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Septiembre 2011 Archives

La niña y el rayo. Cuento

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LA NIÑA Y EL RAYO

 

 

La tarde estaba oscura. Comenzaban a caer las primeras gotas y el cielo desprendía relámpagos luminosos y constantes, cuando la niña salía de la escuela y se encaminaba a su casa. Casi corría y miraba asustada las luces que desgajaban las nubes, cuando de repente dejó de verlas.

 

-         ¿Para dónde me llevas, señor Rayo?

 

-         Al Reino de la Luz.

 

 

-         Pero viajamos en las tinieblas, como en un túnel y solo miro un poco tu rostro en tu escasa luminosidad.

 

-         Pronto llegaremos y lo verás todo. Es un reino bellísimo, encantador. Te gustará.

 

 

-         ¿Y dónde está?, ¿existen seres? ¿cómo es?

 

-         Está en todas partes, todos los seres imaginados y sin imaginar habitan en él. No hay tinieblas pues reina la luz. Puedes viajar en el tiempo y llegar a cualquier lugar, conocer el ayer y saber del mañana. Basta con que lo desees.

 

 

-         ¿Y puedo tener riquezas, tesoros, ser una princesa y casarme con un príncipe y vivir feliz

 

-         Si lo deseas en ese instante lo tendrás. Podrás convertirte en princesa, en un bello animal, en una reina y tener todo lo que quieras, si así lo deseas.

 

 

-         ¿Y si lo que deseo es ser una mariposa para volar de flor en flor en un bosque encantado y jugar con los pajarillos y cuando me canse, convertirme en fuente cristalina y bajar por los montes regando sembradíos y mojando bocas sedientas con mis saltarinas aguas? ¿Podré convertirme en cigarra y cantar hermosas melodías en tardes soleadas y morir de alegría?

 

-         Todo lo tendrás en El Reino de la Luz, si lo deseas.

 

 

-         ¿Y tendré los amiguitos y compañeros de la escuela cerca de mí para estudiar y jugar?

 

-         Los tendrás pero ya no necesitarás estudiar pues todo lo sabrá y no encontrará nada que ciegue tu conocimiento.

 

 

-         ¿Entonces todo lo tendré?

-         Con solo desearlo.

 

-         Devuélvame a mi casa, señor Rayo, quiero regresar.

 

 

-         Pero que has dicho niña insensata, ¿desprecias la felicidad, el lugar maravilloso de la luz?

 

-         Quiero volver a mi casa.

 

 

-         No te creo pero si me das una sola razón para que yo, el Rey del Reino de la Luz deba regresarte, lo haré.

 

-         Señor Rayo, en ese lugar, no podré soñar.

 

 

-         Al fin llegaste. Corre mocosa, entra rápido, me tenías asustada, con ese montón de rayos que caen, pasa.

 

-         No le tengo miedo a los rayos... mamá.

Creación y lectura de la obra literaria.

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Si analizamos detenidamente el esquema sinóptico de la obra literaria, observaremos las dos perspectivas de ella: por una parte el autor y por otra el lector. La teoría literaria abunda desde los inicios de la crítica en estudios sobre el autor, la biografía, la época, la ideología, los conocimientos sobre el lenguaje, los aspectos psicológicos, Freud, Jung,, los lingüísticos, etc., también sobre la misma obra, estructuralismos, sociologismos, estilísticos, etc. pero sobre el destinatario de la obra, el lector, son escasos los estudios que existen y los que hay se quedan en meras estadísticas sociológicas, con las salvedades del caso como son los estudios de Galvano della Volpe, sobre el gusto literario. Sobre estos contextos es que vamos a  plantear nuestros seguir comentarios y sobre todo con referencia a la perspectiva de la recepción.

Iniciaremos con EL PROYECTO.

 

"El cerebro límbico procesa las emociones y los sentimientos. Constituye el sentir, la manifestación de las emociones humanas, de los afectos. Posee una estructura similar a la de los mamíferos. En él se registra la sexualidad como fenómeno mental, tal como lo expresa Beauport (1997).

