedores de confituras y otras cosas, y sería muy aprovechable a experiencia de ellos en cuanto a valores, cambios, etc.

 

Pero no hay que imaginarse que una lección puede ser objetiva por solo hecho de que intervengan objetos, sobre todo, si como en el caso de la moneda, tales objetos son meros símbolos de abstracciones. A la larga, si el maestro no se cuida de que le sirvan para hacer concretas las ideas, la lección puede resultarle simplemente como un ejercicio corriente con números, oral o escrito.

 

¿Por qué en las lecciones de los practicantes tienen los niños como única actitud la de oír para contestar?

 

¿Por qué los temas suelen ser tratados sin tomara en cuenta las posibilidades de correlación?

 

Entiendo que, de preferencia en los primeros grados, las lecciones deben darse de modo que sea más viva su motivación, es decir, con mayor fundamento en las experiencias y en los intereses de los niños. Debe haber constantes alusiones a los hechos que les son conocidos y que se sabe que les interesan.

 

Más ejemplos, y menos explicaciones abstractas. Y dejar a un lado los falsos conceptos provisionales que se suele dar con el pretexto de que los niños no comprenden. A cambio de que adquieran con firmeza la idea, poco importa, en muchos casos, que no conozcan los nombres técnicos ni las definiciones del texto.

 

¿Por qué no recurrir al dibujo, por los niños, o al recortado de papel en aquella lección que utilizó figuras geométricas? Si los niños intervienen, es decir, colaboran de ese modo, se obtiene no solo un mayor interés en la lección, sino también un provechoso ejercicio de la actividad sensorial de ellos.

 

¿Por qué no asociar el dibujo a la lección sobre plantas? Aplaudo lo de haber llevado flores, pero habría preferido que los niños hubiesen estado en mayor contacto con ellas en el momento de recoger observaciones.

 

Por qué en matemáticas se trabaja siempre solo en la pizarra? Conviene la colaboración del niño con trabajos de pupitre, siquiera en vez en vez. No olvidemos lo de Dewey, - mil veces repetido,- el pupitre ahora solo sirve para oír y debemos convertirlo en instrumento de trabajo. Visto con los ojos de la escuela activa, el pupitre es un pequeño taller y un pequeño laboratorio. Dibujos, notas, recortes, etc., pueden suministrar los medios de que en ese taller y en ese laboratorio se forje la obra de un ser que puede hacer algo más que oír y contestar: que puede pensar, que puede crear.

 

Insisto amablemente en que las lecciones de Geometría pueden interesar doblemente a los niños se provoca una más activa participación de ellos en el trabajo. Si se dibuja una figura en la pizarra, ¿por qué no la dibujan también los niños en sus cuadernos? O, ¿por qué no distribuirles figuras recortadas, o lograr que ellos las recorten? Las explicaciones, comparaciones, etc., se harán en ese caso concretamente sobre la figura de cada niño.

 

Me gustó la manera de preguntar, de insinuar, de ser paciente para oír respuestas y amable para aclararle al distraído o al que no comprendía. Esos recursos, con más experiencia, con más meditación de las posibilidades del plan de lección, se podrían aprovechar en un trabajo más productivo para los niños. Nótese que de dieciocho que estaban presentes, cinco a lo sumo levantaban la mano para indicar que deseaban contestar, es decir, la tercera parte de la clase, ¿Qué le ocurría al resto? Es difícil que den definiciones y, sobre todo, si son abstractas, pero en cambio es fácil que den explicaciones, ejemplos y conceptos y que el maestro se cuide de ayudarlos a enmarcar sus ideas dentro de los términos convenientes de una definición.

 

El trapecio en sí, la figura geométrica, no les interesa; pero el costado de un puente, la medición de un terreno, el recortado de un papel para construir una canastilla, no solo les interesa sino que dan pie a fáciles y convenientes asociaciones con experiencias reales. Pero como al fin de la lección no tiende a dibujar, ni a recortar, ni a construir, sino a dar la noción, y hacer observar, y a hacer apreciar la importancia de la medida, de la forma, etc., hay que cuidarse de abstraer luego, por comparaciones sucesivas, de modo que los objetivos desaparezcan y queden las figuras y las ideas.

