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Octubre 2010 Archives

Faustófeles, novela de José Ricardo Chaves Pacheco.

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                             José Ricardo Chaves Pacheco (1958)                                                                                                                              

        

Faustófeles1 es la última novela que ha publicado José Ricardo Chaves Pacreco. Salió a luz en el año 2009.

 

Esta novela es el cierre de la trilogía. Así que la enunciación y sus implicaciones siguen siendo similares en ellas, no así la estructura que se nos muestra como un mural pero de un rompecabezas en tres dimensiones con 69 piezas. El autor las coloca sin seguir un orden lógico, casi casual, pero si se analiza detenidamente la novela, ésta es circular y multiforme. Ello evidencia ese cuerpo lleno de movimientos e imágenes que se trasforman casi al instante y ofrecen al lector ese caleidoscopio visual impresionante. Y todo gira alrededor de Fausto, un joven que va configurando su propia historia conforme el cuerpo estructural gira y muestra esas 69 imágenes visuales y sígnicas. El espacio sigue siendo el mismo de las novelas anteriores, el San José de los últimos años y la evocación de un tiempo pasado, las tres primeras décadas del siglo XX, cuando Costa Rica caminaba en el ámbito intelectual del esoterismo: Teosofismo, espiritismo, y los movimientos hindúes (Tibet), como una reacción a la religiosidad oficial. Todo ello se convierte en una especie de atmósfera mística, búsqueda de explicaciones más humanistas del ser, su destino y el papel del hoy en un continuo renacer y morir: Muerte y vida como móvil del quehacer humano.

 

Es la generación de 1912, llamada Generación del Mundonovismo, a la cual pertenecieron, entre otros, Rafael Ángel Troyo Pacheco (1875-1910), Alejandro Alvarado Quirós (1876-1945), María Fernández le Capellain (1877-1961), Mimita; esposa de Federico Tinoco. Existen datos acerca de reuniones en su casa espiritistas para conocer el asesino de su cuñado Joaquín Tinoco, Claudio González Rucavado (1878-1928), Joaquín García Monge (1881-1958), Rogelio Fernández Güell (1883-1918), éste escritor publicó en México una novelita espiritista que llamó Lux et umbra (Luz y sombra): 1911, poco conocida en nuestro medio, Diego Povedano Amores (1883-1949), el hijo del pintor, Gonzalo Sánchez Bonilla (1884-1965), José Fabio Garnier Ugalde (1884-1956), María Isabel Carvajal Castro (Carmen Lyra) (1888-1928), Luis Dobles Segreda (1889-1956) y el padre de Alfredo Cardona Peña, Jorge Cardona Jiménez (1888-1975) y Omar Dengo Maison (1988-1928). Roberto Brenes Mesén (1874-1947), perteneció a la generación anterior, propiamente al Modernismo y José Basileo Acuña, el poeta filósofo que nació en 1897, discípulo de Roberto Brenes Mesén, perteneció a la generación posterior de 1927, llamada Superrealismo. Este contexto cultural fue de una trascendencia enorme para el desarrollo del pensamiento costarricense, aunque ha sido poco estudiado. De él el autor José Ricardo Chaves pacheco toma algunos contenidos Teosóficos, pues fue muy importante en esa época.

 

Así el joven Fausto pasa por todas las etapas de la iniciación formativa, niñez, juventud, vida universitaria y social, hasta lograr el estado adulto, tanto física como intelectualmente para emprender su gran viaje, su realización como habitante de esa nave. Es el viaje sin regreso que tendrá como fin el inicio, es el vuelo circular que posiblemente reviva el misterio de la reencarnación. Mueren casi predeterminadamente, Eulogia y Margarita, los dos restantes vértices del triángulo que Fausto a experimentado y queda solo el hombre que triunfa sobre las mujeres vivo para emprender el viaje y cumplir el contrato firmado con Mefisto (Mefistófeles). El alma, su vida por el placer, por el ser terreno, el existir.

