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LA REALIDAD  ES ENGAÑOSA

 

La realidad...mi realidad...tu realidad,...dependen de la conciencia que la observa. Entonces es la conciencia del observador quien da visos de realidad a ese concepto escurridizo, de mil formas, cambiante, mil veces deformado por los intereses y deseos de quien lo manipula. Es el monstruo de mil cabezas que trae patas arriba a algunos y hace delirar a otros.

Sin necesidad de entrar en los misterios observados por la ciencia cuántica y la neurología podemos aventurar algunas observaciones que permitan dilucidar la conducta de los personajes en un momento histórico dado como el que vive el hombre en una sociedad asfixiante, englobante, egoísta y sobre todo mecanicista.

El hombre lucha denodadamente por ser libre, despojarse de ataduras y disfrutar su precaria existencia en su misma esencia humana pero su lugar espacio-temporal sociológico lo encarcela y le impide ser individuo y a la vez pate de un grupo. Soy yo pero también mi circunstancia y debo ser uno y varios a la vez.

Es así que la sociedad que se diseña para desarrollar al individuo se torna cárcel engañosa para él. Y en ese estado de cosas el hombre se refugia en su conciencia para encontrar su verdad y comprender la realidad que se muestra a sus ojos. Pero otros no hacen lo mismo y aceptan las apariencias como única verdad y se aferran a ella.

No es otra esa compleja realidad la que vivimos hoy. Unos, los más y sobre todo los que tienen el poder político y económico defienden esa realidad aparente que les depara bienestar económica pero encamina a los más a la pobreza y la vida precaria carente de lo más elemental para una vida apenas decente.

Así unos luchan desmedidamente por mantener esa comodidad sin importarles los medios que emplean e imponen "su verdad" a muchos que carecen de conciencia y se ven empujados por la fuerza de esa marea. Y en ese mareaje unos tienen barcas y otros leños para no ahogarse. El resultado es irremediable, perecen los más.

Un claro ejemplo vivimos hoy en nuestra patria, cuando dos poderes de la república, el legislativo y el judicial son empujados a una lucha no solo innecesaria sino irracional. Si uno tiene como función principal legislar para buscar el bien común en la convivencia social de los individuos con normas que le permitan su desarrollo vital en las mejores condiciones de igualdad y fraternidad, el otro independientemente le corresponde imponer justicia y hacer que las leyes del primero sean justas y no atenten contra los derechos humanos y que aquellos individuos que las violen y se demuestre fehacientemente que son culpables reciban un castigo cuando así lo hicieren. Dos planos que se complementan pero que son absolutamente independientes en su composición y funciones. La inferencia de uno sobre el otro con fines de dominio político es nefasta y atenta contra todo derecho racional. Así lo entendieron los creadores históricos de la constitución cuando establecieron esos poderes a los que se agregó, obviamente el poder ejecutivo y otro casi poder que tiene también total independencia que es el poder electoral.

¿Cómo hacer comprender esto a los políticos de la Asamblea Legislativa que ejercen como diputados? Algunos, pocos lo comprenden de sobra porque ven con su conciencia la realidad y el bien de la sociedad sin distingos particulares, pero los más se aferran a su "verdad", su visión chata, aparente que mira más los intereses de unos pocos y no del pueblo que equivocadamente pro esa visión empañada a que lo han sometido de diversas maneras, los ha elegido como sus representantes.

Así amigo que lee estas líneas, no hay más camino que defender la independencia de los poderes hoy puesta en peligro y en el futuro inmediato luchar porque el pueblo sea educado en el desarrollo de esa conciencia dormida que le impide ver una realidad más cercana a la verdadera.

LA POESÍA: ¿PROFESIÓN U OFICIO?

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LA POESÍA: ¿PROFESIÓN U OFICIO?

Adriano Corrales Arias*

 

 

 

El poeta es un ser marginal, o, para que se entienda mejor, está al margen, en la frontera. Desde la Grecia clásica se le expulsó de la Res-pública. Su oficio no está sancionado por el sistema, por eso nunca vemos en los anuncios y clasificados de los periódicos: Se necesita poeta. La empresa x requiere los servicios de un poeta. Al contrario, muchas veces los poetas deben pagar para publicar su trabajo y en los últimos tiempos de la globalización, en un descaro posmoderno inusitado, hemos visto cómo hasta se le cobra para leer. Por esa razón, y en cualquier caso, el poeta es un disidente.

