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Junio 2010 Archives

En otras versiones regresan a su casa, perdonan a sus padres que los habían perdido en el bosque y viven junto a ellos muy felices disfrutando su riqueza. En la versión comentada no hay viaje de regreso a su  casa.

 

Por último, falta señalar que en este relato la Pp no aparece realmente. Los niños no sufren ninguna degradación por sacrificio voluntario. Es el caso más claro de la cualidad facultativa de la Pp El narrador ofrece una clara visión de los atributos de los niños por eso es innecesario someter su virtud (aunque sean capaces de matar y robar) a una prueba. El lector conoce de sobra la calidad moral de los niños, de ahí que se evite la Pp que vendría a redundar sobre lo mismo. Los niños poseen la cualidad con la cual vencer en la Pf, L-V a la bruja, dada, por los consejos del anciano, nada menos que del mismito Dios.

 

La flor del olivar

 

Este cuento se abre un proceso de mejoramiento: curación del rey de su ceguera. Al final, recobra la vista, pero la muerte de su hijo menor por parte de sus otros hermanos lo llena de tristeza. El cuento termina con una degradación total de los agentes. Solo desde la visión narrativa se llega, por conversión, a una restauración moral: el castigo de los culpables.

 

La propuesta del rey a sus tres hijos para que salgan en busca de la flor del olivar para su curación de la ceguera, lleva implícita una recompensa, un premio para el hermano que realice la tarea propuesta de hallar la flor y traérsela a su padre: la corona del reino. Los tres hermanos salen de palacio en para satisfacer dos fines: la flor del olivar y con ella la corona del trono. Los tres son sometidos a la misma Pp: socorrer a una señora (la virgen) y a un niño que se encuentran de camino. Los hermanos mayores los ofenden, no hacen caso de sus súplicas, mientras que el menor se detiene y gracias a su desprendimiento   y bondad, se hace merecedor a la ayuda mágica. La Pp de sacrificio, por compasión, abre la posibilidad de la obtención del elemento mágico, su aliado, para resolver la Pf. A mujer le enseña el lugar donde se encuentra la flor del olivar, el joven la toma y regresa a su casa. De camino, se encuentra con sus hermanos, les cuenta su hallazgo y eso lo conduce a su desgracia. Los hermanos, no solo lo engañan, sino que le roban la flor y lo matan. Luego que lo entierran, regresan a su casa, curan a su padre y obtienen la riqueza ofrecida. Los malos se encuentran momentáneamente felices lo mismo que el rey. Solo el hermano menor ha quedado peor que al inicio del relato. El cuento no puede acabar ahí, debe abrirse un microproceso que restablezca el orden moral perdido. Esto es lo que se da. La aparición de un agente nuevo abre esa posibilidad, se trata de un pastorcillo que al cortar una cañita para hacer una flauta lo hace de los dedos del hermano menor y ésta delata el crimen. Así se logra restaurar el equilibrio moral. La flauta al tocarla los hermanos confiesa al rey que los hermanos lo mataron por la flor del olivar.

 

"No me toques pastorcito,

ni me  dejes de tocar;

que mis hermanos me mataron

por la flor del olivar."

 

El pastorcillo lleva la flauta a la ciudad y denuncia (aliado involuntario) a los criminales. El proceso de venganza es muy detenido; los agentes, uno a uno, van tocando la flauta que deja oír la trágica acusación con la voz del menor de los hermanos. El rey se entristece y castiga a sus hijos malos.

Lo que más se destaca, en este cuento es la visión narrativa: su intención es de carácter moralizante, por eso se detiene en el descubrimiento de los asesinos. Hace del fratricidio un acto moralizante, aunque su ejecución sea brutal. Se inspira en la clásica muerte del hermano bueno a manos de los hermanos malos, envidiosos y ambiciosos. Al final los agentes malos son descubiertos y castigados. El equilibrio moral que se puso en peligro por un momento, cuando los hermanos matan al menor y logran la felicidad, se restituye. Por eso, desde la visión narrativa, la Sf es de equilibrio: los valores morales cobran más importancia que las acciones malvadas de unos pocos.

 

Este relato presenta versiones menos crueles que las comentadas en el cuento del mismo corpus El pájaro Dulce Encanto, donde no se llega al crimen del hermano aunque sí se intenta.

 

El pájaro Dulce Encanto

 

Este cuento presenta un proceso de mejoramiento logrado: curación de la ceguera del rey. Se inicia con la partida de los tres hermanos: uno, por la mañana, otro, al medio día y el último, por la tarde. Su meta era encontrar el pájaro dulce encanto para curar a su padre: El premio: la corona del trono. También aquí son sometidos los tres hermanos a un Pp de índole moral: enterrar a los muertos. Este precepto cristiano es infringido por los hermanos mayores, no así por el menor que comparte con el muerto su riqueza cuando paga el entierro, el responso del cura y le hace un funeral digno. Con este sacrificio de su fortuna, el príncipe gana un aliado. Con él emprende el viaje y la búsqueda del pájaro. El muerto le ayuda a salir victorioso de la Pf que aquí tiene la forma de T-C (tarea cumplimiento). Es la obtención  de un caballo robado  a la hija del rey. Estas tareas a que se ve sometido el príncipe, impuestas por el rey (padre de la princesa), l e permiten regresar a su reino con un caballo mágico y una princesa muy bella. El príncipe, gracias a la ayuda del muerto, logra salir victorioso de todas ellas, pero aún así, el rey no quiere entregarle el pájaro Dulce Encanto. Por esta razón, se ve obligado a engañarlo y huir del palacio con el caballo, el pájaro y la princesa. También como el cuento La flor del olivar, cuando regresa a su casa se encuentra con sus hermanos; estos lo engañan, lo dejan en un barranco, le roban los objetos mágicos, incluyendo la princesa, y regresan junto a su padre. Cuando están a su lado, tratan de probar la virtud del pájaro Dulce Encanto, pero éste no surte efecto. Mientras tanto, el hermano menor es ayudado tanto por los consejos del muerto como por unos viajeros que por ahí pasaron. Sale del precipicio y regresa a su hogar; explica lo sucedido, cura a su padre y demuestra que él es el merecedor de la corona. Este final es de mejoramiento. La visión en este relato, es más clara desde el punto de vista moral. Por una parte, no se llega al crimen y por otra, perdonan a los hermanos malvados. Todo el relato evidencia la exaltación de los valores morales y los agentes portadores de ello; por ejemplo, en la Pp llama la atención el hecho de que el muerto estuviera tirado en las gradas de una iglesia, sin recibir cristiana sepultura, porque el sacerdote no quería rezarle unos responsos, si antes no se le pagaba. Aquí, el representante de la iglesia no cumple con un precepto moral, mientras que el joven príncipe sí.

 

Otro elemento importante de la visión es el interés por mostrar el fracaso de los hermanos malos en todas las empresas que tratan de realizar. Se les ubica en lugares censurados por la moral cristiana, como por ejemplo garitos o casas de placer. Con esto, se logra exaltar la virtud del menor y justificar las malas acciones de los malos.

 

Con respecto al cuento La flor del olivar, este relato presenta diferencias bien marcadas no solo desde el punto de vista de la visión, sino por las acciones que los agentes realizan. En La flor del olivar no aparecen las tareas que el hermano menor realiza con el fin de obtener el elemento mágico. No se llega a una Sf feliz desde el punto de vista actancial, mientras que aquí la Sf presenta hasta una boda y el perdón de los hermanos. No solo se obtiene la transformación moral sino el mejoramiento de los agentes.

 

La Negra y la Rubia

 

Este relato después de la Si negativa, abre un proceso de  mejoramiento para el hombre viudo: buscar esposa rica. Sin embargo, el matrimonio de éste con otra viuda, solo se da como indicio para configurar una Si degradada para los agentes, padre e hija. El verdadero proceso lo lleva a cabo la joven rubia: casarse con el príncipe: por esta razón, el cuento presenta solo un proceso de mejoramiento, desde la perspectiva de la rubia. Como se trata de un agente femenino bueno, no debe realizar un viaje para buscar un cambio de fortuna; tampoco se le exige la Pp. La obtención del elemento mágico lo logra gracias a su humildad y virtud en oposición a la negra que es envidiosa y llena de orgullo. En una visita que hace al jardín, se encuentra con una muñeca que resulta ser la Virgen María. Esta aliada sobrenatural le da consejos y realiza las más sorprendentes transformaciones con el fin de que ella triunfe y se case con un príncipe. Le aconseja asistir a misa durante varios días con el fin de despertar el interés ante aquél; así lo hace y poco a poco va obteniendo su cometido; logra impresionar favorablemente al príncipe, no obstante que permanece momentáneamente en el anonimato. En el último viaje a la iglesia, el príncipe descubre su casa, su condición y procura sacarla de ahí para casarse con ella.

 

Mientras la rubia parte de una Si negativa y se mejora, la negra, agente malo, realiza el proceso contrario; parte de una Si de riqueza y poder y poco a poco va fracasando ante los deseos de impresionar al príncipe. Al final, sus propósitos no se cumplen, queda ridiculizada y acepta el perdón consolatorio de la rubia.