"El territorio del límbico contempla lo que se desea y lo que se quiere, el cómo se afecta ante situaciones que favorezcan los climas emocionales. Desde éste se elevan expresiones tales como "si puedo", "no quiero" y viceversa". Es esa manifestación natural del niño cuando expresa placer o no, ante una situación, preferencias y rechazos, reconoce y diferencia afectos, experimenta fantasías muy ricas, relacionadas con el entorno emocional y sentimental." Pero en armonía con el otro lado del cerebro el izquierdo, "El cerebro Neo-Cortex, está formado por el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho del cerebro, unido por un cuerpo calloso con procesos mentales cada uno. Lo que implica en el campo educativo los procesos cognitivos, se originan los procesos analíticos específicos, se va de las partes al todo. Surgen los para qué, los cómo y los por qué, las causas y los efectos." Esto lo iremos analizando conforme vayamos exponiendo los elementos del esquema del esquema.

 

EL PROYECTO: Todo lo que el hombre construye pasa primero por diseñar un proyecto, un dibujo, un plano. Así, el arquitecto lo hace antes de construir un edificio, el pintor, antes de su creación y el escritor, antes de escribir la obra. Toda creación pasa antes de concretarse por un diseño del proyecto, concreto o mental, una idea, un esquema, una historia, un sueño, una evocación, un suceso o simplemente algo de la naturaleza, observado.

 

El escritor como observador: El escritor posee una basta cantidad de conocimientos y experiencias propios de su cultura y los contextos que ha vivido y conocido a través de lecturas que guarda en su memoria. Son los sistemas paradigmáticos que anotamos en el esquema como 1, 2, 3, 4,...Es ahora cuando inicia el proceso de mímesis acuñado por Aristóteles, selecciona, asocia, combina, a través de su único instrumento posible, que es el lenguaje. Imita a través de su creación la naturaleza humana, y más que ello descubre SU verdad del mundo que le rodea y lo interioriza, lo recibe a través de los sentidos y lo decodifica, le da vida interior y lo comunica a un lector social a, través de la escritura. Para ello sigue los lineamientos del lenguaje en la enunciación: Escoge un sujeto (YO), un TÜ, o un ÉL que enuncia un mensaje, el enunciado, siempre en presente, a un receptor interior llamado destinatario, narratario, lector virtual, que puede ser un amigo del sujeto de la enunciación, testigo, la novia, la musa, el amado, etc.. El autor y el lector social permanecen fuera de la obra escrita y solo idealmente son representados, son creaciones del mismo escritor, así como lo afirman algunos escritores, los seres que amo, para ellos escribo, pero en realidad cuando el libro está publicado, hasta los que no ama tanto, cualquiera, podrá leer su hermoso cuento, novela o poema.

 

Entonces alguien podría preguntar ¿cómo leer una obra literaria? Por supuesto, ahí está la clave del problema. Doy una anécdota, cuando comencé a impartir lecciones de español en un seminario interno, en San Antonio de Belén, los estudiantes casi no leían y había una buena biblioteca, pero les tenían prohibido lecturas como La Celestina, Las mil y una noches, etc. Desde el inicio llevé una novela que posiblemente nadie ha leído de un escritor español, muy poco conocido, llamado Rafael Pérez y Pérez, La casa maldita, y comencé a leerla, capítulo por día, hasta que los fui entusiasmando con la novela y el hábito, comenzaron tal actividad de lectura, que no paraban de leer y por supuesto que leyeron las obras prohibidas. Esa novela no aparecía en los programas oficiales y para ganarme a los curas que son muy acuciosos les leí una obra de teatro de un autor del siglo de Oro que no era Lope de Vega, ni Tirso de Molina, se llamaba El padre de Amescua y la obrita La esclava del demonio. Entonces aplicábamos la lectura crítica para contrastar las posiciones dogmáticas. Los resultados los podemos ver hoy. Muchos de esos alumnos son profesionales exitosos y muy buenos lectores y no cito mis alumnos de las universidades porque la lista es grande. La mayoría logró sus metas propuestas, por sus propios méritos pero con un poco de orientación y entusiasmo así como los conocimientos y el método adecuado para motivarlos y hacerlos viciosos de la lectura.

