Benedicto Víquez Guzmán: La obra escrita de Omar Dengo Maison. Últimas cartas.

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CARTA A DON EMILIO

 

Heredia, octubre 31 de 1925

 

 

Se muy bien, mi estimado don Emilio, que su expresión de condolencia es sincera. Pero aún siendo solo obra de cortesía, se la agradecería yo cordial y profundamente. Tengo, desde que yo era niño, una grata impresión de Ud. Más tarde aprendí a admirarlo. Sus palabras, pues, tienen para mí, especial significación.

 

Entiendo que más de una vez ha sabido usted que siempre he estado agradecido por los excelentes servicios que Ud. Le ha prestado y le presta a la Escuela Normal. Es algo que hemos comentado frecuentemente con los alumnos, porque en más de un aspecto tiene para ellos y para todos, el sentido de un ejemplo admirable. Hace Ud lo que no hacen muchos costarricenses radicados en ése, y en otros países, y que viven en condiciones que podríamos obligarlos a interesarse de algún modo por los asuntos de éste. Varias veces, en tiempos recientes, tuve ocasión de comentar con mi padre tal situación.

 

Perdóneme el que en una carta de esta índole y animado por la atrayente confianza que Ud. Inspira, me permita hacerle un ruego.

 

Quiero adquirir para la próxima navidad varios juguetes para mis niños y temo que no haya ocasión ya de pedirlos; aparte de que no sé, por falta de direcciones cómo hacerlo.

 

Los juguetes son: un mecano o juego de construcción mecánica, del tipo del que los magazines anuncian a veces con el nombre de Erector, de un valor aproximado de $ 5.00, pues lo deseo de buena calidad y para un niño que revela aptitudes mecánicas, un trencito eléctrico, pero no de los que funcionan con la corriente común; un sccoper de pie, llanta de hule, para un niño de tres años. Puedo disponer para esa compra, sin incluir fletes, comisión, etc. de una suma no mayor de $ 15.00.

 

Pero es entendido que Ud. No debe sentirse obligado  en ninguna forma a hacer la gestión y que si no pudiera o no creyese conveniente hacerla, no por eso me resentiría yo. Mi estimación no puede depender de circunstancias semejantes. Sí me haría un servicio especial, si, en el caso de no poder atenderme, se sirviera avisármelo a vuelta de correo. Es entendido que la suma total que Ud. Indicara, se la enviaría apenas recibiera su indicación.

 

Es posible que esta oportunidad nos acerque más, lo que me agradaría mucho, especialmente si tal acercamiento diera lugar a que en algo le sirviera su agradecido y affmo. Servidor,

 

Omar Dengo

 

 

CARTA A DON EMILIO

 

San José, enero de 1926

 

 

Muy estimado don Emilio:

 

Recibí su estimable carta antes que la cuenta.

 

Vuelvo a darle las gracias. Pero tengo algo que decirle acerca de mi cuenta personal (de $ 1.41) y de otro asunto. Como Ud. Recordará, hace algún tiempo le escribí para pedirle que esa cuenta se la pagaría como parte de un pedido que pensaba encargarle para navidad. Me di cuenta después de que no había tiempo de hacer el pedido y esperé otra oportunidad: ésta. Ocurre que necesito un cochecillo para una niñita que tiene ahora 4 meses, adaptable a las conveniencias de llevarla a paseara o dejarla, dentro de la casa, dormir en él. Tales cochecillos valen aquí ¢ 200.00 y ¢ 300.00 y se me ocurre que Ud. Puede conseguirme uno -aunque la apariencia sea modesta- por diez $ 10 o $ 12. Si esto es posible, hágame el servicio de enviarme un cochecito tan pronto como le sea dable. A vuelta de correo le enviaré el valor respectivo más la pequeña suma adeudada.

 

El otro asunto es el siguiente: mi situación pecuniaria es, en general, mala, pues mi sueldo apenas me permite pasar y no tengo dentro de la enseñanza posibilidades de mejorarlo; no quiero tampoco dejarlo para tomar mi otro camino, el de la abogacía, pues no me satisface íntimamente ese camino, ni el corazón me deja apartarme de la enseñanza, donde hay tanto que hacer todavía, a pesar de las dificultades. La política no es mi camino y, a pesar de que se me estima, no tengo aquí el apoyo de nadie para pensar en una obra sinceramente inspirada en principios. Lamento ahora no haberme encontrado oportunamente en condiciones de aprender un oficio y estoy pensando en adquirir uno que podría ayudarme modestamente, pues solo aspiro a obtener una modesta entrada que contribuya a evitarme los riesgos de mantener mi presupuesto desequilibrado. Quizás un taller de fotografiado me ayudaría y me daría la base para el posible aprendizaje de alguno de mis hijos. Aquí hay más trabajo de esa clase cada día, lo pagan bien y solamente dos talleres trabajan (Baixench y Canossa) ambos, a lo que entiendo, con procedimientos que ya son anticuados. Usted recibe nuestros periódicos y revistas y ve lo que se hace y lo que no se hace. Supongo que caben en nuestro ambiente muchos progresos siquiera modestos. Usted puede aconsejarme sobre la posibilidad de hacer un ensayo en el caso de que el asunto exija solamente medios mecánicos. Usted puede aconsejarme acerca de máquinas, precios, materiales, libros para estudiar o cursos por correspondencia si los hay; y más adelante, si así conviene a usted, podría ayudarme a hacer compras, et.