 

La visión en este relato destaca aspectos importantes: la exaltación de las costumbres cristianas. Por ejemplo, a la rubia, le impuso la Virgen un impedimento: no alzar la vista hacia el príncipe sin antes recibir la bendición del sacerdote (machismo religioso). Fue una acostumbre muy difundida y practicada en épocas pasadas que refleja la sumisión y respeto que se le exigía a la mujer ante los hombres.

 

Otro aspecto de la visión es la captación popular de la maldad de las madrastras. Este hecho evidente en el relato destaca la virtud de la rubia en oposición a la maldad de la negra y su madre. También censura el segundo matrimonio del padre de la rubia.

 

Cabe señalar, por último, que en este relato, como en otros, no se castiga a los malos. Los castigos a los malvados son raros y si aparecen son muy leves; su mayor daño está representado por el fracaso en sus empresas y el éxito de los buenos. En el caso de la bruja en La casa de las torrejas, el diablo en La suegra del diablo y en Uvieta, no se presentan torturas crueles, aunque simbolizan las fuerzas del mal. Cuando se trata de seres humanos se llega al perdón. También se debe mencionar que los  buenos son valorizados física y moralmente bajo normas establecidas. Por ejemplo, en este cuento el color es indicio de virtud. La rubia representa a los buenos y la negra a los malos.

 

Salir con un domingo siete

 

Este cuento presenta un solo proceso para cada agente: un mejoramiento para el compadre pobre y una degradación para el compadre rico. Sin embargo el mejoramiento de uno es la degradación del otro, como consecuencia indirecta. Los dos microprocesos se dan por separado: primero el del pobre y luego el del rico. Ambos agentes realizan las mismas acciones pro con resultados contrarios. Usan hasta los mismos medios: agregar un verso a la canción de las brujas. El pobre tuvo suerte de que ellas se alegraran por completar su canción, mientras al rico le achacan estropeársela. Para efectos prácticos vamos, momentáneamente a separar las dos secuencias.

 

En la perspectiva del compadre bueno se abre un microproceso de mejoramiento. Obtener riqueza y eliminar su güecho. El personaje es pobre pero bueno. Todos los viernes realiza un viaje al bosque para cortar leña. En uno de esos viajes se pierde en él y no puede regresar a su casa. Entonces decide pasar la noche en un árbol. Desde ahí divisa una luz, se dirige a ella y llega a una casa grande. Entra y oye unas brujas que cantan lo siguiente:

 

"Lunes y martes y miércoles tres"

 

El hombre, como pasaban las horas y el estribillo se repetía, decidió agregar:

 

"Jueves y viernes y sábado seis."

 

Por esta composición recibió toda clase de atenciones por parte de las brujas, le eliminaron el güecho y le llenaron de riquezas. Regresó luego a su casa a contar su aventura.

 

El merecimiento del compadre pobre para obtener tanta bondad de parte de las brujas, es su condición material y sus virtudes morales. Por esta razón, al igual que len otros relatos analizados, la Pp no aparece igual que en ellos. Perderse en el bosque y dormir en un árbol fuera de su casa, no son sacrificios que permitan hablar de una Pp como tal. Tampoco en la Pf (composición del verso) tuvo que esforzarse mucho pues fue más fruto de la casualidad que inteligencia o trabajo. La intervención del agente es mínima. No se le imponen tareas ni tiene que realizar luchas, por ello su elemento mágico resultó ser el verso. El microproceso es muy simple y casi sin aventuras.

 

El la perspectiva del compadre rico sucede casi lo mismo pero con resultados contrarios. Al final obtiene un castigo en vez de un premio. Su Si, sin embargo no es la misma que la del compadre pobre ya que es rico y ambicioso y casado con una mujer codiciosa y más ambiciosa que él. Por esta razón el resultado de la Sf es contrario a la del compadre pobre.

 

El compadre rico obedece los mandatos de su mujer y sale para el bosque en busca de la casa de las brujas. Los obstáculos que debe vencer son los mismos que los que enfrentó el compadre pobre. Cuenta más bien con algunas ventajas: conocía todo lo relacionado con el viaje. Éste se realiza satisfactoriamente hasta que llega a la casa de las brujas y debe enfrentar prueba fundamental. Decide agregar a la canción de las brujas la frase:

 

 "Domingo siete."

 

Cuando las brujas lo oyen, se enfurecen, lo buscan y lo castigan. El pobre compadre rico debe regresar a su casa sin dinero y con dos güechos, pues las brujas le agregaron el del compadre pobre. Al enterarse su mujer se llena de tristeza y ambos terminan totalmente degradados.

 

Desde el plano de la visión, este relato presenta una clara intención, presente, por lo demás, en los otros cuentos analizados, solo que aquí se da en una forma muy clara. Pensamos en la configuración moral del modelo o paradigma: Los buenos triunfan y los malos fracasan. La intención moralizante se pone en evidencia con mucha más claridad que en los otros cuentos. Se logra restaurar el código moral puesto en peligro por la esposa del compadre rico. La mujer presenta el estado desequilibrado de la virtud. En cambio la familia del pobre sirve como modelo de ella. Por eso  se los premia.

JOSÉ ALBERTO GATGENS CÉSPEDES Y OTTO VARGAS MASÍS

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JOSÉ ALBERTO GATGENS CÉSPEDES (1976) Y OTTO VARGAS MASÍS (1972)

Ambos son periodistas graduados, nacidos en San José Centro. El segundo oriundo de Chacarita, Puntarenas.

 

José Alberto es licenciado en comunicaciones por la Universidad San Judas Tadeo y Otto Master en la misma universidad. Los dos han trabajado en el periódico La Nación  y otros medios nacionales. Es la primera obra literaria que escriben y en este caso juntos.

 

LO QUE HAN ESCRITO JOSÉ ALBERTO GATGENS CÉSPEDES Y OTTO VARGAS MASÍS

 

NOVELA

 

1. La hora del compadre: 2009

 

Esta novela La hora del compadre, fue publicada en el año 2009.1

 

El primer problema que debemos afrontar y esclarecer es ¿cuál es la naturaleza de esta obra? Es una novela?, ¿Una crónica? ¿Una crónica novelada como equivocadamente suelen llamarse a estos escritos? Tratemos de dilucidar esa problemática.

 

Existen gran variedad de formas escritas y orales de expresión humana: mitos, leyendas, cuentos, novelas, crónicas, discursos, sermones, biografías, epopeyas, comedias, tragedias, etc. Cada una de ellas tiene su propia esencia, sus rasgos característicos que la definen y precisan como tales. Todas ellas pueden ser o no literarias y para ello deben cumplir con otros rasgos especiales.

 

En los tiempos presentes se ha acostumbrado llamar a una forma cualquiera de las especificadas arriba con un adjetivo calificativo. Así suelen nominar a las biografías como "noveladas", historia "novelada", crónica "novelada", etc. Esto desde nuestro punto de vista es incorrecto. Una historia es eso, una historia y lo mismo sucede con una biografía, una crónica, una novela, una tragedia, etc.

 

La novela es quizás la forma expresiva más compleja y tiene la peculiaridad de poder albergar en su estructura cualquier otra forma de expresión. Así dentro de ella podemos encontrar otras novelas, cuentos, leyendas, crónicas, biografías, relatos, discursos, sermones, etc. Un buen ejemplo de ello lo hallamos en la histórica obra escrita por Miguel Cervantes y Saavedra: El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha. La novela es una totalidad compleja y esa es su propia naturaleza.

 

Ahora bien. Lo que no podemos aceptar bajo ninguna condición es que se diga que una crónica es novelada. O es una crónica o es una novela pero no lo expresado. Es comprensible, en ciertas ocasiones usar esa triquiñuela a fin de evitar acusaciones legales y otras consecuencias de diversa naturaleza. Pero desde el punto de vista científico no cabe esa afirmación.

 

No es correcto lo manifestado por Wilbert Arroyo y que también suele ser hecha por gran cantidad de comentaristas, sobre todo por profesionales que desconocen la naturaleza de las diferentes formas de expresión literarias:

"Fluidez narrativa. La Hora del Compadre es una crónica periodística novelada. Y ello, antes que restarle credibilidad e interés a la narración, le suma y mucho, pues lo que fue periodismo noticioso por mucho tiempo y un larguísimo proceso judicial, ambas disciplinas de por sí de naturaleza rígidas, da paso a un relato versátil, fluido, coloquial y con personajes que narran una trama que gira e interactúa, junto a otros personajes, entre el protagonista y el antagonista: Parmenio Medina y Mainor Calvo".1



1 Arroyo, Wilbert. La hora del compadre. La Nación. Com Opinión, Jueves 19 de noviembre de 2009.

 

 

Otra cosa es, que las diferentes formas de expresión comentadas sean o no literarias. Esto sí es posible. Una crónica no deja de ser tal si es literaria. Esa condición se adquiere a través del uso del lenguaje que en el caso de la literatura es polisemántico y no unívoco como en la ciencia o equívoco como en la expresión natural de los hablantes. La literatura utiliza esas modalidades del lenguaje pero elevadas al rango de la polisemia.