 

Refirámonos ahora al sistema sintagmático y el paradigmático. El sistema sintagmático es el más sencillo y no por ello menos significativo. Es lineal y la mínima unidad es una palabra, una frase o una oración. Necesita solo dos dimensiones. Es una línea. Un solo grito. Un ejemplo: el niño cuando nace no conoce el lenguaje, pero lo primero que hace, por sí mismo o provocado, es llorar. Ese es su primer sintagma lingüístico. Tiene imagen acústica (sonido, significante) y concepto, significado. Rápido aprende que cada vez que hace ese sonido, su madre está a su lado y le atiende, le da de comer o cariño. Ese ruido, y el olor de su madre, al inicio, se transforma en sustantivo, el llanto, adjetivo llorón, verbo, llorar, y expresa cualquier cantidad de significados: estados de ánimo, dolor, pasión, tristeza, emoción, ternura, soledad, y no solo estados de ánimo sino acciones y hasta cuentos, novelas; entonces se convierte en paradigma: novelas sentimentales, amorosas, etc. Increíble una sola palabra que inicia como ruido y evoluciona hasta llegar a lo inimaginable. Creo que hasta hay un cuento que se llama el grito, también una pintura y hasta una película. Así lo explica Ricoer:

 

"Mediación a través de los signos: con ello se afirma la condición originariamente
lingüística de toda experiencia humana. La percepción "se dice", el deseo "se dice". Hegel lo había demostrado ya en la Fenomenología del espíritu.
Freud dedujo de ello otra consecuencia, a saber, que no hay experiencia emocional, por oculta, disimulada o retorcida que sea, que no pueda ser expuesta a la luz del lenguaje para que revele su sentido propio, favoreciendo el acceso del deseo a la esfera del lenguaje. El psicoanálisis, como talkcure, no se basa en otra hipótesis que en esta proximidad entre el deseo y la palabra. Y como la palabra se entiende antes de ser pronunciada, el camino más corto entre "mí y yo mismo" es la palabra del otro, que me hace recorrer el espacio abierto de los signos".


Y de esta manera comprendemos que el autor selecciona no solo entre los contextos reales sino los contextos biográficos y los sintagmáticos.  El mismo Ricoer lo conceptualiza así: "Pero incluso la relación más irónica del arte respecto a la realidad sería incomprensible si el arte no des-ordenara y re-ordenara nuestra relación con lo real". Esa es la poiesis, la mímesis aristotélica. No es una copia al carbón sino una reorganización de la desordenación. Su verdad, su creación única e irrepetible.

 

Con respecto al sistema paradigmático, ya entramos a la tercera dimensión, el tiempo, y aquí encontramos toda la herencia literaria desde el inicio de la humanidad. Así como los científicos dividieron la naturaleza en tres reinos: mineral, vegetal y animal, a la creación literaria se le redujo solo a dos reinos: el lírico y el épico, y de ellos derivan las familias, y los géneros. No podría sino conjeturar que yo pienso que la lírica fue primero que la épica al igual que lo dijera Lord Byron,. El hombre -según mi entender- contempló la naturaleza y la adoró, le cantó y la llenó de asombro y después debió pelear por ella y su alimento, como defensa, es cierto y nunca como usurpación pero al fin las hazañas, la acción vendría después del amor, del sentir, del mundo de las emociones, del grito profundo del dolor o la contemplación. Así el escritor, a través del estudio y la lectura ha venido superando paradigma tras paradigma, desechando unos y a partir de sus restos creando otros para llegar a los que hoy le sirven de modelo para escoger y modificar en sus creaciones. Siempre, como apuntaría con acierto Aristóteles a partir de la mimesis de la realidad. "El lenguaje cumple una función poética siempre que desplaza la atención de la referencia hacia el mensaje mismo" , afirmaba Ricoer y yo complemento: Un escritor a través del lenguaje poético (literario), polisémico solo puede escoger para plasmar sus obras entre Lírica y épica y de la segunda, la epopeya, el cuento y la novela, sin dejar de lado al teatro y otras formas menos complejas. No importa el tema que dese usar en ellos. Si es novela, aventuras, costumbres, amores, bajo cualquier denominación, históricas, sociales, ciencia ficción, etc. Eso es decisión del autor en su escogencia. Lo importante es la calidad de la obra creada y la permanencia en el tiempo y en el espacio.