 

Observo que las practicantes olvidan mucho que los objetivos geométricos son abstracciones, que las que en la pizarra llamamos líneas, son en realidad planos, que los que en la pizarra llamamos planos son, en realidad cuerpos; y que si no nos preocupamos por hacer con claridad las necesarias distinciones quedan en los niños muchas nociones confusas.

 

La geometría tiene una belleza que no sabemos llevar a las lecciones. Dichoso el maestro que pudiera inspirar esa enseñanza en la inmortal sentencia de Platón: ¡Dios geometriza!

 

 

LOS MAESTROS Y LA POLÍTICA

 

Ya suponía yo que sería en La Tribuna donde se hiciera la refutación de mi carta La política y la escuela.

 

Hay  allí una pluma diestra y por fortuna limpia, que suele ocuparse en aclarar estos temas.

 

Solo que mi carta, a quien la lea línea tras línea sin ánimo de encontrar el contraste con una tesis previa, sino de determinar si es o no justa, no le parecerá alarmante.

 

El espíritu que parece dominante en la refutación, -si lo es- y el espíritu de mi carta, se funden en ciertos anhelos comunes.

 

Se comenta, sin embargo, una  sola de mis preguntas. ¿Por qué no otras? ¿Por qué no todas? Y se le niega su valor con una explicación que yo acepto si no se contradice con las declaraciones, incondicionales, de la circular. Que no exista la contradicción, es lo que yo deseo. Pero la circular es terminante y las instrucciones que hemos recibido acerca de la ejecución de ella, lo son más todavía.

 

Mas, mi interés no es político sino pedagógico, y mi propósito solo aspira a sembrar inquietudes que contribuyan a preparar el advenimiento de más amplias posibilidades.

 

Ciertamente es hermosa la doctrina que se invoca de restringir un poco los derechos de los hombres para defender los derechos de los niños. Precisamente para que los hombres estén en aptitud de defenderlos, es que yo quiero que se reconozcan los derechos de los hombres. Y de nada sirve que se respeten los derechos de los niños si, una vez que sean hombres, se les debe mutilar.

 

Al señor Obregón le consta que antes de formular él su Circular fui a pedirle, lealmente, por medio de un amigo, que hiciera una circular sin el tono de las que dejan al maestro en una situación humillante.

 

Y no le dije: "Haga una circular que le convenga a los partidos". Sino una circular digna de un maestro. Del maestro que don Miguel ha sido.

 

Don Miguel ve de cerca las necesidades del Gobierno, y toma el camino de la ley. Yo veo de cerca las aspiraciones del aula, y siembro preocupaciones en los mismos surcos de donde habrá de brotar otra manifestación de aquellas necesidades. Sé que el problema es complejo.

 

Pero se habla en La Tribuna de que lo que yo digo de cultivar intereses cívicos en los alumnos, es pretexto para darle entrada en las aulas a la política. Si se quiere poner en duda la sinceridad de una tesis pedagógica, se me ofende con el error.

 

Años hace que la predico en la conferencia, que la defiendo en el artículo y que la enseño en la lección. ¡Centenares de jóvenes son testigos!.

 

Si se quiere decir que en la Escuela Normal estoy haciendo propaganda política, franca o velada, protesto de la afirmación con todas las fuerzas de mi vida. Véngase a ver mi labor, a interrogar a los alumnos y a mirar cómo, - sin duda con grandes diferencias- se cultivan los intereses cívicos a través de la acción de múltiples actividades.

 

Así se ha hecho desde antiguo.

 

Mi trabajo de maestro de escuela está lleno de pecados de incomprensión, pero la honradez con que lo hago no consiento que nadie lo discuta. Si hay un abuso o un engaño o una perfidia allí, el camino para llegar a que se me destituya no tiene tropiezos.

 

La doctrina es vieja, de práctica tan constante en otros países, que podría yo discutirla teniendo a la mano planes, programas, libros, estadísticas y hasta invitar al contrincante a presenciar experimentos de laboratorio pedagógico. Lo de si los intereses cívicos están fuera o dentro de la comprensión del niño o del adolescente, es delicadísimo problema técnico que se estudia hoy a la luz de la ciencia que crearon los Stanley y may, los Meuman y los Claparede. Han salido ya estos problemas del dominio de la retórica de los periódicos.

 

Relataré, para dar un dato curioso, que tengo a la vista un folleto que se llama: Escuela para medir la importancia de los hábitos de ciudadanía.

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