 

En el caso que nos ocupa vamos a precisar dos aspectos importantes. La naturaleza de esta obra: ¿Es una crónica o una novela? Y en segundo lugar sea cual sea el resultado si es literaria o no. Luego haremos un comentario sobre lo tratado en ella.

 

Esta novela tiene como referente un crimen real el del periodista colombiano, nacionalizado costarricense, Parmenio Medina. Este periodista era el Director de un programa radial llamado La Patada que todos los domingos por la mañana hacía denuncias de la vida social, política y religiosa del país. Era jocoso y lleno de denuncias que siempre documentaba. Nunca se refería a un tema sin contar con la documentación objetiva que la sustentaba. Esto lo llevó a recibir muchas amenazas de muerte y ganarse gran cantidad de enemigos en el ámbito religioso y político del país. La iglesia formal, la jerarquía religiosa histórica y del momento eran fuente de denuncias. Así desfilaron por el programa figuras como los arzobispos Rodríguez, Arrieta, etc. Se dio a conocer los problemas de la familia del primero y las constantes denuncias que el periodista hacía al padre Minor y su emisora La Radio María, hacía al arzobispo Monseñor Arrieta y las amenazas de muerte que recibía de forma anónima.

 

La denuncia de esta Radio y la forma en que recibía enormes cantidades de dinero de parte de los oyentes católicos del país, así como las relaciones sociales del curita, fueron el detonante para realizarse el crimen, en manos supuestamente de sicarios a sueldo, del señor Parmenio cuando se dirigía a su casa.

 

Se inició un juicio que duró bastante tiempo. Al final se dictó sentencia contra el cura y su socio. El primero ya está en libertad y el segundo aún descuenta el castigo en la cárcel.

 

Este es el contexto resumido de los hechos que sirven de fuente a los autores para crear esta obra. Es la creación de su propia verdad, la verdad literaria, su visión particular de estos hechos y por lo tanto no es la misma verdad sino "su verdad" y es a ella a la que como crítico literario a la que me referiré en los comentarios. No basta evocar el lugar común y trillado de que "cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia". Toda obra literaria es un embuste, una mentira, una particular visión de un hecho que puede ser real pero nunca lo sustituye como tal. Como dirían los psicólogos es una "construcción personal".

La novela tiene, como dijimos un referente conocido por todos. Sucedió un crimen de un periodista y se conoce los asesinos intelectuales y materiales. El objetivo es único. Presentar el cómo. Así la obra nace, desde el principio, irremediablemente como policíaca y descriptiva. Él o los narradores deberán investigar los entretelones del crimen y la naturaleza del asesinado y los criminales así como su captura y el proceso judicial. Es una buena oportunidad para recrear el crimen y sus entretelones e insinuar las consecuencias inmediatas y futuras.

 

Es así que la novela inicia por el final de la historia: la concreción del crimen. Es un acierto literario que se utilice la voz del narrador para describir esos instantes indescriptibles cuando el personaje narra los detalles emocionales, el temor, el miedo, el asombro, lo irremediable y quizás hasta lo esperado. Quizás se pudo explotar más esos momentos y la interioridad del personaje pero lo mostrado satisface. Luego un narrador omnisciente se encarga de narrar y describir un poco la biografía del periodista y, de seguido la personalidad del curita y sus andanzas por los medios de comunicación, hasta concluir con la caracterización de El Patrón, socio económico del curita y su iniciación en el mundo de los negocios, permitidos y no tan santos. Esto es un tanto moroso, meticuloso, descriptivo y mata el interés del posible lector que espera más emociones. Si lo hubiese entremezclado un poco más entre los procesos fundamentales, a través de evocaciones, atisbos, interrupciones, etc., entonces la atmósfera de novela policiaca impactaría más. Lo anterior es comprensible si uno de los objetivos era demostrar hasta el detalle los entretelones, los motivos, el móvil del crimen más que el crimen mismo. Prevalece el interés investigativo que el narrativo literario. Y ambos pudieron combinarse para lograr una mejor visión. Los detalles, los indicios, lo oculto, lo que no se dijo, lo que permaneció intencionalmente o no fuera del conocimiento popular, se convierte en este tipo de novelas en elemento fundamental de toda creación.

 

Sin lugar a dudas esta obra es una novela y su carácter es literario. Si bien es cierto los referentes contextuales son manifiestos, la intención de los autores es crear una realidad a partir de ellos. Dos ejemplos lo representan el inicio de la novela cuando el personaje llamado Parmenio se enfrenta a la muerte, su asesinato. En primera persona manifiesta ese sentir psicológico que experimenta. Es una especie de voz interior que sale al consciente y va narrando esa experiencia. Algunos autores, en otras novelas utilizan el monólogo interior pero en este caso escogieron el soliloquio y lo mismo sucede en la sección llamada "el duelo" donde es el curita quien reflexiona y se pone de manifiesto con sus lamentos, preguntas y respuestas. También es un soliloquio muy cercano a la realidad consciente. Como hemos afirmado en muchas ocasiones la obra literaria es "La literatura es embuste, bella mentira y paradójicamente  la más grande verdad humana, gracias al paciente y creativo trabajo del autor con el lenguaje.

 

Es verdad que los autores también muestran un mundo muy cercano al referencial pues se sustentan en un caso ocurrido recientemente y muy conocido por los lectores, pero lejos de ser una copia de esa realidad, muestran su propia creación. El verosímil de la novela se explica por ella misma y los contextos solo fueron motivo de inspiración para crear su propia obra. Tal vez ella no llegue a los niveles literarios deseados pero su intención última es crear una novela y así se testimonia en el producto final.

Los autores de esta novela utilizan esas voces, tanto de los protagonistas como de personajes anónimos y colectivos para dar vida a visiones colectivas del pueblo, los católicos, los feligreses, etc. Esto permite al lector un contacto directo con lo expresado por esos testigos de la historia. La técnica acerca la novela a lo que hemos llamado obras polifónicas y permiten disfrutar literariamente la historia narrativa desde perspectivas más cercanas y verosímiles.

 

No es, esta novela una simple denuncia social más. Tampoco el desarrollo policíaco de un crimen y su esclarecimiento. Es una obra literaria, que si bien esclarece un asesinato de un periodista, también propicia en los lectores el disfrute de una novela bien escrita y capaz de llevarlos a la reflexión acerca de problemas un tanto tabúes que se han ocultado durante mucho tiempo y hoy conmueven a la sociedad y la estremecen. Ya la jerarquía eclesiástica metida en negocios de dineros un tanto oscuros, salen a la luz y comienzan a ventilarse en los tribunales. Y los crímenes no son ocasionales y de la delincuencia común. El sicariato y otros males no están ausentes en nuestra sociedad. Es una triste realidad.

 



1 Vargas Masís, Otto. La hora de Parmenio. JGatgens Céspedes, San José, 2009.

Cierto Azul. Novela de Fernando Contreras Castro

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La novela Cierto Azul de Fernando Contreras Castro la publicó en el año 2009.1

 

Cierto Azul es una novela pequeña en extensión pero enorme en calidad. Es un canto a la libertad, al amor, a la vida.

 

Su estructura es sencilla. Está compuesta de seis partes, igual al sexteto de gatos que toca jazz  y no llega a las ochenta páginas. El inicio también cierra esa estructura. Es la llegada del gato Freddie Freeloader a las costas del caribe proveniente del sur de los Estados Unidos y la partida del niño ciego Arturo, así sin apellidos, el trompetista callejero, recogido por el sexteto de gatos también callejeros que significa: libres.

 

Sí la novela pertenece al género maravilloso pero no es un cuento de hadas y escapa a todo modelo estructural tradicional. El elemento mágico capaz de transformar la realidad de los personajes en luchas victorias o tareas cumplimientos deja su apariencia de anillo, amuleto, varita mágica y se convierte en instrumento, canto, poesía, vida, amor, libertad. Los viejos cánones de la moral cristiana enajenante dan campo a la improvisación, al instante,  y se despojan de esa camisa de fuerza de la "normalidad" para abarirse a lo disfuncional, lo creativo, lo instantáneo, lo no planeado, lo nuevo, la iniciación.

 

Las leyes naturales y sobrenaturales son una sola vivencia. Los gatos y el niño inician esa aventura única e irrepetible libremente, de noche, bajo el alero de los cielorrasos del Mercado Central o los más inesperados edificios abandonados, guiados por el asombro, la música de la lluvia o el latir de la oscuridad. El día pertenece a los humanos, los dominantes, los que duran, los muertos que se mueven sin saber siquiera a dónde se dirigen, los que comen para durar y engordar y nunca para vivir, los que se han convertido en robots de movimientos calculados y repetitivos cuyo único fin es hacer dinero, ése es su único afán.

 

Novela maravillosa no solo por la armonía y vivencia de leyes sino por la sorpresa del lector de entrar en ese mundo musical, imprevisto, asombroso, llenos de luces y sombras, transformador, vitalizador, embrujado, pletórico de amor, de solidaridad, de compañía, de vivencias.