 

Los contextos históricos, así como las fuentes del mito de Fausto, el mismo autor, al final de la novela los explicita suficientemente.

 

Así transcurre la novela como un primer viaje sobre los más diversos lugares josefinos, del centro de la ciudad, desde Tibás hasta el Barrio Amón. Se desnudan las vidas de dos clase sociales, una clase media que apenas satisface las necesidades primarias y con posibilidades de ingresar a la universidad más importante del sistema público que es la U C R, y la otra con suficiente dinero para satisfacer viajes, y gustos propios de la clase rica del país. Fausto pertenece a la primera y Elogia a la segunda.

 

El lector pude observar la relación protectora-amorosa de Eulogia, una mujer mayor que Fausto, dos veces casada y también dos veces divorciada  y con una hija de una edad parecida a Fausto. Estas relaciones un tanto predecibles forman un triángulo amoroso que lleva a las dos mujeres a la muerte, una por abortar el hijo no deseado entre Margarita y Fausto y la otra víctima de un cáncer y una alta depresión producto de su culpabilidad. Por eso el final de la novela se convierte en el viaje muerte-vida.

 

"El avión se elevaba sobre las negras nubes: el ascenso del Eterno Masculino, muchos metros arriba del hundimiento de la Atlántida kriptoniana. Fausto, más tranquilo ante la afirmación contundente de su amigo, puso su mano sobre la de Mefisto, contento y temeroso a la vez por ese futuro que se abría más allá de las murallas ahogadas de Atlantis y de las tumbas sumergidas de Eulogia y Margarita."

 

Este es el fin de la novela y  que retoma el inicio de la misma.

 

Si bien es cierto las relaciones homosexuales no se presentan tan explícitas como en las primeras novelas, este final muestra el triunfo (la vida) de los hombres sobre la muerte (Margarita, Eulogia) de las mujeres.

 

Excelente novela. Nos acapara desde el inicio ese mundo en movimiento de imágenes y situaciones y nos deslumbra ese claroscuro, ese contraste entre vida-muerte y la incertidumbre del porvenir. Es un paseo por el San José que todos los días vemos, pero que en esa visión resalta pequeños detalles que configuran un significado tan expresivo que nos sumerge en ese mundo privado tanto de la ciudad como de los personajes que lo simbolizan.

 

Novela de la cotidianidad pero recreada, vivida, experimentada bajo el lente múltiple de imágenes y significantes que va insertando como piezas de un rompecabezas que se eleva en un movimiento armonioso llenos de luces y sombras que nos sorprende y nos vitaliza.



1 Chaves Pacheco, José Ricardo. Faustófeles, Ed. Uruk, San José, 2009.

La difícil tarea de educar por Benedicto Víquez Guzmán

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LA DIFÍCIL TAREA DE EDUCAR

 

 

 

La primera pregunta que salta a la vista y que todos en algún momento se han hecho es ¿cómo educar a los hijos? Y como consecuencia de esta primera aparecen otras derivadas: ¿Quiénes deben educar a los niños? Y ¿Quiénes educan realmente a los niños? Solo para comenzar nuestras meditaciones.

 

Si comenzamos por la primera que es la más realista y práctica podemos concluir que en la educación de los niños intervienen muchos sujetos. La madre, los padres, unos familiares, la empleada, los vecinos, la abuela y hasta la suegra, El Pani, amiguitos, la religión, etc. En conclusión esta función la realizan los seres más cercanos al niño y los que tienen más tiempo para encargarse de ellos y a veces se turnan entre ellos. Fácil es observar que el niño no recibe una educación con una sola orientación sino una variedad de estilos, modos, ideologías, defectos y virtudes. No se les presenta en esos primeros siete años una orientación clara bien definida. Así que el niño recibe de todo y de nada. Tamaña confusión debe sufrir para comenzar la vida.