Por supuesto, hay muchos versificadores que piensan que la poesía es una actividad que da prestigio y nivel de vida (aparte están las señoras y señores que ya tienen buen nivel de vida y escriben versos para ocupar su tiempo libre). Son los eternos concursantes en los certámenes de poesía, los activistas de asociaciones, editoriales, ministerios y grupos de poder que les pueden prestar "apoyo institucional" como una plataforma hacia la celebridad, la publicación, los premios y las gratificaciones editoriales. Allí, en esas agrupaciones, generan sus grupitos de amigos con el abrazo cómplice, la palmadita oportuna o el guiño sagrado para negociar puestos en juntas directivas, jurados, academias, y traficar influencias hacia el próximo premio o evento internacional, e inclusive gestionar alguna casilla en una papeleta electoral. Me apresuro a señalar que, desgraciadamente, y dadas las condiciones ya mencionadas, muchos poetas deben acudir a los certámenes como única posibilidad de publicación y de autofinanciar su trabajo. Pero, para desgracia doble de ellos, muchos de esos premios ya han sido negociados por aquellos versificadores.

Claro, el poeta es un ciudadano común y corriente. Esto es lo otro que se le escapa a mucha gente. El poeta no es un iluminado ni un maldito, nos es un ser especial solamente por el hecho de escribir poesía. Sería especial, en todo caso, por su humanidad intrínseca, es decir, por su honestidad, su insobornable entereza intelectual, su ternura, su valor, su generosidad, su solidaridad, su amistad y compañerismo, y, obviamente, por su misma poesía; valores y actitudes reñidas con la actual era de mercado donde todo se vende y se intercambia como simple mercancía. Por ello el ciudadano / poeta tiene los mismos deberes y derechos que otro ciudadano, digamos el carpintero, el carnicero, el aviador o la maestra. La diferencia esencial es en cuanto a su ocupación, a su oficio. Debe poseer la plena conciencia de que su trabajo no se vende ni se intercambia, y que para sobrevivir debe tener otra ocupación que le proporcione un salario digno, a no ser que tenga la posibilidad de un mecenas o la autoprotección económica, como nuestro gran Max Jiménez.

Ernesto Sábato dice (la cita no es exacta, pero la idea sí), refiriéndose al escritor en general, que su deber es escribir, para ello no importa que deba trabajar como obrero, como empleado de un banco o asaltar el mismo banco, pero, a toda costa, debe escribir, y escribir bien. Lo que importa es que el poeta, consciente de su labor, debe saber que la misma tiene un valor en sí misma más allá del valor de cambio y del valor de uso. Porque la poesía no es un coto privado, es una instancia, un ámbito de la vida, un espacio para compartir. He ahí su trascendencia: se escribe porque no hay otro camino más que decir y compartir con los otros mi rabia, mi odio, mi amor, mi locura. Y he ahí también su diferencia: ser poeta no es una profesión que se escoja, es una vocación que se trae, es una necesidad ontológica. Por eso en ninguna facultad del mundo ni en ningún taller literario se pueden "hacer" o graduar poetas.

La poesía es una necesidad en doble vía: el poeta necesita decir, pero también comunicar, de allí su compromiso con la palabra, porque la gente necesita de la poesía; sin poesía no se puede vivir. Igual que un arquitecto y un ingeniero, quienes deben poner todo su conocimiento y talento al servicio de la obra para que ésta sea sólida y no colapse al primer sismo, pero a su vez sea cómoda, iluminada, fresca, habitable; el poeta tiene el compromiso de entregar un producto riguroso y estéticamente bien elaborado. Ese "producto", como lo señaló Ezra Pound, es un "complejo intelectual y emotivo en un instante temporal". La presentación, o representación si se quiere, de ese complejo conlleva un arduo trabajo con el instrumento de expresión, con el lenguaje. La responsabilidad del poeta consiste en dominar a la perfección ese instrumento, como cualquier artesano u obrero calificado. Del dominio de ese instrumento dependerá esa sensación de súbita liberación, ese golpe ideológico/emocional, esa condición de repentino crecimiento que experimentamos frente a una verdadera obra de arte. Por supuesto, detrás del manejo de ese instrumento deben estar la intuición y la lucidez que conforman lo que denominamos talento. Pero bien sabemos, citando de nuevo al maestro Pound, que "la maestría en cualquier arte es obra de toda una vida".