 

"-¿Ello, dando por sentado que existe algo llamado "normalidad", y que eso, lo que quiera que sea, garantiza el éxito, aunque la vida esté rebosante de relaciones "normales" estancadas en el hastío, la infelicidad y el fracaso!"1

 

Es de ese mundo dominante que los gatos tratarán, por todos los medios de apartar al niño Arturo. De ese mundo que pertenece a los dominantes y que tanto pavor provoca a cada instante.

 

"Y el miedo a chocar con el mundo fue lo que finalmente se convirtió en el gran aliado de Arturo"2

 

Y el refugio en la música y el canto sería, como lo fue en los negros esclavos del Sur norteamericano, su salvación, su arma, su resistencia, su esperanza y su libertad.

 

"Cantaban porque no pudieron robarles sus voces y en sus voces traían sus músicas"3

 

Ese referente histórico permea todo el relato. Es como una evocación del abuelo gato que es testigo de la esclavitud negra y sus vivencias insufribles, hasta recobrar la libertad. Pero nunca para practicar las costumbres de los blancos, esclavos del poder y de la riqueza, inmersos en ciudades anodinas y con esa maldición a cuestas del trabajo para tener dinero, como si se tratara de un ciclo vicioso, o algo parecido al mito de Sísifo.

 

Los gatos huían y repudiaban esa condición del dominante blanco:

 

"La gente diurna se va quedando sola. Nosotros la vemos desde los cielorrasos, sola en sus casas, sola en sus trabajos, sola en la salud y en la enfermedad...sola y triste y sin embargo, defendiendo siempre la soledad, condenando la felicidad, condenando el amor; en las paredes de los lugares públicos abundan letreros con la advertencia de "Se prohíben las escenas amorosas"!!!4

 

Ese arcoiris de sonidos, de claroscuros, de voces cuando se dirigen los gatos al niño o comentan algún acontecimiento que pretende educar al niño para su vida independiente y libre, son la constante en esta novela. Es una sola voz llena de matices, de tonos, de sostenidos, armónica y pletórica de vivencias, de asombros. Es la sinfonía más corta pero intensa que imaginarse pudiera. Quizás esa condición es lo más maravilloso de esta novela. Porque:

 

"¡La música de nuestras vidas! Un mosaico, una cobija de retazos, cada melodía, un cuadrito, pegados todos con sangre, sudor y lágrimas. Cada timbre propio de cada instrumento, como cada instante, y por encima de todos los timbres, la voz hermosa de Valentina: "Buen día, gato callejero", "Buen día Gatita..." Amigos, amantes, cómplices, compañeros de viaje, residentes, sobrevivientes, compañeros de atril."1

 

Una última reflexión: ¿Es ésta una obra de literatura infantil?, ¿Será apta para niños? , ¿Se atreverán las autoridades del Ministerio de Educación a exigirla como lectura obligatoria en los colegios del país? O ¿echará por tierra los viejos moldes de la literatura consolatoria y justificadora del sistema alienante imperante en nuestra sociedad?

 

Esta novela se publicó en el año 2009, al igual que Traspié entre dos estrellas de Myriam Bustos Arratia y otras más. El jurado de premios de ese año y el Ministerio de Cultura dieron por desierto las modalidades de novela y cuento y ello despertó una serie de críticas justificadas y comentarios adversos a esa infortunada decisión. Lo que nunca supieron los lectores y detractores del Jurado fue que los miembros dudaron sin poder llegar a un veredicto si daban a Cierto Azul de Fernando Contreras el premio o a Traspié de dos estrellas de Myriam Bustos Arratia. Solo al puro final llegaron a la conclusión de declararlo desierto, ya que según ellos no podían premiar a las dos y menos a una de ellas, pues si lo hacían se armaría "un pleito de perros y gatos" que sería de nunca acabar.



1 Contreras Castro, Fernando. Cierto Azul. Ed. Legado, San José, 2009.

1 Contreras Castro, Fernando. Ob. Cit.  p. 17.

2 Ib.

3 Ídem, p. 23.

4 Ídem, p. 33

1 Ídem, p. 69.

Papá es un campeón. Novela de Carlos Rubio Torres

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La novela Papá es un campeón la publicó don Carlos en el año 2006.1

 

Esta segunda novela de Carlos sigue la misma estructura de la primera. Pertenece al género maravilloso donde se dan sin contratiempo los dos planos de leyes naturales y sobrenaturales. En ella es un niño de diez años (a veces nueve) que vive la experiencia de tener un padre autoritario, machista, mandón, violento, iracundo, irracional, etc. que pretende que su hijo sea un jugador sobresaliente de futbol y para ello no utiliza ninguna razón que no sea la fuerza, el poder que da el ser el padre del niño y los más absurdos argumentos que estén a su alcance. A veces la estulticia y la sinrazón son tan frecuentes y absurdas que violentan la más obtusa racionalidad. Ello convierte al niño en una especie de hazmerreír ante los compañeros de escuela y los que lo miran hacer el ridículo.

 

Paralelo a ese absurdo mundo del padre, divorciado, solo y víctima de su propia enajenación se desarrolla el mundo mágico del niño y sus fantasmas (el abuelo, el poeta de la calle,, Antonio, el mago de narguile), la música de Wagner, la Maja desnuda de Goya, Carta a un joven poeta de Rainer María Rilke , y los poemas del propio Isaac. (obsérvese los nombres bíblicos, Abraham, Isaac, Marta)

 

La estructura formal se diseña como si se tratara de un partido de futbol con un primer tiempo y el segundo. Con entrenamientos, visitas al estadio y hasta partidos vistos en la televisión entre los equipos rivales por todos conocidos y el final entre Costa Rica y México. Así en ese final se configura la muerte de su padre Abraham y el viaje al País de los sueños.

 

Mientras el hijo va cobrando poco a poco su propia identidad el padre va declinando su vida a través de un cáncer que se trató muy tarde, por la propia tozudez de Abraham que no aceptaba su enfermedad y creía que él era el gran campeón del mundo.

 

El desarrollo de la novela delata una clara intención pedagógica y una moraleja evidente: los padres deben estimular las vocaciones de los hijos pero nunca moldear sus propias vidas a su  imagen y semejanza o sus caprichos. Solo así serán felices y ciudadanos encomiables. Esta máxima pedagógica indiscutible se vuelve un tanto opacada por el exceso de los extremos del padre y la idiotez de los actos a que el niño se ve sometido. Es tan evidente la exageración que pierde la calidad del atisbo, el decir mucho sin apenas sugerirlo, lo poético más que lo explícito. Quizás ello hace que un lector avisado, se dé cuenta fácilmente de los hilos un tanto gruesos del mago escritor que está detrás. A veces hasta el niño de diez años actúa y piensa con demasiada madurez, y agudeza que delata la dirección del autor. Todo recurso es útil, hasta los prejuicios y estereotipos acerca de los poetas: afeminado, mujercita, excéntrico, bohemio (le faltó éste y lo pedantes y ególatras que son algunos falsamente llamados poetas y no escribidores. Por supuesto que éste no es el caso de don Carlos).

 

Otro aspecto digno de comentario es la finalidad de la literatura llamada infantil. ¿Está dirigida a los niños? Pareciera que sí y la pregunta recibiría esa respuesta inapelable pero ¿no convendría también que los adultos conocieran la psicología de los niños y los educaran como tales y dejaran que su desarrollo fuera armónico, guiado pero con dirección adecuada, armónica y no impuesta sobre todo en aspectos vocacionales. Todos conocemos de las imposiciones de padres sin educación o madres que tienen como máxima: "Mi hijo o hija será como yo, palero, jornalero, ingeniero, médico", etc. Nunca piensan que lo primero debe ser que el hijo sea como él y sobre todo feliz, libre dentro de lo posible. Así esta novela sería muy atinada para la educación de los padres, quizás más que para los niños.

 

La obra está bien escrita con un lenguaje asequible, polifónico, musical y hasta poético. La parte sobrenatural es liviana y comprensible. No exagera el poder mágico más allá de lo verosímil del relato y ello crea una visión de mundo armoniosa y positiva, sobre todo al final, a pesar del dolor que puede causar una muerte. Su cierre es de perdón, comprensión, armonía, de viaje y nunca de ruptura. Padre e hijo cierran el ciclo "distansiador" con un abrazo esperanzador y de sueño apacible.



1 Rubio Torres, Carlos. Papá es un campeón. Ed. Norma, San José, 2006.

Traspié entre dos estrellas de Myriam Bustos Arratia

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                               TRASPIÉ ENTRE DOS ESTRELLAS

 

Novela escrita por Myruiam Bustos Arratia

 

La cuarta novela publicada por Myriam Bustos Arratia, la llamó Traspié entre dos estrellas y se editó en el año 2009.1 En realidad es la primera novela, en importancia que publica esta escritora chilena ya costarricense.

 

Esta novela es una obra de madurez de esta escritora que ya pasa los setenta y cinco años de edad y con una amplísima producción intelectual.

La estructura formal de la novela es simple. La divide en setenta, así con palabras, partes y sigue un orden casi causal.

 

Está escrita con un lenguaje impecable y una sencillez intencional. Da la impresión de que se dirige a un lector ficticio especial, solitario, incomunicado, necesitado de comprensión y quizás como esencia de la literatura viviendo de quimeras existenciales. Desde este punto de vista es una novela sugestiva y positiva (y para no pocos será de autoayuda).

