Francisco Dall'Anese Ruiz. La huella de los zopilotes

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FRANCISCO J. DALL'ANESE

(1960)

Francisco J. Dall'Anese nació un domingo del mes de marzo del año 1960 en el cantón de Grecia, Alajuela. Realizó los estudios primarios en la escuela Guatemala y la secundaria en el colegio Marista, ambas instituciones de la provincia de Alajuela que fue donde pasó su niñez y adolescencia. Los estudios superiores los culminó en la especialidad de Derecho por la Universidad de Costa Rica. Doctor honóris causa dado en la Universidad Escuela Libre de Derecho, Costa Rica. Entre los años 1983 y 2010 trabajó en el Ministerio Público como agente fiscal del Ministerio Público, juez de instrucción penal, juez superior penal, juez suplente de la sala penal de la Corte Suprema de Justicia y Fiscal General de la República de Costa Rica. En junio del año 2010, el Secretario General de las Naciones Unidas lo nombró comisionado internacional contra la impunidad en Guatemala. Recibió en el año 2005 el Premio Nacional de Valores de Costa Rica, en 2009 el Premio Italia y en el 2010 el rey Juan Carlos I de Borbón le otorgó la Orden al Mérito Civil. Fue profesor en la Escuela Libre de Derecho y de posgrado en administración de justicia de la Universidad Nacional de Costa Rica.

Tiene 26 publicaciones sobre derecho penal, judicial, procesal penal y criminalística.

LO QUE HA ESCRITO FRANCISCO J. DALL'ANESE RUIZ

NOVELA

1. La huella de los zopilotes

La huella de los zopilotes [1] es una novela tradicional, monofónica, perteneciente a las llamadas novelas policiacas. Narrada por un yo, sujeto de la enunciación típicamente omnisciente y que permanece fuera de la historia narrada pero que se mantiene cerca de los personajes y se podría omologar con el personaje Julián Santerra, fiscal general del país llamado Costa Rica y quien lleva a cabo la investigación de un crimen: un uxoricidio, como caso principal pero que durante el esarrollo de la historia también se ocupa de otro caso criminal que es el asesinato del periodista Fabio Alfaro.

La novela se estructura formalmente en un prefacio y ocho capítulos titulados por días y lapsos de tiempo marcados por horas y al final un epílogo.

Julián Santererra se hace acompañar por un fiscal coordinador, Héctor Vargas, típica pareja de las novelas policiacas y su actividad principal se centra en el esclarecimiento de un crimen: la muerte de María Fernanda Zamora por su propio esposo, el defensor público Manolo Araya. Crimen que se conoce desde el inicio de la historia por una llamada anónima de una mujer desconocida, hecha a las dos de la madrugada a Julián y que además le comunicaba que había sido ahorcada y agregó que quiso pedir ayuda a un amigo que se negó. Ese personaje fue quien le comunicó la noticia a esa voz femenina.

De esta manera el lector conoce tanto como el narrador acerca del crimen y con ello la intriga se centra en esclarecer y precisar los detalles del hecho criminal y obtener las pruebas para la inculpación de Manolo. No tanto en buscar un posible criminal como los móviles del mismo y el cadáver probatorio del crimen, más que la misma desaparición de María Fernanda.

Este crimen ocurrió en Costa Rica hace pocos años, para ser preciso en el año 2006 y causó mucho revuelo periodístico por varios motivos. El centro del crimen se ubicaba entre autoridades medulares del poder judicial y los encargados de impartir la justicia. El criminal se llamaba Luis Fernando Burgos y era defensor público y mató a su esposa Maureen Hidalgo Mora, que era autoridad judicial e implicaba también a Zulay Rojas, otra autoridad de la defensoría pública. El tribunal a su cargo, compuesto por tres mujeres impuso una pena a Burgos de 35 años de cárcel y a Zulay, por encubrimiento del crimen de dos años. El primero se suicidó en el baño con una sábana a los dos años de sufrir la pena en La Reforma y la segunda se le concedió la pena condicional que descontó en su casa. Así que los lectores costarricenses conocen al detalle los entretelones de ese crimen y los actores, además de las intrigas amorosas que se ventilaron en la prensa del país. Hoy se puede conocer hasta el detalle los pormenores en internet pues abundan las páginas con el Caso Burgos.