 

Sé que sus ocupaciones difícilmente le dejarán alguna ocasión de pensar en el problema, pero confío en que su benevolencia lo moverá alguna vez a interesarse en esta situación de su amigo. Podría pensar también, pues el asunto me atrae mucho, en máquinas de encuadernara (empastar), de fabricar sellos de hule, de imprimir tarjetas, etc.

 

Permítame concluir con la afirmación de que recurro a usted porque aprecio el hecho de que es una persona que sabe realmente cuál es y cuán amargo el significado de la lucha de un hombree honrado contra un ambiente como el nuestro.

 

Lo saluda con toda estimación su agradecido servidor y affmo. Amigo,

 

Omar Dengo

 

 

CARTA A DON EMILIO

 

 

Heredia, 21 de febrero de 1928

 

Muy distinguido amigo:

 

Me agrada mucho referirme a su carta del 29 de Enero, llegada a Heredia mientras estaaba yo en el campo. Ya hemos comenzado a ensayar el polígrafo, con resultado satisfactorio. Más adelante recurriremos a su amabilidad con alguna nueva molestia.

 

He conversado con Guerrero acerca de las interesantes y generosas insinuaciones de Ud. El tiene en prensa un folleto sobre la situación  del país en cuanto a analfabetismo y entiendo que una vez editado se servirá de la amabilidad de Ud. Para hacer circular algunos ejemplares en los Estados Unidos, por aparte de los que envíe a ciertos centros educativos. Es de aplaudir su interés en esos problemas que aquí no consiguen preocupar seriamente ni a los que aparecen como "hombres de estado".

 

 

CARTA A JOAQUÍN FERNÁNDEZ MONTÚFAR

 

 

Heredia, abril de 1927

 

 

Tengo el gusto, estimado Joaquín, de referirme a tu carta y a tu hoja, tan gratas ambas, tan generosa la primera y tan interesante la segunda. Muchas gracias por lo que, para honrarme, concientes en decir.

 

Pero tendrás que excusarme. De esto, preferiría conversar a escribir. Para escribir tendría que ocupar mucho tiempo y mucho espacio; y, además, no haría tanto como externar un parecer, sino que comentaría los tuyos en los cuales encuentro tanto conocimiento de la materia, tanta facilidad para analizar las ideas y para expresarlas galanamente y con la fogosidad de un digno nieto de un ilustre abuelo.

 

Mi parecer no merece la pena -mal barítono y peor actor- de ser oído. No entiendo, por añadidura de asuntos legales a pesar de que pasé por la Escuela de Derecho y estudié allí,  tan mal como solían enseñarlo, lo que querían enseñar: la Ley más que el Derecho. Y de la historia de nuestro país sin historia, apenas si algo voy aprendiendo. Supongo que, doctrinas republicanas y democráticas aparte, hay  reelecciones buenas, malas y mixtas, -según clasificación y lógica de Pedro Grullo; como supongo que no sea fácilmente conciliable tal materia con las actuales realidades sociales, que no obedecen a códigos ni a preconceptos de cuerpo doctrinario. Sociológicamente -no digo jurídicamente- ¿qué sería la soberanía popular?

 

Supongo que lo temible está en las reelecciones que podrían resultar reincidencias.

 

En el caso de lo que ahora preocupa la imaginación de un señor Portugués, creo que tú has dicho muy bien lo esencial, sin comprometer su "exaltada" admiración a don Ricardo.

 

¿Qué entre yo a hacer fila entre los combatientes de un partido político? No, Joaquincito; y de ello alguna vez hablaremos. Tengo muchos temores de los que tú tienes, pero no bastan a moverme. Saldría de me rincón a encontrar solo amarguras y ningún servicio prestaría. Para servirle a mi país, me basta el cultivo asiduo de este lote en que planté la tienda. Y he puesto en lo alto  de ésta una bandera que me parece que está a mayor altura, por la esperanza que simboliza, de los vivas que pegan los políticos en las puertas,

 

La mano agradecida de,

 

Omar

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