 

La obra bien puede catalogarse como biográfica. Se trata de la vida de un hombre ya cuarentón, agente de viajes en una empresa de esa naturaleza, llamado Enrique, que cuenta sus vivencias personales y las de otros pocos personajes con quienes se relacionó en determinados momentos de su vida. Como toda obra de ficción es un embuste, una construcción, una visión de mundo, una nueva realidad, única e irrepetible pero como he señalado en muchas ocasiones, capaz de mostrar la más escondida y única realidad que existe.

 

La novela se inicia y termina de igual manera, como un círculo. Es el paralelo entre la "poesis", la creación, el embuste, "mi verdad" literaria y Julia, el ideal, lo creado y por lo tanto el engaño, la mentira, el embuste. Así Enrique abre estas dos virtualidades paralelas y las enfrenta a su vida real, referencial, de lector asiduo, inteligente, amante no solo de poetas reconocidos como César Vallejo (El título de la novela es elocuente), García Lorca, etc. sino de otros pensadores contemporáneos en áreas científicas de gran relevancia, tal el caso de psicólogo Daniel Goleman. Lo que la filóloga Kristeva llamaba intertextualidad. Es una persona culta en medio quizás de una numerosa cantidad de personas incultas, incoloras e insípidas. Sabe muy bien que para ser ignorante, torpe, "bruto" basta parecerse a la mayoría y mezclarse como uno más de ellos.

 

Éste es el conflicto central de la novela: ser o parecer y Enrique decide "ser" y ello lo obliga a separarse de las convenciones sociales enajenantes que desde niño aprendió en el catecismo y las mínimas prácticas sociales establecidas como correctas: casarse, tener una familia, vivir con otros, y todas las ya consabidas. Él se presenta como disfuncional en esa sociedad y escoge vivir pensando en Julia su ideal que apenas si oyó alguna vez pero que cree existió. Ésta es la motivación de su precaria vida pero llena de libertad y otras realidades que para él son de enorme trascendencia.

 

Empieza por separarse de Sussana, su  esposa, vivir solo en una casita pequeña y no cultivar más amistad que las visitas o conversaciones con su amigo Hernán que giraban alrededor de comentarios de familia y de libros de autogestión y en ocasiones sobre una Julia que Enrique creía que era "su Julia".

 

Luego de breves conversaciones su amigo se presentó a su casa con un regalo, un perro, que desde luego Enrique rechazó pero permitió bajo juramento pasar una semana con él y si no le agradaba, lo devolvería. Así se hizo pero el desenlace fue una estrecha amistad entre animal y hombre, a tal grado que se convirtió en la relación esencial en ambas vidas. El can de nombre Candorio. Se me ocurre pensar (y esto es gratuito y sin conocimiento que doña Myriam debe tener muchos perros y disfrutar su desinteresada y noble compañía)

 

La novela discurre entonces en encuentros ocasionales de Enrique con algunos vecinos que salen por las mañanas a pasear con sus cachorros, las pocas conversaciones con unos vecinos jóvenes, bulliciosos pero amigos, sobre todo Esteban de Julia, la historia de ella y Felipe, su esposo y la madre que la abandona con su marido, la historia de la otra Julia y su marido de nombre Enrique y su madre y la hija de éste con una empleada nicaragüense, ante de casarse con Julia, la muerte (el asesinato) de Candorio por un perro pastor vecino, etc., hasta llegar al final en una escena donde Enrique descubre el origen de "su" Julia.

 

En cada una de estas historias se da la misma situación: degradación, fracaso. Pareciera ser que la verdad radica en la misma esencia del ser humano: "ser y no saber nada y ser sin rumbo cierto". El precio por crear un proyecto humano con otro es muchas veces el peor de los sacrificios y si éste es un sometimiento total a las condiciones de un sistema impositivo, se convierte en un suicidio. Y la respuesta, la verdad, pareciera que aún tendremos que esperar mucho tiempo por ella.

La novela tiene como referente literario un cuento de la misma autora llamado Los ruidos de Julia, ya publicado tiempo antes. La problemática es la misma. Un sistema social enajenante sobre todo para las mujeres que las obliga casi a la esclavitud y a vivir una vida (¿'vida?) peor que la de un animal y lo peor del caso con la complacencia de muchas de las mismas mujeres y por supuesto, la de la mayoría de hombres que esa situación les favorece. Solo escapan aquellos que como Enrique tienen conciencia de esa injusticia y víctimas de lo mismo tratan de aislarse, incomunicarse como una solución que a todas luces tampoco es la mejor.  

Me agradó la novela. Sin grandes aspiraciones y autobombo, logra interrogar, reflexionar, inquirir sobre la condición humana, desde las más pequeñas cosas que hacemos y buscar sentido a ese anhelo por lo menos de quienes alguna vez se han puesto a pensar en su propia existencia.



1 Bustos Arratia, Myriam. Traspié entre dos estrellas. Ed. Tecnociencia, San José, 2009.

La Noche Mala. Cuento realista de José Marín Cañas

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LA NOCHE MALA

 

Por José Marín Cañas

 

 

 

-         Hace un calor insoportable, ¿sabes?

-         ¡Tú siempre quejándote!

-         Perdona, hijo; no creí ofenderte.

-         ¿Quieres callar?

-         Me has venido a meter entre esta gentuza. Como comprenderás, tengo razón; hace un calor insoportable y me estoy cayendo de sueño. ¿Quieres que nos vayamos?

-         No. No tengo sueño y me aburriría en casa. Espera hasta que termine la misa. No han dado las doce todavía.

 

Berta bajó la cabeza agobiada. ¿Por qué se habría casado con aquel hombre? Ni ella misma llegó a saberlo nunca. Él era alto, adiposo, envejecido a fuerza de vicios, bruto, de mirada insolente y belfo caído.

 

Ella se había escapado de una vitrina londinense. Frágil, quebradiza, mimosa como una gata, el cabello castaño y la mirada honda, húmeda, esperanzada.

 

Cuando Berta quedó viuda, tenía su angelote año y medio. Hablaba picarescamente entornando los ojos enormes, mientras íbase comiendo un buen pedazo de pan. El padre del chico murió de una fiebre dañina. Fue un caso rápido. Una vieja que habitaba el sotabanco del edificio colindero, afirmaba que a don Roberto lo había matado la tisis. Los vecinos no le creyeron nunca. Berta tuvo que taparse los oídos con fiereza para que la duda no la atormentase más. A los tres años, casó, al cumplir ella los veinticuatro, con aquel don Tomás, tan rico y tan bruto que le miraba la nuca mientras se le iban humedeciendo las comisuras de los labios. De su segundo matrimonio nació una niña. Era una pintura de Rubens. Gordezuela, ojos claros,, blanca como la albura de los ángeles en las procesiones ciudadanas. Hacían raro contraste los dos chicos jugando juntos. Roberto, el hijo del primer matrimonio de Berta, era canijo, híspido, tristón. La chica, Bertita, era hermosa, bonita como la estrella del Niño. Jugaban juntos y peleaban mucho. Ella era dominante, caprichosa, llena de resabios. Él era manso, desesperanzado, medio tonto.

 

-         Quitá, idiota; ¿no ves que le estás haciendo daño a la niña?

 

Roberto huía con todos sus siete y medio años contraídos en una mueca de terror. Don Tomás, tras de aquella riña, le soltaba dos patadas. Roberto llegó a tenerle miedo, ¡mucho miedo!

 

-         Dime mamá, ¿por qué papá no quiere nada más que a la nena? A mí me da muchas patadas, ¿sabes? ¡A mí no me quiere!

 

A Berta se le encogía el corazón cada vez que el chico buscaba amparo en la falda de su madre.

 

-         No me llores, hijo mío. Andá, no me llores. Tú estás engañado; tu papá te quiere mucho, mucho, ¡Tanto como a la nena!

 

El recuerdo de todas aquellas escenas conturban a Berta. Siente, además, calor, ¡mucho calor! A hurtadillas, como un pecado, mira a su esposo, alto, fornido, grande. Ella, se siente sola, apretujada entre aquella multitud plañidera, rezadora, cochambrosa, hedionda.

 

Por sobre las cabezas se ve arder, como un ascua, el altar de oro. Oficia un viejo sacerdote desconocido. El canto gregoriano y la oración ronca, treman por sobre los corazones. Chisporrotean los cirios. De fuera llegan canciones absurdas de beodos y meretrices flácidas. Al sonar las doce viene Dios al mundo en el cuerpo rosado de un pobre muñeco que pasea el cura.

 

Berta al paso lo ha mirado. Dentro del corazón sintió un pellizco.

 

*

**

 

Cuando rayó por la ventana el día, fue un latigazo de sol que llegó hasta los pies de la cama de la nena.

 

La chica, -porcelana y cera- incorporóse a medias. Estaba atolondrada de sueño, pero la alegría, tralleadora y brutal, hízola dar un respingo.

 

-         ¡Mamá, mamá!

-         ¿Qué, hija mía?

-         Mamá -volvió apremiante a llamas.