El otro caso, el crimen del periodista, podría ser el asesinato de Ivannia Mora, en el año 2003, una joven periodista que trabajaba para un extranjero en una revista centroamericana de temas económicos y renunció, por razones personales a ese trabajo y decidió trabajar en otra revista de la competencia. Poco tiempo después de tomar esa decisión fue asesinada por sicarios desde una moto. Se acusó al señor Milot, como autor intelectual pero por problemas en la obtención de pruebas se desechó el testimonio del colombiano y la Sala III, declaró inocente no solo al empresario sino a todos los implicados y el crimen quedó impune, hasta hoy. Este caso está más desfigurado en la novela que el primero.

Algunas observaciones previas haremos con respecto a la novela. Primero las llamadas de atención al lector con citas a pie de página. Eso no solo es señal de apelación al lector sino que deja ver un escaso conocimiento de la naturaleza de la obra literaria. Ella es esencialmente ficticia y crea su propio mundo a partir de realidades contextuales concretas pero las creadas son imaginarias por más que se parezcan a las referenciadas. Por ello también sale sobrando la nota que se coloca al final del libro que explicita la ficción de los personajes y los hechos narrados. Un ejemplo de esto se da en la pág. 21, cuando se explica el término uxoricidio. Puede incurrir en errores tales como ubicar el restaurante La casona del cerdo en Río Segundo cuando se ubica en San Joaquín de Flores (p. 188) y confundir a San Benito con un santo diferente que llama San Benedicto. Conocemos papas con ese nombre y hasta antipapas pero santos con los atributos del abad San Benito no. La otra observación es la existencia en el texto de errores ortográficos simples, tildes como rió en vez de rio (p. 248) Y por último y quizás la más importante, confundir el verosímil del discurso literario con el real concreto biográfico, geográfico y hasta educativo. El narrador se toma libertades para dar largas explicaciones educativas como lo hace en la página 208 con nombres de juristas nacionales. Casi se convierte en profesor y deja su papel de investigador. Es el típico narrador maestro que utiliza el discurso narrativo para dar lecciones y dejar patente sus conocimientos profesionales. Esto ocurre con frecuencia en la novela y distrae la atención del lector con exposiciones inoportunas.

La novela se inicia con una situación inicial en España, en una visita de Julián con Héctor con un pretexto un tanto injustificado pero que le permite insertar la historia del crimen en una historia maravillosa mayor. Así lo importante de esa visita se centra en el mago que hace sus actos en la plaza y la mujer que encuentran a la entrada del ascensor del hotel. Estas señales sorprendentes de conocimiento de ellos por parte de ambos personajes le permite dejar en suspenso la curiosidad del lector para retomarlo después como un caso de realismo maravilloso relacionado con San Benito, un monje en Guatemala y el final de la novela cuando se deja ver el triunfo del bien sobre el mal, en un acto que más da risa que otra cosa. No logra con la llamada Secta y El Padre como jefe, impactar al lector y menos develar un mundo delictivo mafioso detrás de esa máscara organizativa. Es quizás de lo malo de la novela, lo peor tratado.

De tal manera que la novela desencanta y no pasa de ser una narración policiaca de un crimen, la descripción de una serie de intrigas amorosas, celos, amantes, y bajonazos de piso, envidias, ansias de poder y delincuencia común judicial donde se devela lo que todos conocemos, la corrupción de los encargados de impartir justicia pero se queda en lo superficial. Si el lector esperaba encontrarse con la visión de un mundo oculto, privado, organizado detrás del crimen y su administración jurídica, pues no ocurre así. Un caso de crimen femenino, de violencia doméstica que impactó a nuestra sociedad, no sirvió para develar ese problema de género que subyace en nuestras sociedades machistas criminales. Tampoco se pone al descubierto los entretelones de la corrupción profunda entre el poder político y el económico y su relación con las organizaciones del hampa en las diferentes manifestaciones, blanqueo de capitales, narcotráfico y otras ramificaciones internacionales y criollas. En otras palabras detrás del discurso policiaco la novela no descubre nada. Es para nuestro juicio, el entretenido examen discursivo de un caso criminal de mucho relieve ocurrido en nuestro país hace pocos años y nada más.



[1]
Dall'Anese Ruiz, J. Francisco. La huella de los zopilotes. Ed. Santillana S. A. Alfaguara, Guatemala, 2012.