 

II PARTE La Recepción:

 

Si la perspectiva de creación de la obra es importante, la más importante, ésta no estará completa sin los lectores. ¿Creen ustedes que Magón escribió sus cuentos para que lo leyeran los campesinos costarricenses, los llamados conchos? o más tajante aún que los costumbristas y novelistas del realismo social, Fallas, Fabián, Gutiérrez , etc. escribieron para que los leyeran los campesinos o tal vez que García Márquez, Alejo Carpentier, Miguel Ángel Asturias, escribieron las novelas para que los leyeran los latinoamericanos, sobre todo los pobres. No. Los escritores costarricenses escribieron, en el mejor de los casos, para que los leyeran sus amigos, los citadinos y los otros para los europeos. Las razones son obvias en nuestro caso, los campesinos a pesar de ser el objeto de las obras, el modelo, no sabían casi leer y si lo sabían no leían o leían muy poco. Y lo primero que un escritor, seguro piensa, o lo sabe inconscientemente es que el lector sabe leer y entenderá su obra, le gustará, se emocionará con ella, se identificará con sus personajes o sentimientos expresados y disfrutará mucho de hacerlo. No siempre será así, por su puesto pero ese es su expectativa. Esto nos abre una gama de lectores finita pero enorme. Todos saben leer pero sus contextos pueden ser muy diferentes, y sus conocimientos también, sin considerar sus experiencias vitales que irán a influir en las lecturas. Y si eso es así, como lo creo, las interpretaciones y valoraciones van a ser casi indeterminadas e imprevistas. Hay por lo menos tres modalidades que utilizan los lectores, cuando leen una obra, supongamos, una novela. Una lectura apasionada, emocional, donde utilizan de preferencia el lado derecho del cerebro. Viven, lloran, ríen, y exponen todos sus sentimientos ante los personajes y sus peripecias. Se identifican con ellos y a unos aman y otros detestan. Así lo observaba Vargas Llosa con respecto a Madame Bovary, de G. Flaubert. Es una lectura apasionada, emocional. La segunda lectura es racional, el lector se detiene en su lectura, analiza, reflexiona, destaca, subraya, escribe notas, y hace esquemas, comentarios y escoge palabras, frases, señala sintagmas, personajes, algunas descripciones, aptitudes, codifica los personajes, los contrapone, etc. Es decir aplica la inducción y la deducción para ir entendiendo los detalles, lo oculto de la obra, el paradigma de la misma, las relaciones entre contextos ideológicos y sociales y literarios y los valores subyacentes, etc. Con ello crea una hipótesis de interpretación. La tercera modalidad no es más que de verificación de su hipótesis, confirma su interpretación, respira profundo, con satisfacción, disfruta la obra, y la valora.

 

Yo suelo hacer una sola lectura lenta que integra las tres modalidades, no es fácil pero después de muchos años de practicarla, he llegado a la conclusión que nuestro cerebro es capaz de realizar esa tarea simultánea y que no es tan difícil. Intenten realizar una lectura integral de la obra y verán que es posible y los resultados son muy halagüeños.

 

Esto nos explica por qué aparecen tantas posiciones sobre una misma obra literaria. Si ella es de calidad y bien escrita, su lenguaje polisemántico y de gran sencillez pero profunda significación, entonces permitirá muchas interpretaciones, diferentes de ella pero todas destacarán sus atributos. No hay malas, ni buenas lecturas de una obra sino lecturas más detalladas, profundas, esclarecedoras, fundamentadas y verosímiles. Un conocedor de la naturaleza de la obra literaria y con buena sensibilidad hacia el arte, siempre dará una mejor interpretación y valoración de la misma que un lector desprovisto de los conocimientos básicos. Todos dirán al final, me gusta o no me gusta pero no pasará de ser una opinión más.

Quise hacer una gracia y me salió un sapo. Cuento

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QUISE HACER UNA GRACIA Y ME SALIÓ UN SAPO

 

 

Vamos donde Salva a calentar motores. Ya es un poquillo tarde. No jodás, mañana es domingo. Va jugando...y se encaminaron a la cantina esquinera que aún estaba abierta.

A mí dame un birra y unos frijolillos blancos y ¿vos Salomón? Lo mismo pero con una sustancita.

¿Y vos qué, siempre, jalando para San Lorenzo?

Pues sí, la he pulseado bastante y para serte franco, en casi tres meses, hasta ahora puedo decir que esa hembrilla medio me acepta.

Es dura de pelar, la tal Engracia, Pancracio.

Con decirle que todos los domingos después de misa de cuatro, la espero frente a la iglesia y antes de que lo piense la invito a sentarse en el poyito que está bajo el almendro y con timidez y tartamudeo, la tomo del brazo para encaminarla.