-         ¿Qué te pasa, niña? -gruñó el padre.

-         Papá, papacito. ¡Vengan! ¡Miren! ¡Vengan!

 

Palmoteaba la chiquilla con una prisa dolorosa en la que la alegría no la dejaba hablar.

 

    -    ¿No vienes, mamá? ¡Mira lo que me ha traído el Niño! ¡Cuánto juguete!

        ¿Ves?    Aquí    está la cocina y la muñeca y la bola. Mira, papá, ven para que

         veas   la casa de muñecas. ¡Mira qué linda! No me ha traído el automóvil,

         pero  fijate ¡que muñeca más grande! Oye ¡y también se duerme!

 

Lo hablaba estropajosamente, con su pobre lengua de trapo que la alegría entorpecía más. Estaba radiante. Sus tres años parleros salíanle a la cara por los ojos. Reía toda la chiquilla cogiendo al azar los juguetes, apretándoselos contra el pecho, besando a las muñecas de cara inconmovible.

 

Berta se tiró de la cama. Suelta la melena que doraba la luz mañanera, tensas las formas bajo la seda fina de su escasa ropa, al aire la pierna deliciosa e insinuante, corrió al cuarto vecino de los chicos. La niña abrió los brazos y se lanzó a su cuello.

 

    -   ¡Lo ves mamá, como yo soy muy buena! Mira cómo se ha portado el

        niño Dios   conmigo. ¡Me lo trajo todo; todo lo que yo le había pedido!

 

Gruñó don Tomás al saltar del lecho y vino muy arropado al cuarto.

 

-         ¡Que chiquilla!, ¿re gustan los juguetes?

-         Sí, papaito.

-         ¡Anda, dame un beso!

 

Fue un beso largo, abrazados el padre y la hija. Entonces Roberto abrió los ojos. En su inconciencia, levantaba la cabeza y dejábala nuevamente caer. Pudo, con un azote de don Tomás, despertarse. Se incorporó. Veía a su madre, a la nena, a "su papá". Vio de repente, como un latigazo, los juguetes de la chica y se le iluminó el mundo. Recordó breve, duro, que era Noche Buena. Y con toda su ansia, con todos sus siete años de niño desesperanzado, buscó en su cama el regalo de Dios. Había tres juguetes malos, pobres, raquíticos. Uno de ellos era una bola rota, usada.

 

Fue breve, conciso, agudo en el examen. Los juguetes de la nena, muchos, lindos todos, como para jugar. Los de él, pobres, pocos, ninguno de los que había pedido. Ni el automóvil, ni la bicicleta, ni el barrilete...

 

Berta le miró un momento, quieta, sobrecogida de terror. En los ojos del chico tembló la emoción de su engaño doloroso. Era un nudo que le subía del pecho.

 

        -¡Mamá, mamá!

        -¿Qué, hijo de mi alma? -tremó la madre en un abrazo al pobre. Y luego,

         bajando   la voz, para que no lo oyese "papá", rompió a llorar hondamente,

         con una angustia cerrada.

 

-         Mamá, ¡también el niño Dios quiere m{as a la nena!

-         No hijo mío; no; ¡no digas eso! -dijo la pobre y tembló de frío.

-         ¿Estás temblando mamá?

-         No

-         Sí. ¡Estás temblando!

-         No. Retumbó la voz de don Tomás- Es que la ventana está abierta y entra mucho frío.

 

Don Tomás cerró la ventana de un golpe, duro y autoritario. Robertito abrazado a su madre, la miró llorando, mientras se hacía un silencio.

 

-         Sigues temblando mamá.

 

No dijo nada. Sentía deseos de llorar. Ganas apremiantes de llorar.

 

       -Calla, hijo mío. Cállate ya. Sí. Sigo temblando, pero no me llores;

        no me llores, que si el niño Dios no te quiere mucho, yo te quiero con todo

        el   corazón, ¡hijo mío!

       -¡No me llores! -repetía la pobre.

 

Habían cerrado la ventana, y Berta seguía temblando...

 

COMENTARIO

 

 

Este cuento pertenece al género realista. Es el primer cuento del tomito titulado Los bigardos del ron que José Marín publicara en el año 1928 y que José León Sánchez afirmara en una entrevista que fuera su primera inspiración para sus primeras obras. Su estructura es la siguiente:

 

                                                                                         

El personaje principal es Berta, casada dos veces. El primer marido murió y le dejó un hijo, Roberto. Se cas otra vez con don Tomás y tiene una niña. La situación inicial es negativa: Tomás tiene un código moral machista, grosero, mandón, etc. Lo contrario es Berta, buena, sumisa. Es la fiel, cumplidora del código social religioso. Sufre estoicamente las groserías de su marido. La prueba particular se da en la misa de media noche cuando el marido desea regresar a su casa y la interpela de mala manera. Ella espera la llegada de la media noche: el nacimiento del niño Dios. Éste se convierte en el elemento mágico para ella. La evidencia sucede en la Prueba fundamental cuando los niños descubren los regalos "que el niño Dios les trajo". Los de la niña preciosos y los de Roberto un fiasco. La pregunta clave del relato la hace el niño de siete años: ¿Tampoco el niño Dios me quiere? Y la degradación de madre e hijo llega al máximo. Ella afirma que sí lo quiere, pero la evidencia es tal que ambos lloran su impotencia.

 

Desde una situación inicial negativa se llega a una situación final aún más negativa. Es un proceso de degradación total. Los buenos que cumplen con el código social y religioso, tal y como lo exige la iglesia católica, no reciben la solución a sus males. No hay elemento mágico que les ayude como aliado. Todo sigue igual. Quizás se abrigue una esperanza pero no aquí sino en el virtual más allá.

 

Es un cuento crítico, contestatario y que obliga al lector a la reflexión. Problemas como los hijos de dos matrimonios y el rol de los padres adoptivos, están presentes y la mentira piadosa de que el niño Dios trae los regalos de Navidad, también evidencia no solo alegrías sino injusticias y tristezas.

La caja del doctor. Cuento fantástico de Jenaro Cardona Valverde

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LA CAJA DEL DOCTOR

 

Por: Jenaro Cardona Valverde

 

Cuando ocurrió el extraño caso del doctor Milianikoff, que voy a relatar, nuestro Museo Nacional estaba instalado al final de la antigua "Calle del Laberinto", hoy calle 3ª., que la limitaba por el sur.

 

El edificio, ubicado casi al centro de un solar rodeado de tapias de adobes, de una hectárea más o menos, constaba de dos pisos, de paredes gruesas y macizas. El frente de este fundo lo cerraba una verja de hierro que descansaba sobre un potril de piedra y daba acceso a todo, un portón, también de hierro, colocado al propio centro.

 

La casa era de fábrica antigua; al frente, una puerta ancha y dos ventanas laterales. La parte alta tenía la misma estructura: por los costados varias otras ventanas daban luz a diferentes departamentos.

 

Arriba, en amplias salas, estaban las grandes vitrinas que contenían millares de ejemplares de nuestra fauna, hábilmente disecadas por taxidermistas expertos que supieron infundir a aquella naturaleza muerta, la apariencia de una vida en toda se pujanza y vigor.

 

Llamaba la atención de manera preferente en uno de los testeros del salón principal, la enorme cabeza de un alce, que, dentro de la vitrina parecía mirar con ojos encendidos por el coraje, a los curiosos que a ella se acercaban para admirar su cornamenta monumental. La mesa sobre la cual descansaba la vitrina, había sido construida a propósito para exhibir este precioso ejemplar.

 

En la planta baja, y entre vitrinas semejantes a las de arriba, se exhibía la cerámica que nos han legado nuestros aborígenes, constante de extensas y variadas colecciones de piezas, muchas de ella de gran belleza y de incalculable interés para los hombres de ciencia  que estudian al través de la arqueología, la historia de los primitivos habitantes de estas tierras.

 

En otras salas, sobre tarimas o estantes, podía apreciarse una muchedumbre de objetos de piedra, ídolos, metales, mesas lindamente ornamentadas, piedras de sacrificios, trípodes, objetos de jade, hachuelas, mazas, etc., etc.

 

Mucho ante de que el Museo Nacional fuera instalado en el edificio que he descrito, éste había permanecido largo tiempo deshabitado, y era visto, por vecinos y transeúntes, con cierto terror supersticioso a causa de las consejas que corrían entre gentes timoratas, que aseguraban haber visto a altas horas de la noche , un fantasma , un alma en pena que solía sentarse sobre  el ferrado balcón  y pasearse luego por el frente del edificio, envuelto en paños mortuorios que despedían una suave claridad lunar aun en noches de profunda oscuridad, porque en aquellos tiempos la luz eléctrica no había sido instalada en tales lugares.

 

"La casa del Laberinto", como entonces se le designaba, era tenida como lugar propicio a apariciones de duendes y fantasmas, algo así como un fatídico aquelarre. Todo ello cesó o mejor dicho  se olvidó -al decir de las gentes- cuando el Museo fue mudado allí del primitivo lugar que había ocupado desde su fundación, en la antigua Universidad de Santo Tomás, hoy Registro de la Propiedad.