2 Comments

Estimados,

Debo corregir tan importante error que están cometiendo.
Fuimos absueltos (los 6 acusados) de toda pena y responsabilidad no por lo que usted afirma.
Fuimos absueltos primero por el Tribunal de Juicio y luego esta absolutoria confirmada por la Sala III.
Tanto Dallanesse como la prensa en Costa Rica han ocultado -y no conocemos las razones- las motivos de nuestra real absolutoria.
Hay 2 pruebas aportadas por la Fiscalía (Dalla)que se presentaron como anticipos, que no solo fueron ilegales, sino que eran falsas. Y es ahí donde deben hacer las precisiones del caso.
Obviamente fueron esas pruebas las que pretendían inculparnos, pero en la acusación se desecharon por ilegales. El Tribunal también aclaró que los dichos de esas pruebas (por más que fueran aceptadas) no corroboraban la realidad contrastandolas con elementos probatorios objetivos, tales como pruebas complementarias o técnicas (celulares, radio bases, etc.).
En un caso, uno de los testigos estaba rindiendo la declaración que suponía mi segunda detención así como la de los autores materiales. Es falso. Ya todos estaban detenidos y no permitieron estar presentes ante esta instancia para poderse defender, lo que constituyó no solamente un fraude probatorio, sino violar los principios legales de los acusados quienes nunca más se pudieron defender de ese testimonio. Yo, que fui el único presente, grabé la audiencia, y lo que se dijo jamás fue lo que apareció en acta, y por más que reclamamos el cassette que se aportó como prueba jamás este apareció.
El segundo, una videoconferencia desde Colombia, es peor. El video nunca apareció en juicio. Lo único que decía este sujeto era que yo no era culpable. Se le dio una vuelta de hoja al asunto, se realizó un acta que en absoluto obedece a ninguna prueba incriminatoria ni legal ni real.
Los pormenores de esta son aún más patéticos en cuanto a conocer la mala intención de la fiscalía.

Es más, la prueba que consideraban vital FUE SOLICITADA POR MI DEFENSA para ser analizada en sentencia y ver no solamente su ilegalidad sino su falsedad. Y esto no lo aclaran.

Está demostrado como Dallanesse y su equipo mintieron en todo el proceso, y de hecho la Sala III solicitó una inspección judicial sobre jueces del proceso, sino que el propio Dallanesse mintió al día siguiente de nuestra absolutoria a todo el pueblo costarricenses desconociendo lo que en juicio se demostró y está fehacientemente probado, SE INTENTÓ INTRODUCIR UNA PRUEBA FALSA EN MODO ILEGAL Y LEJOS DE RECONOCERLO REITERA LAS MENTIRAS COMETIDAS.

Agradeceré por tanto realice la apreciaciones por mi integridad así como las de quienes vivieron este atropello junto a mi.

Atentamente,

Eugenio Millot

Muchas gracias Eugenio Milot por tu comentario que con gusto publico. Eso sí debo decirle que yo soy un filólogo, profesional y crítico de arte y literatura en particular. Desde mi óptica sólo comento la obra, en su calidad de literaria o no. Para nosotros la obra literaria, toda ella es ficción, embuste, mentira y tiene sentido sólo en su mundo creado, es un invento del creador. No importa si el contexto histórico sea tomado de la realidad o sea pura invención. Siempre será ficción. Así, lo que Ud. afirma , a pesar de ser muy importante y su verdad que sirvió para resolver el caso en que estuvo acusado, es asunto de otro nivel: el real histórico y te asiste toda la razón para precisar esos detalles que ha enunciado. Pero para los efectos literarios pues no tienen valor pues el mundo narrado, todo, es invención del autor. El problema lo entiendo perfectamente pues la novela, a pesar de no dar los nombres de personas jurídicas reales, permite relacionar los hechos con casos que sí fueron reales y ya están debidamente juzgados. Como crítico literario no puedo ni debo entrar en esos niveles pues escapan a mi profesión y entraría en terreno para el cual no tengo fundamaentos ni soy profesional especializado para comentar siquiera ese tema.
Agradezco, sin embargo, su participación y hago público su comentario para que se esclarezcan los puntos que detalló.
Saludos,
Benedicto Víquez Guzmán
Filólogo y crítico literario

Estimado Benedicto Víquez,
Con gusto he leído su crítica que refleja su profesión.
Sin embargo, la aclaración creo es pertinente ya que había una apreciación -de la cual no lo culpo porque es parte no aclarada por los medios- del vínculo de mi nombre al crimen de Ivannia y el resultado del juicio.

Agradezco enormemente la publicación de la misma, lo cual habla a las claras de su ética.

Atento saludo,

Gracias Señor Millot, muy generoso.

Eugenio Millot

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About this Entry

This page contains a single entry by Benedicto Víquez Guzmán published on 20 de Junio 2012 2:47 PM.

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