Diay maje, es apenas una güila, pero muy agraciada.

Claro, con decirle que el domingo pasado le agarré la mano, así como por descuido y quiso retirarla pero yo se la retuve con disimulo. Vieras como me sudaba, por dicha tenía un pañuelo y con disimulo me la secaba de vez en cuando. Con decirle que me agarró una tembladera que creo que hasta el poyito se movía. Ni hablábamos siquiera, solo nos mirábamos y guardábamos silencio, como asustados de lo que hacíamos.

Y sin poder conversar más aquellos amigos callaron al presenciar la entrada de los cantos y sonidos de guitarras y acordeón que irrumpieron en la cantina, armando la fiesta y el bacilón.

Nada más y nada menos que Chayo Venegas, Amado Delgado y Talí Alfaro entraban con sus guitarras y el acordeón y sin esperar respuesta se echaron Llorona para comenzar. Don Salva sirvió como regalo de la casa una orden a todos los presentes y dio inicio el jolgorio, los gritos y la alegría inundó el bar.

Tragos van y bocas vienen entre canción y canción hasta que Chayo, grita: Vamos a echar serenata güevones que la noche apenas empieza. Todos se alegraron y más de uno pidieron el sarpe, pues la invitación era una orden.

¿Y dónde comenzamos, dijo Amado, rasgando  las cuerdas de su guitarra?

Se hizo un silencio en el recinto. Solo Pancracio se decía para sus adentros. Y si les pido que vayamos donde Engracia? Sería una buena idea, y quizás me serviría para luego pedir la entrada a la casa y visitarla como dios manda. ¡Va jugando!

Pues vamos a San Lorenzo, allá más arriba de donde Joaquín Cimona, el Manco, donde Pacheco, el padre de Engracia.

¡Hecho! Dijo Chayo y todos salimos del bar, no sin antes pagar las deudas y nos encaramamos en el Chevrolet rumbo a San Lorenzo.

¡Silencio! Hay una luz encendida adentro, no hagan bulla. Parece que están despiertos. Y apenas acomodándose, rompió Chayo con SIN TI y aquellas guitarras que solo les faltaba llorar.

 

No había llegado a la frase "como inútil será, el quererte olvidar", cuando se abrió la puerta de la casa y apareció, con sombrero en mano el señor Pacheco y con fuerza para que se oyera bien dijo:

Señores, no se dan cuenta ustedes que estamos en una vela.

Chayo calló, las guitarras enmudecieron, Amado y Talí salieron casi corriendo y nosotros hicimos lo mismo.

Maje, qué pelada, adiós Engracia, quise hacer una gracia y me salió un sapo.

 

El mal del tiempo (mediaIsla, 2011) es una novela polifónica sinfónica. Se abre como un mural de imágenes insertas en una vida llena de voces que canta con sus tonalidades y vibraciones sonoras los acordes de esa orfandad que experimenta en el tiempo. 

Todas las voces salen del mismo personaje como instantes rasgados de esperanza pero truncados al solo comenzar. Así el viaje de iniciación en ese ceremonial llamado vida se desgarra en instantes y se alimenta de matices, dolores, sinsabores, recuerdos, vivencias apenas sospechadas y cae en el vacío existencial que sólo se recupera por instantes líricos que penetran esa interioridad laberíntica llena de sombras, luces, palabras e imágenes idas y sólo sospechadas. 

Novela canto, novela poema, novela inspiración, sí, novela existencia cíclica, desgarrada, convertida a la vez en búsqueda sin fin pero perdida en el tiempo de su misma enunciación. Es ese anhelo existencial de encontrarse en un presente, un aquí y ahora degradantes, llena de soledad, nostalgia, comienzos, fuerza, entusiasmos que se derrumban antes de parirse y sucumben ante la realidad espejo, violencia, atemporal, cíclica, violatoria, hipócrita. Vaya impotencia cuando llega el domingo y todo augura un final síntesis, tumba de la vida, sepulcro de ilusiones y refugio de olvidos y esperanzas. Y esa sed, ese empeño por descubrir la ciudad, el puerto, que no es otra cosa que conocerse, hacerse como proyecto que choca día a día y derrumba sus ideales. 