 

***

Fue en esa época cuando llegó al país el sabio doctor Milianikoff, nacido en Ginebra, de padre ruso y madre polaca. La prensa nacional hizo entonces la apología de este personaje singular, pues los documentos y atestados que aportaba, demostraban sus ejecutorias de manera indubitable; era un erudito paleontólogo, miembro importante de las principales sociedades científicas de Europa: sus libros y conferencias habían causado honda sensación; era también un ferviente apóstol de la teoría monista  y algún crítico había dicho de él, que podía codearse con el propio Darwin, con Ernesto Haeckel, con Wundt y con tantos otros enemigos declarados del dualismo del ser humano.

 

Era el doctor Milianikoff de edad indescifrable: podía tener cincuenta o sesenta y cinco años: alto, enjuto de carnes, su rostro de líneas  enérgicas recordaba enseguida el gran Mago de la Armonía, Ricardo Wagner. Como todo hombre entregado en cuerpo y alma a la ciencia, era desgarbado en el vestir; nunca se le conoció más que un largo levitón color gris oscuro y un pantalón negro, lustroso por el uso; a veces se olvidaba de cambiarse de camisa en el transcurso de un mes. En cuanto a comer, comía a cualquier hora, cualquier cosa y en cualquier parte, y eso, cuando le picaba la gazuza de manera que no tenía más remedio que acallarla, es decir, imperiosamente. ¡El maldito, el asqueroso saco, rey y señor de esta, mísera humanidad!

 

No bebía más que agua por temor a quebrantar cierto sagrado juramento que empeñara años atrás, en París, una noche después de un resonante triunfo en la Sorbona, con su famosa conferencia titulada: La base material del alma. Poco tiempo después desapareció sin dejar rastro ninguno y cierta revista científica publicó la noticia de que el doctor habíase embarcado para el bajo Egipto.

 

No dejó de causar honda sorpresa en sus amigos el desaparecimiento del doctor Milianikoff, desaparecimiento misterioso que más pareció una fuga; pero, lo que había intrigado fuertemente la general curiosidad, fue la ausencia simultánea de la esposa del doctor.

 

Se dice que nada hay oculto bajo el sol. ¿Por qué conducto se supo en Costa Rica, que el doctor había sido un alcohólico consuetudinario por largas épocas y que después de períodos de siete años de abstinencia absoluta, el maldito demonio verde lo volvía a conquistar con creciente frenesí? ¡Vaya usted a averiguarlo! Lo cierto es que se supo, y aún cuando en Costa Rica guardó completa sobriedad por largo tiempo, le rodeaba cierto ambiente de recelo, de disimulada incredibilidad.

 

Había instalado el sabio su cuarto particular, con gran satisfacción del director del Museo, en una pequeña habitación independiente en la parte superior del edificio, pero en la sala principal pasaba también largas horas de estudio entre cacharros y calaveras humanas y de antropomorfos, en sus complicadas operaciones de cefalometría, resolviendo fórmulas algebraicas que anotaba cuidadosamente en un voluminoso cuaderno.

 

Se proponía sorprender a la Academia de Ciencias de París con el primer envío de sus estudios hechos en tierras americanas y tenía escritas dos memorias que pronto serían recibidas en Europa, dando a conocer su residencia y sus nuevos trabajos.

 

Era el doctor un perfecto misántropo: muy rara vez se le veía acompañado y rehusaba siempre toda clase de invitaciones de que era objeto de parte de algunos de sus admiradores.

 

Había hecho varias excursiones a nuestros volcanes, y en sus viajes reunido una enorme cantidad de ejemplares de nuestra flora para su herbario, pues era apasionado de la botánica.

 

También había cultivado como simple deporte el magnetismo, y ¡cosa rara!, a pesar de ser un convencido discípulo de Darwin, había espigado en los campos del espiritismo, llevado sin duda por el afán especulativo que sentía por todas las ciencias.

 

Al mirar tras sus imprescindibles gafas, sus ojos grises de mirada inquisidora y penetrante, como un florete, cargados de un misterioso fluido, como pilas voltaicas, sentíase un secreto malestar, como si aquellas pupilas rodeadas de puntos dorados y luminosos, lastimaran algo sensible de nuestro ser. A quererlo, el doctor Milianikoff habría sido quizás el primer hipnotista del siglo.

 

Otras de las excentricidades del doctor, notada desde los primeros días de su llegada, consistía en que jamás se separaba de una misteriosa caja que no abría nunca, y que siempre llevaba consigo, aún cuando saliera a alguna excursión. Era una caja de ébano de unos tres pies de larga, más o menos, por dos de ancho y de casi un pie de alta, con esquineras de bronce y fuerte cerradura, A un lado una chapa de cobre pulimentada, con algunos signos gravados que parecían caracteres cuneiformes, se destacaba brillante sobre el ébano. Más parecía la caja en cuestión una valija por su forma y por el asa, también de bronce, que tenía colocada en el canto; en cuanto a su peso no debía de ser mucho, al ver la facilidad con que el doctor la manejaba.

 

Cierta vez un amigo suyo, aficionado a estudios geológicos, fue a visitarlo, y como el doctor tuviera la caja sobre la mesa de trabajo, el amigo la estuvo mirando en la creencia de que contendría  algún valioso muestrario, alguna curiosidad. Se levantó, palpó la caja varias veces, trató de leer los caracteres de la chapa de cobre, intentó sopesarla e hizo la pregunta que su curiosidad le dictaba.

 

El sabio se levantó como empujado por un resorte; arrebató la caja de manos del imprudente y sin contestar palabra, le clavó una mirada que le dejó frío y desconcertado, como si hubiese cometido el peor de los desmanes.

 

- No sé que sentí cuando el doctor me miró: por nada del mundo quisiera volver a soportar la mirada de aquellos ojos infernales; esa caja debe ser la famosa de Pandora, -había dicho en una tertulia donde se hablaba del célebre doctor, algunos días después.

 

La caja contenía el trascendental secreto de su vida.

 

***

Una lluviosa tarde del mes de noviembre, el doctor trabajaba en su cuarto. Daba los últimos toques a un interesante estudio que debía enviar a la Revista d Ambos Mundos que pagaba su colaboración a precio de oro. Sobre la mesa de trabajo, colmada de libros, papeles, manuscritos, y códices aztecas y egipcios, se destacaba la misteriosa caja, sobre la cual había algunas interesantes piezas de cerámica polícromas y hacía comparaciones y deducciones realmente interesantes. Ese día se había levantado de un humor diabólico; a su vera se veía un plato con residuos de queso y de jamón que había hecho traer para no salir a la calle.

 

Conforme avanzaba el tiempo , crecía su nerviosidad, la pluma con que escribía rasgaba a veces el papel y los caracteres parecían atropellarse, chocar unos con otros en la fiebre de la inspiración que la devoraba.

 

En un breve descanso que dio a la pluma, miró al tarjetero colgado de la pared a su frente: era el 25 de noviembre: quedóse mirando aquella fecha fatídica, sonrió de manera mefistofélica  y después de echar hacia atrás los mechones  de cabello que le caían sobre la frente, murmuró

 

-¡Tal vez hoy!

 

Milianiskoff había acariciado desde hacía mucho tiempo la siniestra idea del suicidio; no era un vago presentimiento, sino una seguridad plena de que abriría  con su propia mano, no sabía cuando, la misteriosa puerta por donde se entra al infinito; pero, apasionado por la ciencia, era un labrador incansable y una vez puesto al trabajo, no cejaba hasta darle cima. No comprendía la vida de otra manera y así fue postergando la tremenda resolución, por días, por semanas, por meses, ¡por años! Quería dejar sobre la tierra la huella luminosa de su saber y creía firmemente que lo que se llevara a la fosa, era un despojo, un robo  que hacía a la humanidad sumida en la ignorancia. No aceptaba otra forma de existir, ni creía que su vida tuviera otro objetivo.

 

Con ojos extraviados por un secreto temor, miraba la fatídica fecha allí impresa en grandes caracteres negros.

 

Tiró la pluma y empezó a pasearse por la habitación a grandes pasos, con las manos a la espalda los ojos relampagueantes como de felino en la oscuridad. Se cumplía a aquellas horas un ciclo fatal, ¡siete años de absoluta abstinencia!, de no beber sino agua, y sentía ahora en sus entrañas, en su organismo, que se estremecía de ansiedad, una sed urgente de alcohol  El demonio verde lo volvía a poseer, lo reconquistaba con su poder invencible.

 

¡Qué lucha! ¡Santo Dios! Si el Dante hubiera podido bajar al infierno de aquella alma, habría huido poseído de terror.

 

Después de pasearse largo rato y de gesticular como un azogado, sin darse cuenta, como un sonámbulo que obedeciera al mandato imperante de una voluntad suprema, entró a la sala donde se exhibía la rica colección de reptiles y de batracios en frascos de cristal y volvió a la mesa con uno que contenía regular cantidad de alcohol absoluto.

 

Había anochecido y reinaba en la habitación profunda oscuridad; sin embargo, el doctor distinguía perfectamente los objetos que le rodeaban. Con sonrisa satánica, vació en un vaso una enorme cantidad del ardiente líquido y lo apuró sin respirar: se levantó congestionado y bebió de la botella del agua unos cuantos sorbos.