 

Consecuencia de esta realidad que claramente señala a las mujeres como el sujeto que lleva principalmente esta difícil tarea, se podría conjeturar si ello es lo más conveniente o no porque a lo anterior se le debe agregar la descarga refleja de la educación que recibe tanto del hogar o los lugares que frecuenta, así como de los medios electrónicos vigentes. ¡Vaya complejidad! ¡Pobres niños! ¿Han sido los ambientes adecuados, ayer y hoy, para una educación que forme y realice al niño como sujeto de su propia existencia de la mejor manera? Si nos atenemos a los resultados fácilmente se podría conjeturar que no. Ni siquiera aquellos niños de hogares ricos pueden tomarse como modelos por imitar. Entonces ¿quiénes deben educar a los niños y cómo? Difícil tarea contestar a esta pregunta. Y más cuando el problema es circular y reiterativo. Niños mal educados se convierten en malos ciudadanos y estos tienen hijos que los educan equivocadamente y así sucesivamente. ¿Cómo romper esa cadena y cambiar esa realidad? Si tuviéramos una varita mágica la cosa se tornaría fácil pero no existe y la situación es muy compleja como para atacarla con respuestas simples y directas.

 

Pasemos a la propuesta del Estado. Es la educación oficial, formal, pública y privada quienes deben encargase de la educación de los niños después de los siete años. Será gratuita y obligatoria. Aquí está la respuesta. Serán doce años que el estudiante "normal" debe permanecer en el aula para concluir ese período educativo que lo convertirá en un ciudadano ejemplar, educado, culto, humano, solidario, trabajador, honrado y todos esos valores cristianos preferiblemente, que tanto se predican y más se añoran, pero que en la realidad no son y fueron más que enunciaciones lingüísticas.

 

¿Logra esos objetivos la educación que antes se llamaba primaria y secundaria en el joven? Pareciera que no siempre, a pesar de los esfuerzos por alcanzar esos ideales. Y la polémica se complica cuando la escuela echa la culpa al hogar y éste la rechaza y se la endilga a la educación formal. Los más "sesudos" afirman que la culpa es de los dos.

 

La cadena que antes comenzaba en el hogar se continúa con más fuerza a la entrada del niño a la educación formal. Ahora el ambiente o lo que los técnicos llaman educación refleja cobra mucha preponderancia. Ya el niño comienza a conocer aspectos que nunca supo en el hogar, se introduce en los laberintos del placer, del sexo y de las drogas y por qué no en el poder del dinero, la incapacidad de algunos maestros y profesores para enfrentar determinadas situaciones, etc. Se les abre el mundo del deseo placentero pero prohibido y "pecaminoso". Como conclusión lógica se arriesgan e ingresan en él con muy poca experiencia y conocimiento. No hay duda que esa educación recibida desde la niñez, totalmente vertical e impuesta al niño y luego al joven comienza a resquebrajarse.

Surge aquí una pregunta clave. ¿En qué momento la educación debe preocuparse del niño o del joven? Y tomarlo en cuenta no es solamente oír sus lamentos y preguntas sino introducirlos en la resolución de sus propios problemas. Y aquí se hace necesario enfatizar esta máxima: Sé feliz pero sin hacerte daño. Prepárate, estudia, trabaje por ser feliz pero procura siempre no hacerte daño a ti ni a los demás. Solo aquél que es consciente de esto pude iniciar el camino correcto de su felicidad y realización. Ahora bien estamos preparados para darles a los jóvenes esa autonomía. O ¿queremos que nuestros hijos sean felices con nuestras impotencias, fracasos, o ambiciones? Y la última pregunta ¿Potencia la sociedad esa orientación liberadora del joven o más bien lo enclaustra, lo maniata, lo encadena a un modelo egoísta, idólatra, baladí, superficial, facilón, decadente, consolatorio y frustrante?

 

Espero que estas meditaciones abran una reflexión objetiva y desprejuiciada en torno a esta compleja problemática, que es la madre de todos los males que vivimos en nuestras sociedades. Los invito a pensar en ello.

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