Regresemos al principio: el poeta está al margen, en la frontera, mejor dicho, el poeta es un ser marginal, disidente. Esta definición precisa de una aclaración necesaria: ser marginal, o estar al margen, no significa necesariamente estar en precario, o en la extrema pobreza, como podría pensarse, aunque muchos grandes poetas lo estuvieron y lo siguen estando. El significado que tiene dentro de esta concepción es que el poeta no está en el meollo del asunto. El meollo del asunto, ya lo apuntamos, son las grandes editoriales, los premios y reconocimientos, las portadas de revistas y periódicos, las cátedras universitarias, las asesorías de prensa, las becas internacionales, los cargos diplomáticos, los reacomodos en juntas directivas y en instituciones gubernamentales, etc. Y cuando le otorgan un premio, si es que se lo otorgan, o lo becan con un puesto diplomático, o con un espacio académico, sabe perfectamente que lo hacen para controlarlo más de cerca, o para cooptarlo, y seguramente utilizará esos recursos para conocer mejor las entrañas del monstruo y, por supuesto, para mayor tranquilidad de su obra. El poeta sabe, aunque a veces intuitivamente, que el sistema, sin quererlo, crea cuervos.

En fin, el poeta no está en el centro de la pantalla ni en el clic de la fotografía. Pero no estar en el centro le permite una visión periférica que le abre el panorama ampliamente. Estar al margen le permite deambular por los círculos del poder sin comprometerse con los príncipes, ni recoger migajas del pastel; le permite entrar y salir a las agrupaciones, academias, empresas e instituciones, diciendo lo que debe decir con la frente en alto porque no vende ni compra nada, es decir, no le debe nada a nadie, a no ser a su propia conciencia. Estar en la frontera es el privilegio de tomarle el pulso al trasiego de su gente, al tráfico de imágenes y conflictos inéditos, al tráfago de los sueños y esperanzas de los excluidos, hasta ahora, como él. Pero igual le permite reconocerse en los demás, en quienes también, desde la periferia, buscan un sitio más digno y humano dentro del sistema, en quienes impugnan la servidumbre y el aparato de "vigilar y castigar". Y con ellos se solidariza y aprende que la poesía es vida haciéndose historia. Y por eso asume con luz propia la voz ajena y la hace suya, es decir, del otro, de los otros. Y si es necesario levanta barricadas para defender esa voz colectiva. Y dispara palabras como el camarada máuser. Así el poeta, desde la periferia, también es un franco-tirador.

*Escritor y poeta costarricense.

Infusión de sangre en el organismo político por Roberto Brenes Mesén

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INFUSIÓN DE SANGRE EN EL ORGANISMO POLÍTICO

 

Por Roberto Brenes Mesén

 

Las doctrinas democráticas han rebajado las normas éticas de la política. El pueblo, careciendo de discernimiento propio, no puede elegir por sí a sus gobernantes, sino votar por uno u otro de los candidatos que les ofrecen los pescadores de río revuelto. Los hacedores de presidentes por esas tierras suelen ser gentes a quienes falta elevación moral para considerar en primer término el bien público, a la hora de elegir un posible candidato. No organizan partidos de principios, si hacemos excepción del escaso grupo de los clericales que sí tienen noción clara de lo que debe ser un gobierno ultramontano: absorción de las libres actividades del estado por la iglesia. Los partidos personales son los únicos que medran durante el furor de seis meses que permite a ley para la discusión eleccionaria. Los programas que con tal motivo se elaboran se lanzan sin lealtad, sin fe, , mirando más al éxito pasajero de labora que al bienestar público. Esta falta de fe, esta profesional duplicidad es lo que se llama poseer talento político;  el prometer a unos y a otros la satisfacción de sus ambiciones, a sabiendas de que será imposible cumplir lo prometido es el tacto político que atrae amigos, es decir, votantes, entre los cuales se hace la cosecha de los enemigos durante el primer año de gobierno. Este formar grupos personales para traspasa, a la manera de hatos, a otros grupos más tarde, a veces a tanto por cabeza; este desatentado mentir y calumniar, de suerte que cuando el presidente llega a la mansión presidencial ya no le reconocería ni la misma madre, tan desfigurada ha sido su persona durante el debate político; este profundo desinterés por posnegocios públicos desde un punto de vista generoso, por el bien de la cosa pública misma; este repentino ascenso de la plebe, la cual no puede mantenerse en alto por la falta de virtud y de ciencia; todo esto que a primera vista parece irremediable, tiene un antídoto que, si usado con moderación, con sabiduría, habrá de mejorar en gran parte la situación del presente, para dejar tan solo aquellos males que son inherentes a la democracia. Ese remedio es la infusión de sangre nueva en el organismo político: la intervención de la mujer en la política. Pero entiéndase que no es política el arte de engañar a las muchedumbres, sino la ciencia del gobierno de los hombres en vista de una elevada evolución integral humana.