 

Esto satisfacía sus ansias de bebedor: los alcoholes comerciales que antes consumiera, el lo pensaba bien, no le proporcionaban la sensación que deseaba.

 

Al sentarse, el frasco de cristal cayó al suelo, como si una mano invisible la hubiera estrellado. El doctor lanzó un grito de espanto: un triste y prolongado gemido dejóse oír dentro de la caja de ébano, al que siguieron chasquidos como de ramas secas que se quebraran.

 

-¡Basta ya! -gritó fuera de sí, dando un puñetazo sobre la caja, -¡Déjame, no me atormentes más, déjame la satisfacción de vivir en mi mundo, en el mundo superior de la locura!

 

El silencio, esa otra oscuridad del sonido, reinó por breves momentos... El doctor, dominado por la desesperación del deseo que lo atormentaba, quiso beber más, volvió a la sala trayendo un gran frasco casi colmado de alcohol, dentro del cual había un magnífico ejemplar de Crótalus hórridus, la temible serpiente cascabel, y sin importarle nada el rojizo color del líquido, ni sentir la menor repugnancia por su aspecto nauseabundo, bebió grandes tragos, como el sediento que en mitad del desierto encontrara el agua salvadora, sosteniendo el frasco con ambas manos.

 

Mas, de pronto, ocurrió algo extraordinario: la serpiente irguió la cabeza, los ojos brillantes , las mandíbulas extraordinariamente abiertas y lanzando un silbido, saltó sobre el doctor que dominado por el espanto , dejó caer el frasco que se hizo añicos produciendo un estrépito infernal: la mesa de trabajo rodó por el suelo. Milianiskoff sentía la serpiente enroscada en un brazo que le mordía furiosa, sin cesar, dos, tres, muchas veces, y el infeliz gritaba despavorido, dando traspiés. Quiso encender la luz, pero la mano, crispada, no atinaba con la llave del alumbrado, en aquella tremenda exaltación de sus nervios.

 

La caja misteriosa continuaba emitiendo gemidos desesperantes y chasquidos cada vez más claros y distintos. De pronto, la tapa saltó con estruendo, y un esqueleto humano, que por su contextura, parecía ser de una mujer joven, se irguió siniestro, amenazador, alzando la seca armazón de sus brazos, como un conjuro de soberano castigo. De las cuencas vacías emanaba una luz fosfórica, y los dientes blanquísimos, brillaban en la oscuridad con esa risa desnuda que no acaba nunca porque es una mueca eterna.

 

El doctor, en las lindes de la demencia, miraba con ojos desorbitados aquella macabra aparición: el esqueleto movía las mandíbulas como si hablara, y una voz no parecida a ninguna otra de este mundo, llegó a los oídos del doctor, que oyó claramente:

 

- Sergio Milianiskoff, has quebrantado tu juramento: hoy  hace siete años que me diste la muerte en un rapto de locura... ¿Te acuerdas? Fue en París, el 25 de noviembre. Discutíamos sobre la existencia del alma, rebatí tus sofismas... Avergonzado y dominado por el espíritu del mal , te cegó la ira, el alcohol te poseía, tu orgullo de sabio -que todo lo ignora- fue arrebatado por la demencia y hundiste mi cráneo, ¡mira!, - y llevó la mano descarnada y seca al temporal derecho, donde podía apreciarse un hundimiento del hueso, causado, al parecer, por el golpe de un martillo. La voz prosiguió: - moribunda le di mi perdón a cambio de un juramento: Milianikoff, has podido engañar a la justicia humana pero no a la divina... Escucha, hay otra vida... Esa que siempre has negado, que siempre has escarnecido...¡Prepárate a entrar en ella!...

Cesó la voz. El esqueleto avanzó dos pasos hacia el doctor, que, poseído de furioso pánico, se agitaba en tremendas convulsiones, como si le hubiese picado una tarántula infernal. Sus dientes castañeteaban ruidosamente, y pudo huir mecido por la congestión de la embriaguez, como los demonios que tratan de evitar el tridente enrojecido que les persigue más,  el paroxismo del terror llegó  a su colmo cuando vio, en el total extravío de sus sentidos, que el alce gigantesco venía sobre él en furiosa acometida. ¡Oh, visión apocalíptica! La mesa, sobre la cual estaba la enorme cabeza disecada, de astas triangulares que brillaban como acero bruñido, se había animado, cobrando vida como si fuera el cuerpo del terrible animal; las patas de madera, al correr sobre el piso, producían un estrépito ensordecedor y los ojos de aquella bestia  despedían chispas como el basilisco de la fábula... En el preciso momento, y como a impulso de un conjuro satánico, los grandes cristales de todas las vitrinas, saltaron en pedazos como impelidos por formidable explosión, y los tigres, los leones, los jaguares,, el tapiz, los cuadrumanos, las serpientes, las aves, -toda aquella fauna muerta-, se animaron a su vez e invadieron las salas, rugiendo, bramando, aullando, silbando, graznando, como si el infierno hubiera vaciado en aquel recinto las furias más terroríficas de sus antros. Las lechuzas dejaban oír la estridencia de sus gritos y los vampiros revoloteaban azotando la cabeza del doctor, con sus horribles alas membranosas... Y todo el edificio se conmovió hasta los cimientos, como sacudido por un terremoto.

 

Al siguiente día, el conserje del museo, extrañado del silencio que reinaba en la parte superior del edificio que permanecía cerrado, forzó una puerta y penetró en las salas. Quedó espantado, paralizado por el terror, al contemplar el cuerpo exánime del doctor Milianikoff, tendido al lado de un esqueleto.

 

La cabeza del doctor presentaba una profunda herida en el parietal derecho, por la cual podía verse, entre coágulos sanguinolentos, una porción de la masa encefálica.

 

La caja de ébano, que había contenido por tanto tiempo el esqueleto de marfilina blancura, estaba abierta al lado de unos pedazos de cristal de dos frascos, y allí cerca fláccido y yerto, un magnífico ejemplar de serpiente cascabel, catalogada entre las más venenosas, con la designación de crótulus hórridus.

 

El esqueleto mantenía entre los huesos de la mano derecha, una maza de jade, primorosamente labrada, simulando una calavera, y manchada de sangre.

 

COMENTARIO

 

Este es quizás el primer cuento del género fantástico que se escribe en Costa Rica. Fue publicado en 1929 por la imprenta Alsina, San José. Su título fue Del Calor Hogareño. Fue publicado después de haber salido a luz sus dos novelas: El Primo, en 1905 y La esfinge del Sendero, en 1916. Antes se afirmaba que este tipo de cuentos macabros pertenecían al género gótico y fue el Romanticismo luego el que se especializó en él.

 

La estructura del cuento es clara y pertenece al paradigma del género fantástico:

 

 

 

 

El esquema se debe leer así: El cuento se inicia en un plano de LN (leyes naturales) donde se describe pormenorizadamente el edificio del Museo Nacional y se introducen algunos indicios de LS (leyes sobrenaturales) que más se acercan a consejas del pueblo, tales como visión de fantasmas, etc. En ese ambiente llega el doctor al Museo y aparece el indicio de que fue un empedernido bebedor de alcohol. La flecha grande ocupa ese texto descriptivo, sus viajes explorativos y se insinúa el asesinato de la esposa por parte del doctor (Pp). Poco a poco el narrador se detiene un tanto en la caja del doctor y su misteriosa compañía. También se dan indicios de la desaparición de la esposa. Aparece un tanto sorpresivo el juramento que el doctor había hecho de nunca volver a tomar. Es así como se abre la virtualidad de relacionar ese juramento con la esposa. Es el elemento mágico (juramento) quien le mantiene sobrio y la eventualidad de una violación del mismo por el doctor. Esto sucede en esa Pf (prueba fundamental) y de inmediato llegará el castigo. Es el desenlace del cuento. El doctor al recaer en la bebida incumple su contrato que ya conocemos, le había hecho a su esposa cuando le dio muerte y ésta le perdonó pero bajo amenaza de castigo si volvía a incurrir en ese hábito. Así termina el cuento con una restitución de los valores morales sociales y la vuelta al equilibrio moral de la estructura social de la época.

 

El lector recibe esa descarga emocional sin experimentar ninguna explicación racional y queda con la duda de la veracidad de los acontecimientos narrados. Se ve impactado y no encuentra explicación científica a lo leído por lo menos en el verosímil del relato. Esto es propio del género fantástico.

 

Hay, según nuestra modesta apreciación, dos elementos que nos parecen un tanto innecesarios y que dan al cuento un desliz hacia lo maravilloso y exagerado que le quitan impacto al relato frente al lector. Ellos son: el hecho de que todos los animales del museo recobren la vida y el alce que se incorpora con las patas de la mesa y su cuerpo de madera. El primero por innecesario y exagerado y el segundo por jocoso y ambos no eran importantes en ese momento. Hubiese sido más impactante y suficiente con la cascabel, su incorporación y mordeduras. Pero el relato fue escrito así y nuestra observación es solo eso, una apreciación valorativa.

 

 

 

 

      

 

 

 

 

 

 

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