Dejar su niñez en el campo así como el seminario y salir lleno de esperanzas y proyectos al encuentro con la ciudad, la universidad; abrirse al saber y conocer los misterios de la ciencia le empujan a vencer tropiezos imprevistos pues también debe olvidar sus querencias, sus antiguos e iniciales atisbos de vida. Y día a día penetra en su interioridad a la vez que va descubriendo lo nuevo, lo apenas sospechado que le devora sin piedad y lo doblega. 

San José del Puerto sigue siendo una ilusión, sigue siendo un deseo. Sigue siendo algo que deseo visitar. Una sed que no se sacia y me arde y me atormenta y me incita y me llama y me reclama; vital necesidad. Por la tarde, sin más religión que las ganas de subir la montaña, de volver y darme de frente con mis recuerdos, me desbando por esos caminos. Llego y salgo a dar vueltas. San José agoniza. Sus calles, sus barrios, sus gentes. Sólo viven y muestran una velada sonrisa de tristeza, sus flores. San José no es ya mi San José, muere a marcha lenta. Sigo caminando, contemplando, y lo veo llorar por la mañana. (¡Mi Pueblo!) Doy muchas vueltas sin rumbo fijo. Sin punto de partida ni meta. Por la tarde vuelvo sobre mis huellas, tomo la ruta y ya estoy otra vez en mis amados lodazales. Han sido dos días de receso, adelanto y retraso, en esta vida de amarguras. La vida es algo que camina como un reloj mutilado a manos de un agricultor. Pág. 39 

La vida se desgarra cuando se enfrenta a lo nuevo, solo regresa a su pueblo, cuando sale del Seminario y sufre la primera desilusión, su degradación empieza lentamente, sin piedad. 

Es el inicio de una biografía del dolor, de lucha, de enfrentamiento, de incertidumbre, de frustraciones, de luchas. Es el camino a través del tiempo, no como una cronología del pasado sino como vivencia del instante, del hoy. Es el diario de un ser anónimo en busca de su propia identidad, pero que irremediablemente su patria le niega el derecho de ser. Así comienza ese proceso de iniciación, de búsqueda, de vida, reproyecto, de ser pero choca contra la realidad del parecer, del ser otro, que lo niega y lo convierte en símbolo del hombre hoy. Muy fuerte para un iniciado pero terriblemente real. 

¿Quién debe integrarse? ¿La sociedad a mí o yo a ella? Después del examen, obligada: La Cotica, las cervezas y las chicas. Por algún rincón sale el tema, se discute y me cuestionan, quieren saber, las intrigo tanto yo que ni yo mismo puedo responderme una pregunta sobre mí. Mi ser, tema supremo, cumbre vital de los estados y las naciones soberanas. Sonia sostiene que este carajo raro y taciturno, un tipo tan solo y tan jodido, sólo ha ido a la cama para dormir con su almohada, que no ha sudado otros sudores. Bueno, el examen de Introducción me traicionó. No estoy muy seguro, es posible que lo repita. Confuso y contrariado, me he propuesto lograr buenas calificaciones este semestre, pero tan entretenido como ando ya ni acierto ni pego una, mejor el cine y La balada del desierto. Pág. 43 

Observemos esas dualidades: ser- no ser, yo-el otro, interioridad-exterioridad, afuera- adentro, saber-no saber, conocerse-desconocerse, etc. No hacen más que crear esa lucha por ser "normal" en una normalidad que no acepta un "anormal". Y esa lucha continuará hasta el final de la novela. Qué terrible incertidumbre, un ser que lucha por negar el pasado y vivir el instante para solo llegar a un futuro que se convierte en el mismo presente que le angustia, le llena de lluvias y le conduce a ser por lo menos calle para que sobre él pasen los caminantes y se desborden las aguas quizás esperando una renovación, una purificación que nunca llega. Vive asomado a la muerte, a la nada, al absurdo de lo cotidiano y de todo lo que ello conlleva y entonces se busca como una necesidad en sus desgarrados poemas de lamentos y tristezas. 