Hay mujeres que dicen que su lugar es el hogar y no la plaza pública. Pues a esta clase de mujeres hay que responder que si quieren conservar sano, bello y sólido el hogar, es preciso que se interesen en la política, porque de otra suerte no hay esperanza de que con las presentes prácticas plebeyo-democráticas, se conserve puro y próspero el hogar. En el hogar vienen a cerrar sus curvas todas las disposiciones legislativas. Nada que se relacione  con las finanzas: impuestos, presupuestos, empréstitos, deja de tener elocuente respuesta en el hogar de todos los ciudadanos. Nada que diga relación con la paz y la guerra deja de tener una importancia de vida o muerte para el hogar. Todas las obras de fomento, desde los ferrocarriles hasta las mínimas reparaciones de los edificios públicos repercuten en una u otra forma en el seno del hogar. Toda la legislación de orden moral tiene por blanco la estabilidad del hogar. La civilización entera descansa sobre esa roca: el hogar, y quien dice hogar ha nombrado a la mujer.

 

La cooperación de la mujer no solo es cosa de desear, sino de necesidad imperiosa. Un grupo selecto de mujeres que hayan construido hogar, que hayan conocido las tremendas luchas indispensables para conservarlo incólume, con más las nociones elementales  de la manera como otros pueblos van resolviendo esos mismos, o parecidos problemas, podrá infundir una nueva corriente de vida sana en la política de esos países.

 

La juventud no merece fe. Parece correr tras el éxito fácil. Pregunta por los senderos de travesía para alcanzar el éxito, no por las obras sólidas que pudiera realizar para merecer la distinción de sus semejantes, no por el empinado, cruento y oscuro camino de la gloria, la perdurable que no sabrían dar los efímeros diarios. La juventud no merecerá fe mientras no se organice sobre bases permanentes, en vista de fines próximos y también distantes. Organización que constituya un cuerpo pensante, resuelto a la acción y al sacrificio, valeroso, sin temeridad, que fíe en el principio de la cooperación, en vez de estarse aprestando diariamente para las luchas de competencia contra sus camaradas de ayer, que oponga al veterinario principio de lucha por la vida con que se nutrió nuestra juventud la organización cooperativa para la vida. Aquello era brutal, esto es humano. Y que no deje ahogarse la voz de su yo profundo en el engañoso tumulto del pasajero aplauso.

 

Publicado en Repertorio Americano, Tomo III, N°. 28, San José, Lunes 6 de marzo de 1922.

 

Este ensayo se emparenta con El Político, ensayo que publicara también en Repertorio Americano pero por tiradas y que este servidor lo publicara en forma completa en La Universidad Nacional en 1989, EUNA, Heredia.

 

El lector hará sus comentarios pero es oportuno señalar que a pesar de casi 90 años su pensamiento sigue vigente y no es sino en 2010 que se elige una mujer como presidenta en Costa Rica.

La mujer siempre ha tenido representaación en los diferentes movimientos revolucionarios del país. Solo basta recordar el papel que jugó Carmen Lyra en la época en que se escribe y publica este ensayo. Pero el papel hegemónico de ellas en nuestra política no ha sido una constante a pesar de que ha participado en las organizaciones y sobre todo en las manifestaciones sociales y políticas, con sobradas capacidades.

El otro grupo que debe analizarse es el papel de nuestras juventudes a través de esos noventa años. Los resultados aactuales no distan mucho de lo dicho por don Roberto Brenes Mesén.

El último aspecto que quizás valga la pena aunque deberá esperarse el final delperíodo que recien empieza papa doña Laura, es si ella logrará independizarse de las influencias negativas masaculina que le rodean y crear un gobierno que alimento no solo los lineamintos que ofrece don Roberto, sino un proyecto de país mejor que los anteriores sustentado en la libertad, la justicia, la equidad, los derechos humanos, la participación de la ciudadanía educada en las reinvindicaciones sociales. 

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