Extraño como miras el presente, | recuerdo lo pasado que pasamos. | ¿Cómo estás? | Sembraste de canciones las paredes; | dejaste para siempre tu perfume entre mis dedos. | Se fueron muchas hojas, muchos otoños, | quedan nuestras huellas | (dolores de cabeza para arqueólogos del mañana).| Hoy, ya ves, le sigo fiel al viejo árbol.| Soy algo ayer. Mucho mañana.| Sabes, camino acelerado por las horas| y las puertas del tiempo me alejan de tu ayer,| no es como antes, el brillo de tu pelo, tus ojos y tu boca.| Ahora, aunque te pienso,| los hombres somos carne de cañón;| la vida crece y se acorta, hay que decidirse,| sembrar canciones, tomar el vino agrio de la hora.| Ya ves, no es como antes.| Hacen falta tus ojos, mis ojos| y otros tantos para mirar al frente, tomar tajada,| untarse con el jugo del presente,| laboratorio de nuestros sueños niños.| Pisamos el umbral, no hay chance| para el comadreo de hadas| y solitarios con caras florecidas en las montañas.| Lo ves, la era nos pide ser grano de tiempo,| estar con él y germinar.| La hora de elegir llegó.| Apenas un segundo más,| quedamos fuera. Págs. 65 y 66 

Es el tiempo del instante, del ahora el que trata de aprisionar, y hasta los recuerdos se hacen presente en su interioridad, mientras afuera, lucha por huir de ese presente asfixiante que impide su realización. Tesis y antítesis de la vida de un ser consciente que trata de buscar un espacio en una sociedad que lo estruja, que lo iguala, que lo convierte en un igual, un número, una carrera, un puesto, un trabajo burócrata, una enajenación. Esa es su tragedia y la reparte entre todos, amigos y extraños, pues él es también un extraño de su propia existencia. Símbolo de una juventud que se materializa en ese ser que busca, no sólo su camino, que se inicia en el ritual dionisiaco de su existencia con el seguro e incierto destino de su propia esclavitud. 

El tiempo de la patria podría convertirse en esa realidad anhelada, apenas soñada, pero no parece sino quedarse en un deseo frustrado. 

Soy un iluso y no me atrevo a admitirlo, no quiero, no puedo. Pienso vivir entre recuerdos (¿como un tonto?) y recuerdos, recreándome en inolvidables añoranzas. Soy tan mentiroso, pero a la vez tan ingenuo. El primero en creer sus propias patrañas. Estoy tan así, alienado de mí mismo, que no sé lo que hago ni digo, ni nada. Pág. 90 

Lo traicionan los recuerdos de los héroes de su patria, las hazañas de ellos contadas en los tiempos pasados pero se encuentra con realidades que lo hacen dudar hasta de sí mismo. Su vida se convierte en incertidumbre y esto lo hace degradarse, negarse, desconocerse y perderse en su propio laberinto. 

Y ya al final de la novela, como si fuera el principio:

 Por fin mañana 

Todavía sigo siendo nada y estoy donde no estoy. Soy lo que no sé ni me pregunto. Ando, harto de andar, temperatura variable. Duélenme los pies. Ha llovido y sigue lloviendo. He dado muchas vueltas. Me falta la fuerza decisoria para decir el nombre de las cosas. Hoy, según mamá, nací. Hoy, una tarde como ésta, llegué y comencé a caminar por estos parques. Siempre tengo un engaño para engañarme, yo. Ya terminaron los exámenes. ¿Y qué? Ahora el reto, el resto. ¿Qué, por fin, qué? O el miedo, siempre ha sido así... Pág. 131

 Es el tiempo cíclico, la llegada al mismo puerto y  abre la virtualidad de un mañana que apenas si se sospecha, también incierto, dudoso. 

El mal del tiempo abre la narrativa hacia nuevas formas y voces, acerca el discurso a la enunciación convertida en instante y mural de voces que salen del mismo sujeto que enuncia, narra, canta, llora, languidece, busca, y se pierde en el laberinto de esa dualidad, ser y desaparecer, florecer y morir en la nada que le devora como sucede con la antimateria. Y deja en el lector esa dolencia profunda: vivir una vida así, vale la pena y luchar por una patria de huérfanos, una madre sin hijos que en vez de cobijarlos los transforma en su propia nada. 

René Rodríguez Soriano, con este poema épico, lleno de lirismo y voces, hace soñar con una novelística plena de posibilidades y rica en significados. Es un acercamiento bastante fiel a lo que hemos llamado el nuevo paradigma polifónico convertido ahora en sinfonía. | BENEDICTO VÍQUEZ GUZMÁN, escritor costarricense, autor de Cómo leer novelas, 1998.-

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